El FA en busca de
la gente perdida

Por Raúl Legnani*
Urumex80@gmail.com

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El Frente Amplio se lanza a la calle para dialogar con la población y a la vez defender las realizaciones del gobierno del presidente José Mujica. Con una similar actitud, pero para confrontar con el gobierno, se presentará el Partido Nacional en los próximos días, mientras que el Partido Colorado, liderado por el conservador Pedro Bordaberry, parece centrarse solo en la lucha contra la inseguridad, logrando el apoyo del ex presidente nacionalista Luis Alberto Lacalle.

De alguna manera los uruguayos comenzamos a vivir el adelanto de los tiempos electorales donde, de la nada, en materia de actividad política se va a intentar por los tres grandes partidos a ingresar a una actividad política permanente, que no solo se realice ante las cámaras de televisión y dentro del Palacio Legislativo.

No hay una perspectiva optimista sobre cuánto se puede reactivar la vida del sistema político, porque los partidos han reducido su accionar a la participación en los medios de comunicación masiva, dejando la sensación de que quien más “jetea” ante los micrófonos y las cámaras, es al que le puede ir mejor. Lo que no es así siempre.

Pero por encima de las dudas, es bueno saludar que las dirigencias políticas hayan resuelto salir al encuentro de la ciudadanía, que en definitiva es la que termina decidiendo los rumbos del país, sin que los grandes medios de comunicación masiva sean los únicos intermediarios entre la gente y los políticos.

Quizás el mayor desafío lo tenga por delante el Frente Amplio que mes a mes las encuestas le van diciendo que las cosas no van bien o, mejor dicho, que la población no percibe que van tan bien, a pesar de que aumenta el consumo, reduce la desocupación y que una parte de los uruguayos solo nos agarramos a codazos para estar en la Copa América, cuya final se jugó en Buenos Aires.

En momentos de escribir estos intentos de reflexión, no conocemos cual será el eje de la movilización frenteamplista, que seguramente será establecida con precisión en las próximas horas. Pero lo que más preocupa es saber con qué talante va a salir la dirigencia sectorial al diálogo con los uruguayos.

Como en la izquierda existe aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor” (casi como una filosofía discepoliana), se cae en la permanente idealización de lo que fue la campaña electoral de 1971, cuando el Frente Amplio daba sus primeros pasos.

La campaña electoral de 1971 fue la peor de todas las campañas de su historia, porque la sectorización llevó a una lucha por el poder interno que sectarisó al FA y lo alejó de los sectores del centro político electoral. Los desprendidos de los partidos tradicionales se olvidaron de su electorado de origen.

Hoy las condiciones son distintas. En 1971 hubo dirigentes que apostaron a ganar votos de los tupamaros y de su entorno de las capas medias radicalizadas, olvidándose que la mayoría del electorado estaba entre quienes dudaban de si rompían o no con sus adhesiones históricas a los viejos partidos tradicionales.

Hoy los tupamaros están, por suerte, en el Frente Amplio, pero tampoco por fuera de la coalición hay un fenómeno político tan fuerte y de masas que merezca ser captado. La realidad es otra: los que están en la periferia del FA - en las aduanas de sus fronteras, podríamos decir- , son votantes en la última elección al Frente o que votaron en blanco en las municipales: gente que no gusta del internismo, de las actitudes sectarias (quizás porque no han tenido la opoertunidad), que quiere otra cosa, aunque muchas veces no sepa lo que es, pero que ya no soporta más el estilo de vida político de la izquierda.

Hasta el momento no hemos escuchado ni leído una sola opinión que invite a las redes frenteamplistas a participar de esta campaña que tendría como plataforma central el 25 de agosto. De no concretarse un entendimiento entre el Frente Amplio “orgánico” y el “inorgánico” (las redes), por encima de cual sea su futuro en el estatuto, la acción militante de la coalición se verá debilitada, exhibiendo un divorcio que puede dejar heridas para el futuro.

En la actual etapa de desmovilización de la izquierda, tanto del Frente Amplio como un todo, así como pasa también con los militantes de los sectores, se le hace imprescindible la participación de las distintas culturas frenteamplistas, para que la recuperación de la política sea una realidad y no un esfuerzo sin consecuencias.

El Frente Amplio necesita salir a la calle y actúa en ese sentido en consecuencia, pero no tiene una propuesta unificada sobre el discurso que va a esgrimir ante los uruguayos. Nadie se imagina qué van a decir, con cierto grado de coherencia, lo que vana hacer con la seguridad, la enseñanza, la minería y el ferrocarril.

Es de esperar, para sus buenos intereses, que en esa interacción entre fuerza política y electorado, se encuentre una espacio para construir una gran zona de reflexión colectiva que permita ir superando las diferencias, con la intención de salir con éxito de esta experiencia que tiene carácter de grave y urgente y que es la necesidad de darse una baño de realidad y reencuentro con la población.

El riesgo que contiene la experiencia es grande, pero hay que reconocerle que se quiere salir de la inacción, de la apatía, del debate silencioso hecho en espacios menos, ya sean estructurales o no. Solo el tiempo dirá si hay final de túnel hay una nueva luz. Pero de lo que no hay la menor duda es que si la estructura se encierra en el simple accionar de los militantes, el futuro ideológico y estratégico estará más lejos de los que muchos desean.

*Esta columna fue publicada en el diario La República el 1 de agosto

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