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El sueño de la mirada larga
Por Raúl Legnani Urumex80”@gmail.com
La izquierda en nuestro país, que se expresa abrumadoramente desde el Frente Amplio, está viviendo una crisis ideológica y afectiva, a medida que avanza en las transformaciones de la economía nacional.
Se puede decir que las trasformaciones logradas desde el gobierno progresista en apenas seis años y medio, son aceptadas por la mayoría de los frenteamplistas, pero no dejan conformes a muchos sectores que componen la coalición de izquierda y no solo hablamos de sus direcciones, sino que nos referimos a ese 20% encuadrado sectorialmente o que alguna vez lo estuvo y que es difícil de cuantificar.
La izquierda uruguaya, por encima del programa del Frente Amplio de 1971, tiene en su columna vertebral ideológica la idea de la superación de capitalismo, aunque desde la implosión de la Urss y ahora de las rectificaciones de Cuba (la aparición del mercado y de la propiedad privada en el proyecto socialista), se haya instalado un nuevo debate sobre esa mirada larga que aspira a una sociedad de nuevo tipo.
Existe la sensación de que el frentemplismo ha entrado en un pozo de angustia que se debate entre reconocer que aún hay condiciones para desarrollar las fuerzas productivas capitalistas, pero que a la vez no quiere quedar atrapada en la conservación del capitalismo.
Ese sueño de mirada larga no tiene, aún, un proyecto de sociedad que se pueda divisar en el horizonte y que todos comprenden que hay que ir construyéndolo desde ahora, aunque no se sabe como.
Por allí andan ideas sueltas, que van desde el cooperativismo como propiedad social, hasta que la necesidad de volver a un Estado que se ocupe de la industria frigorífica hasta de la propiedad y gestión del ferrocarril.
Por todo esto no nos puede sorprender que desde distintos ámbitos, donde incluimos al doctor Tabaré Vázquez, se comience a hablar de la necesidad de una actualización ideológica, porque se entiende, con razón, que la sociedad global y la nuestra han cambiado fuertemente en los últimos 40 años.
Pero si observamos estos anuncios con cierta agudeza - si se nos permite la soberbia -, encontramos que ya no se habla de la renovación de la izquierda, sino solo de “actualización”, lo que necesariamente lleva a pensar que para seguir navegando solo hay que hacer ajustes programáticos y no ir al fondo de una nueva interpretación del capitalismo global, pero también del capitalismo “celeste”.
Seamos sinceros; en el Frente Amplio, por lo menos en su núcleo histórico que es el más influyente mientras no haya una participación más abarcativa de los frentemplistas, existen temores para llegar a conclusiones más contundentes.
Hoy nadie dice, pero muchos lo piensan, que por un período largo la izquierda uruguaya debe apuntar a un modelo socialdemócrata al estilo sueco. Pero a la vez existe la otra cara del drama: nadie dice, explícitamente, que el modelo político, ideológico y cultural debe ser, solo con algunos retoques, el de 1971 y que por ello se le teme al concepto “renovación”.
Todo indica que llegó la hora de sincerarse, mirándose a la cara, siendo explícitos en todos los aspectos, para saber cual es la base del debate, planteándose si la única salida es caerse hacia el lado de la socialdemocracia o asumir que no hay otro camino que las vueltas a las fuentes (el programa de 1971 del FA).
Soy de los que creen que aún hay tiempo para elaborar una estrategia común de la izquierda, que no caiga en ninguno de los dos extremos. Dicho esto no con la intención no de perfilarse en la siempre cómoda postura intermedia, sino para buscar una propuesta ideológica y programática que permite avanzar.
No creo que haya una Muralla China entre el desarrollo del capitalismo y de sus fuerzas productivas y tener una mirada y un programa con sensibilidad de futuro. Claro que sabiendo que el nuevo producto no se logra como quien hace una ensalada, con cualquier variedad de productos.
Todo indica, luego de la experiencia de seis años de gobierno progresista, que aún tememos mucho por hacer en materia del desarrollo e las actuales fuerzas productivas, porque aún nos falta mucho para ser un país de primera sin tocar, en lo sustancial, la sociedad de clases.
Pero después de esta afirmación viene otra pregunta: ¿qué hay que hacer para establecer las bases de una nueva sociedad que puede llamarse socialista o de otra manera? La respuesta por cierto no la tengo, pero creo que vale otra pregunta: ¿en las entrañas del actual capitalismo global y “celeste” están dibujándose nuevas premisas de otra sociedad? No tengo, en este sentido, una respuesta y seguramente por carencias propias, donde solo soy yo el responsable. Pero hay algo de lo que estoy seguro: que hay gente en el FA que está en condiciones de profundizar en estos aspectos y que esto es preferible a aquellos que solo elaboran teoría para que todo siga como está o para volver 40 años atrás.
Si la creación del Frente Amplio rompió todos los esquemas mundiales en materia de unidad política, donde marxistas, cristianos, liberales y nacionalistas supieron construir los espacios de entendimiento que abrieron paso a una nueva fuerza política, la hora reclama una nueva gestualidad que se puede llamar actualización o renovación, pero que debe bucear en los “secretos” de la actual sociedad, nacional y mundial, para establecer una estrategia de largo aliento, que permita seguir transformando al país con una mirada de futuro. Y esto no se logra si no se abren todas las puertas y ventanas para que votante de izquierda y progresista se apropie de la política, ya sea un militante de estilo clásico, un simple elector o un ciudadano afín a las redes sociales.
*Esta columna fue publicada el lunes 25 de julio en el diario La República
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