Argentina: Hemos fracasado,
incluso los desarrollistas

Por el Dr. Alfredo E. Allende*

Mentir, falsear, ocultar, desgraciada
fase de los gobiernos justicialistas

Sectores del justicialismo suelen proclamar que sus integrantes fueron las víctimas principales de la represión militar. En efecto, muchos componentes del variopinto peronismo sufrieron desde marzo de 1976 fuertes bajas, pero omiten esos voceros las violencias internas anteriores padecidas por la acción criminal dirigida desde el mismísimo “gobierno del pueblo”.

Al producirse el golpe de Estado, ya las filas montoneras y de sus aliados o afines, estaban debilitadas porque habían sido diezmadas por las “Tres A” -ala represiva del peronismo- y por las entregas masivas de gremialistas delatados por jefes sindicales a la mencionada formación civil y policial. (Casi todos ellos ahora constituyen la vanguardia proletaria del gobierno). Los hechos sangrientos de Ezeiza fueron protagonizados por grupos peronistas, y “los imbéciles e imberbes” de Plaza de mayo estuvieron expulsados por el líder del Partido, incitándose así a la profundización de la acción cruel, que incluía torturas y asesinatos a mansalva.

Sería saludable y justo que los epígonos de aquellos muchachos y gente madura no exterminada, pusieran fin a tanta auto-victimización política, y enseñaran a las nuevas generaciones que las matanzas generalizadas de esos años sombríos no fueron comenzadas sino por una lucha despiadada interna del justicialismo y de su conglomerado aliado que luego soportaron, a su vez, un renovado terrorismo de Estado, continuación del gestado y desarrollado implacablemente durante el propio justicialismo.

El peronismo no tiene memoria cuando se trata de propios errores y horrores. En 1947, asumido ya el gobierno de Juan d. Perón, fue exterminada una etnia aborigen en el noreste argentino, unos 1500 individuos que reclamaban sus tierras. Las organizaciones de los derechos humanos no han hecho valer la imprescriptibilidad de esos holocaustos realizados por el Estado. Yo tenía por entonces 16 años, leía los diarios (los que quedarían abiertos luego de la demolición de la libertad periodística realizada por entonces) y no recuerdo nada, lo que indica que si no lo sacamos a luz mediante una investigación actual quedará sepultado el horrendo crimen para la historia venidera y para los entusiastas intelectuales (así auto proclamados) y muchachos kichneristas-peronistas. Hagamos justicia a Página 12: hace aproximadamente un mes y medio lo denunció claro que sin insistencias, pues rinde más llamar facho a Macri porque dijo algo terrible: que hay una inmigración indiscriminada. Esto es, entran aquí desde simples pobres más que honrados, víctimas de las miserias, hasta narcos, asesinos, prófugos y habitantes permanentes de países sudamericanos que ingresan para hacerse atender gratuitamente, o sea operar, transplantar, curar, en tanto los nuestros, tan honrados y miserables como aquéllos hacen cola o mueren en la espera. ¡Sí!, hay que ser facho para intentar practicar lo que hacen todos los países del mundo dando prioridad a los locales con reglamentación de las inmigraciones. Nuestra juventud ha vivido y vive inmersa en una gigantesca mentira.

Mientras tanto los índices de carencia resultan escalofriantes: no menos de un tercio de la población está bajo la línea demarcada como de pobreza con tendencia al aumento, incluso de la indigencia. El progresismo de los intelectuales “fanas” del oficialismo no habla de esto. ¿Para qué, si ellos reciben sus subsidios o son empleados oficiales? Eso sí intelectuales, de un gobierno progresista… Están agazapados a la espera de quedarse con medios que serán PYMES sin destino, dependientes de poderosos capitalistas del oficialismo y del propio gobierno, claro está, todos medios absorbibles y ya antes de comenzar, en proceso de concentración. La huída neta de capitales desde el 2006 es fantástica, insoportable para cualquier país de nuestra condición subdesarrollada: más de 60.000 millones de dólares.

No hay inversiones en serio, las directas, esas que promueven producción con alto valor agregado, tecnología, investigación científica, exportación de calidad. Las inversiones que se hacen quedan neutralizadas en la macroeconomía por los cierres (sobre los que hay silencio), traslados masivos a Brasil, Chile y Uruguay. La Argentina es el país que menos creció en exportaciones en los últimos años de la América del Sur. No hay planes orgánicos de desarrollo, o meras prioridades a cumplir ni siquiera en campos vitales como es la educación. Estamos encantados porque producimos más autos, que siempre son deficitarios frente la importación brasileña si contamos -como es inevitable- las autopartes, sin hablar de que el vecino se apresta a vendernos aviones de alta complejidad, cuya producción ha sido renunciada por la Argentina tiempo ha, por otro gobierno justicialista y nunca restablecida por el actual (que ni siquiera sueña en tal cosa ni se lo reclaman los muchachos e intelectuales del progresismo). Mientras debemos comprar electricidad bajo en forma directa o solapada importando combustibles, en cantidades crecientes, sin que se les mueva un pelo.

