Wikileaks
Las causas reales de por qué el
Mercosur sería “antinorteamericano”
Por el profesor Luiz Alberto Moniz Bandeira

Dentro de los cables revelados por Wikileaks que viene publicando el diario argentino Página/12, se ha conocido uno que según el diario muestra que para los EEUU. el Mercosur es “antinorteamericano”. En la publicación se hace referencia a una reunión de embajadores norteamericanos para tratar este tema que se realizó durante dos días, el 8 y el 9 de mayo
de 2007 en Río de Janeiro.

En su libro Argentina, Brasil y Estados Unidos”* editado en 2004, el historiador y analista político Luiz Alberto Moniz Bandeira investiga las causas reales y el temor estadounidense ante la consolidación del bloque regional. Lo que sigue es un tramo parcial del libro donde este tema queda expuesto claramente.

“En un articulo publicado el 30 de agosto de 2000, víspera de la Cumbre del (Mercosur) en Brasilia, el en ese entonces presidente Fernando Henrique Cardoso definió ese acontecimiento como de “reafirmación de propia identidad de América del Sur como región”, donde la democracia y la paz abrían la perspectiva de una integración cada vez más intensa entre países que convivían en un mismo espacio de vecindad. Y remarcó:

La vocación de América del Sur es la de ser un espacio económico integrado, un mercado ampliado por la reducción o eliminación de trabas y obstáculos al comercio, y por la mejoría de las conexiones físicas en transportes y comunicaciones.

Al valorizar el concepto de América del Sur en lugar de América Latina, Cardoso demostró que había dos proyectos en danza para América. El de Clinton apuntaba a integrar a América del Sur al ALCA, en realidad una expansión del NAFTA, bajo su hegemonía política y militar, atendiendo a los intereses de las compañías trasnacionales. Entre tanto, lo que concebía Cardoso, presentaba una configuración distinta para el mapa de América: América del Norte, desde Alaska a Panamá, pasando por México, integrada en el NAFTA, bajo la hegemonía de Estados Unidos; América del Sur, que se extendía desde Colombia a Tierra del Fuego, integrada como espacio económico resultante de un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur ampliado y la Comunidad Andina de Naciones (CKN), con la gradual inclusión de Guyana y de Surinan La conformación de esos dos bloques -el Mercosur ampliado a toda América del Sur, por una parte, y el NAFTA, por otra, configurando esquemas de preferencias subregionales daría viabilidad al establecimiento del ALCA. Y Kissinger lo percibió con claridad, al indicar que

Brazil saw itself as organizing Latin America wliilc dic United States performed the same task in North America, the two enterprises to work in harmony through frequent exchanges aimed at a common set of purposes.

Esa percepción de América modeló, desde los tiempos del Imperio, la política exterior de Brasil, que resguardaba a América del Sur como su esfera de influencia, y se abstenía de cualquier compromiso en América del Norte, Central y el Caribe, por constituir la esfera de influencia de Estados Unidos. El barón de Rio Branco, que defendió la Doctrina Monroe y estrechó las relaciones de Brasil con Estados Unidos, lo demostró con sus actitudes. Cuando Panamá se separó de Colombia, sólo reconoció a esa nueva república de acuerdo con la Argentina y Chile, para mantener la unidad de los tres países; reaccionó enérgicamente contra la interferencia estadounidense en el litigio de Brasil con Perú (1908), por causa de los territorios de Purus y Juruá,11 y en 1909 se dispuso a romper las relaciones con Estados Unidos, si el presidente William Howard Taft ejecutaba el ultimátum dado a Chile para pagar en diez días el monto de U$S 1 millón, reclamado por la empresa estadounidense Alsop & Co.12 Un proceder semejante tuvo Oswaldo Aranha como embajador en Washington, al constatar en 1935 que Brasil había sido excluido (se atribuyó a un error de la copia) de la Conferencia Económica sobre la cuestión del Chaco: advirtió al secretario de Estado, Sumner Welles, que "nada explica nuestro apoyo a Estados Unidos en sus cuestiones en América Central, sin una actitud recíproca de apoyo a Brasil en América del Sur",13 y posteriormente firmó, en su condición de canciller, con Enrique Ruiz Guiñazú, de la Argentina, el Tratado del 21 de noviembre de 1941, orientado a "establecer en forma progresiva un régimen de intercambio libre, que permita llegar a una unión aduanera [...], abierta a la adhesión de los países limítrofes", o sea, abierta a la adhesión de los países de América del Sur.

