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Las mezquindades y la historia
Por José Luís Fiori*
“[...] fue de mezquindad en mezquindad, de pequeñeces en pequeñeces, que finalmente se formaron las grandes cosas.” M. Foucault: “La verdad y las formas jurídicas” p: 16, 2003, Nau
El filósofo francés, Michel Foucault (1926-1984), tuvo una participación decisiva en el debate epistemológico de la segunda mitad del siglo XX, cuestionando de arriba hacia abajo, la visión clásica de la filosofía occidental, con respecto a la ciencia y a la historia. Junto con otros varios pensadores europeos y norteamericanos, puso bajo sospecha la existencia de un conocimiento y de un “método científico” universal, y criticó la idea de una historia humana evolutiva, progresiva y teleológica. Para Foucault, la historia es discontinua, plural y dispersa, y “las cosas que parecen ser las más evidentes, nacen siempre de la confluencia de encuentros, incidentes, a lo largo de una historia frágil y precaria.” La visión de la ciencia y del conocimiento de Michel Foucault remite a una discusión epistemológica extremadamente compleja. Pero su visión de la historia se acabó popularizando, al asociarse de forma simplificada a su propia afirmación de que siempre hubo alguna “mezquindad” en el origen de todos los grandes acontecimientos históricos.
Como decía él, todo gran cambio tuvo “pequeños comienzos, bajos, mezquinos, inconfesables.” Lo que Foulcault nunca explicó fue como identificar y distinguir una “mezquindad” que tendrá “grandes consecuencias”, de una “mezquindad” que será olvidada inmediatamente por sus contemporáneos.
Con seguridad, el problema no es simple ni fácil de responder. Basta comparar algunos acontecimientos bien conocidos. Por ejemplo, todos los que vieron por televisión, los atentados del 11 de septiembre de 2001, tuvieron la certeza inmediata de que estaban frente a una “mezquindad” que cambiaría el rumbo de la historia. Pero casi nadie consiguió percibir en el momento - la importancia y las consecuencias catastróficas del tiro que fue dado por el estudiante Gavrilo Princip, de 19 años de edad, el 28 de junio de 1914, en la ciudad de Sarajevo, en Bosnia-Herzegovina, responsable por la muerte del archiduque Francisco Ferdinando y de su esposa, Sofia Chotek, herederos del trono de Austria. Una micro-historia rocambolesca, que dio origen a la Primera Guerra Mundial, fue responsable de uno de los mayores genocidios de la historia humana y cambió radicalmente la historia de Europa y del Mundo. Otra dificultad aparece cuando se compara una misma “mezquindad” y sus consecuencias, en momentos y contextos diferentes.
Como es el caso, por ejemplo, de la “compulsión sexual” del presidente Kennedy, que contribuyó para crear su aura de joven rico, de éxito y travieso. Al contrario del presidente Clinton, que tenía el mismo entusiasmo sexual, y casi sufrió un impeachement a causa de su relación con Monica Lewinski, que paralizó enteramente su segundo mandato. Para no hablar del caso más reciente del señor Dominique Strauss-Kahn, que perdió la presidencia del FMI y de Francia (probablemente), gracias a sus “mezquindades sexuales”. O sea, como se puede ver, no es fácil saber, de antemano, cuáles mezquindades quedarán y cuales irán al tacho de basura de la historia.
Ahora mismo, Brasil está viviendo una experiencia epistemológica extremadamente interesante e ilustrativa, respecto de este asunto. El caso de un mismo personaje político, que comete dos veces dos “mezquindades” parecidas, pero con consecuencias opuestas. Primero, fue la quiebra del secreto bancario del jardinero Francenildo, y ahora fue la denuncia de su enriquecimiento súbito, según parece, en el tráfico de influencias dentro del sector público.
Lo más probable es que estas dos mezquindades hubiesen pasado desapercibidas, en el caso que se tratase apenas de un hombre común, fontanero de interior, o representante de algún laboratorio productor de vacunas, con gran compulsión financiera y que subió rápido en la vida, haciendo uso de sus buenas relaciones publicas. Pero todo esto cambia obviamente de figura e importancia cuando se está hablando de un hombre de estado, que estuvo situado en el epicentro de la política económica, y ahora supervisa los nombramientos y decisiones estratégicas de un gobierno en pleno proceso de formación.
En el caso del jardinero Fracenildo, el alejamiento del Ministro de Hacienda permitió un giro a la izquierda que abrió las puertas al éxito del segundo gobierno Lula. Pero en este segundo caso, las consecuencias que están en pleno curso están apuntando en una dirección absolutamente opuesta. Gracias a las nuevas “mezquindades financieras” del mismo personaje, lo que venía siendo apenas un gobierno insípido y tecnocrático “de economistas para economistas” ahora está asumiendo la imagen de su principal conductor político: la de un viejo lobbista del sector privado, junto a los centros de poder responsables por las compras, ventas e inversiones del sector publico; y la de un representante político activo, y miembro nuevo-rico de la derecha económica.
* José Luis Fiori: Profesor en la Universidad pública de Río de Janeiro sobre economía y ciencia política.
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