Europa: Reestructuración
negociada para la crisis

Por Luiz Carlos Bresser-Pereira

El Banco Central Europeo, la Comunidad Europea
y el FMI decidieron empujar el problema
con la barriga, en vez de resolverlo.

La Unión Europea es una maravillosa y exitosa obra de ingeniería política, pero no puede decirse lo mismo de la creación del euro, y mucho menos de la forma como se viene comportando Europa, cuando la insolvencia de Grecia la llevó a su primera gran crisis. En vez de tratar de resolver el problema surgido, está intentando posponerlo y, así, ve cómo el problema se agrava.

La crisis de Grecia tuvo cuatro responsables: el gobierno griego anterior, que no supo administrar sus cuentas; Alemania, que aumentó la productividad sin aumentar los salarios y de esta forma desequilibró las economías de los países más débiles, endeudándolas; los bancos, que alegremente prestaron a Grecia y a otros países; y la teoría económica ortodoxa, que defiende el crecimiento con "ahorro externo". O sea, intentar crecer a costa del déficit en cuenta corriente olvidándose que están generalmente asociados a déficit públicos.

La crisis surgió hace un año, e inmediatamente quedó claro que era una crisis de insolvencia del Estado griego. La solución en estas situaciones es "reestructurar" la deuda: que el país esté dispuesto a pagar apenas una parte de la misma. La alternativa de préstamos adicionales combinados con medidas de austeridad que provoquen recesión y reduzcan los salarios, es ineficaz porque la deuda es lo suficientemente grande para poder ser pagada.

En el caso griego, es todavía más inadecuada porque el país no tiene la posibilidad de combinar austeridad con la depreciación de la moneda, que causaría la reducción de los salarios sin mucho dolor y reequilibraría las cuentas externas.

En vez de entender cual es el real interés de Grecia y comenzar a discutir con el resto de Europa como viabilizar una reestructuración negociada, el primer ministro, George Papandreou, prefirió el camino más fácil de subordinarse a las burocracias internacionales involucradas: el Banco Central Europeo, la Comunidad Europea y el FMI. Estas, siempre conservadoras, decidieron empujar el problema con la barriga en vez de resolverlo. Sólo Alemania actuó de forma consecuente: propuso la reestructuración negociada, obligando, así, a los acreedores a asumir parte de las pérdidas.

Pero hace dos semanas, el presidente Nicolas Sarkozy logró convencer a la primera ministra Angela Merkel de continuar postergando la solución del problema. En un primer momento, hace un año, esta política era razonable, porque era preciso dar algún tiempo a los bancos acreedores para prepararse para una pérdida inevitable. Pero repetirla ahora es apenas agravar el problema.

Los dos argumentos generalmente esgrimidos contra la reestructuración son que ella obligará a Grecia a salir del euro y que tendrá un efecto dominó sobre los demás países frágiles de Europa. La primera consecuencia, definitivamente, no es real.

En cuanto a la segunda, es preciso considerar que el marco de los otros países es sustancialmente mejor. Por otro lado, no es posponiendo la solución de un problema que se evitan el agravamiento y el riesgo para los demás. Es hora de resolver la crisis y no es esto lo que se está haciendo, en perjuicio de Grecia y de Europa.

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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