Por un lado, el interés en desarrollar una buena relación con Estados Unidos, sin abdicar de sus intereses nacionales, y, por el otro, la conciencia de la necesidad de unir o integrar América del Sur, a partir de un eje formado con la Argentina y Chile, para robustecer su poder de negociación, pautaron casi invariablemente la política exterior de Brasil, desde el siglo XIX. Fernando Henrique Cardoso siguió directrices similares, dentro de las condiciones de los años noventa, en que el proceso de globalización de la economía, elevado a un nivel superior por las corporaciones multinacionales, al fraccionar y diseminar por diversos países sus plantas de producción industrial, recibió un fuerte impulso, debido al extraordinario avance de las telecomunicaciones y de la informática, que abarcó todos los servicios y, flexibilizando las transferencias y aplicaciones de capita les, internacionalizó los mercados financieros. Cardoso ejecutó un programa económico, que comprendía el conjunto de medidas recomendadas por el Consenso de Washington, y procuró mantener una relación madura con Estados Unidos. Por esta razón, no rechazó previamente la propuesta del ALCA. Pero impuso condiciones, sin las cuales la implantación del ALCA conduciría a la supresión de todas las barreras aduaneras, aunque preservaría para Estados Unidos las barreras no arancelarias, por-que el Congreso estadounidense siempre tuvo el poder de aprobar cualquier ley que restringiese o revocase los efectos de un tratado, si lo juzgaba conveniente. Y con toda razón, Cardoso destacó, al invitar a los jefes de gobierno de la región al encuentro en Brasilia, que, "nosotros, los de América del Sur, no tenemos por qué aceptar las asimetrías que deforman la economía globalizada", sino "el interés común de luchar contra las barreras proteccionistas que restringen el acceso de nuestros productos a los mercados de los países desarrollados", y "en una arquitectura financiera internacional estable y justa, que favorezca la inversión productiva y evite o minimice 105 casos de crisis". A fin de alcanzar tales objetivos para la unidad de América del Sur era necesario fortalecer el poder de negociación tanto de Brasil, como de los demás países de la región, aun el de aquellos con menor peso económico y político, en las negociaciones para el establecimiento del ALCA. Y esa unidad comenzaba por la convergencia, en una perspectiva de integración, de dos grandes agrupaciones comerciales de la subregión: el Mercosur ampliado y la CAN, con la aproximación creciente de Guyana y de Surinam.. Los entendimientos del Mercosur con la CAN ya estaban en marcha desde 1998, cuando fue firmado un acuerdo marco entre los dos bloques cuyo intercambio, en el año 2000, alcanzó un monto del orden de los U$S 5.500 millones, 29 % mayor que en 1999, cuyos flujos de comercio más importantes fueron los registrados entre Brasil y Venezuela, y Brasil y Colombia. Cardoso confiaba en que la zona de libre comercio entre el Mercosur y la CAN, cuyo PBI fue de U$S 250.700 millones en 1999, fuese implantada antes de enero de 2002, formando la "columna dorsal de América del Sur como espacio económico ampliado".

En aquella época, cuando se produjo en Brasilia la reunión de los doce jefes de Estado de América del Sur, la incorporación de Chile al Mercosur, como miembro pleno, estaba prácticamente acordada, tanto que un mes y medio antes el propio Fernando Henrique Cardoso, al recibir al presidente Ricardo Lagos, anunció públicamente que ambos habían decidido "iniciar negociaciones efectivas para permitirnos llegar a este objetivo". "Tengo confianza de que, en breve, Chile dejará la condición de simple miembro asociado para volverse, al lado de la Argentina, de Brasil, de Paraguay y de Uruguay, miembro pleno del Mercosur. Y en el futuro confiamos también tener a Bolivia", declaró Cardoso. Esta confianza tenía, aparentemente, un sólido fundamento. Lagos, que había asumido la presidencia de Chile el 11 de marzo de 2000, pertenecía al partido Socialista (el mismo de Salvador Allende) y fue electo por la Concertación de Partidos por la Democracia, derrotando Joaquín Lavín, de la Alianza por Chile. Durante su visita a. San Pablo -para participar, el 14 de julio de 2000, del Encuentro Empresarial Chile-Brasil, promovido por la Federación de Industrias del Estado de San Pablo, él mismo anunció públicamente que Chile quería ser miembro del Mercosur, aunque destacase que la diferencia de la política tarifaria existente impedía su entrada más rápida a-la unión aduanera. No ocultó que Chile estaba negociando también acuerdos de libre comercio con la Unión Europea y con Estados Unidos, aunque estuviese preparado para negociar con más conjunto de posibilidades, riesgos y problemas inherentes a las negociaciones comerciales multilaterales y regionales en curso, de las que Brasil participaba".

