"Desde 1811", última obra
de María Emilia Pérez Santarcieri

Crónica

Con el salón de actos de la Alianza Francesa desbordado de público, el miércoles 13 de julio, se presentó el libro “Desde 1811” de María Emilia Pérez Santarcieri. El libro presenta a más de 100 personalidades que con sus ideas, emprendimientos y acciones contribuyeron a desarrollar el Uruguay de hoy. Entre ellas están Zorrilla de San Martín, Francisco Bauzá, Federico Sáez, José Enrique Rodó y Blanes Viale, entre otros muchos. La edición también está compuesta por contenidos históricos que hacen hincapié en los acontecimientos que despertaron o hicieron posible la independencia del país, como el Grito de Asencio, el Éxodo, La Batalla de las Piedras y cuenta con un excelente sustento fotográfico. El libro está editado por Aguaclara Editorial. La presentación estuvo a cargo de Luciano Álvarez, Margarita Percovich, Jorge Chagas y María Emilia Pérez Santarcieri. Lo que sigue son algunos aspectos relevantes de la intervención de estas personalidades y de la autora, al presentar la obra.

Luciano Álvarez: ¿Qué cosas quisiera elogiar de este libro 100% elogiable? En primer lugar, la selección de personajes. Es una selección - como en todos estos casos - difícil pero muy feliz, entre otras cosas porque tiene la astucia de rehuir una taxonomía explícita que - quizás - le ahorre, en parte (estamos en el Uruguay), la perezosa crítica sobre los eventuales ausentes. En estos libros nunca puede faltar el que le diga: “María Emilia, ¿cómo no pusiste a fulano?” (risas). En este punto debo decir - me considero a nivel erario del medio de la tabla para arriba - que al menos una docena de los personajes que aparecen aquí, yo no los conocía, no tenía idea de su existencia. Y, por supuesto, en muchos otros me ilustré sobre sus perfiles que me resultaban prácticamente desconocidos.

En segundo lugar, creo que debo hacer un elogio a lo que yo llamaría: la concisión no enciclopédica. Cuando uno recibe este libro - por analogía - el miedo que lo asalta es que es una enciclopedia. Si alguien puede enfrentarse con el temor de encontrarse con una suerte de diccionario enciclopédico que - como sabemos - nadie utiliza como lectura amena, entre otras cosas, porque carecen de literatura, de gracia y de compromiso. Esta obra tiene literatura, gracia y compromiso. Por lo tanto, no es necesario que lo diga, pero los presentes pueden estar tranquilos que con Emilia Pérez Santarcieri no estamos ante un producto de este género.

Sobre los textos y la cantidad de autores, puede llegar a ser relativamente fácil, producir enormes ladrillos. Esos a los que Borges decía rehuirle constantemente. Se puede escribir con pesada erudición o con intrincada prosa, que suelen ser útiles más para la vanidad del autor que para la felicidad del lector. Pero ¿quién puede dudar que Emilia Pérez Santarcieri, en este libro y en toda su trayectoria, cumple sobradamente con la virtud de la erudición? Pero la erudición como virtud. Este libro lo demuestra una vez más. Está lleno de indicadores de erudición, pero de esa erudición - insisto - colocada sabiamente para felicidad del lector y no para vanidad del autor. (…)

Margarita Percovich: …Justamente, lo que dice María Emilia, de esa cantidad de gente que fue construyendo este país con su mano de obra esclava, después con su mano de obra mal pagada, con extensiones de horarios, el trabajo de cuidado con las mujeres que hoy tanto lo reivindicamos, todo eso está dentro de una cultura que - en realidad - también dentro de la geografía. Y eso me encantó cómo lo señala María Emilia (en este libro). Las mujeres eran muy funcionales para este sistema, en el cual los inmigrantes se casaban con las hijas de los criollos que ya estaban más o menos asentados y querían un yerno varón para desarrollar sus industrias o sus comercios. Así se iba construyendo una manera de relacionarse y de ir preservando esas industrias y esos comercios, etc., también a través de las relaciones familiares. Y allí estaban las mujeres para eso: para tener hijos, para cuidad y para reproducir los bienes. Tanto es así, que cuando se quiere ubicar a aquellas primeras mujeres que empezaron a dar las batallas para ir a la universidad, para estudiar, para dar un examen - Mirtha Domínguez, que es una ídola para todas las mujeres uruguayas - no hay un registro. Y tuvieron la buena idea de poner una preciosa foto de una mujer joven, en un camino empedrado, con adoquines, frente a un viejo edificio, diciendo: “esta podría ser Mirtha Domínguez”. Creo que fue una preciosa idea, porque la biografía de lo que hizo, está.

