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El impulso y su freno, siglo XXI I - Curar el síntoma
Por: Héctor Valle*
“En su terminología de las etapas de desarrollo, Walt Rostow opinó tras un rápido conocimiento del Uruguay que éramos una sociedad que había pasado sin etapas del “take off”, del “derramage” o del impulso del crecimiento inicial a la del “alto consumo de masas”. Traducido a cualquier otra terminología el diagnóstico sigue siendo exacto. Y aun otra cosa podría resultar más grave: una sociedad a la que se estancó en una suerte de radicalismo verbal básicamente conservador y a la que se limó de toda energía revolucionaria incómoda, trabajosa, dura al fin, haciéndole creer que con algunas elecciones ganadas, algún impuesto más, algunas medidas legislativas los privilegios de los grupos superiores caerían al suelo como hojas secas y el feliz imperio de la igualdad sería alcanzado. No se necesita ser un revolucionario para pensar que si en algún país el “evolucionismo” social ha tenido un sentido enervador, ese país es el Uruguay.”I
Introducción A pesar de los avances que el Uruguay viene logrando en los últimos años, sea en materia económica, sea en materia social, las grandes cuestiones permanecen sin ser presentadas, estudiadas y, así, enfrentadas en la práctica del cotidiano vivir, merced a la puesta en marcha de planes de acción que busquen, en el largo plazo, su erradicación o morigeración en grado importante.
Las nefastas políticas económicas llevadas a cabo por los diferentes gobiernos en los últimos 50 años, han sumido a nuestra Nación en una serie de problemas sociales, graves, estructurales y cuestionadores de qué tipo de futuro tendrán las gentes de nuestro país, según sea dónde y cómo nazcan; con quiénes y de quiénes ellas provengan y se relacionen.
De esta forma, asuntos tan relevantes como la educación, la seguridad pública y la redistribución de la riqueza, permanecen, con sus graduaciones, en un limbo operativo donde lo que se atiende es la búsqueda de una postura que, si bien pueda presentar en algunos casos facetas positivas, en realidad no hagan a una reingeniería del pensamiento con miras a una efectiva mejora, sustantiva y crecientemente más abarcadora, de las mismas.
Es por ello que entendimos del caso visitar críticamente y desde la actualidad de este siglo XXI, que tan convulsivamente comenzó, la obra del pensador uruguayo Carlos Real de Azúa, “El impulso y su freno”.
Pensada para estudiar las tres primeras del siglo XX, época vital del batllismo, hasta 1930, terminó resultando un estudio superior, desde el punto de vista sociopolítico, sobre la propia sociedad uruguaya.
Esta obra, singular y preclara de Real de Azúa, nos permite detenernos y comparar épocas transcurridas, sopesando así, qué impulso fue frenado y cuál pudo llegar a la acción. Y a partir de ahí, volver al presentar y visualizar mejor el porvenir.
Nos hallamos en un momento de nuestra historia como Nación, en que debemos cuestionarnos si podemos o no atender, en el sentido de atacar con determinación las grandes cuestiones sociales que permanecen pendientes de resolución.
De las tres cuestiones aquí planteadas - seguridad, educación, redistribución -, la que asoma más grave, por sus derivaciones en violencia y padecimiento social, es la seguridad, si bien ésta es una resultancia de la inacción, mayor o menor, en las otras dos.
O sea que, estamos ante un tríptico tan inarmónico como peligroso en sus connotaciones sociales a largo plazo para la mejor suerte de la sociedad uruguaya en su conjunto.
La izquierda uruguaya, en uso legítimo del poder democrático, está entre la seducción de lo inmediato y periférico o el volcarse a aplicar cambios estructurales y trascendentes.
A modo de ejemplo, destaquemos que en lo redistributivo, la aparente “necesidad” de adecuar estas políticas a visiones cortoplacistas puede llevar a la izquierda a mudar criterios largamente sustentados para poder asimilarse, con ropaje hippie, a la derecha mejor pensante que, con variaciones, viene manteniendo inalterables aquellas políticas que le son más beneficiosas para su estamento.
Resulta, entonces, que ejerce su fascinación el vestirse de progresismo antes que parecer sísmico si se mantuvieran preceptos caros a lo que siempre propugnó la izquierda, con libertad responsable, por lo menos en nuestro país. Todo sea por no asustar a nadie y menos al inversor.
La izquierda en su conjunto viene dándose una discusión sobre qué criterios deben primar en estos y otros asuntos, La cuestión está planteada en términos duros, donde los cultores del inmovilismo buscan que los disidentes o “radicales” sean “encapsulados” y así aislados de la efectiva toma de posición a la hora de promulgar políticas concretas tanto en lo social como en lo económico.
Veamos, a vuelo de pájaro, algunos de estos asuntos que hoy siguen conmoviendo a nuestra sociedad.
Las opiniones de Stiglitz y Touraine Stiglitz. El economista Joseph E. Stiglitz, en una reflexión(ii) suscitada a partir de los dramáticos acontecimientos vividos recientemente, tanto derivados de la Gran Crisis del 2008 y, recientemente, del desastre japonés.
