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Los EEUU. y sus aliados quieren legitimar la doctrina de la intervención humanitaria
Diálogo con Luiz Alberto Moniz Bandeira
Versión completa en Carta Maior
En entrevista del periodista Marco Aurélio Weissheimer para la publicación brasileña Carta Mayor, el cientista político e historiador Luiz Alberto de Vianna Moniz Bandeira, analiza las insurgencias populares que se están sucediendo en el Norte de África. Además subraya la nueva estrategia de los EE.UU. y sus aliados, intentado legitimar la doctrina de la intervención humanitaria. Lo que sigue es el tramo de la entrevista donde Moniz Bandeira se refiere específicamente a la realidad Libia. Versión en español de La ONDA digital.
¿Cómo ve lo que está aconteciendo en Libia ahora? ¿Se trata de una revuelta popular en busca de más democracia en el país, o de una insurrección de otra naturaleza? - Lo que se sabe sobre Libia es que nadie sabe de hecho lo que está aconteciendo. Hay mucha contra-información e informaciones fragmentadas y confusas, manipuladas por la gran prensa internacional. Winston Churchill, el ex-primer ministro británico, escribió en sus memorias que en tiempos de guerra la verdad es tan preciosa que debe estar siempre escoltada por una flota de mentiras. Y lo cierto es que en ninguno de estos países árabes, existe una conciencia democrática, tal como se la imagina en Occidente. Hay apenas una idea difusa y confusa. No existe una tradición y las condiciones históricas, políticas y culturales son distintas de las que culminaron el desarrollo de la democracia en Occidente.
La democracia para los pueblos árabes, que se insurreccionan en el norte de África y en el Medio Oriente, significa mayores oportunidades de trabajo, de participación política, libertad de expresión y mejoras económicas y sociales. Y, en Libia, como en Túnez y en Egipto, la suba del precio de los alimentos fomentó el descontento, al agravar las condiciones sociales y políticas allá existentes. Y sufrió el efecto del contagio. Libia tiene 6,5 millones de habitantes, de los cuales el 43% están urbanizados, pero el desempleo es del orden del 30% y un tercio de la población vive por debajo de la línea de pobreza. Importa el 75% de los alimentos y las exportaciones de petróleo responden por cerca del 95% de sus ingresos comerciales y por el 80% de las rentas del gobierno.
La situación de Libia, sin embargo, es todavía más compleja que la de Túnez y la de Egipto. Gaddafi asumió el poder en 1969. Con un golpe militar derrocó al rey Idris, de la secta Senussi, fundada en el siglo XIX, en Meca, por sayyd Muhhammad ibn Ali as-Senussi, de la tribu Walad Sidi Abdalla y sharif, i. e., descendiente de Fatmimah, hija de Maomé. Desde entonces, Gaddafi buscó imponer a Libia un sólo partido. Pero Libia, a diferencia de Túnez y de Egipto, es una nación que aún no se consolidó. Es el más tribal entre los países árabes. Se puede decir que es un Estado semi-tribal. Su estructura rural está prácticamente asentada en tribus nómades y semi-nómades, muy segmentadas Allá existen más de 140 tribus y clanes. Gaddafi, al principio, intentó reducir las influencias de las tribus, pero posteriormente tuvo que hacer alianzas y manipular la fidelidad de las tribus para mantener su dictadura.
La tribu de Gaddafi, Ghadafa (Qadhadhfah) es de origen berebere-árabe y se alió a la confederación Sa'adi, liderada por Bara'as (la tribu de la esposa de Gaddafi, Farkash al-Haddad al-Bara'as). Los conflictos entre las fuerzas del gobierno de Gaddafi y otras tribus - las tribus Zawiya y Toubou - comenzaron entre 2006 y 2008, en el oasis de Kufra, ubicado en el sudeste de Libia, 950 kilómetros al sur de Benghasi, cerca de la frontera con Egipto, Sudán Chad. Benghasi, donde la rebelión comenzó, está en Cirenaica, antigua provincia romana (Pentapolis) y tradicionalmente separatista, en la parte oriental de Libia. Misurata es la única ciudad en Tripolitánia, oeste de Libia, que habita la tribu Warfallah, el mayor grupo tribal, dividido en 52 sub-tribus, con cerca de un millón de personas. Esta tribu fue llevada a Libia, en el siglo XI, por parte de los Fatimidas, por motivos políticos. A ella está aliada la tribu Az-Zintan, que habita las montañas occidentales, entre las ciudades bereberes, Jado, Yefren y Kabaw. Y estas tribus rompieron con el gobierno de Gaddafi, se insurreccionaron y sustentan la rebelión. No existen indicios de que hubo un estímulo directo del extranjero cuando comenzó. Sin embargo, en seguida, seguramente, hubo participación externa, contrabandeando armamentos para los rebeldes en Benghazi. El contrabando continúa. Pero la rebelión cuenta con el apoyo del Grupo de Combate Islámico, cuyos miembros están estrechamente ligados a Bin Laden y pueden intentar la toma del gobierno, con la caída de Gaddafi. Todo indica que la oposición a la dictadura de Gaddafi está más alineada con al’Qaeda. Bajo el comando de Abu Yahya Al- Libi, los jhadistas del Grupo Islámico de Combate (Al-Jama'ah al-Islamiyah al-Muqatilah bi-Libia) ya se habían levantado contra el régimen en 1990 y el centro de la rebelión, actualmente, son las ciudades de Benghazi y Darnah, donde se habían concentrado y se produjeron los levantamientos en 1990.
