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Brasil: los rumbos en politica exterior en tiempos de Dilma
Por el profesor Luiz Alberto Moniz Bandeira
La llegada de Dilma Rousseff junto a un nuevo equipo de gobierno en Brasil, dió lugar a una serie de expectativas y especulaciones de supuestos cambios en politica exterior brasileña. Más recientemente el voto de Brasil, apoyando el envío de un relator especial de la ONU, para investigar denuncias de violaciones de derechos humanos en Irán, generó un fuerte debate sobre estos supuestos cambio en la política exterior de ese país.
En los últimos días la periodista Tatiana Merlino del mensuario brasileño “Caros Amigos” realizó una entrevista a Luiz Alberto Moniz Bandeira cientista político e historiador*, columnista regular de La ONDA digital, sobre lo que este voto representa y los rumbos de Itamaratí, bajo la dirección del embajador Antonio Patriota. Lo que sigue a continuación es la vesión en español de esta entrevista.
- Brasil apoyó la resolución del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas que instituyó un relator especial para investigar la situación en Irán. ¿Qué significa esto? - No significa ninguna contradicción con los lineamientos de la política exterior de Brasil, que es una política de Estado. La presidente Dilma Rousseff dijo en varias oportunidades que la defensa de los Derechos humanos no puede ser selectiva y debe cubrir a todos los países en que se produzca su violación. No sólo se refirió a Irán, sino también a los Estados Unidos, debido a la situación de los presos en la base de Guantánamo y en la prisión de Abu Ghraib, en Irak, donde son torturados. Los Estados Unidos tienen un criterio selectivo, de acuerdo a sus intereses económicos y estratégicos. Manejan políticamente el tema de los derechos humanos, como propaganda, contra determinados países.
El voto de Brasil, en la ONU, a favor del relator especial para investigar la situación en Irán es un hecho aislado, circunstancial. Esta decisión fue tomada por la presidente Dilma Rousseff a causa de Sakineh Ashtiani, la iraní condenada a muerte por lapidación, según una tradición milenaria judía, preservada en algunos países islámicos. La presidente Dilma Rousseff fue duramente torturada cuando estuvo presa durante el régimen militar y el tema de los derechos humanos la sensibiliza mucho. Pero, por cierto, no será el vector principal de su política externa.
¿Hubo cambios en la política exterior brasileña? - El ex-canciller Celso Amorim, aunque tuvo divergencias con respecto al envío de un relator especial a Irán, declaró que no ve “diferencias profundas ni superficiales” entre la política exterior del gobierno de Dilma Rousseff y la del gobierno de Lula. Es claro que esto no significa que no puedan producirse diferencias puntuales, inclusive debido a los cambios en la situación internacional. La política exterior de un país, aunque tiene un vector estratégico, puede modificarse, de una u otra forma, a fin de ajustarse a las mutaciones históricas: no puede detenerse en el tiempo. Tiene que evolucionar, adaptándose a las circunstancias que se le presentan.
- El ex canciller Celso Amorim afirmó en un artículo, que el envío de un relator de derechos humanos es, diplomáticamente, un recurso bien contundente contra el país en cuestión. ¿Como puede afectar el voto el diálogo entre Brasil e Irán? ¿El voto puede complicar la intermediación de Brasil con Irán en los asuntos nucleares? - No creo que vaya a afectar ningún diálogo, dado que Brasil no cambió su posición con respecto al tema del derecho que tiene Irán de desarrollar la energía nuclear para fines pacíficos. El presidente Lula intermedió en este litigio, de acuerdo con la carta que el presidente Obama le envió proponiendo los términos de un acuerdo con Irán. Él y el primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, consiguieron que el presidente Mahmoud Ahmadinejad los aceptase. Pero inmediatamente después, el presidente Obama dio marcha atrás, subestimó el acuerdo y los Estados Unidos exigieron que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobase las sanciones, contra las cuales Brasil votó. El presidente Obama parece una marioneta de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, que lo somete y dicta ella misma los rumbos de la política exterior de los Estados Unidos, con una orientación igual a la trazada por el presidente George W. Bush y los neoconservadores del Partido Republicano.