Dice Stiglitz: “Antes de la Gran Recesión, los gurús económicos de EE UU -desde el presidente de la Reserva Federal hasta los gigantes de las finanzas- se jactaban de que habíamos aprendido a dominar los riesgos. (…) Ahora sabemos que no solo engañaron al resto de la sociedad, sino que incluso se engañaron a ellos mismos.”
Y agrega: “Resultó que estos magos de las finanzas no entendieron las complejidades del riesgo, por no hablar de los peligros que plantean las "distribuciones de cola ancha", un término estadístico que se refiere a situaciones raras que tienen consecuencias enormes, y a las que a veces se llama "cisnes negros". Eventos que supuestamente suceden una vez en un siglo -o incluso una vez en la vida del universo- parecían ocurrir cada diez años. Peor aún, no solo se subestimó enormemente la frecuencia de estos acontecimientos, sino también el daño desmesurado que causarían -más o menos como las fusiones que siguen agobiando a la industria nuclear.”
Concluye tal visión, con estas elocuentes expresiones: “(…) Por el contrario, cuando los demás cargan con los costes de los errores, los incentivos favorecen el autoengaño. Un sistema que socializa las pérdidas y privatiza las ganancias está condenado a gestionar mal el riesgo.”
Y poco después, lo enfatiza de la siguiente manera: “(…) Desafortunadamente, es probable que algunos de los riesgos realmente grandes a los que nos enfrentamos hoy día ni siquiera sean eventos raros. Lo bueno es que esos riesgos se pueden controlar con poco o ningún coste. Lo malo es que hay una fuerte oposición política para hacerlo, porque hay personas que se benefician del statu quo.”
Touraine. Estas verdades como puño son refrendadas, asimismo, por el pensador francés Alain Touraine, desde otro ángulo(iii) , al decir que: “El modelo occidental cruje en manos de especuladores voraces y bancos todopoderosos. Es imprescindible devolver al trabajo la parte del producto social que le ha quitado el capital y restablecer el vínculo saludable entre la función financiera y las funciones de producción.”
Convengamos que resulta irracional adjudicarle a la izquierda cucos o posibles movimientos sísmicos que provoquen tsunamis.
Es justamente la ideología neoliberal la que, merced a su dogmatismo que lleva consigo una refracción para con lo social, que ha provocado y sigue provocando resultados económicos y sociales muy negativos, a escala global.
Y lo hace merced a la aplicación de políticas contrarias a la mejora sustantiva de la persona humana, en beneficio del tercer piso de la casa que ideara el historiador francés Fernand Braudel, para ilustrar al capitalismo.
Es decir, lo que más agrede del capitalismo es su tercer y último nivel, ese en el que se encuentra las hienas con sus fases abiertas e incapaces de ser saciadas, toda vez que su razón de ser es esa, la ingesta sin límites de ganancias y beneficios, a como dé lugar.
O sea que ni Stiglitz fue ni es un revolucionario, ni tampoco el propio Touraine, así tenga este otro basamento ideológico que aquel.
Sucede que la lógica de la idea del neoliberalismo, esto es su ideología, reiterémoslo, excede y agrede al propio liberalismo inglés, en su versión original, y hasta lo contradice en su esencia y sentido, por más que en el medio parezca emparentarse.
Atender lo inmediato, postergar lo central El problema la seguridad ha dado lugar a diferentes posturas, entre las que se cuentan aquellas que, bajo el manto del populismo, no dejan de cubrir intenciones electorales y de toma de posición subalternas al interés superior de crecer, ética y responsablemente, como cuerpo político y así, elevar lo social en el alcance y adecuación de soluciones realmente trascendentes para la sociedad en su conjunto.
Un claro ejemplo de aquellas viene dado a través de la iniciativa del sector liderado por el Senador Pedro Bordaberry, del Partido Colorado, respecto su propuesta de plebiscitar la baja en la edad de imputabilidad de los menores infractores.
He aquí manifestaciones(iv) del Senador colorado, en tal sentido: “(…) Lo que se está visualizando es lo que dijo el representante del Frente Amplio en la comisión (el diputado socialista Julio Bagno), que explica todo: la seguridad no se puede lograr hasta que no se termine con la dominación de una clase sobre otra. Ellos están pensando en la lucha de clases y nosotros en darle seguridad a la ciudadanía. Los que no creemos en la lucha de clases ahora nos explicamos por qué no hay seguridad, ellos creen que esa lucha es la única forma de lograr la seguridad.”
Seguidamente, el periodista le consulta respecto de si cree que el gobierno y sus eventuales aliados defienden a los delincuentes, a lo que el legislador respondió: “Ellos creen que la existencia de delincuentes es producto de la sociedad burguesa. Evidentemente están tan dogmatizados que no pueden aplicar soluciones o acciones concretas para hacer algo tan sencillo como proteger a los ciudadanos de la delincuencia. Llama la atención porque el Presidente de la República en su mensaje al Parlamento del 1° de marzo dijo que el Frente Amplio había aprendido muchas cosas, entre otras que las reglas de la macroeconomía son ingratas pero inexorables. Creí que se habían dado cuenta de cómo es la realidad cuando se gobierna.”