Muchos islamistas radicales, exiliados por Gaddafi, están volviendo, entrando por las fronteras de Mali, Egipto y otras. Los rebeldes, aclamados por los americanos como freedom fighters, no son, seguramente, demócratas. Un estudio de la Academia Militar de los Estados Unidos, en 2007, indicó que del este de Libia salió una gran contribución para al-Qaeda en Irak. En tales circunstancias, todo puede suceder en Libia, con la prevalencia y el desorden político, peor que en Irak y en Afganistán.
Los Estados Unidos, Francia e Inglaterra no tienen como controlar la situación. La razón por la cual estos países están apoyando a los rebeldes islamistas no está muy clara. Lo más probable es que quieran legitimar la doctrina de la intervención humanitaria, tal como ocurrió en Kosovo y Sierra Leona. Existe una contradicción inexplicable de intereses en juego. Y no sin razón el ex-presidente Bill Clinton, al visitar Brasil, el 25 de marzo, declaró, al respecto lo que los Estados Unidos, Francia e Inglaterra están haciendo en Libia.: "Va a ser más difícil construir estabilidad en estos países de lo que fue derrocar el viejo orden. Entonces ahora creo que se están lanzando dentro de una incertidumbre".
¿Y en cuanto a la resolución aprobada por la ONU, cuál es su opinión? - La resolución aprobada por el Consejo de Seguridad viola la propia carta de las Naciones Unidas. El art. 2, del Cap. I, establece que “ninguna disposición de la presente Carta autorizará a las Naciones Unidas a intervenir en asuntos que dependan esencialmente de la jurisdicción interna de cualquier Estado, u obligará a los miembros a someter dichos asuntos a una solución, en los términos de la presente Carta; este principio, sin embargo, no perjudicará la aplicación de las medidas coercitivas constantes del capítulo VII”. Y el art. 42 del Capítulo VII dispone que, si el Consejo de Seguridad, considerara que “las medidas previstas en el artículo 41 fueran o demostraran ser inadecuadas (interrupción completa o parcial de las relaciones económicas, de los medios de comunicación ferroviarios, marítimos, aéreos, postales, telegráficos, radioeléctricos, o de cualquier otra especie, y el rompimiento de las relaciones diplomáticas), podrá llevar a cabo, por medio de fuerzas aéreas, navales o terrestres, la acción que juzgue necesaria para mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales. Dicha acción podrá comprender demostraciones, bloqueos y otras operaciones, por parte de las fuerzas aéreas, navales o terrestres de los miembros de las Naciones Unidas”.
Está bien claro que las operaciones militares aéreas, navales o terrestres de los miembros de las Naciones Unidas sólo podrán ocurrir en caso de que sean necesarias “para mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales”. Lo que ocurría en Libia era un tema interno, no amenazaba la paz y la seguridad internacionales. El ataque a un país soberano es una guerra. No hay ninguna fuerza multilateral. Y los Estados Unidos, Francia e Inglaterra fueron más allá de establecer una no-fly zone para proteger a los civiles. ¿Cómo proteger a los civiles, matando civiles con misiles lanzados contra las ciudades de Libia? Es lo que continúa sucediendo en Irak, Afganistán y Pakistán. Los civiles son los más sacrificados.
En Afganistán, solamente en 2009, murieron cerca de 2.412 a causa de bombardeos, un 14% más que en 2008. Entre 2005 y 2008, las fuerzas de los Estados Unidos y otras de la OTAN mataron entre 2.699 y 3.273. En Irak, se calcula que, desde 2003, cuando comenzó la guerra, hasta 2007, más de un millón de civiles murieron. Y se calcula que cerca de 700 civiles lo hicieron a causa de los bombardeos americanos desde 2006. Según el Conflict Monitoring Center (CMC), en Islamabad, solamente en 2011, más de 2.000 personas murieron, la mayoría de las cuales eran civiles inocentes.
En realidad, en Libia, los Estados Unidos, Francia e Inglaterra están participando de la guerra civil, apoyando a los rebeldes, como lo hizo la Alemania nazi durante la guerra civil en España (1936-1939), cuando bombardearon no sólo Guernica, sino otras diversas ciudades, estrenando sus bombarderos Junkers Ju 52 y Heinkel He 111, así como los cazas Messerschmitt y Junkers Ju 87, que destruyeron 386 aviones de los republicanos. Los navíos de guerra de los Estados Unidos y de Inglaterra ya lanzaron contra Libia, para destruir las defensas de Gaddafi, cerca de 124 misiles cruzeiro. Cada uno cuesta U$S 1 millón y el modelo nuevo U$S 2 millones. En el primer día de la Operation Odyssey Dawn, los gastos de los Estados Unidos sólo con misiles llegaron a U$S 100 millones.