- Una de las críticas que se le hicieron al voto de Brasil es que estaría adoptando posiciones dubitativas en su política internacional, realizando una condena selectiva, pues si defiende el envío de un relator especial hacia Irán, tendría que defender el envío hacia Guantánamo, otro para ver la situación de los inmigrantes en Europa. ¿Qué piensa usted de esto? - No veo ningún titubeo en este tema. No fue Brasil quien presentó la propuesta para el envío de un relator especial a Irán. Simplemente votó a favor. Si algún país presenta una propuesta para el envío de un relator especial a Guantánamo o para ver la situación de los inmigrantes, estoy seguro que Brasil, bajo la presidencia de Dilma Rousseff, lo votará a favor. Pero el hecho es que ningún país presentará una propuesta en este sentido, pues seguramente, los Estados Unidos, Francia e Inglaterra, que tienen un asiento permanente en el Consejo de Seguridad, no permitirían su aprobación. Estas potencias tienen el derecho al veto.
- ¿El voto representa un alineamiento a los EE.UU.? Si es así, ¿por qué? - El voto de Brasil, en el caso de los derechos humanos en Irán, no representa ningún alineamiento con los Estados Unidos. Brasil no estaba ni apartado ni cercano a los Estados Unidos. El presidente Lula mantuvo muy buenas relaciones con el presidente George W. Bush. Lo que siempre hizo fue defender los intereses nacionales de Brasil. Si hubiese aceptado la formación del ALCA, alineándose económica y comercialmente con los Estados Unidos, Brasil se habría hundido, tal como ocurrió con México, cuyo PBI cayó más del 5%, en medio de la crisis económica y financiera de 2007-2009 y que aún no terminó.
Con la presidente Dilma Rousseff no tendrán porqué producirse cambios sustanciales en la política exterior de Brasil. Lo que puede variar es el estilo. Y hay un detalle que marca muy bien el rumbo diplomático de Brasil y el cambio en el peso de sus relaciones con los Estados Unidos. El primer país visitado por la presidente Dilma Rousseff, después de haber sido electa, fue Argentina. el segundo, en abril, fue China, que se tornó el principal socio comercial de Brasil y el mayor inversor extranjero. Sin embargo, los Estados Unidos y Brasil son las dos mayores masas económicas, a pesar de la asimetría, las dos mayores masas geográficas y las dos mayores masas demográficas del hemisferio.
Necesitan, por lo tanto, mantener buenas relaciones, cualquiera sea la tendencia política de sus gobiernos, reconociendo y respetando las divergencias, tal vez existentes, y colaborando en los temas sobre los cuales existen convergencias e interés común. Los dos países tienen contradicciones de intereses, así como convergencias. Y sus relaciones, a lo largo de la historia, nunca fueron tan suaves, como generalmente se supone. En el siglo 19, el gobierno brasileño suspendió tres veces (1827, 1847 y 1869) las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, aunque desde 1848 ya destinase al mercado americano la mayor parte de sus exportaciones, principalmente de café. El relacionamiento entre los dos países recién mejoró a partir de 1870, cuando Brasil se tornó extremadamente dependiente de las exportaciones de café y el café, del mercado americano.
