“La ejecución de Bin Laden
tiende a convertirlo en un mártir”
Moniz Bandeira*

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La operación norteamericana en Abbottabad-Pakistán, puede fortalecer el terrorismo islámico y convertir a Usama bin-Ladin en un "mártir de la Guerra Santa", opina el historiador y doctor en ciencia política, Luiz Alberto Moniz Bandeira, en la entrevista del periodista Claudio Leal via e-mail para Terra Magazine.

Moniz Bandeira relativiza la conquista política. "Este hecho configura una victoria en el imaginario de la América profunda. No constituye, sin embargo, un golpe decisivo al terrorismo islámico", dice el profesor.

En la entrevista, también se aborda la intervención militar en Libia y el impasse en Siria. “El presidente Obama trató de pasar el mando de las operaciones (en Libia) a la OTAN, para que los países de Europa asumiesen todos sus costos. Pero los aviones de los Estados Unidos continúan los bombardeos y los mercenarios de las empresas militares Halliburton y Blackwater, contratadas por el Pentágono, están entrenando a los rebeldes y participando de la guerra civil. El resultado de la intervención militar todavía es incierto. Puede llevar a la división de Libia”.

“A pedido de Moniz Bandeira, - al-Q'aida y Usama bin-Ladin,
se mantuvo con la ortografía en árabe de cuerdo a
sus respuestas”.(Claudio Leal -Terra Magazine)

- La muerte de Usama bin-Ladin hizo resurgir el discurso patriótico en los Estados Unidos y amplió, inmediatamente, el temor a nuevas acciones terroristas. ¿Cuáles son los efectos políticos más claros de esta vendetta?
- El ataque a las Torres Gemelas del World Trade Center y al Pentágono, el 11 de septiembre de 2001, configuró un acto de guerra, de una guerra asimétrica, que no está prevista en la normativa internacional. Quien cometió el ataque no era cualquier otro Estado nacional, como en el caso de Pearl Harbor. No se podía identificar al enemigo para tomar represalias, militarmente. No tiene escuadrones ni fuerza aérea y su organización militar no era y no es conocida, ni sus recursos económicos y el sistema de información. Los Estados Unidos, con todo, apuntaron a Usama bin-Ladin, jefe de al-Q'aida - como responsable y, desde el 8 de octubre, junto con Gran Bretaña, pasaron a bombardear Afganistán, donde él, aparentemente, se refugiaba. Y, engrosando la construcción de la nueva demonología, para sustituir a la Unión Soviética y al comunismo, el gobierno del presidente George W. Bush y la prensa internacional, durante años, presentaron a bin-Ladin como si fuese la nueva superpotencia, que amenazaba la seguridad del país y de Occidente.

De ahí que, con la ejecución de bin-Ladin, por parte de los comandos especiales de los Estados Unidos, el discurso patriótico resurgió, celebrando la victoria contra el enemigo. Pero esta operación en Abbottabad, en Pakistán, violando las normas del Derecho Internacional, puede producir consecuencias incalculables, en los países musulmanes que todavía están en medio de fuertes turbulencias, y fortalecer aún más el terrorismo de los fundamentalistas islámicos. Y este enemigo es difuso, está disperso y recurre al terrorismo, a costa del suicidio, por cuanto no dispone de misiles y otras armas para atacar a los Estados Unidos.

- ¿La operación en Pakistán fortalece al presidente Barack Obama, que andaba medio flojo en las encuestas de opinión pública?
- La ejecución de bin-Ladin tiende a fortalecer al gobierno de Barack Obama y su candidatura a la reelección en 2012. Él consiguió, en dos años y medio, un objetivo que el presidente George W Bush no alcanzó durante los ocho años de su mandato. Este hecho configura una victoria en el imaginario de la América profunda. No constituye, sin embargo, un golpe decisivo al terrorismo islámico. Refleja la profunda contradicción en las relaciones políticas de los Estados Unidos con los pueblos árabes y el movimiento islámico en general. En 1849, Sérgio Teixeira de Macedo, jefe de la Legación de Brasil en Washington, comentó: "No creo que haya un sólo país civilizado donde la idea de provocaciones y de guerras sea tan popular como en los Estados Unidos". Pero la guerra contra el terrorismo, declarada por George W. Bush y continuada por Barack Obama, no puede ser vencida por las armas. El terrorismo no es causa. Es efecto, consecuencia de una situación, que sólo puede ser resuelta políticamente, removiendo los factores que lo generan en los países islámicos.