Por supuesto, me parece que hay algunas cosas de los aprendizajes - que a mí, personalmente me dejó este libro - de cosas que no sabía. Yo vivo en el Centro, siempre fui del Centro de Montevideo y no sabía que Besnes e Irigoyen, de quien tantas obras disfruté, había tenido que representar el fusilamiento de un comerciante. Y eso le costó, a él, una cantidad de disgustos. Y que la esquina donde se hizo el fusilamiento, era la esquina suroeste de la Plaza Libertad, de la Plaza Cagancha. Esta es una cosa para contarle a mis hijas y a mis nietos. Es algo bien interesante.

Los masones y sus influencias, en varias de las biografías. La historia de Daniel Pérez. Cómo se instala la idea liberal en el país, en contraposición, con las ideas católicas del momento. También me enteré allí que Jacinto Vera había ido al sínodo donde se declaró la Inmaculada Concepción. Es decir, uno entiende las disputas de la época y cómo se peleaba por una cultura distinta y por la hegemonía de las ideas en el país. Y por supuesto después - y no me voy a extender más - en los arquitectos. En la descripción de los maravillosos edificios que nos dejaron - que cuando uno va a Italia, siente que está en Montevideo - y que hemos tenido el privilegio de tener esas obras y que hay que preservarlas. Los médicos, donde hay un capítulo bien interesante sobre la conexión de los médicos con la política. Como muchos se terminaron recibiendo gracias a becas del gobierno.

Y yo diría que algunas de las cosas que también más me interesaron, es cómo aquellos innovadores, que María Emilia dice en un momento que se discute tanto la necesidad de la innovación de la revolución científica, cuántos - en ese momento - empezaron a sistematizar los datos. Datos tanto de salud, como datos - por ejemplo - del folklore, de los dichos en la zona, la flora, la fauna. Por ejemplo, el hecho de que Arechavaleta - yo no lo sabía - haya sido el que instaló la primera bromatología en el país, estableciendo el laboratorio municipal, que realmente es un orgullo del Uruguay. Y el primer Museo de Historia Natural, que es otro orgullo que tenemos en el país.

Son muchos los datos que a ustedes les van a encantar leyendo este libro y que uno va agregando lo que uno conocía a lo que no conocía. Y ubicando, en esa vida cotidiana diaria que tenemos en la capital, pero en otras ciudades del país, en otros territorios, a las personas que fueron construyendo la identidad local en cada territorio, pero también, la nacional.(…)

Jorge Chagas: Este formidable libro desde 1811, tiene esa característica de recoger historia social. Más allá de la biografía de los personajes, está la profunda historia social del Uruguay. Aquellos personajes que, desde diferentes ámbitos, fueron construyendo piedra a piedra la identidad del Uruguay. Es sorprendente que no existe el poder político en el libro. Son personajes que se mueven en ámbitos diferentes, pero que - a su vez - construyen. Hay personajes - como el caso de Acuña de Figueroa, Florencio Sánchez, Zorrilla de San Martín, Delmira Agustini, Obdulio Varela - que son tradicionales, que son clásicos, que todos los conocemos. Pero hay otros personajes - y a mí me pasó lo mismo que a Luciano - que yo no tenía ni idea de que había existido. Tal es el caso de San Román (el rey de los cafeteros), el caso de Orelia Ramos de Segarra (la fundadora de la Cruz Roja). Son personajes que - a su manera - también fueron construyendo la identidad del Uruguay. Y creo que el gran mérito de María Emilia, es haber sabido rescatar esos personajes. Incluso, aparece el famoso Pedro Ferreira - famoso en la época - que fue quien dio un paso fundamental en la historia musical del Uruguay, porque unificó el candombe con el Son cubano.

