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Brasil, la educación y la “jugada” del momento
Por Lino Macedo*
- ¿Por qué se responsabiliza al constructivismo del fracaso de la educación brasileña? - Pienso que una de las razones es de orden política y económica. Sucede que importantes movimientos educativos están ligados al PSDB, en los ámbitos federal (gobierno FHC) y estatal (estado de San Pablo). Estos movimientos se refieren, por ejemplo, a las políticas de evaluación externa (Enem, Saresp), programas de formación de los profesores, reformas curriculares, producción de materiales. Muchos de los participantes de esta iniciativa, y me incluyo dentro de ellos, son simpatizantes de una visión constructivista de la educación. ¿Qué implica esta visión? Reconocer que, en una educación para todos, es necesario considerar características psicológicas, sociales y culturales de los niños y de los jóvenes que, ahora, están en la escuela y precisan aprender. Reconocer que es necesaria una buena formación de los profesores, ahora en un número muy superior que en la antigua e “inolvidable” escuela tradicional. Estos profesores requieren una formación lenta, difícil, artesanal y cara. Desde el punto de vista económico, si las secretarías de Educación “disponen” de mucho dinero con relación a las otras, el gasto es muy grande y diversificado, insuficiente a las expectativas sociales y familiares. Así, de una manera general, se puede decir que el “constructivismo” está siendo criticado porque es la “jugada del momento”; si fuese otro abordaje teórico y metodológico, tal vez las críticas serían las mismas o, incluso, peores. ¿Cuántos siglos hace que los niños y jóvenes de Brasil están excluidos de las cosas de la escuela? Lograr un milagro de superación en pocos años o décadas es muy difícil. - ¿Cuáles son las principales dificultades de los educadores brasileños de transportar las teorías constructivistas a la práctica en las aulas? - La educación en nuestra cultura siempre fue pensada como un proceso de intervención de los adultos sobre los niños y los jóvenes con relación a lo que deberían aprender, como contenido, saber, como valor o forma de ser. Los adultos tienen el poder y el deber de trasmitir de manera informal, en la cotidianeidad de la casa o de la vida, o formal, en el contexto de la escuela, lo que los niños y los jóvenes necesitan aprender. La visión constructivista reconoce, por medio de investigaciones y teorías, que el proceso de desarrollo y aprendizaje de los niños y de los jóvenes es diferente al de los adultos. En otras palabras, ¿cómo articular intervención y desarrollo? Los niños y los jóvenes requieren de la intervención educativa de los adultos, pero sólo pueden aprender y desarrollarse a partir de sus recursos físicos, cognitivos, afectivos y sociales. En los libros didácticos o apostillas tenemos exposiciones, explicaciones, ejercicios, actividades o proyectos dirigidos a los alumnos. Pero los alumnos sólo pueden aprender con y a partir de sus propias actividades. Quiero insistir en esto: límite de los profesores - dar actividades para; límite de los alumnos - aprender con sus propias actividades. De ahí que, muchas veces, lo que llamamos actividades de enseñanza son mucho más actividades de evaluación, o sea, observación de como los alumnos entienden o reaccionan a lo que fue propuesto. De ahí el sufrimiento del profesor - quiere enseñar, pero no sabe cómo. - ¿Detrás de este rótulo del constructivismo existen prácticas muy diferentes? - Felizmente, existen, sí. El constructivismo es una visión del conocimiento, que se opone a una forma positivista (es posible, mediante una adecuada intervención, enseñarle a todos) o innata (los límites del aprendizaje están determinados por una condición genética que el medio no puede superar, sólo puede, cuando mucho, perjudicar) de pensar. Para el constructivismo, las intervenciones del medio y las condiciones hereditarias son factores muy importantes, pero interactúan con la calidad de la experiencia, e, incluso, están subordinados a un proceso de autorregulación que integra a los tres, pero que no puede ser sustituida o determinada por uno de ellos, de forma aislada. El constructivismo es una propuesta teórica y metodológica que puede y debe ser practicada de muchas