Pero el entonces canciller Celso Lafer y todo el gobierno brasileño sabían que el embajador Samuel Pinheiro Guimaraes tenía razón. El propio canciller Celso Lafer, ante el Senado Federal, dijo que Brasil debía discutir una "alternativa para la adhesión al ALCA" y analizar con cuidado "los riesgos y las oportunidades", pues los países involucrados en su formación consumían el 50 % del total de las exportaciones brasileñas y el 70 O/O de las exportaciones de manufacturas. Tales observaciones permitían entrever que el gobierno brasileño, aunque todavía no quisiese abandonar las negociaciones para la formación del ALCA, estaba consciente de su Inconveniencia para Brasil, sobre la cual había un amplio consenso en la sociedad civil, en los medios económicos y en las Fuerzas Armadas. Había un serio riesgo de que el choque de competitividad con la industria estadounidense, más poderosa, tecnológicamente más eficiente y avanzada, destrozase la mayor parte del parque industrial de Brasil, condenándolo a los tiempos de la colonia, como exportador de materias primas y productos agrícolas Y entre otras personalidades que se manifestaron a través de la prensa contra la propuesta de Estados Unidos, el sociólogo Hélio Jaguaribe, ex ministro de Ciencia y Tecnología en el gobierno de Collor de Melo, instó a Brasil a manifestar oficialmente que no adheriría al ALCA, aunque todos los países sudamericanos lo hiciesen, si las barreras no arancelarias no fuesen suprimidas. La hipótesis de que Brasil quedase aislado era "incomparablemente mas ventajosa" que adherir a un ALCA que no hubiese eliminado las barreras no arancelarias, incluso porque sus mercaderías de mayor valor agregado no las producían los demás países sudamericanos y ellas seguirían ingresando a Estados Unidos.

