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Celso Amorim el canciller de Lula
No es posible “golpear fuerte y dialogar al mismo tiempo”
Entrevista
El ex-ministro de Relaciones Exteriores, Celso Amorim, defendió, en una entrevista con Júlia Dias Carneiro para la BBC Brasil, desde Río de Janeiro, el diálogo como la única forma de influir en el gobierno de Irán, acusado por parte de la comunidad internacional de violaciones a los derechos humanos y de, supuestamente, tener un programa para el desarrollo de armas nucleares. Versión en español de La ONDA digital.
- La presidente Dilma Rousseff dio señales de que será más dura en la defensa de los derechos humanos en los países con los que Brasil se relaciona. Antes de asumir el mandato, mostró una posición diferente a la del presidente Lula al hablar sobre derechos humanos en Irán... - La manifestación de ella ni siquiera fue sobre Irán, fue específica sobre la situación de aquella señora, Sakineh Ashtiani, condenada a muerte por lapidación en Irán. Quiera Dios que la situación de ella mejore y que pueda ser liberada. No se qué fue lo que influyó en el hecho de que no haya sido asesinada hasta el día de hoy. Pero si hubo algo que contribuyó, fue el pedido del presidente Lula. No debe haber sido lo único.
Para poder tener este tipo de influencia, debe existir un diálogo. Nosotros defendemos los derechos humanos en forma activa. Actuamos en varias situaciones evitando agravamientos, inclusive ayudando a soltar personas. El otro día, el presidente de la sociedad baha'i me agradeció porque hicimos fuertes gestiones en favor de baha'is condenados a muerte.
Nosotros estábamos en condiciones de hacer estas gestiones. Si estuviésemos condenando permanentemente a Irán, quien sabe si ellos hubieran resuelto atender nuestro pedido. Yo tenía la libertad de agarrar el teléfono, como lo hice, para hablar con el ministro sobre tema de Sakineh (...). Dejamos ir a la profesora francesa Clotilde Reiss - y fue Brasil, no cabe la menor duda.
¿Cómo se consigue esto si se asume una postura sólo de condena? Usted tiene que optar. No se puede actuar de las dos maneras. Creo que el presidente francés, Nicolas Sarkozy, intentó las dos, golpear fuerte y dialogar al mismo tiempo. Los iraníes no dialogaron.
- La prensa procura resaltar las diferencias entre los gobiernos de Dilma y Lula. ¿Existe una continuidad en la política externa del gobierno Dilma, o ella está tomando rumbos propios? - Es bueno que tome rumbos propios. Cada persona es una persona, cada momento es un momento. Este es el momento de Dilma. Hay continuidad en las líneas básicas, pero cada situación es una situación. A medida que Brasil se torna más grande, no va a tener menos problemas, sino que va a tener más problemas. Los momentos varían, la sensibilidad puede variar con relación a la forma de hacer determinada cosa y cada uno lo hará a su modo, eso es natural.
Pero creo que, en gran parte, el deseo de la prensa de hacer una separación es porque ésta nunca aceptó a Lula. Esta es la verdad. Nunca aceptó nuestras actitudes independientes. Cuando fuimos a Siria por primera vez, me preguntaron: "¿Pero ustedes le preguntaron a Washington si se podía?" Eso implica creer que Brasil tiene que ser pequeño, servil.
En este tema de derechos humanos, es perfectamente respetable la opinión de la presidenta, incluso por la sensibilidad personal que tiene ella para esto. Yo nunca fui torturado, pero debo decir que el presidente Lula estuvo preso y yo perdí mi puesto en la Embrafilme porque autoricé una película que trataba el tema de la tortura durante el gobierno militar.
Pero cuando usted lee la prensa brasileña, se agarran de esto para decir que Brasil no debe meterse con Irán, no debe meterse con el Medio Oriente. Ellos quieren que Brasil sea pequeñito. Como máximo que se limite a tomar cuenta un poco aquí, en la región, siempre con una postura agresiva con relación a los débiles y sumisa con relación a los fuertes.
Esto no es lo que queremos y creo que la presidenta Dilma tampoco lo quiere.
- Como analista, ¿cómo evalúa usted las posiciones que Brasil adoptó con relación a Libia, al abstenerse en el voto del establecimiento de una zona de exclusión aérea y al pedir el cese del fuego en el país? - Lo hallé un gesto correcto, pero también valiente, porque fue tomado en vísperas de la visita del presidente Obama. Existía la preocupación de proteger a los civiles. La tentación desde el lado occidental es siempre actuar con la fuerza. La fuerza, a veces, tiene que estar en el horizonte, pero la mejor arma es aquella que no es necesario disparar.
