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Arte callejero
El grafitti está pasando por un proceso de legalización
Diálogo con el pintor Rui Amaral
En esta primera semana de abril, Rui Amaral uno de los más famosos grafiteros y creador del arte callejero de Brasil, autor del famoso mural de fondo azul que ocupa el “Buraco da Paulista”, inaugura una muestra de sus trabajos junto a sus viejos amigos - Carlos Delfino, Ciro Cozzolino, Marta Oliveira y Zé Carratu - en la primera muestra colectiva de la galería, “Remedio”.
Lo que sigue es el diálogo de Amaral con la periodista Marina Vaz del periódico O Estado de S. Paulo.
- Con excepción de Marta Oliveira, todos los artistas que usted reunió en esta primera exposición de la Spray, son ex-integrantes del grupo “Tupinãodá”, del cual formó parte en los años 80. ¿Por qué esta elección y cuánto nos revela ella sobre el perfil de la galería? - Creo que siempre es bueno agarrar un poco de cada época. Ahora son artistas de la década del 80, después de los años 90, 2000... Por el momento, comenzamos con estos cinco artistas, pero estamos dándole forma a un equipo para encarar grandes proyectos, para conversar con otros espacios afuera, como exposiciones en museos, intervenciones.
- ¿Usted va a trabajar con artistas exclusivos de la galería? - Vamos a tener algunos, pero también haremos trabajos con otros. La idea es tener un e-commerce bien fresco - vender los trabajos de nuestros y de otros artistas por internet.
- ¿Cuánto tiempo hace que tiene pensado crear esta galería? - Siempre soñé con esto, desde los años 80. Los grafitteros exponen sus trabajos en la calle; acaba siendo algo menos comercial. Tener su propio espacio es una tendencia muy pop, algo diferente en el mercado. Con esto, se rompe con muchas cosas.
- ¿Esto es algo inédito? - A fines de los años 90, Flip, un grafittero que tal vez exponga aquí, montó una galería arriba de una tiendita. De ahí vino la Grafitería - que no prosperó, fue una pena - y después la Choque Cultural. La Grafitería tenía un equipo muy bueno, como el de la Choque, y era dirigida por grafiteros. Ya la gente de la Choque viene de otras áreas. Para nosotros, es muy duro ver a personas de otra área ocupando un espacio que nosotros podríamos ocupar también; y no lo ocupamos exclusivamente por falta de dinero. Creo que cada vez más deben surgir otras galerías de este tipo. Y lo que las va a diferenciar, en realidad, es el trabajo de cada una, los proyectos, las propuestas.
- ¿Y cuáles son las propuestas de la Spray? Queremos invertir mucho en educación, dar clases, workshops, talleres, conferencias. Y también pensar en proyectos sociales. En octubre, queremos traer a vagabundos para exponer aquí. Sería la primera vez que los pichis podrían ocupar un espacio comercial.
- Obviamente los trabajos expuestos aquí tienden a estar más focalizados en la pintura. ¿Pero usted pretende traer otros lenguajes, como instalaciones, esculturas? - Seguramente sí. El problema de la instalación es que no es negociable, pero yo siento la falta de este tipo de cosas. En una exposición como esta, uno necesita un auto de estos (señala la escultura que Carlos Delfino va a exponer allá). El problema de mi arte es esto: a mi me gusta hacer las cosas que no se venden (risas). Estas ambientaciones hacen que todo sea más agradable, pero la tela es la base, es el poroto con arroz. Y usted debe saber hacer un rico guiso de porotos con arroz.
- ¿Por qué la elección del nombre de la exposición, “Remedio”? - Acá estamos todos locos (risas). Carratu es quien tuvo la idea del nombre “Remedio”. Y nosotros pensamos: "¿por qué no?" Es algo absurdo, mismo. De ahí comenzamos a viajar, a hacer las invitaciones con la forma de un toro. Nosotros cinco somos una usina de creatividad. Es un grupo muy lindo.
- El domingo pasado (3/4), once grafiteros fueron presos en la Zona Norte. ¿Cómo ve usted la receptividad con relación al graffiti y al arte urbano en los tiempos que corren? - El grafitti, el arte callejero, está pasando por un proceso de legalización. El grafitti siempre va a existir - y siempre va a ser ilegal. Siempre va a tener un lugar donde no va a estar permitido y alguien va a querer pintar. Y a esto se le debe llamar grafitti, no existe otro nombre. Pero lo que yo veo es un movimiento muy fuerte de arte en la calle, de street art; esto está “estallando”. Hay que llegar a una panadería, ver un estacionamiento con un muro todo roto, ir al dueño y preguntarle: “¿puedo pintar ahí?” A partir de allí, convocar a los amigos y pintar.
- ¿Usted sale a la calle para hacer grafittis con mucha frecuencia hoy en día? - Salgo todas las semanas; a veces una semana si, una semana no. No consigo quedarme sin pintar en la calle más de 15 días. Pero esto es poco. Lo que pasa es que también el spray es muy caro. Siempre pinto en la calle con restos de otros trabajos. Por esto es que uso mucho látex, es más barato.
Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte
LA ONDA® DIGITAL
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