La inseguridad en cambio de ser tratada por el conjunto de la sociedad a través de representantes de las fuerzas de seguridad, las universidades, los partidos políticos, los municipios, es negada o relativizada al grado de ser estimado como un reaccionario al que insiste sobre el grave problema. “Hay que ir a las causas” se nos enseña, y aumenta la pobreza, la desesperanza, crece la delincuencia, y parece ser que todo eso no sería causa... Nada de construir cárceles adecuadas, granjas para reclusos pero abiertas, presidios-escuelas; no saben que Perón fue un gran constructor de penitenciarías a cuyas inauguraciones concurría con discursos a los detenidos. En realidad no saben qué hacer con el país, sino es fabricar pobres en cantidades industriales y admitir el crimen como un mal endémico al que es inútil perseguir: de aquí brota el garantismo, más “facilista”, menos comprometido, caro a las izquierdas a la violeta. Los jóvenes se inclinan hacia el blanco y negro, quieren encontrar o inventar fachos, a tener que discurrir con argumentos sólidos sobre la realización de una patria moderna, es más sencillo, por ejemplo, proclamar que queremos ferrocarriles que instalar talleres de refinada estructura para elevar el nivel de la fabricación de locomotoras de velocidad intermedia, no hablemos de trenes balas (a los que somos acreedores por la facilidad que otorga nuestra geografía).

Huyen los capitales y Obama nos da un corte de manga salteando a la Argentina en su periplo latinoamericano en un acto humillante sin precedentes en nuestra historia diplomática. El tráfico de drogas internacional con base en la Argentina alcanza volúmenes de rubor para cualquier nación seria, y salpica a muchos dirigentes del oficialismo.

¿Y la oposición? Bien, gracias. No he visto un solo programa orgánico, uno solo. La oposición, las oposiciones, hablan de la falta de seriedad institucional, y tienen razón, ¡vaya si la tienen! Son socios pasivos del despelote general, de la degradación moral, política, social y cultural de la Nación.

Es un país al garete, sin sueños ni utopías, empalagado de discursos, promesas y latrocinios. Muchos jóvenes poseen vagas quimeras; no se los ha formado en el estudio de los problemas estructurales del país, deambulan en sus delirios desde un fantasmagórico socialismo (en momentos que China y hasta Cuba lo han comenzado renunciar) a un anticapitalismo sin sucedáneo mezclado con un estatismo retrógrado y un pequeño burguesismo decimonónico, semi-anárquico, insostenible ni por asomo realizable.

¿Qué hacer? Bueno, a esta altura de mi vida y experiencias, sonaría a reiterativa mi invocación a una política de desarrollo nacional, que ya todos sabemos hasta el tedio de qué se trata; el problema consiste en saber si hay voluntad de hacerlo si se prefiere seguir dividiendo a la sociedad, sin matices y brutalmente en fachos y progresistas, en derechas e izquierdas, en malos y buenos, en peronismo víctima y gorilas perseguidores y asesinos. “Mejor que decir es hacer”, sin duda, pero es preferible, más cómodo y redituable electoralmente quedarse estáticos, dar subvenciones, tomar alguna buena medida sensacionalista en materia de derechos civiles, quedarse con los fondos del pueblo para la propaganda oficial, hacer un barrio para 200 familias (hay un monstruoso déficit habitacional de tres millones de casas modestas y dignas, con infraestructura adecuada), auto-elogiarse todos los días desde la red nacional o desde una red de innumerables canales y radios, que trastornar el régimen agro-importador dominante en casi toda nuestra historia, elevar el mercado interno no sólo con salarios sino también con tecnología, educación, profesionalización, construir naves para nuestra inmensa plataforma marítima, hacer de la prospección del territorio en busca de gas y petróleo una obsesión, con o sin ayuda de capitales extranjeros, impulsar la industrialización de la producción agraria, pecuaria y pesquera, reducir retenciones con el fin de desenvolver la inversión local, convocar al mundo para que nos ayude a electrificar al país, imponer la mínima disciplina del respeto al prójimo en la calle, enfrentar al delito con mano firme que es lo contrario de mano dura o de mano inerme.

Sí, es más difícil ser estadista que demagógico administrador de un gobierno siempre reelegible por el voto cautivo de pobres subvencionados, progresistas más imbéciles que los que echó Perón de la Plaza (menos decididos al sacrificio, sin duda), y gente atontada por una publicidad acaparada por un oficialismo que dice luchar contra el periodismo monopólico, en tanto instalan su propio monopolio con mentiras, falseamientos y ocultamientos.

Sin fuerzas armadas mínimamente disuasorias en una nación de decenas de miles de kilómetros de fronteras descubiertas por mar, tierra y aire, sin programas concretos a mediano plazo, con una inflación que ya sabemos superará el 30% en el renglón de los alimentos y de promedio general que superará el 25% (será el tercer país del globo en materia inflacionaria) ausentes de políticas crediticias reales, con una infiltración del narcotráfico a velocidad creciente y cantidades ingentes, sin la menor idea de cómo atraer capitales serios para la inversión productiva y reproductiva, indigestos de publicidad pagada por el pueblo, comienza un año político ominoso para un país que fue líder América latina en alfabetización, granos, carnes, construcciones viales, intelectualidad, progreso, ciencia. Hemos fracasado, nosotros los que quisimos junto a Frondizi la grandeza nacional, los que, al menos, quisimos junto a Alfonsín, la dignidad de la República.

* El Intelectual argentino ex ministro de la presidencia de Arturo Frondizi

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