- ¿La eliminación de Usama bin-Ladin desequilibra, de alguna forma, a las redes terroristas contrarias a los Estados Unidos? Diez años después del ataque a las Torres Gemelas, ¿la importancia operativa del líder de al-Q'aida está siendo sobreestimada?
- Usama bin-Ladin simboliza a las fuerzas opositoras, subterráneas en el mundo islámico, sobre todo en Arabia Saudita, donde el pueblo está impregnado por el fundamentalismo y no acepta la alianza de la monarquía, de hecho, una dictadura, con los Estados Unidos. La permanencia de las tropas americanas en su territorio, donde están los principales lugares sagrados del islamismo, configura un sacrilegio para los musulmanes. Estas fuerzas opositoras se han propagado por todo el Medio Oriente hasta el Uzbekistán, en el Caúcaso. Es necesario recordar que el ataque al World Trade Center y al Pentágono no fue ejecutado por afganos. Fue perpetrado por árabes sauditas y de otras nacionalidades, lo que evidencia la existencia de una red multinacional, conectando a diversos grupos radicales de los movimientos islámicos, esparcidos por los más diversos países del mundo.

En el Medio Oriente y en Asia Central, estos movimientos islámicos locales, algunos de los cuales apelan frecuentemente al terrorismo, se ampliaron, inicialmente, como campaña nacionalista. Después, en oposición a la mayoría de los regímenes autocráticos, existentes en Egipto, Argelia, Arabia Saudita y Túnez, entre otros estados, asumieron una dimensión política, en la que la toma del poder se volvió más importante que la afirmación de la fe en el Islam. No lo consiguieron y, desesperadas, partieron para atacar directamente al enemigo, "el gran Satán", esto es, los Estados Unidos, que sustentan regímenes corruptos, despóticos y anti-populares, en casi todos países musulmanes, y se convirtieron en el único responsable por el drama de Palestina. Era previsible, por lo tanto, que la guerra en Afganistán y, después, en Irak podía deflagrar un levante generalizado en los países árabes, desestabilizando a toda la región, más allá de alentar a otros actos terroristas y favorecer la escalada de la violencia. La desestabilización de los regímenes demoró, pero aconteció. Y ahora ni Arabia Saudita ni Pakistán están a salvo.

Al-Qa'ida está reagrupada en el área tribal del Waziristán del Sur, en Pakistán, desde 2003. Después que los Estados Unidos destruyeron el gobierno de los Talibanes, el resentimiento contra las fuerzas extranjeras de ocupación recrudeció, profunda y generalizadamente, alimentado y sustentado por las mezquitas y madrazas, escuelas religiosas donde solamente se lee el Corán y de las cuales salieron y salen guerrilleros muyahidines para promover la Yihad, la Guerra Santa contra los infieles. Así, los Talibanes pudieron aumentar sus fuerzas y, con apoyo de la población, intensificar las operaciones de guerra, a partir de 2007-08. Y la ejecución de bin Ladin, incluso desarmado, tiende a tornarlo un símbolo y héroe o mártir, un shahid, que, en la literatura del Islam, significa mártir de la Guerra Santa, que se dedicó a la causa de Alá, incluso a costa de sacrificar su propia vida.

