Llegó la hora
de preguntarse

Raúl Legnani*

El Frente Amplio ha dado un primer paso - chiquitito. pero paso al fin - , con la intención de superar las tensiones internas. Es así que la Mesa Política elaboró nueve preguntas, con la intención de reconstruir el compromiso político, algo así como a renovación de un pacto de carácter institucional en la interna de la coalición de izquierda.

La sana intención es recuperar la unidad de acción, que en los últimos meses se ha visto deteriorada por diversos protagonistas, como el PCU a la hora de (no) votar la ley de participación de lo público con lo privado y del diputado Víctor Semproni en el momento de (no) votar la ley interpretativa de la ley de impunidad.

Pero lo más importante no es la ingeniería de los acuerdos, que son necesarios, sino que el Frente Amplio haya optado por hacerse preguntas, antes de ir a un debate con las respuestas prefabricadas.

El mecanismo de las preguntas, aunque tengan intencionalidad, siempre es mucho sano que ir al debate si sabe qué se discute, donde cada quien dice sus “verdades” y después no pasa nada o pasa mucho y la elaboración colectiva queda para mejor oportunidad.

Este sistema de construcción de la fuerza política y de la unidad, debería transformarse en el basamento de otro debate, que atrevidamente definiría como “ El Frente Amplio, su segundo gobierno y el Uruguay en los comienzos del siglo XXI, con una mirada de futuro”.

Sobre este escenario aparecen preguntas, que la izquierda uruguaya elude por temor, por mediocridad o haraganería intelectual.

Las primeras preguntas que a esta altura de la historia el ferenteamplismo tendría que hacerse es sobre lo que ha hecho en dos gobiernos y los acuerdos programáticos de 1971, que tenían como columna vertebral la idea de la liberación nacional y la ruptura con las oligarquías criollas.

¿Se logró ese objetivo? De ninguna manera, pero por eso no hay que suicidarse en la plaza pública. La pregunta que hay que hacerse es si los dos gobiernos progresistas - el de Tabaré y Pepe- avanzaron en ese sentido o no y cuáles fueron las razones de por qué no se ha podido avanzar más.

Creo, entrando en el plano de los intentos de respuestas (dije bien, “intentos”) es que el mundo y el capitalismo abrumadoramente mayoritario en el mundo, donde solo quedan retazos de un socialismo fracasado, no ha cambiado sustancialmente en su esencia, pero si en la forma de expresarse en el plano de la economía y de los mercados.

En 1971 nadie pensaba en la caída de la URSS y del socialismo real, mucho menos que la despreciada China de Mao iba a ser una potencia, ni tampoco que el mundo capitalista sería multipolar, aunque política y militarmente Estados Unidos seguiría siendo la principal potencia, aunque el próximo 2 de agosto pueda entrar en default.

Durante todos esos años la izquierda uruguaya aprendió mucho, porque llegó al gobierno y allí descubrió que aún nos falta mucho como sociedad y economía para desarrollar las fuerzas productivas de nuestra precaria sociedad capitalista. Por algo, alguna vez hay que reconocerlo, Mujica ganó las elecciones nacionales con la consigna “Por un Uruguay de primera”, que no era otra cosa que el desarrollo capitalista de nuestra economía, con una sensibilidad popular, cosa que los partidos tradicionales no tienen. Jamás el “Uruguay de Primera” fue el socialismo. No hay una sola columna o nota de algún dirigente del FA que haya planteado eso. Jamás.

Volvemos a las preguntas: ¿Desarrollar las fuerzas productivas capitalistas implica abandonar la idea de una nueva sociedad superadora de ese capitalismo?

Si la respuesta fuera afirmativa, lo que puede ser posible, estaríamos ante una fiel copia de la socialdemocracia europeas como la española y la griega (entre otras) que hoy se caen a pedazos y que nunca se propusieron mirar por la espalda del capitalismo de primera.

¿Es necesario tener una mirada de largo aliento que supere al capitalismo “celeste” de hoy y de mañana? Esta es otra de las interrogantes, a la cual hay que buscarle respuesta de forma colectiva.

Todo indica, me atrevo a dar una respuesta, que quien se queda en la administración del capitalismo, sin una mirada superadora de largo aliento, más temprano que tarde entra en crisis y no de forma coyuntural, sino de carácter estratégico. Algo de esto, por cierto, le pasó al eurocomunismo.

También considero que querer superar el capitalismo pasa no solo por tener una mirada larga, sino por no establecer desde hoy formas de organización social y económica , que frenen el desarrollo de las fuerzas productivas y terminemos con un capitalismo rengo y un socialismo deformado.

No se puede construir el desarrollo actual del capitalismo “celeste” sin conocer la realidad, dicen los marxistas. Pero el problema es que los marxistas criollos solo estudiamos la realidad hasta donde no nos duele, pero cuando la herida sangra mejor no nos metemos. Un caso es el nuevo “escándalo teórico” de la revolución cubana, que en este país no se discute porque hay demasiados afectos y porque Estados Unidos está demasiado cerca de la isla de los barbudos de Fidel.

Es imposible construir una nueva estrategia sin preguntarnos si el latifundio retardatario sigue vigente, si las inversiones extranjeras nos generan más dependencia o no, si de una vez por todas le metemos la mano a la burocracia estatal que es la que se lleva la mayor plusvalía, incluso más que los sectores productivos propietarios de los medios de producción, si no nos preguntamos por el fracaso de las sociedades estatalistas, al decir de Alain Tourein (socialismo real y socialdemocracia), si no nos preguntamos si el neoliberalismo no nos dejó algo de enseñanza, aunque en esencia haya sido una tragedia.

Llegó la hora de preguntarse, pero no en soledad. Uruguay tiene que ser el centro intelectual de la izquierda y el progresismo en los próximos años, porque ha sido en Latinoamérica donde se revolvió la polémica entre la vía pacífica y la armada, ganado la primera, superando el crimen imperialista contra Salvador Allende y la democracia chilena.

Llegó la hora de debatir, pero no entre cuatro paredes donde solo participan iluminados, debe hacer de cara a las multitudes, aunque no todos participen.

Pero mientras se da ese debate es de carácter estratégico sostener al gobierno de José Mujica, apuntalarlo, decirle en el oído cuando las cosas le están yendo mal y comete errores, porque sin gobierno el proyecto de izquierda y progresista solo será un sueño de otra época. Y Uruguay necesita de éxitos, porque están dadas todas las condiciones para realizar transformaciones profundas que nos saque de aquel país bucólico donde el paisano toma mate debajo del árbol, mientras que el perro lo mira con tristeza y por detrás se escuchan las guitarras de la patria vieja. Por eso Aratirí, sí. Vamos por un país que arriesga, que se industrializa, que contempla el medio pero que no se deja dominar por él. Por eso primero preguntarse y después debatir, para intercambiar ideas, para hacer un pacto sobre el programa y la estrategia.

*Periodista uruguayo, articulo publicado en La República el 18 de julio

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