Entre tanto, lo que más convulsionaba al Mercosur era la crisis económica de la Argentina, cuya economía había perdido competitividad, como consecuencia, sobre todo, de la sobrevaluación del peso, y había entrado en una profunda recesión ya a fines 1998, cuando su deuda externa, del orden de los U$s 144.600 millones (de los cuales U$S 60.000 millones vencerían entre 2001 y 2005), tendía a alcanzar casi los U$s 200.000 millones, sin que ella estuviese en condiciones de honrar los compromisos externos. Esta crisis se agudizó a comienzos de 2001, ante la expectativa de default, o sea, que la Argentina, donde la evasión fiscal alcanzaba los U$s 30.000 millones, insolvente, suspendiese los pagos de la deuda externa y devaluase el peso, pues, aunque el gobierno del presidente Fernando de la Rúa consiguiese en 2000 un superávit primario (diferencia positiva entre gastos y recaudación del gobierno, sin contar el dispendio de intereses), el pago de intereses había crecido tanto que la cuenta final cerró el año con un déficit muy superior al determinado por el acuerdo con el FMI. Frente a tal situación, en marzo, José Luis Machinea cayó del Ministerio de Economía en medio de una gravísima crisis en el gobierno. El banquero Ricardo López Murphy, hombre de la Asociación de Bancos de la Argentina, lo sustituyó, anunciando un plan todavía más liberal para recuperar la economía, que incluía la promesa de que no modificaría la convertibilidad del peso en relación con el dólar. Por consiguiente, millares de empleados públicos, amenazados de despido, estudiantes y maestros, así como los desempleados, se lanzaron a manifestaciones callejeras. Ricardo López Murphy también cayó. Y Fernando de la Rúa, completamente desgastado y debilitado, nombró, el 20 de marzo, a Domingo Cavallo como ministro de Economía, a quien el Congreso concedió mayores poderes de los que poseía el presidente, para que produjese el milagro de salvar a la Argentina de un desastre, del cual él fuera el responsable, al establecer por ley la paridad del peso con en dólar como forma de vencer la inflación y al realizar una política fiscal desordenada, que aumentó el gasto público en U$S 32.000 millones entre 1991 y 1996, durante el gobierno de Menem. Una de sus medidas, al volver al gobierno, consistió en revisar la aplicación de algunas tarifas del Mercosur, en el cuadro de su Programa de Competitividad, elevando, sobre todo, las alícuotas aplicadas a bienes de consumo al 30 % y reduciendo a O % las aplicadas a bienes de capital, lo que implicó modificaciones de la TEC, aprobadas por el Consejo del Mercado Común el 7 de abril con carácter excepcional y temporario. Brasil, donde afloraba la crisis energética, sufrió un fuerte impacto como consecuencia de la situación en la Argentina, a pesar de que estuviese con sus cuentas en orden. La desconfianza de los inversores extranjeros, ante la expectativa de que la Argentina decretase la moratoria y/o devaluase el peso, contribuyó en gran medida a otra devaluación del real, lo que afectó todavía más el comercio entre los dos países, ya en fase de recuperación. Hasta en Chile, que no era miembro pleno del Mercosur y cuyo comercio con la Argentina no sobrepasaba el 3,7 % del total, los capitales extranjeros comenzaron a emigrar y su moneda, el peso, perdió más del 20 % de su valor, desde el comienzo de 2001, mientras el desempleo saltó de menos del 5 %, en 1997, a casi ellO %, en agosto de 2001. Domingo Cavallo, que dos semanas después de asumir el Ministerio de Economía reveló la disposición de llevar a la Argentina a adherir al NAFTA, pasó por lo tanto a criticar al Mercosur, a tal punto que el propio presidente Cardoso, interpelado por la prensa, reveló que el presidente De la Rúa siempre le confirmó, directamente, los compromisos con el Mercosur y que él se disponía a preguntarle, durante la Cumbre de las América, en Québec, el día 21 de abril, cuál era la opinión que prevalecía en la Argentina, si la de él o la del ministro.

De la Rúa, de hecho, ya había perdido la autoridad. Y Domingo Cavallo, a fin de ganar todavía más la simpatía de los inversores estadounidenses para el programa de estabilización de la Argentina, en vísperas de lanzar una oferta de bonos para estirar el perfil de su deuda externa, volvió a afirmar, durante una conferencia en la Universidad de Harvard, a principio de mayo de 2001, que el Mercosur no ayudaba a las economías de sus asociados, del modo como estaba funcionando, y condenó la Tarifa Externa Común (TEc), declarando que la unión aduanera estaba prácticamente muerta y que la única manera de rescatar al Mercosur de la crisis era transformarlo en una verdadera zona de libre comercio. Sin embargo, el ministro de Relaciones Exteriores, Adalberto Rodríguez Giavarini, reafirmó los compromisos de la Argentina con el Mercosur, lo cual demostró las contradicciones internas en que se debatía el gobierno de De la Rúa. La actitud de Cavallo, afectando las relaciones de la Argentina con Brasil y su credibilidad internacional como signataria del Tratado de Asunción, en verdad se delineó como muy extraña, como si estuviese sirviendo al interés de otros, que no eran seguramente los intereses nacionales de la Argentina. La Argentina había sido el país que más se había beneficiado con la implantación del Mercosur, el único que obtuvo un saldo positivo en la balanza comercial con todos los socios desde el establecimiento de la unión aduanera. Entre 1995 y 2000 (primeros nueve meses), acumuló en su balanza comercial un superávit de U$s 5.100 millones con Brasil, de U$s 1.700 millones con Paraguay, y de U$S 2.200 millones con Uruguay, totalizando un saldo positivo acumulado cercano a los U$S 10.000 millones, en ese período. Sin embargo, durante el mismo período, la Argentina tuvo un déficit comercial que alcanzó los U$s 10.600 millones con los países del NAFTA, con los cuales Cavallo quería negociar el área de libre comercio.

