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A Mujica no hay quien lo cambie
Por Raúl Legnani* urumex80@gmail.com
En abril de 2010, en plena semana de turismo, estuve conversando con el Negro, un perro de la calle que me acompañó en un Montevideo vacío que parecía ocupado por los marcianos. La soledad era total.
Fue así que entre silencios y silencios, terminamos comparando el primer mes de Tabaré con el primer mes de Pepe. Esto lo escribí en La República y después fue recogido por las redes y La ONDA digital ( que viven y luchan en Google): "Yo soy de los que sostienen que Pepe piensa en voz alta y que Tabaré lo hace en silencio. Esta es la primera diferencia, que pude detectar con el apoyo de El Negro, quien se limitó a mover su cabeza afirmativamente".
Este viernes el semanario Brecha puso entre sus títulos lo que sigue: "Fuentes socialistas: Mujica gobierna pensando en voz alta". Todo un descubrimiento.
Lo cierto es que por primera vez desde 2005, cuando asumió el gobierno el Frente Amplio, por vía de la familia "Fuentes" o por declaraciones directas, se manifiesta en la dirigencia frenteamplista una crítica explícita al presidente de la República, José Mujica.
A nadie extrañaría que Asamblea Uruguay, el Nuevo Espacio, los grupos que integran el Frente Líber Seregni, así como el Partido Socialista y la Vertiente Artiguista, fueran las primeras voces de la crítica al Presidente pero eso no fue así, porque en los pasillos, en los programas radiales, en el cara a cara en un boliche, los más angustiados con el estilo personal de Mujica son los que aportaron "sangre" (votos, pocos pero necesarios) para que el viejo guerrillero comandara durante cinco años a la sociedad uruguaya.
Hoy en el Frente Amplio nadie se hace responsable de haber llevado a la Presidencia de la República a Mujica, pero a media voz se le responsabiliza de todo. De lo que es responsable y de lo que no es responsable. Incluso el MPP no se ha transformado en la espada y escudo del Presidente, mientras que solo se limita a decir "así es el Pepe".
Incluso nos ha sorprendido a todos que sea Asamblea Uruguay, especialmente Danilo Astori, el que le pone sustento teórico - con suerte relativa ¬ a las ocurrencias que emanan de la chacra, de la Torre Ejecutiva, de Anchorena, de M 24 o del cruce casual con un periodista.
Existe la tentación creciente, en distintos sectores del FA, de cobrarle todas las cuentas a Mujica por la inestabilidad política existente, lo cual es un grave error.
Mujica va a seguir siendo lo que es hoy: seguirá pensando en voz alta, se mostrará contradictorio durante el transcurso del día ¬mucho más en el mes -, pero hay que saber que siempre, en ese ir y venir, estará en sintonía con múltiples sectores de la sociedad, que son muy masivos
Pero hasta el momento no hay una sola señal de que el Presidente no quiera avanzar y bucear sobre los desafíos del país. Tampoco se lo puede acusar de aventurero.
Todo indica que cualquier renovación de la estrategia del frenteamplismo, no deba de tener en cuenta al Mujica tal cual es, en tanto se pueden ajustar las estrategias, pero sabiendo que mucho más difícil es cambiar las actitudes personales de los gobernantes. Pero esto no impide que el Frente Amplio construya una nueva estrategia del cambio que contemple a Mujica, pero que a la vez cree en los distintos estamentos del Estado un cuerpo con capacidad de gestión, de sacrificio y entrega.
Hoy al país le va bien y no es por casualidad: hay un equipo económico serio, responsable, progresista y avanzado, que tiene el apoyo del vicepresidente de la República, la voz serena del progresismo que quieren lastimar desde adentro y fuera del Frente Amplio.
Al Frente Amplio y al gobierno les llegó la hora de respaldar al Presidente, quien debe ayudar a ello buscando una pausa en sus pensamientos públicos. A la vez la realidad reclama a gritos una fuerza política progresista, democrática, con capacidad de convocatoria, que se bañe de gente joven y emprendedora.
No se avanza en democracia, si el Frente no abre todas sus ventanas y puertas para que entre un aire fresco, conocedor de las inquietudes y costumbres de una sociedad que se siente bien con el actual gobierno, pero que reclama más y que ante cada desafío tiene manifestaciones diversas y muchas veces contradictorias.
El progreso del Uruguay, ni hablemos de progresismo, no se logra solo con los planes y objetivos económicos que no deben tener errores, sino que también requieren de una sociedad inclusiva, liberadora del los nuevos pensamientos, con capacidad de enamorar y de contagiar sueños y esperanzas. Y de todo esto aún estamos muy lejos y no solo por responsabilidad del oficialismo, sino también porque la oposición no tiene una apuesta de futuro, en tanto se limita a disfrutar de las contradicciones del gobierno.
El país necesita que tanto el gobierno como la oposición, se jueguen detrás de nuevas ideas y proyectos programáticos. Si todo se va a reducir al disfrute del error de otro, habremos perdido la bonanza que hemos logrado en el plano de la economía. Estaríamos ante un suicidio colectivo.
* Periodista uruguayo, columna publicada el 5 de junio en La República
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