México
Los falsos Frida
Por Avelina Lésper*

En septiembre de 2009, el Fideicomiso de los Museos Diego Rivera y Frida Kahlo, a través del Banco de México como fiduciario, abrió la indagatoria PGF/DF/SPE-XXVII/4396/09 por reproducción de obras o documentos con firmas presumiblemente falsas, contra el matrimonio de Carlos Noyola y Leticia Fernández y su galería 'La Buhardilla'. De este tema da cuenta la columna de Avelina Lésper, para el periódico mexicano el Semanario.com.

“Los 1.200 objetos de los anticuarios Carlos Noyola y Leticia Fernández no ganaron un juicio de autenticidad. De hecho no han comprobado ante ningún tribunal que esos objetos y pinturas sean auténticos. La Procuraduría General de la República dictaminó que no había delito que perseguir. Eso no es una autentificación, ya que la Procuraduría no tiene peritos o expertos. Que un par de anticuarios puedan decir que ese archivo es de Frida Kahlo y que lo consiguieron a través de una historia inverosímil es por varios motivos: el primero es porque el juicio fue planteado erróneamente, aquí no tenemos legislación por falsificación de arte, tenemos por fraude.

En ese caso no se trataba de demostrar que son falsos, se trataba de que los Noyola demostraran que son auténticos y si carecen de evidencia acusarlos de fraude. En segundo lugar porque en el litigio del Banco de México y el Fideicomiso Museos Diego Rivera y Frida Kahlo no lo debían haber entablado en México, este asunto viene de EU. El lote de 1,200 objetos y obras que los Noyola poseen son tema del libro Finding Frida Kahlo, editado por la Architectural Press de la Universidad de Princenton, escrito por Barbara Levine que fue directora del Museo de Arte Moderno de San Francisco. Los delitos de falsificación, falsa atribución y fraude existen en EU y es únicamente demostrable con un juicio en contra de la autoridad que lo autentificó, la señora Barbara Levine. Los Noyola son chachareros, no son especialistas, ni conocedores, no tienen capacidad de autentificar arte. Si además aquí nadie se pronuncia abiertamente y llama a las cosas por su nombre y hace una exposición razonada y comparativa de la obra para desestimar estas piezas, pues la trampa está servida, así van a aparecer no 1,200 piezas, 10,000 si quieren.

La señora Levine se jactó de su “descubrimiento en una casa de antigüedades de San Miguel de Allende” en donde los Noyola le mostraron cajas con cosas personales, cartas, pinturas, etc. Un acervo que se calcula valdría 800 mdd. En un juicio en EU tendrían que demostrar por qué esos objetos que se atribuyen a Frida Kahlo son auténticos y en caso de no lograrlo, ahí sí les dan una pena de prisión que les dará tiempo suficiente para fabricar entre rejas otros 1,200 más. Pero si apuestan a perder los juicios, adelante, sigan sentando en conferencias de prensa a gente que discute de legislaciones nacionales y no da razones concretas de estilo, factura, temática, paleta y conciencia biográfica para determinar la enorme tomada de pelo que es este archivo. Lo que parece es que al fideicomiso del Banco de México le impuso que la Universidad de Princeton editara este libro y les dio miedo enfrentarse en un juicio en EEUU, y qué error, porque es ahí en donde abría posibles compradores de todo ese tilichero.

Este fraude no es un drama local de “patrimonio nacional”, es un litigio internacional que no se debe dirimir entre gente sin información y sin jurisprudencia. Si esas cosas de tan burda adjudicación logran salir a la venta los últimos responsables no son los estafadores, son los que no supieron defender el patrimonio de Frida”.

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