¿En dónde están
los artistas?

Por Avelina Lésper*

El talento y la vocación son irreprimibles. Si una persona tiene la inquietud impostergable de crear nada lo puede impedir, así se reprima estudiando o trabajando en otra cosa para tener una entrada económica, esa persona, si de verdad tiene una vocación y voluntad fuertes, creará su obra.

En esta racha que tenemos de un arte donde prima la falta de talento y la infrainteligencia de las obras, muchos artistas niegan sus verdaderos talentos, aunque sean dibujantes brillantes hacen instalaciones con basura, u obras sin ningún sentido artístico, para adaptarse a lo que los museos y galerías exhiben. Otros muy talentosos se han refugiado en la industria del entretenimiento, el cine y los juegos de video.

Este fenómeno está acercando de una forma indirecta al público hacia el arte, al ver una película de animación con caracteres perfectamente realizados, escenografías excéntricas y detalladas, colores y planos atrevidos y emocionantes, están viviendo lo que los museos les niegan. Los juegos de video cifran sus expectativas en dos cosas, la narración, y el desarrollo del juego y la estética que proponen, para eso trabajan con artistas que están inmersos en la aportación de formas, estéticas y lenguajes que mantengan al público atrapado y enganchado en sus propuestas.

Esto significa que esa vanguardia -es innegable que esto es lo más moderno y actual que se produce- tiene influencia y empuja a millones de personas a observar sus obras durante horas. La línea de producción de una película o un juego incluye expertos en creación de caracteres, desarrolladores de color, invención de narrativa en imágenes y secuencias, creadores de escenografías, y cada uno es un artista autónomo que está aportando su sensibilidad y talento a una obra gigantesca. Cada película de animación da un paso adelante para que el resto se supere, esto ha revivido y redimensionado a una industria.

Es el caso del cómic, las novelas gráficas que desde Marvel tienen a grandes dibujantes que dominan la anatomía, la dramaturgia y el color para realizar cada una de sus historias. Si la industria del entretenimiento está dando espacio de creación a artistas, ¿por qué las instituciones culturales están renuentes en hacerlo? Las escuelas suprimen las materias de dibujo y pintura, los museos exhiben coches envueltos en papel celofán y muñecas Barbie rotas, y marginan un talento que además es un gran negocio.

Estos artistas son la base de industrias millonarias, mientras que a los que se autodenominan artistas contemporáneos son, en muchos casos, un gasto gubernamental que no retribuye nada y que con sus infraobras expulsan al público de los museos.

Si el público prefiere ir a las salas de cine en lugar de los museos es comprensible, necesitan ver talento, ver experimentación, riesgo, en resumen: belleza. Y si esto está vetado de los museos, pues que afronten las consecuencias de salas vacías y exposiciones muertas.

Y no se trata de exhibir aberraciones kitsch como lo hace Koons o los artistas que se roban los cartoons y los llaman sus obras, se trata que a todo ese talento se le dé salida en otros espacios, si ese artista es capaz de dibujar una película es capaz de producir su propia obra.

*Crítica de arte; del periódico mexicano El Semanario

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