Aún así, siempre hubo discrepancias y fricciones con los Estados Unidos, inclusive en tiempos del barón de Río Branco, y las contracciones se agravaron en la medida en que Brasil se industrializó y sus economías comenzaron a perder la complementariedad, sobre todo a partir de 1950. Y luego de un “breve y aberrante interludio”, tal como calificó el embajador norteamericano John Crimmins al período de tres años del gobierno del mariscal Humberto Castelo Branco, los militares restablecieron, en otras circunstancias, líneas de política exterior similares a las de los presidentes Jânio Quadros y João Goulart y abandonaron el “alineamiento automático” con los Estados Unidos. Las contradicciones se profundizaron cuando el gobierno del general Ernesto Geisel firmó el Acuerdo Nuclear con Alemania, denunció el Acuerdo Militar con los Estados Unidos, votó en la ONU a favor de una resolución que condenaba el racismo e incluía el sionismo como una de sus formas, e inmediatamente reconoció a los gobiernos revolucionarios, con influencia marxista-leninista, en Guinea-Bissau, Mozambique y Angola, así como lo hicieron Cuba y la Unión Soviética. Sólo los presidentes Fernando Collor de Melo y Fernando Henrique Cardoso intentaron acomodar la política exterior de Brasil a los intereses estratégicos de los Estados Unidos. Estos dos presidentes, al mismo tiempo en que privatizaron indiscriminadamente las empresas públicas, inclusive las de telecomunicaciones, debilitaron la industria bélica nacional y desguarnecieron a las Fuerzas Armadas, redujeron los gastos en defensa del 70% del presupuesto, en la primera mitad de la década de 1970, en más del 5% a 6%, a principios del siglo 21. Desarmaron a Brasil, subordinándolo a los intereses económicos y estratégicos de los Estados Unidos. Y Fernando Henrique Cardoso llegó al extremo de llevar a Brasil a adherir al Tratado de No-Proliferación de Armas Nucleares (TNP), cuyo objetivo era estratificar el statu quo del poder mundial, impidiendo la diseminación horizontal de la tecnología atómica, es decir, su dominio por parte de otros países, pero no prohibía el crecimiento vertical de los arsenales de bombas nucleares y de los medios de lanzamiento, que los Estados Unidos, la Unión Soviética, Francia e Inglaterra continuaron desarrollando. De esta forma, estas grandes potencias pretenden conservar sus posiciones hegemónicas.
- ¿Existe alguna relación entre el voto de Brasil a favor de las investigaciones sobre violación de los derechos humanos en Irán y la abstención del país en el Consejo de Seguridad sobre la determinación de una zona de exclusión aérea en Libia? - El voto de Brasil a favor del envío del relator a Irán para averiguar el tema de los derechos humanos en Irán y la abstención cuando el Consejo de Seguridad aprobó la resolución, estableciendo una “no - flying zone” en Libia, muestran que no hubo ningún realineamiento con los Estados Unidos. El ministro de Relaciones Exteriores, Antonio Patriota, defendió una salida diplomática para el conflicto en Libia, al cerrar, en China, la 3ª reunión de cúpula de los BRICS. Acentuó que, un mes después de la resolución del Consejo de Seguridad, bajo el pretexto de defender a los civiles, el nivel de violencia en Libia no disminuyó. Y, cuestionando si la población civil “está más protegida ahora que antes”, él, refiriéndose a la “inquietud con los rumbos que la crisis en Libia podrá tomar”, dijo “es el momento de volver a un esfuerzo diplomático.”
- ¿Como evalúa las posiciones que Brasil tomó con relación a Libia, al abstenerse en el voto al establecimiento de una zona de exclusión aérea y al pedir el cese del fuego en el país? - Brasil se abstuvo, en el Consejo de Seguridad, junto a China, India, Rusia y Alemania, lo que representó, en términos diplomáticos, una discordancia con los Estados Unidos, Francia e Inglaterra. Y estos mismos países condenan el bombardeo y el atentado a la soberanía de Libia y reclaman por el cese del fuego. Y no puede haber otra evaluación: Brasil, bajo la presidencia de Dilma Rousseff, mantiene la misma política exterior autónoma, soberana y altiva, desarrollada por el presidente Lula. ¿Qué es lo que están haciendo los Estados Unidos y Francia en Libia? ¿Proteger a los civiles o apoyar militarmente a los llamados rebeldes? Los supuestos civiles rebeldes, que dicen proteger, poseen armas pesadas y son, en su gran mayoría, fundamentalistas islámicos, que evocan a Alá, a los gritos “Allahu Akhbar”, que significa “Dios es grande”.
