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Izquierda y Progreso
Por Héctor Valle*
“Todo término filosófico es la cicatriz de un problema sin resolver.” Theodor Wiesengrund Adorno
Versión en Portugués
Introducción Las cuestiones centrales a la humanidad permanecen en disputa. La cuestión del otro, es decir, del diferente, sea por extranjero, por etnia, por religión, o por su ubicación social o cultural, sobre si lo domino o si me uno a él, en la diversidad, continúa siendo una de las primeras cuestiones a acometer. Dominar o compartir es, pues, la cuestión que aun hoy está en juego.
Para su dilucidación, es de vital importancia conocer y explicitar cuáles son las ideologías en pugna, pues nada hay fuera de ellas. Es a partir de las mismas que las políticas se vertebran y ponen en práctica según el lugar y momento que una ocupe en detrimento de la otra.
Hablamos, entonces, de posesión a ultranza, con su máxima constante, el lucro, y de comunidad en lo diverso, con el hombre, como género, como eje central de su accionar y así poder lograr su emancipación.
En suma, la cuestión es entre el frenesí del lucro y la utilización del diferente como objeto, en contraposición con el derecho de todos, de cada uno, sin excepción, a vivir en un grado creciente de humanidad, con libertad e igualdad de oportunidades, sin que esto sea materia de regateo de especie alguna.
Es por ello que iniciamos, si se quiere de manera sumaria, su tratamiento y discusión, para lo cual será de gran importancia vuestros aportes.
Ahora bien, para llevarlo adelante de manera frontal, por lo alto y sin ambages, hay una cuestión primera y de rigor: no podemos estar atados a intereses subalternos de especie alguna, sea en lo individual como en lo colectivo.
O sea que prescindiremos, unos y otros, de utilizar palabras y argumentos como clichés o armas para defender irracionalmente una idea, bien como para defender intereses espurios, así sean estos electorales, pues atarían la discusión a cálculos mezquinos y, por ende, subalternos. Prosigamos, entonces, el camino aquí esbozado.
Ideología y postulados básicos de la Izquierda Toda ideología es, esencialmente, la lógica de una idea. Las ideologías se diferencian entre sí no sólo por sus postulados sino por lo que unos y otros promueven. Las tenemos abiertas o cerradas (dogmáticas). Ahora bien, la ideología de la izquierda, cuestión que nos ocupa, tiene para sí postulados centrales tales como: 1) El hombre como sujeto activo, luego no como objeto; 2) La división del trabajo (material y espiritual); 3) La emergencia de una conciencia crítica.
La izquierda promueve una división del trabajo tal que promueva la emergencia de contradicciones conscientes.
Es decir, que el hombre y la mujer tengan en sus actividades la ocasión de llevar adelante pasos fundamentales al alumbramiento en cada uno de ellos de una conciencia crítica.
Tales pasos son, según la ideología de la izquierda, los siguientes: fuerza de producción, estado social y, final y conclusivamente, la conciencia.
No una conciencia tribal o de carnero, como dijeran Marx y Engels en La Ideología Alemana - llamando así a la mera conciencia del medio sensible más inmediato y conciencia del vínculo con otras personas -, sino a aquella conciencia que, logrado los estadios antes citados de distribución de trabajo material, como espiritual permita, y aliente, la conciencia crítica.
Una conciencia, entonces, que pueda imaginarse ser otra cosa diferente que la conciencia de la praxis existente permite. Es decir, que el poder representar algo realmente sin representar algo real - como bien indican Marx y Engels en el mismo pasaje. Se trata del acceso a la imaginación libre y creciente de la persona.
Progreso Es a partir de ese despertar al mundo que la persona está en condiciones de emanciparse del mismo y lanzarse a la construcción de la teoría, de la teología, de la filosofía, de la moral, etcétera, “puras”, aducen con razón los alemanes antes citados.