y diversas formas. Si no tuviésemos esta obsesión por resultados inmediatos y positivos, si no tuviésemos esta pretensión de que podemos y debemos controlar todo, tal vez pudiésemos observar que existen muchas y maravillosas experiencias de enseñanza y aprendizaje que se están dando fuera de Brasil, de diferentes maneras. - ¿Por qué entonces es difícil, en Brasil, acercarse a los resultados de investigaciones desarrolladas por otros paradigmas? - Si en otros países, utilizando otros paradigmas, los resultados son positivos, ¡sería un error no “importar” dichos paradigmas! El constructivismo, cabe recordar, no es una invención nacional. En la segunda mitad del siglo pasado, teníamos no sólo aquí, sino en Europa y en los Estados Unidos, dos tipos de escuela. La escuela tradicional y la llamada “escuela nueva” o innovadora. La escuela tradicional era reconocida por ser fuerte - profesores, alumnos y contenidos disciplinarios, así como el comportamiento exigido, deberían ser los mejores posibles. No es casual, que esta escuela, aún pública, abrigaba y preparaba a la futura elite del País, como ya comentamos. El precio a pagar era la exclusión o la reprobación de la inmensa mayoría de los alumnos “débiles”, que no tenían recursos cognitivos, físicos y sociales para esto. Estos sólo podían, como mucho, frecuentar la “escuela nueva”, la escuela de los hijos de los trabajadores, de los niños abandonados, con dificultades para aprender. En esta escuela, el énfasis recaía sobre los procesos de aprendizaje y desarrollo, sobre los límites insuficientes para la convivencia escolar. El constructivismo, por el hecho de valorar los procesos de desarrollo y aprendizaje, por valorar al sujeto que aprende, está asociado muchas veces a esta escuela. Se olvida, en este caso, que el constructivismo de Piaget se relaciona con las formas que tienen los niños y los jóvenes para desarrollar recursos cognitivos y sociales para aprender conceptos y métodos científicos, justamente los más caros en la escuela tradicional. - ¿Qué es lo que separa, definitivamente, el constructivismo del no constructivismo? - Como ya lo afirmé, lo que los separa es una visión traducida en una práctica de conocimiento. El constructivismo cree que los procesos de conocimiento y desarrollo se realizan por una cualidad de interacción interdependiente. Aquel que se desarrolla o aprende influencia y es influenciado por las personas y cosas con las cuales interactúa. Él, los otros y las cosas son irreductibles entre si, son complementarios e inseparables. En las visiones no constructivistas se piensa que las variables pueden ser controladas desde afuera, que un factor de desarrollo puede ser más importante que otro, que la intervención es superior al desarrollo, que el sujeto puede ser sometido a procesos externos, heterogéneos. Por ejemplo, que el fracaso o el éxito escolar se deben apenas al alumno, al profesor, al dar mucho dinero a la escuela o al profesor, que basta exigir para que el alumno aprenda. También forman parte de la visión no constructivista el desánimo, la falta de credibilidad, el sentimiento de que nada tiene arreglo, de que se está “derrochando el dinero”, de que es imposible enseñar y que aprendan todos los niños, no importa el nivel. En estas visiones, no se piensa en un contexto de relación mutua y autodeterminada, ni se cree en la posibilidad, aunque de manera lenta y llena de “recaídas”, de perfeccionamiento. El constructivismo es optimista y positivo, pero realista. De ahí el encanto con que rápidamente nos aferramos a él como una tabla de salvación nacional y de ahí el desencanto que ahora nos abate, porque no cumplió, ni podría cumplir tan temprano, tan rápido, y tan bien nuestras expectativas.
* Lino Macedo es profesor del Instituto de Psicología de la Universidad de San Pablo. Se especializó en el constructivismo del suizo Jean Piaget (1896-1980), en la sicología aplicada a la educación y en los juegos infantiles. Coordina un laboratorio de investigaciones y elaboración de actividades relacionadas a los juegos y volcadas hacia la escuela. Es autor, entre otros, de Ensayos Constructivistas (Casa del Psicólogo) y Ensayos Pedagógicos (Artmed).
Traducido para La ONDA digital por Cristina Iriarte
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