A pesar de los problemas con la Argentina, Brasil endureció su posición en la política continental. El 30 de marzo, Cardoso estuvo en Washington, invitado por el presidente George W Bush, sucesor de Clinton, para discutir las cuestiones que separaban a Brasil de Estados Unidos, en el campo del comercio y de la política, y no sólo no ocultó su preocupación por las consecuencias del Plan Colombia sino que reiteró la oposición al adelantamiento del ALGA para 2003. Cardoso enfrentó explícita y públicamente la voluntad de la Casa Blanca. Tres días después, recibió en Brasilia la visita del presidente Hugo Chávez, que no sólo anunció, en un comunicado conjunto, la decisión de Venezuela de solicitar la adhesión al Mercosur sino que también reafirmó el compromiso de suscribir, en el plazo más breve posible, el Acuerdo Mercosur-CAN, considerado fundamental para la consolidación del espacio económico sudamericano y el análisis en mejores condiciones, bajo el principio del regionalismo abierto, de su participación en las negociaciones para la conformación del ALGA, con la Unión Europea y otros bloques económicos.

En una entrevista a la prensa, Chávez reafirmó el contenido del comunicado conjunto y se pronunció contra la anticipación del ALGA para 2003, acentuando que “si algo hay que acelerar son nuestros mecanismos regionales y subregionales de integración".

Días después, el 7 de abril, el eje Venezuela-Brasil, en la VI Reunión de Ministros de Comercio del ALGA, realizada, en Buenos Aires, impuso al Mercosur una actuación unitaria; así, derrotaron a Estados Unidos, al confirmar el término de las negociaciones para el año 2005, a pesar de los ataques de Cavallo y de que algunos países buscaran al secretario de Relaciones Comerciales de Estados Unidos Robert Zoellick, a fin de proponer acuerdos bilaterales directos con el NAFTA. Y en la Cumbre de las Américas, realizada en Québec del 20 al 22 de abril, Hugo Chávez se alineó con Fernando Henrique Cardoso, quien reiteró que la construcción del Mercosur era para Brasil “una prioridad absoluta, una conquista que llegó para quedarse, y que no dejará de existir por la participación en esquemas de integración de mayor alcance geográfico", y que el ALGA sería "bienvenido" si su creación representase un paso para brindar acceso a los mercados más dinámicos, el camino para reglas compartidas sobre antidumping, la reducción de las barreras no arancelarias, entre otros beneficios, y se fuese más allá de la Ronda Uruguay, corrigiendo las asimetrías cristalizadas entonces, sobre todo en el área agrícola. «Si no fuera así, sería irrelevante o, en la peor de las hipótesis, indeseable", añadió Cardoso.

Esa alianza se profundizó todavía más cuando Hugo Chávez se hizo presente en la reunión de la Cumbre del Mercosur, realizada en Asunción el 21 y 22 de junio, y formalizó el pedido de ingreso de Venezuela al Mercosur, país que firmó los acuerdos de Québec con reservas, y, refiriéndose a lo que Fernando Henrique Cardoso había dicho en Québec que el ALCA es opción y nuestro destino es el Mercosur", agrego que este es nuestro destino, el sur, la Cruz del Sur" En esa ocasión, Cardoso, después de observar que, “si hoy no existiese el Mercosur, estaríamos lamentando diez años perdidos", añadió: “Mercosur es más que un mercado, el Mercosur es, para Brasil, un destino.

La concepción de que para Brasil el Mercosur era el destino, mientras que el ALGA configuraba apenas una opción, publicada en The New York Times (Rohter, 2001), llevó a Henry Kissinger a citarla, observando que el Mercosur tendía a presentar aquellas tendencias manifestadas en la Unión Europea, que buscaban definir una identidad política europea diferenciada de Estados Unidos, si no en manifiesta oposición (Kissinger, 2001:152-163). "Especially in Brazil, there are leaders attracted by the prospect of a politically unified Latin America confronting the United States and NAFTA", resaltó Kissinger (2001:152). Según él, mientras el ALGA era concebido como una simple área de libre comercio, el Mercosur era una unión aduanera, con tarifas más elevadas para el resto del mundo (tarifa externa común), y pretendía evolucionar hacia un mercado común, lo cual no le parecía conveniente, pues, probablemente, afirmaría la identidad latinoamericana como separada y, de ser necesario, opuesta a la de Estados Unidos y al NAFTA. **