- En este escenario, no es fácil precisar cuales son los objetivos de los Estados Unidos, Francia e Inglaterra en el ataque a las fuerzas de Gaddafi, ayudando a los rebeldes... - Los objetivos no están claros. La guerra fue prácticamente iniciada por el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy. Se supone que desea evitar que una guerra civil en Libia provoque un gran flujo de refugiados hacia el sur de Francia. Pero existen otras hipótesis. Tanto en Francia como en los Estados Unidos, cuyos presidentes están muy desgastados, así como en Inglaterra, los motivos electorales probablemente influyeron en la decisión de deflagrar la guerra. El petróleo, aparentemente, no fue un hecho decisivo. Francia solamente importa el 5,63% del petróleo de Libia, pero, posiblemente, desea asegurar para su abastecimiento, durante el siglo XXI, las vastas reservas allá existentes, estimadas en 41 mil millones de barriles, aunque representen menos del 2% de las reservas mundiales. Los países que más importan el petróleo de Libia son Italia, entre el 18,9% y el 22%; China, 10,4%; Alemania, entre el 7,8 y el 9,7. Sin embargo, las operaciones en Libia, de donde sólo importa el 0,6% de petróleo, podrán costar para los Estados Unidos un monto entre U$S 400 millones y U$S 800 millones, de acuerdo con el Center for Strategic and Budgetary Assessments, mientras que los gastos en Afganistán ya sobrepasaron los U$S 377 mil millones.
Se calcula que la guerra contra Libia costará para los Estados Unidos U$S 1 mil millón por semana. Y el Pentágono necesita este año más de U$S 708 mil millones, incluyendo U$S 159 mil millones para las guerras en Irak y Afganistán. Mientras tanto, en marzo, el déficit presupuestal alcanzó el monto record de U$S 222,5 mil millones.
Y el Departamento calcula que a través de los cinco meses del año fiscal de 2011 el déficit acumulativo sea de U$S 641 mil millones. Mientras tanto, por lo menos 50.000 americanos carecen de recursos básicos de salud y cerca de 50.000 mueren como consecuencia de ésto, todos los años.
En el Reino Unido, al mismo tiempo en que recorta £95 mil millones, con el pretexto de reducir gastos públicos y crea un millón de desempleados, el gobierno conservador de David Cameron gasta en torno de £3 millones por día, con las operaciones aéreas contra las fuerzas de Gaddafi. La misión de una aeronave cuesta por hora £35.000 y £50.000. El total diario es de £200.000 por avión. Se estima que el costo para los contribuyentes ingleses alcanzará los £100 millones dentro de seis semanas. Los misiles Tomahawk, comprados a los Estados Unidos, cuestan £500,000 cada uno y los misiles Storm Shadow cuestan £800,000 cada uno. El mantenimiento del submarino HMS Triumph, que dispara los misiles contra Libia, cuesta cerca de £200,000 por día. Y ahí los costos se disparan.
- El presidente de los EE.UU., Barack Obama autorizó el inicio de los bombardeos contra Libia durante su visita a Brasil. ¿Cuál es su evaluación sobre esta visita y, de un modo más general, sobre la política externa del gobierno Obama? ¿Hubo algún cambio significativo con relación a la que llevaba a cabo el gobierno Bush? - Lo que está por detrás del presidente Barack Obama es el mismo Complejo Industrial-Militar que sustentó el presidente George W. Bush. Él le dio continuidad a las guerras en Afganistán y en Irak, donde aún mantiene miles soldados, más allá de los mercenarios (contractors) de las private military company (PMC), como la Halliburton, Blackwater y otras. Y no conforme con continuar las guerras en Afganistán y en Irak, dio inicio a una tercera, en Libia. Y ahí todo indica que la decisión inicial, luego de conversar con el presidente Sarkozy, fue tomada por la secretaria de Estado, Hilary Clinton y Obama, simplemente, la autorizó. En realidad, ella se superpone al presidente Obama y es quien está efectivamente conduciendo la política internacional de los Estados Unidos, de modo de atender a los sectores más conservadores del Partido Demócrata y aumentar su popularidad, para postularse otra vez a la presidencia de los Estados Unidos.
En cuanto a la visita del presidente Obama a Brasil, no representó ningún cambio en la política externa de los Estados Unidos ni en las relaciones con Brasil. Fue una visita protocolar, no podía ni tenía nada que ofrecer a Brasil, cuya directriz, en materia de política externa, está esencialmente mantenida por la presidente Dilma Roussef. El voto a favor de un delegado de la ONU para verificar el tema de los derechos humanos en Irán, es un hecho aislado y no representa una variación fundamental en la posición de Brasil.
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