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¿Vamos a hacerles la guerra a todos ellos?
Profesor Luiz Bresser-Pereira
Libia, por no mostrarse dócil al colonialismo informal de las potencias, ahora está siendo castigada
"El espectáculo de misiles americanos, británicos y franceses pulverizando a los países árabes y musulmanes en medio de la noche, provoca un presentimiento. Tales aventuras generalmente comenzaron con buenas intenciones y un ingenuo exceso de confianza, pero..."
Con estas palabras "The Economist" comenzó su editorial del 26 de marzo. Analizaba la nueva "guerra humanitaria" emprendida por Occidente. Y se preguntaba: "¿Cómo terminará?". Yo tampoco lo se, pero estoy seguro que en esta aventura no existen buenas intenciones. No se busca "impedir la masacre de un pueblo insurgente", como se alega, sino recuperar el dominio sobre un país rico en petróleo y gobernado por un dictador que es violento y desagradablemente nacionalista.
El problema es que este gobierno supo usar la riqueza del petróleo para alcanzar un razonable grado de desarrollo, de manera que no será tan fácil derrocarlo.
Occidente aprovechó la oportunidad creada por la rebelión en Túnez y en Egipto para iniciar la guerra, pero en aquellos países existían dos pueblos en la revuelta luchando por la democracia. En Libia, sin embargo, no hay un pueblo en revuelta. Hay una lucha de tribus, hay una guerra civil. La única manifestación "de masas" que los fotógrafos periodísticos consiguieron flagrar fue la de una cantidad de automóviles en Benghazi conmemorando los bombardeos. En cuanto a la masacre prevista, ya están muriendo más libios de los que probablemente morirían si no existiese la intervención extranjera.
Esta guerra no terminará bien porque hace mucho que desapareció la legitimidad de aventuras imperialistas. En el siglo 19, ser un imperio era una gloria para un país rico e industrial. Pero el imperialismo causó tantos males a los pueblos dominados que, después de la Segunda Guerra, ellos se liberaron y el colonialismo abierto pasó a ser condenado.
Fue, mientras tanto, sustituido por el colonialismo informal: la asociación de las antiguas metrópolis con elites corruptas de los países pobres. El Medio Oriente fue el objeto privilegiado de este tipo de asociación, junto con los países pobres de América Latina y de África. Apenas los países asiáticos y algunos países como Libia, no se mostraron sumisos con esta nueva forma de dominación.
Por esto, crecieron y mejoraron el padrón de vida de su población. Su índice de desarrollo humano está en el lugar 52º, contra la posición 72º de Brasil. Ahora, las dos viejas potencias imperiales, Francia y el Reino Unido, seguidas por los Estados Unidos, castigan esta insubordinación.
El nuevo paladín de Occidente es Nicolas Sarkozy, que se imagina que va a lograr resultar reelecto de esta manera. Él subestima a los franceses. Como todos los pueblos, ellos también son nacionalistas, pero los franceses saben que esta guerra tiene poco sentido y que no pueden confiar en Sarkozy.
Por esto, no obstante la guerra fuese aprobada por el 61% de la población, su índice de popularidad descendió a niveles muy bajos: el 6 de abril, después de iniciada a guerra, alcanzó el 30%. Así como quedó en evidencia que era equivocada la esperanza de que la guerra se iba a vencer rápidamente, este apoyo localizado desaparecerá enseguida.
Lo que quedará es otra guerra sangrienta, nada humanitaria, contra un dictador que poco tiene a su favor. Pero hay tantos dictadores en las mismas condiciones. ¿Les vamos a hacer una guerra a todos?
Traducido para La ONDA digital por Cristina Iriarte
LA ONDA® DIGITAL
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