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REVOLUCION
Klaus Lackner y sus árboles sintéticos
Por Katerina Markelova*
La idea de crear árboles sintéticos de Klaus Lackner se ha inspirado en la gran capacidad de los vegetales para filtrar el aire, absorbiendo el CO2.
Entre las soluciones propuestas para capturar el CO2 y disminuir la concentración de gases con efecto de invernadero, la que goza de mayor favor es la instalación de depuradores de CO2 o árboles sintéticos. Concebido por Klaus Lackner, geofísico y profesor de la Universidad de Columbia (Estados Unidos), este sistema de depuración del CO2, que se halla todavía en la fase de prototipo, podría filtrar el aire de la misma manera que un árbol natural, pero con una capacidad mucho mayor. “Un depurador de CO2 del mismo tamaño que un molino de viento puede extraer del aire mucho más dióxido de carbono que la cantidad de este gas que se evita producir con un molino de ese tipo”, explica el inventor del método.
Fue su hija la que le inspiró la idea: “Corría el año 1998… Clara había trabajado en un proyecto que le había permitido demostrar que se puede extraer el dióxido de carbono de la atmósfera”. En efecto, en una sola noche consiguió recuperar la mitad del CO2 contenido en el aire de una habitación.
Sobre la base de esta experiencia, Klaus Lackner construyó un “aspirador” que, instalado en zonas de viento, absorbe y filtra el aire cargado de CO2 y lo suelta purificado en la atmósfera. El elemento decisivo de este método de purificación es la soda cáustica. Cuándo ésta entra en contacto con el dióxido de carbono se transforma en una solución líquida de bicarbonato de sodio. Luego, ese líquido se comprime para transformarlo en un gas muy concentrado que se puede almacenar en la roca porosa de los fondos marinos.
Al ser más denso que el agua, el gas no puede salir a la superficie y queda así capturado por los siglos de los siglos. Según el profesor Lackner, en una primera etapa sería necesario “retirar una cierta cantidad de CO2 del aire y, si el procedimiento resulta rentable, se podrían contrarrestar las emisiones de dióxido de carbono producidas por los automóviles y los aviones. Luego, si se demuestra que esta tecnología, combinada con otras semejantes, consigue frenar el aumento de los índices de CO2 en la atmósfera, se podría empezar a capturar cantidades mayores de aire y reducir el nivel de CO2”.
Los árboles sintéticos pueden aportar un elemento positivo a las negociaciones internacionales sobre las emisiones de dióxido de carbono, porque permiten las importaciones y exportaciones de CO2 entre países. “En efecto, la captura de aire permite separar fuentes de emisión y pozos de carbono”, dice Klaus Lackner. “También nos permite imaginar un mundo en el que se traten todas las emisiones de CO2, sin dejar de lado las provocadas por los automóviles y los aviones”, añade.
Actualmente, esta tecnología resulta tan cara “como fabricar un automóvil manualmente”, según dice el propio Klaus Lackner. Pese a todo, el geofísico se siente optimista en lo que se refiere a las posibilidades de reducir los costos.
De todas maneras, los árboles artificiales no son una solución milagrosa. Lackner admite que “en la fase de compresión es cuando más cantidad de energía se consume, ya que un 20% del volumen de CO2 capturado por un árbol sintético vuelve a la atmósfera debido a la energía eléctrica que se necesita producir para transformar el bicarbonato de sodio en gas”.
La técnica propuesta por Klaus Lackner forma parte de las soluciones a largo plazo. “Su aplicación necesita tiempo y una decidida voluntad de llevarla a cabo”, dice este geofísico, al mismo tiempo que preconiza el recurso a energías alternativas en estos términos “El hecho de que exista un depurador de CO2 no significa que tengamos que seguir generando contaminación”.
*Fuente: la UNESCO
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