De hecho, el esfuerzo de Brasil, mediante la integración con la Argentina, se orientaba a unificar un espacio económico, teniendo como núcleo el Mercosur, y a ampliarlo, favorecido por la continuidad geográfica, a lo largo de la plataforma continental, cuyo eje Río-San Pablo-Córdoba-Rosario-Buenos Aires constituía la región de mayor desarrollo de América del Sur, de manera que formase no sólo una simple área de libre comercio, sino que evolucionase de unión aduanera hacia un mercado común, base de un Estado supranacional, como la Unión Europea, lo que permitiría concretar su destino de potencia mundial. Esta posibilidad de que la América del Sur integrada emergiese, con su propia identidad, constituía un desafío a la hegemonía económica y política de Estados Unidos, que trataban de organizar el Third American Empire y cuyo objetivo geopolítico, después de la Guerra Fría, consistía en extender su dominio a Europa Oriental y a los Balcanes, controlar Eurasia, las fuentes de energía en el Medio Oriente, el Golfo Pérsico y Asia Central, contener a China, e intentar impedir el surgimiento de potencias locales en los subsistemas, especialmente si eran contrarias a sus intereses. Pese a todo, la implantación del ALGA no parecía muy fácil. Después de la dudosa elección para presidente, en diciembre de 2000, aumentó cada vez más la percepción de que Estados Unidos no era una nación confiable, tanto en Brasil como en otros países de América del Sur, pues George W Bush enseguida pretendió derogar el Tratado de 1972 firmado con la URSS, se opuso al Protocolo de Kyoto, acordado para evitar el calentamiento de la Tierra, dio marcha atrás en el Tratado del Mar y suspendió las negociaciones con Corea del Norte, entre otras actitudes que desmoronaron la credibilidad de Estados Unidos. Esos hechos reforzaron la convicción de que, incluso revocando las barreras no arancelarias para posibilitar la implantación del ALGA, esa medida tendría carácter precario.

El Congreso estadounidense, de acuerdo con la Constitución de los Estados Unidos, siempre tuvo poderes para votar leyes proteccionistas, aunque no respetaran tratados internacionales, y se oponía a la modificación de la ley antidumping. Y a pesar de la situación bastante crítica en que se encontraba, debido a las acciones unilaterales de la Argentina, Uruguay y Paraguay, que prácticamente liquidaron la TEG, el Mercosur representaba uno de los campos de batalla de la guerra comercial que compelía a Estados Unidos y a la Unión Europea, con sus economías en recesión, a disputar más agresivamente los mercados de América Latina. La Unión Europea, que hasta entonces se resistía, demostró el propósito de eliminar tarifas de importación del 90 % de los productos agrícolas, en uno plazo de diez años, concesión importante para la superación del impasse en las negociaciones con miras al establecimiento de un área de libre comercio entre los dos bloques, antes de la implantación del ALGA, a partir de 2005. Y alcanzar el acuerdo con ella era fundamental para Brasil, así como para todo el Mercosur, pues la Unión Europea consumía casi la mitad de sus exportaciones agrícolas. Asimismo, a pesar del comportamiento de Cavallo, la Argentina sabía que sin la eliminación de las barreras a los productos agropecuarios, el ALGA no era conveniente para sus mayores intereses comerciales y que también ella no estaba en condiciones de negociar equilibradamente con Estados Unidos si no se unía con Brasil, transformado por el Mercosur en una prolongación de su mercado interno. Así, sondeada para hacer un acuerdo bilateral con Estados Unidos, la Argentina contestó, según lo revelara el canciller Adalberto Rodríguez Giavarini, que no estaba dispuesta a romper con el Mercosur, incluso porque en el Tratado de Asunción había una cláusula en la cual los cuatros miembros se comprometían a conducir negociaciones solamente en conjunto.

