|
Sonata para tiorba y Recitante Obligato
Por Washington Benavides
(Imágenes de pesadillas sobre Las Reducciones Jesuíticas en el Sur de América)
Las agencias turísticas las incluyen en sus folletos. Junto a las Cataratas del Iguazú y la edificación (las dos) que el homo-faber Horacio Quiroga levanto con sus peones misioneros; y algunas simpáticas presencias de coatíes y lugareños con sonrisas.
También imágenes de las ruinas de las Misiones Jesuíticas, luego de la expulsión decretada por el Rey de España Carlos III, a sangre y fuego.
La primera pesadilla ocurre cuando vemos a peones albañiles, arquitectos, ingenieros, antropólogos concurriendo a mantener las ruinas. A mantener las ruinas, tal y como están en el S.XXI. Algo así como sostener la sobrevida de un enfermo en estado vegetal.
Porque no son las ruinas. Son las ruinas maquilladas. Dirás, “pero claro, hay que sostenerlas, porque sino el tiempo las haría desaparecer.”
¿Son las ruinas? - Santa Ana, San Juan de Poriajhù, San Isidro, San Nicolás, Loreto, por nombrar sólo las de Corrientes. Allí vivieron guaraníes, yaros y charrùas.
Convivieron hermanados con los sacerdotes jesuitas Y crearon las primeras comunidades cristianas/socialistas.
Sostuvieron escuelas de música, letras y artesanías, de tal belleza que fundaron el “barroco misionero” recuperado por conjuntos desde el S. XX.
Estos pueblos misioneros pelearon junto a Artigas Contra la invasión portuguesa. Tanto así que el Emperador del Brasil en 1817 ordenó a su General Chagas la extinción de los 15 pueblos de Occidente. Cosa que se llevó a cabo prolijamente, iniciando en La Cruz.
Y continuando en Yapeyù y otros pueblos misioneros. Sobrevivió Loreto y San Miguel.
Los indios misioneros crearon cosas formidables. No sólo bajo las órdenes de los religiosos europeos. Crearon la primera imprenta americana, uno de sus integrantes: Nicolás Yapuguay en Santa María La Mayor, redacto “El Catechismo” en español, latín y guaraní.
Presenciamos en Paraguay, en el 2004, en el pueblito de Itaipú junto a la enorme represa, en las ruinas jesuíticas de su catedral, la ejecución de la Misa de Nàpoli cantada por el coro de niños de Itaipú, y la presencia De dos mirlos en las altas paredes semiderruidas. (Esto lo transcribimos en poema del libro “El mirlo y la misa”).
La última pesadilla (porque despertamos a la actualidad) nos dibujó los rostros de guaraníes, yaros o charrúas, esculpiéndose en los muros de las edificaciones: Ángeles Sexuados y de rostros anchos como los de la Iglesia de Yaguarón (Paraguay); verlos de nuevo en las tallas, pinturas, retablos y altares, y a la vez, caminando descalzos o con hojotas por las polvorientas calles de su localidad, vendiendo baratijas, o admirables artesanías, al turista que los mira de reojo aprensivamente.
Un Rey quebró la dignidad misionera. El otro Rey del mundo nada dijo.
*Washington Benavides; Poeta y escritor uruguayo
LA ONDA® DIGITAL
|
|