El proyecto geopolítico
de Barack Obama
Por el profesor José Luís Fiori*

En los últimos de los meses de 2010, el presidente Barack Obama tomó decisiones y obtuvo victorias internacionales que podrían cambiar radicalmente la geopolítica mundial del siglo XXI. Gracias a la intervención directa del presidente americano, la reunión de la OTAN, en Lisboa, en el mes de noviembre, consiguió aprobar un “Nuevo Concepto Estratégico” que define las directrices de la organización para los próximos diez años, con la previsión del retiro de sus tropas de Afganistán, al 2014, y con la decisión de instalar un nuevo sistema de defensa antimisiles de Europa y de los EE.UU., con la posible inclusión de Rusia y de Turquía, a pesar de la resistencia del gobierno turco a cooperar con los países que están obstaculizando su entrada en la UE.

Esta victoria parcial del gobierno Obama, se sumó a la aprobación por parte del Congreso americano, en diciembre, del acuerdo bilateral de control de armas atómicas, que había firmado con el presidente Dmitry Medvedev, en el mes de abril, y que fue ratificado por el parlamento ruso, pocos días después de su aprobación por parte del Senado de los EE.UU.. Estas iniciativas entierran definitivamente el proyecto Bush de instalación de un escudo balístico en la frontera occidental de Rusia, y profundizan las relaciones entre las dos mayores potencias atómicas mundiales, desautorizando la movilización anti-rusa de los países de Europa Central, promovida y liderada actualmente, por Polonia y por Suecia.

En este mismo período, en el Medio Oriente, el presidente Obama aumentó su presión contraria a la instalación de nuevas colonias israelíes en territorio palestino, y disminuyó la intensidad retórica de su disputa atómica con Irán, señalando de forma discreta, la disposición para un nuevo tipo de reubicación regional. Como quedó en evidencia, con el acuerdo político que permitió la formación del nuevo gobierno iraquí del premier Nuri al Maliki, con la intervención de Irán y con el apoyo de los EE.UU., a pesar de que Maliki no fuese el candidato preferido por los norteamericanos. Y, probablemente, la crisis actual del gobierno libanés sólo tendrá una solución pacífica y duradera, si incluye, de nuevo, un ajuste de posiciones e intereses entre los EE.UU. e Irán, aunque sea informal y no declarado.

Estas victorias y decisiones del gobierno Obama, están apuntando hacia una nueva política internacional de los EE.UU., de aproximación con Rusia, y de una ubicación negociada de las crisis superpuestas, del Medio Oriente y de Asia Central. En el caso de la aproximación de Rusia, los EE.UU. cuentan con el apoyo de Alemania, por encima de las resistencias y de las divergencias interminables de la UE, y de tener éxito, deberá rediseñar el mapa geopolítico de la Europa moderna. Dentro de la nueva alianza, Rusia colaboraría con la estabilización de Asia Central, y ocuparía un lugar destacado en una negociación sigilosa - que ya está en curso - involucrando a Irán y a Turquía, por encima de las alianzas tradicionales de los EE.UU., dentro de la región, con vistas a la construcción de un nuevo equilibrio de poder, en el Medio Oriente. En compensación, Rusia tendría el apoyo norteamericano para retomar su “zona de influencia”, y reconstruir su hegemonía en los territorios perdidos, después de la Guerra Fría, sin las armas, y por el camino del mercado y de las presiones diplomáticas, como ya viene ocurriendo en este momento.

Esta nueva estrategia es osada y de alto riesgo, pero no es original. En el auge de su poder, inmediatamente después de la II Guerra Mundial, los EE.UU. perdieron el control de Europa Central ante a la URSS, en seguida perdieron el control de China, ante a la revolución comunista de Mao Tse Tung, y se vieron obligados a un armisticio ignominioso, en la Guerra de Corea. Como consecuencia, los EE.UU. tuvieron que variar su estrategia del período inmediato a la post-guerra, y transformaron a Alemania y a Japón, en las piezas económicas centrales de la alianza en que se sustentó su posición durante la Guerra Fría. Dos décadas después, en plena época de oro del “capitalismo keynesiano”, los EE.UU. volvieron a ser derrotados en Vietnam, Laos y Camboya, y perdieron el control militar del sudeste asiático. Y de nuevo variaron su política internacional, construyendo una alianza estratégica con China, que dividió el mundo socialista, fragilizó a la URSS, y rediseñó la geopolítica y el capitalismo de fines del siglo XX. Desde este punto de vista, el gran juego propuesto por el gobierno Obama, para el mundo post-Irak y post-Afganistán, apunta en la misma dirección de la década de 1970, sólo que con el signo cambiado. Ahora se trata de una propuesta de alianza estratégica con Rusia, que bloquearía la expansión china en Asia, pero que también implicaría algún tipo de apoyo o “invitación” al desarrollo del capitalismo ruso, bloqueado por su excesivo sesgo “primario-exportadora”.

Roosevelt concibió una alianza similar con la URSS, en 1945, pero su propuesta fue suspendida por su muerte, y por la estrategia diseñada por Churchill y Truman, que llevó a la Guerra Fría. Ahora de nuevo, el proyecto de Barack Obama puede revolucionar la geopolítica mundial, pero también puede ser postergado - entre otras cosas - por los cambios presidenciales que se darán en los EE.UU. y en Rusia, en el año 2012.

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte
* José Luis Fiori es profesor de economía y ciencia política en la Universidad Pública de Río de Janeiro/Columnista redular de La ONDA digital.

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