Convengamos en que este ciudadano es, ciertamente, un representante paradigmático de la plutocracia uruguaya, sin que por ello, le demos más trascendencia que la que puede tener un buscador pasajero de beneficios menores.
Quien fuera su mentor, y otrora mayor defensor - el ex presidente Jorge Batlle -, manifestó al diario El Observador, en nota publicada el 10 de abril de 2011, que la recolección de firmas, y cito: “salen como pan caliente”.
Y lo dice Batlle; nada menos, gran incumplidor de promesas electorales respecto a dar soluciones sociales de fondo. Justamente él, que fue el primer mandatario de un gobierno que se dio el Uruguay en un período tan divertido a nivel de una pequeña farándula como trágico en lo social y económico para las grandes mayorías de nuestra población, clase media incluida.
Por su parte, el ex presidente Julio María Sanguinetti, también coloca su peso y su sombra en la búsqueda de firmas para “atacar” la inseguridad, de la que fuera responsable, en tanto tuvo a su cargo el Gobierno nacional a lo largo de dos períodos.
Ellos no están solos: cuentan con el ex presidente Luis Alberto Lacalle para apoyar tamaña solución al problema de la seguridad en el país.
Todos estos administradores, arracimados en torno a una medida populista, representan las administraciones que, durante décadas, aplicaron políticas paliativas en tantos órdenes de lo nacional, por ejemplo en lo social y, qué duda cabe, en lo redistributivo. Si esto fuera poco, recordemos también a los administradores del período dictatorial y así completaremos un “tiempo social” gastado en desatinos y liviandades estructurales, si añadimos el populismo del ex presidente Jorge Pacheco Areco.
Todos ellos, sin excepción, fueron administradores bendecidos por el poder permanente, eso que Pedro, hijo de Juan María, llama “la lucha de clases” y que, en el contexto en que lo ubica, debe ser mencionado por su nombre: “la clase dominante”.
Vale destacar que, además del Gobierno actual, en la vereda opuesta al facilismo del populismo, hay otros connotados ciudadanos que buscan soluciones al problema de la seguridad y esperan lograrlas, vía legislativa, a breve plazo. Son ellos, entre otros, el Senador Jorge Larrañaga y su sector, junto con otras figuras blancas, bien como el Partido Independiente, en su conjunto.
La educación, esa solución postergada La paradoja planteada en el subtítulo de esta primera entrega, refleja el nudo de la cuestión psicosocial del Uruguay: cómo las limitaciones ideológicas, en unos casos, junto con los cálculos inmediatistas, y también oportunistas, en otros, hacen con que se busque curar el síntoma, relegando el atender a la enfermedad social que lo provoca.
Y no hay otra “cura”, si se nos permite referirnos así, que el mirarnos a nosotros mismos como sociedad y, seguidamente, establecer un plan de acción en materia educativa, en todos sus niveles.
Debemos mejorar, entonces, a través de una política de Estado que, con una estrategia educativa clara, profunda y abarcadora, con un plan a largo plazo, administre y regule la economía de tal forma que la redistribución de la riqueza sea una realidad, en su justicia social y no mero eslogan político-electoral. Y en esto comprometer al resto de los actores sociales, públicos y privados.
Caso contrario, de querer persistir en atender lo epidérmico - viendo lo pequeño y contingente -, antes que lo superior y permanente, nuestro tejido social seguirá perdiendo cohesión y así el propio sentido de Nación estará seriamente cuestionado. Así, pues, todo discurso no dejará de ser, en tanto letra hueca, una trágica quimera, que en los hechos continúe beneficiando a unos pocos.
Recordar hoy a Carlos Real de Azúa, desde esta obra superior, debiera permitirnos propender a la búsqueda de una grandeza demasiado tiempo postergada para el pleno de la asamblea de hombres y mujeres que lo componen. Se trata de quitar el freno a las políticas que beneficien a la sociedad en su conjunto y no tan sólo, no otra vez, a un puñado.
*Periodista y analista uruguayo
I- Real de Azúa, Carlos, “El impulso y su freno”, Ediciones de la Banda Oriental – Colección “Reconquista”, Montevideo, año 1964, pág. 106.
II- Stiglitz, Joseph E., “Jugar com el Planeta”, Proyect Syndicate 2011, publicado por El País, de Madrid, el día 10 de abril de 2011 (www.elpais.com). Negritas y subrayado de mi responsabilidad.
II- Touraine, Alain, “El neoliberalismo está llevando a la Unión Europea al fracaso”, reproducido y traducido por el diario Clarín, Buenos Aires, 31 de mayo de 2010. Negritas y subrayado de mi responsabilidad.
IV- Bordaberry, Pedro, “Ellos solo creen en la lucha de clases”, entrevista efectuada por el diario El País, de Montevideo, el día 10 de abril de 2011. Negritas y subrayado de mi responsabilidad.
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