- El anuncio de la muerte de Bin Laden, realizado por el presidente Obama, presentó una retórica más dura, en algunos puntos cercana a la de su antecesor, George W. Bush. En los primeros años del gobierno Obama, ¿usted identificó cambios (aún sutiles) en la política exterior americana?
- Al comienzo de su mandato, el presidente Obama tomó algunas iniciativas, tímidas, con respecto a Cuba. Pero siempre declaré que no se podía tener ilusiones con relación a la política internacional. Él no estaba en condiciones domésticas de cambiar sustancialmente las directrices trazadas por el presidente George W. Bush. De cierta forma, él las radicalizó, desmereciendo hasta el Premio Nobel de la Paz que recibió. Intensificó la guerra en Afganistán, en Pakistán y ni siquiera respetó al Congreso de los Estados Unidos, cuando entró en guerra para derrocar al gobierno de Muammar al-Gaddafi, ni a la resolución del Consejo de Seguridad, que apenas determinó la protección de los civiles y no el apoyo a los rebeldes por medio de bombardeos.

La ejecución de bin-Ladin seguramente partió de una Executive Order, emitida por el presidente Barack Obama. Su orientación, según se sabe, es no hacer prisioneros, a fin de evitar problemas, que manchen la imagen de los Estados Unidos, como ocurre con el campo de concentración de Guantánamo. Cuando anunció el asesinato de Obama, dijo claramente que este hecho le hacía recordar "that America can do whatever we set our mind to", esto es, que los Estados Unidos pueden hacer lo que decidan. Los comandos especiales que realizaron la operación en Abbottabad llegaron allá con el objetivo de matar a bin-Ladin y no de hacerlo prisionero. Él fue capturado vivo y, después, ejecutado frente a su familia, según testimonió su hija de doce años. El gobierno de los Estados Unidos llama "elimination" al asesinato de líderes enemigos o inconvenientes a sus designios.

Esta eliminación es designada con el eufemismo de "targeted killing", cuyo procedimiento se basa en el principio: "find, fix and finish". Esta norma - State-backed assassination - constituye, en realidad, un asesinato extra-judicial (extrajudicial killing) fuera de la zona de guerra y siempre fue considerado un procedimiento ilegal e inmoral. Actualmente es llevado a cabo por medio de aviones no-tripulados - drones - que disparan misiles contra un blanco determinado, teleguiados desde los Estados Unidos, por la CIA. El presidente Obama, en su primer año de gobierno (2009), ordenó más ataques con drones, contra blancos supuestamente terroristas, que el presidente Bush, durante ocho años, en sus dos mandatos. De 99 ataques con aviones no-tripulados, realizados en Pakistán, desde 2004, 89 ocurrieron después de enero de 2008. Sólo en 2009 fueron realizados 50 ataques con drones, contra 31 en 2008. Con el objetivo de eliminar a bin-Ladin fue empleado un comando de fuerzas especiales, de modo de posibilitar la recolección de documentos por ventura allá existentes. Y, en la guerra de Libia, fue uno de estos aviones no-tripulados que disparó el misil contra la residencia de Muammar al-Gaddafi, con el objetivo de matarlo.

- ¿Cómo evalúa usted las intervenciones militares de la OTAN en Libia? ¿Cuál es la evolución económica de las presiones por el derrocamiento de Kadafi?
- En el caso de Libia, mi interpretación coincide con la del profesor Paulo Farias, mi amigo y uno de los más importantes expertos en África de Inglaterra, en la actualidad. Francia tomó la iniciativa de impulsar la intervención militar, apoyada por Inglaterra y Estados Unidos, intentando controlar el país, que está muy cerca de Europa, y evitar que se torne una nueva Somalia, un país sin Estado, caótico, y aumente la ola de refugiados. Y ahí también entra el tema del petróleo, pues el caos en Libia, transformado en un país sin Estado, produciría un fuerte impacto sobre el precio del petróleo.

