Desierto en el
alma del Frente

Por Raúl Legnani*
urumex80@gmail.com

PRIMERA DERROTA. Cuando en 1989 se perdió el referéndum contra la Ley de Caducidad, hubo quince días de dolor y de angustia entre los promotores del voto verde. Fue un verdadero duelo.

Solo basta recordar a José Germán Araujo, desde CX30 Radio Nacional, consolando a mujeres y hombres, jóvenes y adultos, que no podían creer lo que había pasado en las urnas.

No faltó, es cierto, alguna reacción primitiva. “¡Qué pueblo cornudo!”, fue una de las palabras más escuchadas en esos días (pocos), que rápidamente fue neutralizada por la dirigencia frenteamplista lúcida.

En esas horas no hubo cuestionamientos internos en el Frente Amplio, por lo menos de envergadura. Por eso el bloque por la democracia, la verdad y la justicia, que se extendió por fuera de las fronteras del Frente Amplio, no se debilitó y al contario creó en la sociedad un nuevo relacionamiento político que permitió, años después, el nacimiento del Encuentro Progresista, la segunda gran creación de la izquierda uruguaya después del parto del Frente Amplio.

Se había perdido y la derrota fue tremenda - aún sentimos en nuestros huesos los dolores de que aquella época -, pero el pueblo progresista había crecido en musculatura y en votos. Si, en votos. Nos habíamos acercado al futuro, si es que eso es posible.

SEGUNDA DERROTA
. Fue la del voto rosado, en las últimas elecciones nacionales, donde se propuso reformar la Constitución para terminar con la impunidad. No se logró y fue una gran bofetada para los electores más jóvenes, identificados sanamente con los hijos de los desaparecidos.

Es cierto que el tema de los derechos humanos no fue el centro de la campaña electoral del Frente Amplio y por dos razones: a) que en el mundo occidental nadie gana las elecciones esgrimiendo como prioridad la condena a la violación a los derechos humanos que ocurrieron hace más de dos décadas, b) porque Tabaré Vázquez había agujereado, con su buen pulso de pescador, la Ley de Caducidad, lo que permitió que dictadores y sus “adyacencias” más directas estén presos y condenados por acción de la Justicia.

Pero esa experiencia, a diferencia de la primera, dejó las algunas heridas en el Frente Amplio en materia de derechos humanos. Fundamentalmente se produjo un corte generacional y cultural, entre quienes por primera vez asumían desde la primera fila la lucha contra la impunidad y la dirigencia, por cierto más veterana, del Frente Amplio.

Tampoco faltó quienes, ante la derrota, acusaron genéricamente a sectores del Frente Amplio por no haber ensobrado la papeleta rosada, lo que nunca fue confirmado. Muy por el contrario, existe la convicción de distintas encuestadoras de que hubo una “desobediencia” electoral por parte de muchos votantes del FA, nada históricos, que no querían profundizar las investigaciones porque se quedaban satisfechos con la cárcel para los dictadores Juan María Bordaberry y Gregorio Alvarez, entre otros..

En esta consulta, a diferencia de la primera, no hubo acumulación de fuerzas: mejor dicho, comenzó la desacumulación electoral con ausencia total de aliados potentes: el “gran aliado” fue el joven batllista Diego Fau. Lo que era lógico, porque se juntaba una consulta a la ciudadanía con las elecciones nacionales y nadie desde los oros partidos iba a plegarse al reclamo histórico de la izquierda. Cosa que no se previó.

TERCERA DERROTA.
Ocurrió en la Cámara de Diputados, el pasado 19 de mayo al no prosperar la votación a favor de la ley interpretativa de la Ley de Caducidad, donde hasta los que nunca creyeron en ella y por eso propusieron otra alternativa, la aceptaron por disciplina partidaria.

Esta es la peor derrota de todas las sufridas por el Frente Amplio, porque no fue por acción de la ultra derecha, ni de la oposición, ni de la Cia, sino por única responsabilidad del Frente Amplio que no quiso o no pudo crear consensos, ámbitos de unidad, que permitieran elaborar la más eficiente propuesta para que se hiciera justicia.

El resultado fue que el senador Jorge Saravia se inclinara por la vuelta a su casa, que Eleuterio Fernández Huidobro renunciara a su banca y que el diputado Víctor Semproni no votara la ley, tal como lo había resuelto el Plenario Nacional del FA.

Se ha visto muy pocas veces que en apenas 30 días y algunos minutos, no se lograra votar una ley y que tres legisladores frenteamplistas terminaran enfrentados a la mayoría de los órganos de dirección de la coalición de izquierdas. Y lo que es peor - mucho peor- es que miles de votantes del FA ya no lloran por la derrota como en 1989 y reclaman consuelo, sino que califican de “traidores” a los discrepantes.

Solo un cuerpo enfermo puede cometer tan graves errores en tan poco tiempo y a todos los niveles, porque los errores nacieron desde el Plenario Nacional, de la Mesa Política, de la dirigencia sectorial, de los comités de base, de los parlamentarios y del propio Presidente de la República. Nadie se salva de la responsabilidad de esta tragedia. Nadie, porque todos pusieron un granito de arena para construir el desierto en el alma de la izquierda.

El cruce de agresiones ahora es entre los que hasta ayer decían que el Frente siempre termina acordando y logrando acuerdos, luego de grades discusiones. Ahora esa afirmación se ha reducido a un simple mito o a una profesión de fe.

En todo este proceso que comenzó por octubre del pasado año, el FA mostró pérdida de cultura de unidad, información jurídica que recién la descubrió en los últimos meses y firmeza en la dirigencia - estuviera del lado que estuviera - para construir un discurso y una propuesta única, más cuando todos quieren terminar con la impunidad.

El 19 de mayo no solo no se resolvió nada, sino que además se agudizó el proceso de desacumulación de fuerzas del progresismo: hay gente que dice que no vota más al Frente Amplio (si duda ingrese a las redes y/o escuche las llamadas telefónicas a las radios), mientras otros comienzan a desconfiar hasta de su propia madre. De nuevos aliados, ni hablemos, si todo sigue como está.

* Periodista uruguayo. Columna ublicada el domingo 22 de mayo en La República

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