Venimos perdiendo la batalla por la
democratización del conocimiento

Rector Rodrigo Arocena

Vea el Programa de Congreso

En la sala Maggiolo de la Universidad de la República el viernes 5 de agosto se lanzó el XVI Congreso Latinoamericano y Caribeño de Estudiantes (CLAE). El evento contó con la presencia del Ministro de Educación y Cultura, Ricardo Ehrlich, el presidente de la ANEP, José Seoane, el Rector de la Udelar, Rodrigo Arocena, la dirigente de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU), Pía D'Andrea, el Ministro de Desarrollo Social, Daniel Olesker, y de Salud Pública, Jorge Venegas, así como otros representantes de FEUU y OCLAE de Ecuador, Brasil y Argentina. En esta instancia se informó sobre el programa que desarrollará del 10 al 15 de agosto el XVI Congreso Latinoamericano y Caribeño de Estudiantes (CLAE) en Montevideo.

Al hacer referencia al evento estudiantil que según sus organizadores congregará a más de tres mil estudiantes extranjeros en Montevideo, el rector Rodrigo Arocena, advirtió que “la batalla de la democratización del conocimiento no la venimos ganando”. Lo que sigue son los pasajes más relevantes de su exposición.

“A nadie le llamará la atención que la Universidad de la República apoye la realización del Congreso Latinoamericano y Caribeño de Estudiantes. Esto fue discutido cuidadosamente en la conducción universitaria a iniciativa del orden estudiantil, se intercambiaron ideas, se fijaron criterios muy claros a través de los cuales, lo decimos sin ninguna vergüenza y más allá de cualquier temor a las criticas. La Universidad de la República apoya el Congrego Latinoamericano de Estudiante y lo hace convencida de que está haciendo lo correcto.

Lo hace también porque tenemos una gran esperanza de que esto sea un jalón en la batalla que trasciende en mucho a nuestro pequeño país, aunque lo involucra, y una batalla que no queremos perder.

La batalla de la democratización del conocimiento no la venimos ganando y esto hay que mirarlo de frente. El conocimiento y su expansión extraordinaria, generación y aplicación del conocimiento a escala internacional, está siendo capturada por intereses que por cierto no apuestan a la igualdad, a la libertad y a la solidaridad, más bien lo contrario. Contemplamos en el mundo una creciente estratificación de los sistemas educativos, una canalización de la investigación al más alto nivel hacia las fuerzas destructivas y hacia intereses de minorías.

Lo que comprobamos es lo contrario de la democratización del conocimiento como tendencia dominante en el mundo a comienzos del siglo XXl. Ante la medida de este desafío es que esperamos en la mejor tradición latinoamericana, que nuevas generaciones de jóvenes sean capaces de innovar y de pensar caminos porque ésta es muy distinta a las que peleamos en el pasado y exige no menos coraje, y mucho más innovación todavía, para tener posibilidades de ganarla.

Esta es una batalla que se juega en grandes escenarios y en pequeños escenarios cotidianos. Se juega por ejemplo cuando estamos tomando decisiones aparentemente menores, cuando estamos discutiendo qué hacemos con este problema serio, de que llegan estudiantes con débil formación a la Universidad.

¿Qué hacemos? Una repuesta evidentemente predecible: que entren los que tienen el nivel para entrar en la Universidad. Que sigan la Universidad los que tienen el nivel para estar a la altura de los requisitos tradicionales. Los que no cuenten con estos… “que se las arreglen”.

Esto es una repuesta tradicional en el mundo académico, ¿quién puede esperar otra respuesta predominante? Estas son las repuestas que van naturalmente contra la democratización del conocimiento. También va contra la democratización del conocimiento, si no vemos el problema real de que buena parte de nuestros estudiantes no tienen las condiciones para aprovechar la enseñanza que les ofrecemos. ¿Qué hacemos?, ¿“Que se las arreglen…”?, o tratamos de arreglar nosotros, de cambiar nosotros y de diversificar nosotros nuestra oferta educativa.

Si no innovamos perdemos seguro. Ahora, ¿innovamos para qué? Ahí viene la pregunta de valores, ésta es la pregunta que tiene que venir antes que cualquier decisión metodológica. Luego hay que adoptar buenos métodos, manejar buenas soluciones. Pero lo primero es una cuestión de valores. Queremos transformar nuestra educación para que más y no menos estudiantes ingresen a la universidad y culminen el ciclo universitario. La misma batalla se produce cuando discutimos cómo evaluamos la investigación científica, podemos decir no importa mucho, entonces pueden pasar dos cosas: seguimos haciendo investigación desarrollada en un país subdesarrollado, con lo que quedamos al margen de la verdadera lucha, o imponemos simplemente los criterios predominantes en la academia internacional a nuestra generación de conocimientos, con lo cual naturalmente, a partir de allí nuestros investigadores se ven direccionados a producir de tal manera que les rinda en el terreno de sus carreras académicas propias, cosa muy legítima; si le ponemos esos incentivos, después no les echemos la culpa a quienes así se manejan. Pero el problema difícil es: ¿somos capaces de evaluar y diseñar incentivos, formas de evaluar la investigación que canalice la creación de conocimiento y sobre todo la utilización de conocimientos para atender las necesidades de los sectores más postergados hacia el desarrollo en sentido amplio? Digámoslo claro, no sabemos hacer bien esto. Entonces ahí es donde tenemos que hacer cosas nuevas.

¿Que hacemos con la organización de nuestros planes de estudios? ¿Miramos hacia afuera? ¿tratamos de que nuestros estudiantes cada vez más, como parte habitual de su vida, en tanto estudiantes universitarios, contribuyan con actividades de extensión, de colaboración con la sociedad en su conjunto para un conjunto valioso del conocimiento? No es fácil y da mucho trabajo, obliga a evaluar cosas que no sabemos evaluar, obliga a tener más que hacer de lo mucho que tenemos que hacer.…

Pero si no, lo que pasa es muy claro, el conocimiento librado a su propia tendencia, es un factor de desigualdad, la dinámica espontánea del conocimiento, es una dinámica desigualitaria. Quienes más conocimiento tienen mejor lo aprovechan y lo expanden, quienes menos conocimiento tienen van quedando a la vera del camino.

Frente a esto tenemos la esperanza puesta en las nuevas generaciones estudiantiles de todo el continente, que le hacen al Uruguay el inmenso honor de venir a reunirse aquí.

Simultáneamente vemos que hay un modelo que se agrieta, el modelo que nos han pregonizado como la referencia. Es un modelo donde -por ejemplo- la educación privada no controlada ha llevado a una combinación explosiva del endeudamiento de la familia y de pésimo nivel académico.

La gran Universidad de Chile tiene hoy menos del tres por ciento de la matricula terciaria chilena, es decir que este modelo ha llevado a que la grandes universidades publicas vayan quedando al costado de la formación de las nuevas generaciones. Gracias a la reacción de pueblo chileno y sobre todo de sus estudiantes este modelo se esta hundiendo. Pero tengamos en cuenta que el hundimiento de un modelo, no garantiza de por si, el nacimiento de otro. Hay que construir un modelo alternativo para la democratización del conocimiento desde las universidades públicas y desde el conjunto de los movimientos populares latinoamericanos. Esto es lo que esperamos que el CLAE colabore en hacer.

La generación de los ‘60 mira a la del 2011 esperando que sean los principales protagonistas de la democratización del conocimiento, compañeros del movimiento latinoamericano de estudiantes, ésta es la batalla de ustedes y América Latina los esta mirando.
Gracias por venir a reunirse a Uruguay.

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