No darle una
mano al suicidio

Por Raúl Legnani*
urumex80@gmail.com

Convivir es un arte, quizás de los más difíciles. Lo es tanto en la vida social, como en la familia y mucho más en los partidos políticos. Pero en todos los casos hay un elemento en común: para convivir hay que saber ceder, aunque no sea más que un poquitito.

Esta expresión “artística” parece que se ha perdido en el Frente Amplio, donde los sectores y los dirigentes transforman todo en principios, lo que hace imposible conservar y construir la unidad.

En los últimos días el Partido Comunista de Uruguay (PCU) ha tenido actitudes contestatarias, muy ajenas a su historia política en la antesala de la creación del Frente Amplio.

No hace mucho se resolvió en un Plenario del FA suspender los derechos del PCU por 30 días, por no haber votado la ley de educación. Esta resolución fue asumida incluso por el propio partido, quien reconoció su error, al grado que el dirigente Daniel Marsiglia recordó que dirigentes históricos como Julia Arévalo, Rodney Arismendi y Enrique Rodríguez así lo hubieran querido.

No pasaron los 30 días y el PCU dio instrucciones a su secretario general, el senador Eduardo Lorier, de no presentarse en el Senado, a la hora de votar el proyecto de ley de participación de lo público con lo privado (PPP).

Con ese gesto desafiante se ha provocado una nueva crisis en el Frente Amplio, solo comparable a las horas previas en que Hugo Batalla se retirara de las filas frenteamplistas, a pesar de haber sido, junto a Zelmar Michelini, uno de los pilares fundadores de la coalición de izquierda.

En pocos días desde este pequeño terruño que es la patria de los orientales, se le dijo al mundo que aquella maravillosa unidad construida durante décadas y que pagó el trágico peaje de la resistencia contra la dictadura, por primera vez se suspendían los derechos de los comunistas integrantes de un frente popular, democrático, avanzado y antimperialista.

Se le dijo más: que el PCU, con los derechos suspendidos volvía a desacatar las resoluciones del Frente Amplio, poniendo en peligro la unidad interna, uno de los orgullos más maravillosos de la izquierda uruguaya.

La verdad que cuesta creer lo que uno está viendo, oyendo y leyendo, fundamentalmente de un partido de izquierda que a la salida de la dictadura construyó un logotipo con una serie de banderas, en el orden que sigue: la uruguaya, la del Frente Amplio y la del Partido Comunista. “Un partido uruguayo, frenteamplista y comunista”, decía Arismendi desde la tribuna, mostrando la renovada concepción elaborada en los túneles de la resistencia, tanto dentro como fuera del país.

Esa sola formulación indicaba y sigue indicando, que para los comunistas uruguayos el Frente Amplio no era una elaboración accidental, ni mucho menos el producto de una táctica de conveniencia circunstancial. Era un compromiso histórico con el Frente Amplio, con el pueblo unido, que a la vez se reafirmaba en el mismo momento que Rodney Arismendi proponía una democracia avanzada “para todo un período”, obviamente con la mirada larga del socialismo. Pero período largo…

Sería terrible para el Uruguay y para el propio Frente Amplio, que el PCU tensione la interna al grado que coloque a ese partido por fuera de las fronteras de la coalición de izquierda.

De alguna manera, salvando las historias de cada país, sería como comenzar a recorrer el triste camino de la izquierda chilena, que desde el retorno de la democracia no ha podido juntar, otra vez como en 1970, a los comunistas con los socialistas, por lo menos bajo un mismo lema electoral.

Los comunistas uruguayos tienen todo el derecho a cuestionar, observar y hasta polemizar, sobre iniciativas que partan del Poder Ejecutivo, pero tendrían que haber aprendido de sus mayores que hay momentos para una cosa y otros, para otra cosa.

Se dice desde El Popular que el proyecto de ley PPP no fue discutido en la Mesa Política y el Plenario Nacional, lo que es verdad. ¿Fue discutida en esos organismos la ley de Presupuesto? Jamás. Fue elaborada por la Corporación Nacional para el Desarrollo y el Ministerio de Economía y Finanzas y luego analizada y corregida en distintos ámbitos parlamentarios, como pasa con las grandes leyes. ¿Hubo o no hubo tiempo para pegar el grito de alerta? Lo hubo y no se hizo y si se hizo, faltó fuerza en el grito. ¿Por qué resolver al límite de lo ridículo? Tengo explicación de las causas de lo ocurrido, pero no quiero agregar más leña al fuego. El error ya se cometió y es mucho más grave porque lo comete un partido comprometido desde sus entrañas con la unidad de la izquierda.

Ahora el Frente Amplio tiene que salir de esta encrucijada, que ha paralizado al gobierno y lo ha puesto en estado de shock. Hoy en el Consejo de Ministros se abrirá un debate, que por cierto no puede ser eterno, porque la izquierda gobierna y no tiene la posibilidad de posponer la puesta en marcha de la PPP, ni la bajada de bandera para que arranque el ferrocarril y se actualicen las vías terrestres.

A este debate no se puede ir con prejuicios, donde la desconfianza en el otro sea más importante que la posibilidad de los acuerdos. Y esto es responsabilidad del PCU y de su aliado en la sombra, el Partido Socialista, que teme por la privatización de la envejecida AFE.

Es responsabilidad también del resto de los sectores, del equipo económico, del propio Presidente de la República, quienes tienen que encarar la actualización ideológica y programática con la necesaria serenidad y con una mirada amplia, donde lo que importa es sumar para tener una sola voz que permita pasar de la teoría a la acción, porque los gobiernos son para gobernar y no para entrar en un estado de tertulia, que puede ser muy entretenidas pero que no resuelven las construcciones de un país que tiene todo en las manos para desarrollar la producción, el comercio y mejorar la calidad de vida de su gente.

De esta hora compleja para la izquierda, no se sale con derrotados, sino con unidad. Si alguien quiere suicidarse políticamente que se suicide, pero no le demos una mano a tan tremenda estupidez. Rescatemos el espíritu y el arte de la convivencia.

*Periodista uruguayo, articulo publicado en La República el 10 de julio

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