Los Graffitis: arte
o vandalismo
Avelina Lésper
(México)

En nombre de la libertad de expresión se cometen miles de abusos y se saturan los discursos de insultos. El graffiti enarbola la bandera de la libertad de expresión y lo que realmente representa es el abuso de un grupo que se toma la autoridad de vandalizar las paredes y dejar un rastro de señales infra inteligentes por las calles. Ahora, si ya se toman la atribución de ser dueños de cuanto esta al alcance de sus botes de espray ¿Por qué no lo hacen con talento? Los graffitis en su inmensa mayoría son letras o siglas sin mayor significado, con escasísima creatividad, repeticiones aburridas hasta la nausea y sin ningún sentido.

Tomar los muros como clamaba José Clemente Orozco y el grupo de los grandes muralistas, fue una lucha intelectual entre los artistas, llevar el arte a las mayorías se convirtió en una declaración de principios. Los graffiteros se esconden bajo la tolerancia de la autoridad con una juventud en perpetua minoría de edad intelectual para “expresarse” rayoneando y vandalizando lo que se les atraviesa. Lejos de producir arte, crean contaminación visual.

El graffiti ya ha evolucionado en el mundo, la obra de artistas como Bansky con sus esténcils y la de Shepard Fairey, con mensajes poderosos y transgresores llenan las calles de Nueva York y de Los Ángeles, de Londres y Berlín. Y aquí seguimos empecinados en que el graffiti es la niñería de rayar las paredes con siglas, como si fuera trascendente para la sociedad el nombre de alguien que atropella la visión del paisaje. Después de tantos años de ensuciar las paredes, este ejercicio debería evolucionar a piezas de más factura y significado.

En las escuelas de arte están eliminando el dibujo y la pintura para educar gestores y coyotes del arte que no saben ni tomar un lápiz, si los graffiteros tienen esa inclinación por la pintura, deberían hacerse responsables de lo que pintan e iniciar un movimiento artístico interesante. A estas alturas no pueden seguir repitiéndose con sus letras, tienen que aportar algo con su toma de espacios. No se trata únicamente de hacer daño a la propiedad ajena, si van a utilizarla, eleven la condición utilitaria de los edificios y muros para convertirlos en soportes del arte. Y si no son capaces de hacerlo, dejen de ensuciar la ciudad con mediocrísimas imágenes y gráficos. La ciudad no es de los graffiteros, de hecho no tienen ningún derecho a hacer lo que hacen, pero si quieren las paredes, gánenselas. Lleven su expresión a un nivel que lo pintado tenga más valor que el edificio mismo, en lugar de degenerarlo y depreciarlo.

En donde hay un graffiti el entorno decae y se vuelve parte de la depredación urbana, esto sería diferente si la toma del espacio se hace con talento. No tenemos que soportar más fealdad cuando podrían dar una visión interesante y artística. Es su responsabilidad llevar esa expresión a otro lado, sacarla del estancamiento mediocre en el que está y transformarla. Si no es así, que se castigue legalmente el atentado contra la propiedad y que se prohíba la venta de espray en la ciudad, además de que los solventes hacen un daño muy grave al cerebro, son el arma para hacer a las ciudades más feas de lo que ya son.

Avelina Lésper: Crítica de arte mexicana; columnista del elsemanario mx.
Entre sus líneas de investigación están la pintura europea y el mercado del arte

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