Como se disparó, la zona de exclusión aérea ya está generando una reacción. Primero, está haciendo un mártir del propio Khadafi y mostrando que está liderando una lucha anti-imperialista. La Liga Árabe lo apoyó, pero quienes están allá son Francia, Estados Unidos, Italia dando apoyo logístico, el Reino Unido... Entonces es un grupo de países occidentales bombardeando árabes y musulmanes. Por las reacciones que leo en los diarios, esto ya está teniendo efecto en el resto del mundo árabe.
Creo que en estos casos, uno no puede procurar apenas satisfacer nuestra conciencia moral. Debe satisfacerla, sí, pero de una manera tal que le permita obtener resultados reales, que mejore la situación de los libaneses. Y no simplemente irse para casa y decir, di un tiro al malvado. Usted no sabe si el malvado mató a diez más por causa del tiro que usted le dio.
- ¿Usted cree que las revoluciones en el mundo árabe van a representar una gran transformación en la geopolítica del Medio Oriente? - Creo que sí. El caso de Libia hoy es muy dramático, como causa del uso de la fuerza y de la represión del gobierno. Pero Libia no es un país con una gran influencia en el Medio Oriente. Tiene más influencia en África, en verdad, porque financió a mucha gente, le dio apoyo a Mandela.
El que tendrá mucha influencia es Egipto. De la forma en como se encaminen las cosas en Egipto, éste tendrá una gran influencia en el conjunto de la región, principalmente en la relación Israel-Palestina, que es el problema central. Este cambio va a tener impacto en el Medio Oriente y va a tener impacto en el mundo. Y es un hecho nuevo.
Esto puede sonar algo escandaloso, pero Libia - de cierta forma - fue útil a los países occidentales. Porque hasta entonces, todas las rebeliones importantes se estaban produciendo contra regímenes apoyados ostensiblemente por Occidente. Egipto, Túnez, Yemen, Bahrein, donde existen bases americanas.
A pesar de que Khadafi haya sido últimamente cortejado por los occidentales por causa del petróleo y otros intereses, no se puede decir que es un régimen apoyado por Occidente. Libia le sacó la atención a otros países. No estoy diciendo que Occidente haya provocado esto. Pero fue oportuno y es una situación que, por otra parte, permite decir que los países están luchando por los derechos humanos.
- Los países del BRIC presentaron su voto alineado en las Naciones Unidas. ¿Existió alguna articulación política para tomar una decisión conjunta? -Yo ya no estoy involucrado, no puedo decir lo que efectivamente sucedió. Pero seguramente deben haber existido muchas consultas entre ellos. Y seguramente la posición de uno puede haber influenciado en la de otro. Creo que la posición de Alemania también debe haber tenido influencia y tornó más cómoda nuestra posición.
- ¿La posición de abstención de Brasil puede ser perjudicial al pleito del país por un lugar permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU? ¿El país no deberá adoptar decisiones más firmes en caso de ir al consejo? - Me preguntaron mucho acerca de esto cuando votamos contra la resolución de Irán. Allí era un caso diferente, porque habíamos hecho un esfuerzo a partir del estímulo de Occidente y recibimos una reacción que no tuvo en cuenta, en absoluto, lo que habíamos hecho. Teníamos, incluso, que votar en contra.
Pero le voy a repetir lo que dije en aquella época: si para entrar en el Consejo de Seguridad debemos decir sí a todo, es mejor no entrar. Aquello es para que usted pueda llevar su percepción del mundo. Y la percepción de Brasil es básicamente la de intentar, siempre que sea posible, resolver las situaciones con alguna negociación.
- ¿Y cuál es el papel que desempeña Brasil en este nuevo panorama en el Medio Oriente? - Creo que Brasil tiene una oportunidad. Desde el punto de vista de la relación con estos países, tiene una contribución para dar, sobre todo si la sabe dar con humildad. No puede llegar allá diciendo como tienen que ser las cosas, pero puede abrirse, mostrar cómo nosotros consolidamos la democracia en Brasil, cómo fue el proceso de una Constituyente en Brasil. Nosotros también cometimos errores, no estoy diciendo que nuestra experiencia es perfecta, pero la democracia en Brasil está consolidada.
Al ayudar y aumentar nuestra presencia, esto fortalece varios aspectos. Desde que iniciamos el acercamiento con los países árabes, en seis años el comercio se multiplicó por cuatro. Nosotros considerábamos que la parte comercial es importante, pero no se puede sólo querer buscar defender los intereses comerciales. Es todo un paquete de cosas.
* Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte
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