La rebelión comenzó en Benghasi, ciudad situada en la Cerenaica, antigua provincia romana (Pentapolis) y tradicionalmente separatista. De hecho, los Estados Unidos, Francia e Inglaterra, al intervenir en la guerra civil de Libia, están haciendo caso omiso a la propia resolución del CS de la ONU, insultando el Derecho Internacional y violando el propio objetivo de la OTAN, que apenas preveía la defensa conjunta de cualquiera de sus miembros contra el ataque armado de un tercer país y la Carta de las Naciones Unidas, cuyo art. 2, del Cap. I, establece que “ninguna disposición de la presente Carta autorizará a las Naciones Unidas a intervenir en asuntos que dependan esencialmente de la jurisdicción interna de cualquier Estado, u obligará a los miembros a someter dichos asuntos a una solución, en los términos de la presente Carta”. El tratado del Atlántico Norte fue celebrado en 1969, en el contexto de la Guerra Fría y el primer secretario general de la OTAN, Lord Ismay (Hastings Lionel “Pug” Ismay), declaró que su objetivo era “to keep the Russians out, the Americans in, and the Germans down”), es decir, “mantener a los rusos afuera, a los americanos adentro y a los alemanes abajo”. Ahora estas potencias occidentales quieren reproducir la farsa de Kosovo, la provincia separatista de Yugoslavia, cuando la OTAN atacó durante 79 días a las fuerzas serbias del presidente Slobodan Milosevic, en favor de las guerrillas albanas y provocó un gran número de refugiados. Así como Rusia, China, India, África del Sur, España y muchas otras naciones, Brasil no reconoció la independencia de Kosovo y solamente lo hará si resulta de un acuerdo político con Serbia, bajo la égida de la ONU.
Lo que entiende Itamaraty, al no reconocer la independencia, es que las potencias de Kosovo ignoraron la Resolución 1244 del Consejo de Seguridad (CS) de la ONU, de 1999. El texto preve el compromiso de la ONU con la integridad territorial y la soberanía de Yugoslavia (actual Serbia) y, en el Anexo 2, determinaba que un posible gobierno soberano de Kosovo debería resultar de un acuerdo político. Parece que uno de los objetivos de la intervención de Francia, Inglaterra y los Estados Unidos, enmascarada por la OTAN, es asegurar la independencia de Bengasi y mantener el control de los pozos de petróleo.
- ¿Cree usted que las revueltas en el mundo árabe van a representar una gran transformación en la geopolítica del Medio Oriente? - Las revueltas que comenzaron en Túnez, se extendieron a Egipto y contaminaron a los demás países árabes, muy probablemente modificarán la configuración geopolítica en el Medio Oriente. Sin embargo, es muy difícil evaluar, por el momento, las dimensiones que pueden llegar a alcanzar. Depende del rumbo que las revueltas tomen, según las condiciones domésticas de cada país. El Medio Oriente no es homogéneo. Los países son muy distintos, diferentes unos de los otros. La situación es, por consiguiente, muy compleja, dado que son muy diversos los factores que determinaron las revueltas, aunque el denominador común sea su manifestación contra regímenes dictatoriales en descomposición. Todos estos países son importantes en términos geopolíticos y estratégicos. Pero el grado de importancia de cada uno es muy diferente, así como el grado de posibilidad de control de las revueltas por parte de los Estados Unidos, cuyos medios financieros están virtualmente agotados y el gobierno del presidente Obama intenta contener el déficit presupuestal y la deuda pública. La situación de Inglaterra, así como la de Francia, no es mucho mejor.
- ¿Y cuál es el papel que Brasil desempeña en este nuevo panorama en el Medio Oriente? - Brasil no es, ni lo puede ser más, obsecuente con los Estados Unidos. John H. Crimmins, ex embajador de los Estados Unidos en Brasil, (1973-78), declaró ante al Comité de Relaciones Exteriores de la House of Representatives, en 1982, que el principal objetivo de la política exterior del Itamaraty, en sus directrices permanentes, daba prioridad a los intereses económicos y buscaba retener la máxima libertad de acción, evitando compromisos y obligaciones, que no se traducían claramente en el interés - interés éste tal como sólo Brasil lo definía - que era el de asegurar las condiciones que facilitasen su progreso rumbo al destino de grandeza. Según observó, incluso, Brasil evitaba asumir responsabilidades mayores y compromisos, al mismo tiempo que buscaba diversificar sus lazos económicos y políticos, con el fin de expandir su área de maniobra y aumentar su poder de negociación.