En aquella época no había televisión, los medios de comunicación no estaban tan extendidos y el candombe estaba reducido a un circuito mucho más pequeño que ahora. Ahora hay comparsas hasta en Punta Carretas, lo que me hace mucha gracia y - si mi viejo viviera - le haría mucha gracia todo esto. Pedro Ferreira fue el precursor de todo eso y fue uno de los personajes - tal vez - más injustamente olvidados de la historia musical del Uruguay. Y está en el libro de María Emilia. Yo la otra vez, mirando la página del libro, decía: este libro representa, en gran medida, el espíritu de María Emilia; representa la visión que ella tiene de la historia uruguaya. Esa visión de que es una epopeya - por decirlo así - de hombres y mujeres que poco a poco van construyendo algo. Tal vez no sean concientes de ello en el momento en que lo hacen, pero aportan. Y aportan mucho. En la cultura, en la literatura, en la medicina, en la pintura, en el deporte también. Porque el deporte uruguayo también fue constructor de la nacionalidad.

Creo que esa es la enorme, enorme, enorme virtud del libro. Es un libro para releer, es un libro de consulta permanente y que también nos obliga a mirarnos a nosotros mismos. Porque, ¿qué pasa? El uruguayo suele ser bastante pesimista consigo mismo. Tiene una visión pobre de sus propias posibilidades. Sin embargo, el libro de María Emilia, muestra una cosa bastante interesante. Que personas, en momentos muchísimo más difíciles y en circunstancias muchísimo más difíciles, fueron capaces de construir, fueron capaces de crear, fueron capaces de aportar al país, fueron capaces de salir adelante, de destacarse. Y creo que el libro de María Emilia, en eso, es un gran rescate de la memoria colectiva y es un gran aliciente para las nuevas generaciones. Porque son las que van a tener que construir el Uruguay del siglo XXI. Si tengo que dar un consejo por este libro: “léanlo, no se van a arrepentir”.

María Emilia Pérez Santarcieri: … Se dijo aquí, hay un pesimismo en general, en el Uruguay. Yo lo comparto. Porque me doy cuenta que soy más que pesimista. Creo que los años me han hecho cada vez más escéptica. Yo soy casi “discepoliana” a esta altura (risas). En verdad, me siento muy afín a ese pensamiento.

Pero les voy a contar que una vez - y esto me acaba de surgir ahora - leyendo un libro precioso de Ortega y Gasset, “Ensayo sobre el Amor” (no sé si alguien lo leyó, es precioso). Ortega le estaba escribiendo al marido de Lady Hamilton, la amante de Lord Nelson. Y cuenta que era un hombre rico, que gustaba del arte y que era un escéptico. Y dice Ortega: “un escéptico, a fuerza de no creer en nada, cree en todo” (risas). Y a mi me pareció que yo estaba ahí. Porque, me acordé también de otra anécdota. Se dice que Quijano, cuando estaba en México, le mandó una carta a Alfaro. Y en la carta a Alfaro le decía: “cuando yo vuelva, ¡nada de volver a sacar “Marcha”! ¡Nada!”. Y terminaba diciendo: “díganme, ¿las máquinas siguen andando?” (risas y aplausos).

… me lo estuve estudiando para mí misma y me doy cuenta que es así. Yo en el fondo, frente a muchas cosas que me hacen mucho mal, como ser la decadencia cultural en la que nos encontramos… Perdónenme, pero eso lo siento así (aplausos)… Entonces, yo me siento como esas monjas, casi den “clausura”, que no ven nada de lo demás, pero siguen rezando y siguen en eso (risas). Y me veo así, siguiendo a pesar de todo y, de repente, alguien recoge la cosa.

Ahora, después de estas disquisiciones que tienen que ver… Porque al fin y al cabo esto es un poco - como decían ellos - cuando uno describe a una persona, no solamente dice: nació en tal lado y vivió en tal otro. No. Es cómo esa persona se planta frente a la vida. Y eso, al final, es lo más importante.

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