Francia, Inglaterra y Estados Unidos quieren mantener bajo control los principales campos de producción, localizados, en la mayoría, en Bengazhi y Tobruk, en la Cerenaica, principalmente cerca de la ciudad Ras Lanuf, así como refinerías y terminales de escurrimiento, hasta hace poco a cargo de la Arabian Gulf Oil Company (Agoco), subsidiaria de la National Oil Corporation (NOC), perteneciente al Estado. Los rebeldes crearon ya la Libyan Oil Company, para sustituir a esta compañía estatal, que detenta el monopolio de la producción y comercialización del petróleo.

El presidente Obama trató de pasar el comando de las operaciones a la OTAN, para que los países de Europa asumiesen todos sus costos. Pero los aviones de los Estados Unidos continúan los bombardeos y los mercenarios de las empresas militares Halliburton y Blackwater, contratadas por el Pentágono, están entrenando a los rebeldes y participando de la guerra civil. El resultado de la intervención militar aún es incierto. Puede llevar a la división de Libia. Si fuese decretada por parte de la ONU la separación de la provincia de Benghazi, con la restauración de la Sennusida, estaría subordinada a los intereses de Occidente. Los factores que determinaron la intervención de los Estados Unidos, Francia e Inglaterra en Libia son varios y se entrelazan. Uno de ellos parece ser el esfuerzo de legitimar la doctrina de la soberanía limitada y el derecho de intervención militar por motivos humanitarios.

- ¿Qué es lo que determina el temor de las potencias a intervenir en Siria, donde hubo también protestas y masacres a opositores?
- Siria tiene un papel fundamental en el tema de Palestina y en la estabilidad del Medio Oriente. Y los Estados Unidos no intervienen, por temor de que, si cae el régimen de Bachar el-Assad, las consecuencias puedan ser todavía más peligrosas, con la formación de un gobierno aún más hostil a Israel y se pueda desencadenar una guerra en la región, ya bastante complicada. El presidente Obama, en 2010, envió un embajador a Damasco con el objetivo de adecuar los intereses de Siria con los intereses de los Estados Unidos. Y también a los gobiernos de otros cuatro países - Israel, Turquía, Líbano y Arabia Saudita - no les conviene el derrocamiento del gobierno de Bachar el-Assad, que podría desestabilizar todo el ajedrez en la región.

- Todavía es pronto para evaluar los efectos de la "Primavera Árabe", que aún aguarda innumerables desdoblamientos, pero ¿cuáles son los cambios que se perciben en la política exterior de la Unión Europea y de los Estados Unidos en la región?
- No creo en ninguna "Primavera Árabe". La región está muy complicada y todavía puede tener alteraciones en los demás países árabes. Además de Egipto y de Siria, el país también de suma importancia para Occidente es Arabia Saudita, que es el mayor exportador de petróleo del mundo, con reservas del orden de los 264,3 mil millones de barriles. Es una monarquía absoluta, una dictadura, que cuenta con el apoyo de los Estados Unidos, y ahí la situación parece, también por el momento, bajo control. Sin embargo, Arabia Saudita ya envió mil soldados para intervenir en Bahrein, que está convulsionado.

A pesar de que Bahrein sea un pequeño país, con aproximadamente menos de 760.000 habitantes, ocupa una importante posición estratégica. Allá tienen su sede diversas empresas multinacionales con negocios en el Golfo Pérsico y una gran base de la 5ª flota de la Marina de los Estados Unidos. No obstante, cerca del 70% de la población es chiita y el rey Hamad al-Khalifa, en realidad un dictador, es sunita. Si la monarquía cae y emerge un gobierno chiita, Bahrein va a aliarse posiblemente a Irán y la situación se complica todavía más, por cuanto la situación en Irak, donde la intervención militar de los Estados Unidos llevó a los chiitas al poder, todavía no se estabilizó, los atentados ocurren casi todos los días y la guerra, de hecho, no terminó.

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* Luiz Alberto Moniz Bandeira: Cientista político, profesor titular (jubilado) de Historia de la Política Exterior de la Universidad de Brasilia (UnB). Autor de diversos libros de difusión mundial en varios idiomas.


Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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