Previó que, con un desarrollo industrial completo, superaría todas sus connotaciones de potencia mediana a mediados de la década de 1980. Aquellas directrices de la política exterior de Brasil fueron preservadas, no obstante ciertos cambios en su conducción, durante los años 1990. De cualquier forma, Brasil emergió de una profunda crisis económico-financiera y se convirtió, no solamente en la 7ª economía mundial, encaminándose hacia la 5ª posición, sino también en una potencia política global. Tiene, por lo tanto, que desempeñar un papel más activo en el Medio Oriente, inclusive por causa de sus intereses económicos y comerciales. Muchas empresas, crecientemente, se internacionalizan y el total de la inversiones brasileñas en el exterior alcanzó los U$S 11,5 mil millones en 2010 y posiblemente llegará a los U$S 16 mil millones, en 2011. Y los países árabes, con una población de 340,82 millones de habitantes son, para Brasil, un importante mercado. En 2010 sus exportaciones representarón un crecimiento del 34% con relación a 2009. Los principales clientes fueron Arabia Saudita, Marruecos, Emiratos Árabes, Argelia y Egipto, que importaron azúcar, aceite de soja, carnes, minerales, así como acumuladores eléctricos, uvas secas, rodaduras de esferas de carga radial (10,50%). Otros items comprados por Brasil son candados de metal, pantalones, jardineras, desodorantes, agua de colonia, ropas (pantalones de punto, polleras) y carteras.
Egipto se tranformo, además, en el principal consumidor de productos brasileños en el mundo árabe. También a las empresas brasileñas les interesa cada vez más hacer inversiones en los países árabes, entre los cuales están los Emiratos Árabes Unidos y Egipto. La Brasil Foods (fusión de la Sadia y de la Perdigão), Vale do Rio Doce, Tubos Tigre, Odebrecht, Boticário, Via Uno y Arrezzo ya tienen inversiones en la región. El sector de infraestructura en el bloque árabe tiene un enorme potencial de crecimiento. La empresa brasileña, Odebrecht Ingeniería & Construcción ya estaba ejecutando obras en los Emiratos y en Libia: la construcción del Hotel EVA en Abu Dhabi, en los Emiratos, del Aeropuerto Internacional y del Tercer Anillo Vial de Trípoli, en Libia. Y ya realizó proyectos en Irak, Kuwait y Djibouti, habiendo facturado aproximadamente U$S 250 millones en 2009 por los servicios de infraestructura que desarrolló en el Medio Oriente.
Por otro lado, las empresas brasileñas recibieron de los países del Medio Oriente y del norte de África inversiones por un monto de U$S 4,5 mil millones. Este valor invertido en Brasil representa un 18% del total de sus inversiones fuera del Medio Oriente y del norte de África. Evidentemente, las revueltas en los países del norte de África y del Medio Oriente, afectaron las perspectivas económicas y comerciales de Brasil. La Odebrecht tuvo que paralizar las obras en Libia y retirar a sus trabajadores. De cualquier manera, principalmente en dichas circunstancias, Brasil, que se torna una potencia política global, no puede sustraerse frente a lo que pasa en aquellas regiones.
- ¿El voto y la nueva postura de Brasil en su política exterior pueden influir en la decisión sobre el lugar de Brasil en el Consejo de Seguridad de la ONU? - Brasil seguramente no va a condicionar su política exterior por la pretensión de ocupar un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. China y Rusia reconocen su aspiración de desempeñar un rol más prominente en la ONU. Y el hecho es que Brasil, Rusia, India y China, el bloque conocido como BRIC, representan el 40% de la población y de la economía mundial y el 28% de la masa geográfica de la Tierra.
La reforma del Consejo de Seguridad, por consiguiente, deberá producirse días más días menos, dado que el peso económico y político de estos cuatro países tiende a aumentar cada vez más. Según el Informe Anual Sobre el Desarrollo Socioeconómico del BRIC (2011), el PBI conjunto de estos cuatro países - Brasil, Rusia, India y China - deberá superar al de los Estados Unidos en 2015. La previsión es que equivaldrá al 22% del PBI mundial de aquí a tres años, contra el 15% en 2008. Todo indica la posibilidad de que Brasil, en breve, pase a la 5ª posición en el ranking de las mayores economías del mundo.
* Luiz Alberto Moniz Bandeira: Cientista político, profesor titular (jubilado) de Historia de la Política Exterior de la Universidad de Brasilia (UnB). Autor de diversos libros de difusión mundial en varios idiomas.
Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte
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