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Brasil: La misión y el momento
Por el profesor Luiz Carlos Bresser-Pereira
Me dirijo a usted ahora, presidente, porque veo su gobierno amenazado por el caso Palocci; no deje escapar su gran momento en la política. Presidente Dilma, no hay nada más importante hoy para los brasileños que el buen éxito de su gobierno.
Como uno más de ellos, deseo que le entregue el poder a su sucesor y sea reconocida por todos. Nadie desea más este resultado que usted misma, porque es natural que anhelemos el suceso de nuestros emprendimientos. Y porque usted dejó en claro en su vida pública su compromiso con el bien público; porque no eligió la vida política para tornarse rica o para gozar del poder en nombre del propio poder, sino para contribuir hacia la construcción de un Brasil más próspero, más democrático y menos injusto.
Apuesto por usted, y hasta hace poco confiaba en que tendría éxito, dados el equilibrio y la firmeza con que inició su gobierno. Empecé a preocuparme cuando no resolvió poner como prioridad económica administrar el tipo de cambio y ubicarlo en un nivel compatible con el desarrollo sustentado del país, pero esta es otra historia, para otro momento.
Ahora, me dirijo a usted porque veo su gobierno debilitado y amenazado por el caso Palocci. ¿El ministro estaría siendo indebidamente acusado por la prensa, comenzando por esta Folha? No creo, su enriquecimiento súbito sólo puede ser explicado por el tráfico de influencias.
¿Existen más hechos a ser verificados? Muy pocos. Él reconoció oficialmente sus ganancias en su declaración del Impuesto a la Renta.
El nombre de todas las empresas que le pagaron no fue divulgado, pero no hay duda de que todas tienen intereses en el Estado. Existe la pregunta sobre qué y cuánto ganaron, pero los arreglos que las empresas hacen con los políticos influyentes, raramente son directos y claros. Sin embargo, cuentan con el retorno de su "inversión".
¿El ministro es insustituible? No lo es, más con relación a los sectores más conservadores de la sociedad.
Los analistas sugirieron que él era el "fiador" de su gobierno con las elites, pero, si esto fuese cierto, hoy, después del escándalo, ya no lo es más.
Las elites son pragmáticas y despiadadas. Pero ¿él no sería necesario desde el punto de vista político, dada su habilidad en negociar? Sin lugar a dudas, gobernar es hacer política. Y la política es el arte de argumentar y de hacer concesiones mutuas para alcanzar la mayoría y gobernar.
Pero, hoy, Palocci es un político debilitado; es un peso, y no un activo en su gobierno.
Algunos me dicen que, si el jefe de la Casa Civil fuese dispensado, su gobierno saldrá debilitado porque cedió. No lo creo. El daño no ocurrió en su gobierno. Para gobernar, usted necesitará realizar concesiones, pero sólo vale la pena hacerlas con quien puede sumar.
Antonio Palocci puede ser amigo de Dilma Rousseff, pero no es amigo de la presidente de Brasil.
Una presidente no tiene amigos. Tiene apenas un compromiso consigo misma y con su país. Sé que esta afirmación no es verdadera para muchos políticos, pero para usted lo es. La política para usted es una misión, y la presidencia de Brasil, su gran momento. No la deje escapar.
Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte
LA ONDA® DIGITAL
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