Por consiguiente, estamos hablando del progreso posible y deseable en el ser humano.
Luego, la noción de progreso es central a la consideración de la izquierda por ser no ya el paso siguiente y trascendente, en el proceso personal y colectivo de emancipación de personas y pueblos, sino su definición “en construcción permanente”.
Así, pues, el progreso es consustancial a la noción de izquierda.
Si lo queremos ver del otro lado del espejo, podemos aducir que si hablamos de progreso fuera de la consideración de la ideología de la izquierda, estaremos hablando de un manera sutil o burda, depende cómo y quiénes la instrumenten, de gatopardismo conceptual y operativo.
Para la izquierda, la conclusión de su teoría en la praxis, deviene, repetimos, del avance (léase, progreso), a través de una justicia social equitativa que active una distribución del trabajo tal que amerite, efectivamente, la emancipación de hombres y mujeres, sin distingo de especie alguna.
De este modo, vale recalcarlo, mujeres y hombres arribarán, personal y colectivamente, a una conciencia crítica que les permita imaginar, crear; ser, en suma. Y así, pasar a ser personas erguidas que caminan en la senda de la vida inteligente junto con las otras y hacia un porvenir del que ellas son sus hacedoras en el presente activo.
A partir de ahí, cualquier instrumento, por ejemplo de política económica -y por caso, distributiva -, que no sea congruente con aquellos postulados centrales, será un instrumento de otra ideología. No podrá, consiguientemente, ser tildado de instrumento de una política de izquierda ni, mucho menos, ser tildado de progresista, pues el progreso está, dialéctica e indisolublemente, enraizado en la ideología de izquierda.
La clase dominante y sus cooperadores A su vez, el dogma dominante propiciará, en esta central contienda dialéctica, cual sacerdotes desde sus púlpitos, el infundir miedo a través del llamado a la prudencia, a la sensatez y a no distorsionar el “libre” juego del mercado y sus consiguientes posibles “inversiones” con medidas “radicales y efectistas” (algunos de los calificativos que aun hoy emplean sus acólitos), que siquiera rocen la distribución de la riqueza que ellos han fijado para sí y para los suyos.
Podrá esta clase valerse también del recurso a invocar el “respetar” criterios “técnicos”, siendo como es, esta artimaña, una muy débil pretensión de esconder lo ideológico y cerrado, que tales vectores e instrumentos “técnicos” conllevan.
Una advertencia fraterna: Todo galanteo con la clase dominante que lleve implícita la esperanza de “ascender” a la misma, será vano. Peor aun: lo único que reforzará será la alienación de quien así busca promoverse. A lo sumo, podrán ser considerados y atendidos como cooperadores y estar así, rodeando las murallas en su lado externo. No podrán nunca, es lógico deducirlo, traspasarlas.
La clase dominante no promueve ni su ampliación ni mucho menos la emancipación del hombre sino, y harto dolorosamente, la enajenación del otro (esto es, del diferente por ser exógeno a ella).
Esta clase siempre opera en la búsqueda de la mayor ganancia y poder para los suyos. Tal es su blasón y aquellas son algunas de sus armas. Pero dejemos que de esta ideología se ocupen sus catecúmenos.
Conclusión preliminar Habremos de permanecer en el esfuerzo por tratar y profundizar aquellos elementos ideológicos y filosóficos centrales al avance (llamado “progreso”, en términos izquierdistas) en la emancipación de los hombres y de las mujeres de todo lugar.
Es un asunto caro a la Humanidad en su conjunto, desde la unicidad de una persona humana que labora, entiéndase bien, junto con la otra para el progreso - sí, el progreso -, de todos.
Se trata, en definitiva, de sacar a luz y discutir aquellos elementos conceptuales que permanecen guardados en el desván del no-compromiso con el porvenir del ser humano. Esperamos no estar solos en el tratamiento de estas cuestiones.
Continuaremos.
*Analista uruguayo
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