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Los mensajeros de la Casa Blanca
Por Raúl Legnani*
Hace unos años, demasiados ya, existían tensiones en el Frente Amplio debido a la confrontación generada por movimientos internos que trataban de influir en los liderazgos.
Un día, a la vuelta de mi licencia después de Carnaval, me encontré con una carta en la máquina de escribir. Yo trabajaba en ese entonces en CX30. Me alcanzó con una sola lectura para saber que alguien quería que me metiera en el lío, brindándome fruta podrida bastante bien presentada.
Tomé la carta, la guardé, y me comuniqué con alguien del entorno de Tabaré para decirle que estaba dispuesto a darle una copia y que lo mismo haría con Seregni. Horas después, un secretario de Vázquez llegó hasta mi apartamento y en la puerta de mi edificio le entregué la carta.
Esa misma tarde me trasladé a Costa Azul, donde Seregni era mi vecino de veraneo. Preparé el mate y lo esperé en la puerta de mi casa sobre el atardecer, hora en que "el General" siempre iba hasta la rambla para disfrutar de la puesta de sol. En ese momento le entregué la carta.
En la mañana del otro día, sobre las 10 horas, cumplí con mi rutina. Tomé la bicicleta y salí a comprar el asado y LA REPUBLICA. Cuando pasé frente a su casa, miré de reojo para saber si allí estaba, como todos los días. Así fue. Ni él, que leía un diario, me dijo nada, ni yo tampoco que iba en bicicleta. Yo sabía que recién a la vuelta me iba a chistar, como lo hacía todos los días.
Así ocurrió. Chistó y sin sacar los ojos del diario extendió su mano derecha, tomó un vaso de whisky que estaba en el piso y lo levantó. Esa era la señal: teníamos que conversar.
Luego de intercambiar opiniones sobre la idea central de la carta, los dos coincidimos que era fruta podrida sostenida en muchos datos. Por eso le pregunté: "¿Esto es trabajo de inteligencia? Su respuesta no demoró: "Es peor, puede ser contrainteligencia".
Como en mi cara se debe haber dibujado la imagen de que no entendía un pito de lo que me decía, con palabras sencillas trató de explicarme. Acá hubo primero un trabajo de inteligencia me dijo que consiste en registrar palabras, hechos y situaciones que pueden no llegar a decir nada o tal vez sí, pero que seguramente ocurrieron o podrían haber ocurrido.
"Con estos datos alguien resolvió pasar a una segunda etapa, preparando la carta con la intención de provocar una nueva situación: allí se desató el trabajo de contrainteligencia, que pasa por ver cómo reaccionamos los involucrados, para después seguir investigado", me dijo más o menos eso, no sin antes agregar que pueden ser "un poco amateur".
Vamos a Wikileaks Todo lo anterior está dicho con una sola intención: que hay que tomar las precauciones necesarias para saber leer la información de Wikileaks sobre Uruguay, a partir de los textos que la embajada de Estados Unidos mandó al poder central de ese país.
Estoy convencido, a diferencia de muchos políticos oficialistas y gobernantes por lo menos de lo que han dicho públicamente, que no estamos ante una pérdida de tiempo y de una estupidez de parte de los funcionarios estadounidenses. Y que tampoco son, en este caso, "un poco amateur".
Digo más: creo que hay que felicitarlos por la prolijidad con que han actuado en la recopilación de datos, palabras y situaciones, construyendo una información básica que seguramente, si lo consideraron necesario, pudo haber permitido que se desataran trabajos de contrainteligencia, según lo que le entendí a Seregni.
A los uruguayos no nos debe preocupar lo que se supo gracias a la información de Wikileaks que estamos conociendo en estos días, sino las consecuencias que puede traer ese estudio de la realidad política nacional por funcionarios que son atentos lectores de diarios y que además saben relacionarse con los actores políticos nacionales, que han demostrado, en muchos casos, una buena dosis de ingenuidad democrática, propia de los países que no buscan confrontar con otros, sino que trabajan por el buen entendimiento.
El otro lado del mostrador La otra lectura de todos estos documentos, hay que planteársela desde el otro lado del mostrador, porque toda tarea de recopilación contiene siempre y en toda circunstancia un basamento cultural, ideológico y político.
Los informantes, diplomáticos bien formados e inteligentes, muestran que el pensamiento político de la Casa Blanca no ha tenido variantes y se mantiene dentro de estructuras lógicas propias de la época de la Guerra Fría.
Uno de los mensajeros llega a decir que la prensa escrita uruguaya "resume una gran cantidad de nostalgia por la presidencia de Salvador Allende y vilipendian a quienes lamentan la muerte de Pinochet".
El simpático ex embajador Baxter no se quedó atrás cuando escribió que "legisladores socialistas y comunistas demonizan (a Pinochet) como la inspiración para otras dictaduras en la región, incluida la uruguaya, y los diarios transmiten una cierta alegría ante su muerte".
Incluso consideró que "el éxito económico de Chile, y la amenaza real que planteaba el comunismo internacional durante la Guerra Fría, son rara vez, o nunca, mencionados".
Pero su molestia no quedó ahí. También comentó en uno de sus despachos que "documentos de Estados Unidos recientemente desclasificados del período de la dictadura uruguaya han avivado los alegatos de izquierda sobre que Estados Unidos es enemigo de los derechos humanos". Estos documentos, siempre según Baxter, estaban siendo utilizados por los fiscales "para reforzar su caso contra el ex presidente uruguayo Juan Bordaberry y el ex canciller Juan Blanco".
Julián Assange, fundador de Wikileaks y a quien definí desde un primer momento como un "anarquista cibernético", no ha hecho más que mostrarnos que mientras el mundo se democratiza, hoy incluso entre las sombras de las pirámides de Egipto, la diplomacia de Estados Unidos sigue atrapada en una lógica que no le hace bien a la convivencia mundial.
(Termino la nota el sábado a las 12.15. Tres horas después me entero del ataque de Francia a Libia. Dejo de escribir y me voy con el mate a la rambla, tratando de encontrar en algún niño la esperanza de vivir. Nada ha cambiado, todo es peor).
*Periodista uruguayo, nota publicada en La República este 20 de marzo.
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