La reunión de la Cumbre del Mercosur en Asunción (21 y 22 de junio de 2001), al completar diez años de la formación del bloque, impidió que hubiese un retroceso en el proceso de integración y los cuatro países confirmaron el compromiso de consolidar la unión aduanera, a pesar de estar bastante debilitada por las medidas unilaterales que adoptaron los socios. A fin de fortalecer al bloque y detener la ofensiva de los Estados Unidos con miras a alcanzar acuerdos bilaterales, los presidentes de los cuatro países -Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay- decidieron proponerle a Robert Zoellick el reinicio de las negociaciones sobre la zona hemisférica de libre comercio, dentro del formato 4 + 1 (Mercosur + Estados Unidos). Como consecuencia de la agudización de la crisis en la Argentina, Cavallo aceptó que el Mercosur siguiese negociando como bloque con terceros mercados, de manera de obtener el respaldo de Brasil en sus entendimientos con Estados Unidos y el FMI. Cardoso no lo objetó, así como no permitió represalias contra las medidas unilaterales de Cavallo para deshacer la tarifa externa común. Quería salvar al Mercosur y evitar que el default de la Argentina que había pasado de pivotal state, Estado precariamente equilibrado entre el éxito y la bancarrota, a failed state, amenazando la estabilidad y la seguridad de toda la región-, agravase todavía más la situación de Brasil, dado que el aumento de su dependencia y su vulnerabilidad financiera lo hacía susceptible a impactos externos, ya fuesen de la Argentina o de otras áreas de la economía mundial. Cardoso le escribió al presidente Bush, al primer ministro de Gran Bretaña, Tony Blair, y a otros jefes de Estado, pidiendo apoyo para la Argentina, y declaró a la prensa: “No es posible dejar a la Argentina en crisis sin darle condiciones de supervivencia. La Argentina hizo todo lo que pidieron. ¿Ahora va a ser castigada?". Y después de resaltar que la decisión de hacer el currency board, ligando el peso al dólar, fue la más “altamente aplaudida" del gobierno de Buenos Aires, calificó como cierta hipocresía" decir que la Argentina tenía que resolver sola sus problemas. Y preguntó: ¿Qué 'sus'? El mundo hoy es interdependiente".

Esa interdependencia era de tal magnitud que los problemas de la Argentina afectaban profundamente a Brasil, donde la caída de la demanda externa, el racionamiento de energía y el aumento de la tasa de intereses, con miras a evitar la salida de capitales, contribuían a reducir la producción industrial, inhibiendo el aumento de las exportaciones, a pesar de que la maxidevaluación del real hubiese aumentado nominalmente la competitividad de los productos brasileños. La previsión era que Brasil cerrase el año 2001 con un déficit de U$S 1.000 millones en la balanza comercial, un déficit fiscal nominal (incluyendo el pago de intereses> de aproximadamente 6,2 % del PBI y un déficit de cuenta corriente de la balanza en torno de los U$s 27.000 millones, que, aunque estable, requería todavía de U$S 8.000 millones a U$s 10.000 millones, así como de la emisión de bonos, al contrario de lo que ocurriera en el año 2000 cuando fue cubierto por la entrada de inversiones directas, del orden de los U$S 30.400 millones. Fue por ello que Cardoso enfatizó la urgente necesidad de incrementar las exportaciones, evidenciando temores de que Brasil fuera a enfrentar un creciente déficit externo, sin recursos para financiarlo. Los desembolsos con intereses de la deuda totalizaron U$S 14.600 millones en 2000, y U$S 8.600 millones en 2001, y las remesas líquidas de lucros y dividendos al exterior, que sumaron U$s 3.300 millones en el año 2000 y ya habían alcanzado U$S 2.900 millones entre enero y julio de 2001, tendían a recrecer, cuando maduraban las voluminosas inversiones recibidas desde 1995. Había posibilidades de que la crisis en la balanza de pagos, generando un descontento externo, pudiese ocurrir en 2002.

