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La Insurrección árabe, para Occidente, tiene límites
Por Antonia Yáñez*
En el contexto de la mayor crisis económica de Occidente, surge en los albores de ésta segunda década del siglo XXI la insurrección de los pueblos árabes. Tiene en común, con la caída de los países “socialistas” al finalizar el siglo XX, la sed de libertad como factor determinante. Queda para la especulación intelectual y política si es la misma libertad antropológica buscada en ambos casos.
Como en el Fausto de Goethe, en esta insurrección se acumulan las vivencias de toda la historia (árabe y africana), sin que falte la “dualidad del hombre”, y el intento desesperado de las “dos almas“. Solo esperemos que la suerte de estos pueblos no esté determinada por el orgullo de otros (pueblos o gobiernos) como le pasó a Fausto, colocando la “acción” en vez del “verbo” como solución al presente.
La singularidad especialmente en Egipto es que las nuevas tecnología han venido en la ayuda de los ciudadanos, especialmente los jóvenes y las mujeres, quebrando el silencio de los gobiernos de Occidente, que durante 30 años apoyaron los regimenes policíacos y “amigos”, por que estos en lo sustancial iban en su dirección estratégica.
Como la “octavilla revolucionaria” que desde principio del siglo XX tanto desesperaban a policías y autócratas, tampoco hoy Facebook y las Redes son suficientes, siendo las plazas y las calles la cita obligada en busca de libertad y dignidad. Que como una constante histórica en no pocas oportunidades, se paga con largas corridas, gases, muerte y tortura.
Muchos imaginan desde Washington y algunas capitales europeas una simetría con la realidad que emergió con la “caída del Muro de Berlín”. Sólo lo es, en la dimensión de la lucha por la libertad y su expansión ciudadana; por lo tanto un cambio de conciencia social.
Hasta el momento en lo sustancial Occidente (especialmente EEUU) se ha ubicado ante las insurrecciones del norte africano con los viejos tik de la era del “Eje del mal”. Desde el principio, las señales fueron que los deseos de autogobernarse y democratizar esos Estados tiene el limite no de la imaginación y la cultura de esos pueblos, “sino los objetivos estratégico-económicos” de Occidente. Si esto no se cumple se resuelve con la guerra y sus modernos daños colaterales.
Está en juego el esquema mundial de abastecimiento de los hidrocarburos - su epicentro estratégico Arabia Saudita- con más de 8 millones de barriles de petróleos diarios, esto no puede variar de mano. Desde hace más de una década los centros de decisión de Estados Unidos observan con preocupación la penetración de China a África. La realidad étnica histórica y política de la Libia de estos días da una oportunidad largamente buscada por EEUU., neutralizar o desplazar a China. La mesa está servida, Europa está neutralizada por la crisis económica y Obama necesita como el oxigeno una jugada estratégica con nombre humanitario.
Pero este gran fenómeno de la insurgencia árabe además de tener en su seno la posibilidad de unir por encima de las religiones, particularidades étnicas y regionales a sus pueblos, ha revitalizado al máximo nivel una sustancial advección de los pueblos contra dictaduras y Estados policíacos.
Este fenómeno que viene potenciándose como tendencia universal desde los años 90 del siglo XX, tiene con la lucha especialmente de los jóvenes y mujeres de Argelia, Yemen, Libia, Egipto, Barhéinm, Jordania, Tunes y Marruecos, una señal muy fuerte contra cualquier tipo de dictadura.
Sudamérica y especialmente sus gobiernos y cancillerías ante estos grandes acontecimiento parecen dormir la siesta, más allá de relacionarlos con la suba del petróleo y de asistencia diplomática a alguno de sus ciudadanos circunstancialmente varado en esas ciudades y declaraciones retóricas, muy poco interés están demostrando.
Mientras en los pasillos del Departamento de Estado y comisiones del senado norteamericano funcionarios imaginan revueltas y plazas llenas de jóvenes usuarios de Facebook en Cuba, Venezuela y Nicaragua derrocando a sus gobiernos. El aislado ALBA es mirado con indiferencia e ironía por sus vecinos Sudamericanos cuando habla de un plan de “mediación con Kadafi”.
* Socióloga uruguaya
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