Esas dificultades, alimentando las tensiones sociales y agudizando el descontento con el gobierno, estaban creando condiciones para la victoria del Partido de los Trabajadores (PT) en las elecciones de 2002. A Estados Unidos, cuya economía era amenazada por la recesión, no le convenía, por lo tanto, que la oposición eligiera así en 2002 al sucesor de Cardoso. Si ya eran enormes las resistencias a la negociación del ALCA, ellas aumentarían y prácticamente imposibilitarían su implementación, si el PT, que defendía la protección de determinados sectores de la industria y el resurgimiento de barreras aduaneras como forma de contener las importaciones, asumiese el gobierno de Brasil, dentro de un contexto de creciente enfrentamiento a las directrices económicas y financieras impuestas a los países de América Latina, principalmente durante los noventa. Sin Brasil y Venezuela, Bush podía sepultar la propuesta del ALCA. Por esta razón, Estados Unidos trató de contener el efecto tango, y el FMI, frente al caos que amenazaba a la Argentina, concedió a Brasil un refuerzo de U$S 15.000 millones, para que fuese usado en caso de necesidad. Cavallo, el 15 de junio de 2001, devaluó virtualmente la moneda, al crear el peso comercial, con una reducción del 8 % a efecto de las exportaciones, sin conseguir disipar el clima de incertidumbre, que la crisis económica y financiera generaba en el mercado, profundizándose cada día, al mismo tiempo que los conflictos sociales se intensificaban, con millares de personas, en su mayoría trabajadores desocupados o subocupados, en las calles de Buenos Aires y concentrados en la Plaza de Mayo, manifestando repudio al plan de ajuste para promover el "déficit cero", mediante la reducción del 13 % o más en los salarios superiores a 500 pesos de los empleados públicos. Esa situación de penuria expuso los moretones de la relación carnal con Estados Unidos, cuyo principal responsable, Menem, fue arrestado el 7 de junio de 2001, acusado de promover la venta ilícita de armas, por U$S 100 millones, a Croacia y a Ecuador, durante el conflicto con Perú, en 1995, aunque su ex colaborador Domingo Cavallo estuviese ocupando otra vez el cargo de ministro de Economía en el gobierno del presidente De la Rúa. Y ante la crisis, que asumía contornos dramáticos, Estados Unidos, a pesar de la mala voluntad del secretario del Tesoro Paul O'Neill, así como los demás países del G-7, no tuvo otra alternativa que amparar a la Argentina para evitar que el defaul que provocaría consecuencias para Brasil- agravase la depreciación del dólar en el mercado internacional y redujese el flujo de capitales para su economía.

La Argentina hizo todo lo que prescribiera el Consenso de Washington y su colapso posiblemente dificultaría los esfuerzos de Estados Unidos para implementar el ALCA, al evidenciar el carácter perverso de las medidas neoliberales, cuyos resultados, para toda América del Sur, fueron desastrosos en términos de crecimiento económico, reducción de la pobreza, re-distribución de renta y condiciones sociales. Por ello, entre otras razones, el 21 de agosto, el FMI liberó finalmente un crédito stand-by de U$s 8.000 millones para la Argentina y, al mismo tiempo, el gobierno de Estados Unidos procuró establecer un Junktim, vinculándolo explícitamente a su interés en acelerar las negociaciones para la implantación del ALGA.

En una nota oficial, el embajador Robert Zoellick comunicó que, "en conjunción con el apoyo del gobierno de Estados Unidos para el acuerdo del FMI con la Argentina", él tendría el placer de encontrarse, en septiembre de 2001, con los ministros responsables del comercio de la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay con la finalidad de lanzar una nueva ronda de negociaciones en la OMG, que incluían al ALGA y otras posibilidades. Por lo tanto, en realidad, no hubo conjunción alguna entre las negociaciones del Mercosur con Estados Unidos sobre el ALGA y la decisión del FMI. La tentativa de vincular las dificultades financieras de la Argentina con las discusiones 4 + 1 consistió en mero oportunismo o terrorismo comercial, o un gesto político para reinstalar en la agenda un elemento positivo, sobre todo después de las tensiones provocadas por las declaraciones del secretario del Tesoro, Paul O'Neill, que comparó a la Argentina con Uganda y Pakistán. Y el crédito stand-by de U$S 8.000 millones, suficiente apenas para las necesidades de corto plazo, aunque aliviase las tensiones en el mercado, no solucionó la crisis, que siguió dependiendo de difíciles negociaciones políticas con los gobiernos de las provincias, para la realización con éxito del programa de "déficit cero", como un modo de mantener el sistema de convertibilidad y de cambio fijo, y la superación del impasse creado por una deuda pública insostenible y la moneda sobrevaluada. De acuerdo con algunos analistas, representaba un paliativo para el desenlace inevitable de la crisis: la reestructuración compulsiva de la deuda tras la declaración de moratoria, que los gobiernos de Washington y Buenos Aires ya habían comenzado a estudiar a fin de realizarla bajo el aspecto legal. Su objetivo fue postergar el colapso financiero de la Argentina durante dos o tres meses”.

*Historiador, cientista político, columnista de La ONDA DIGITAL

**Brazil saw itself as organizing Latin America wliilc dic United States performed the same task in North America, the two enterprises to work in harmony through frequent exchanges aimed at a common set of purposes.

*** El libro de Luiz Alberto Moniz Bandeira “Argentina, Brasil y Estados Unidos”
Esta publicado en español por la editorial argentina Norma
Con prólogo del embajador Samuel Pinheiro Guimarães

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