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Markarian: Hay que redefinir las instituciones universitarias
Arocena: movimiento estudiantil, invento latinoamericano
En el marco de la última conferencia del 16º Congreso Latinoamericano y Caribeño de Estudiantes (CLAE), que se realizó en Montevideo del 10 al 14 de agosto, el Rector de la UdelaR Rodrigo Arocena, el Consejero Roberto Markarián y la Presidenta de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) de Cuba, Maydel Gómez Lago, disertaron en el Paraninfo universitario sobre “La reforma Universitaria Córdoba y su vigencia en el pensamiento latinoamericano”.
Lo que sigue son los tramos fundamentales de las exposiciones de Markarián y Arocena tomados de la versión grabada realizada
por La ONDA digital.
Roberto Markarián: “Hay que redefinir los fines de las instituciones universitarias. No puede ser que una sola institución quiera hacer todo” Voy a empezar con algo así como con unos aforismos, que me pareció bueno para entender el tono de lo que yo voy a decir: “No hay mayor mentira que la verdad mal entendida”; “el pasado puede ser una prisión para pensar proyectos alternativos” y “los héroes tienen mucho más que ver con la construcción de identidad que con la historia misma”.
¿A qué vienen estos aforismos, como digo? Vienen a raíz de que, cuando hablamos del proceso vivido hace 100 años en América Latina, en relación con el movimiento estudiantil y la transformación de las universidades, estamos hablando de hechos antiguos que se refieren a fenómenos distintos y en situaciones muy distintas. En un trabajo célebre - diría yo - escrito por un peruano en el año 28, o sea, poco después de estos procesos, Juan Carlos Mariátegui (que murió en 1930), en un libro llamado “Siete ensayos de la interpretación de la realidad peruana”, en el que el capítulo dedicado al proceso de la instrucción pública tiene tres secciones que se llaman: “La Herencia Colonial y las Influencias Francesa y Norteamericana”, “La Reforma Universitaria” y otro que se llama “Ideologías encontradas”. Tengo una versión muy vieja de este libro, pero está en Internet, por si lo quieren consultar. Yo le recomiendo a las jóvenes generaciones de reformistas universitarios y no universitarios, que vale la pena leer este rico material. En este último capítulo dice que “El problema de la enseñanza no puede ser bien comprendido en nuestro tiempo, si no es considerado como un problema económico y como un problema social.
El error de muchos reformadores ha estado en su método abstractamente idealista, en su doctrina exclusivamente pedagógica. Sus proyectos han ignorado el íntimo engranaje que hay entre la economía y la enseñanza y han pretendido modificar ésta sin conocer las leyes de aquella”. “Esta” es la enseñanza y “aquella” la economía. “Por ende, no han acertado en reformar nada, sino en la medida en que las menospreciadas o, simplemente, ignoradas leyes económicas sociales les han consentido”. Y yo creo que el problema de visualizar los problemas de las transformaciones de las grandes instituciones educativas, como lo son las universidades, tiene que ser ardid fácil. Que pretender analizarlo desde el ombligo de la propia institución, hay que hacerlo. Es lo que nos da energía, es lo que permite movilizarnos, pero que el enfoque global tiene que ser distinto y encarar el contexto en el cual esas transformaciones se producen.
Mariátegui, en un capítulo previo del mismo trabajo, habla de la reforma de Córdoba y dice: “El movimiento estudiantil que se inició con la lucha de los estudiantes de Córdoba, por la reforma de la universidad, señala el nacimiento de la nueva generación latinoamericana. La chispa de la agitación es casi siempre un incidente secundario, pero la fuerza que la propaga y que la dirige viene casi siempre de ese estado de ánimo, de esa corriente de ideas que se designa - no sin riesgo de equívoco - con el nombre de Nuevo Espíritu. Por esto, el anhelo de las reformas se presenta con idénticos caracteres en todas las universidades latinoamericanas. Los estudiantes de toda América Latina, aunque movidos a la lucha por protestas peculiares de su propia vida, parecen hablar el mismo lenguaje. De igual modo, este movimiento se presenta íntimamente conectado con la recia marejada post-bélica. Las esperanzas mesiánicas, los sentimientos revolucionarios, las pasiones místicas propias de las post-guerra, repercutían particularmente en la juventud universitaria de Latinoamérica. El concepto difuso y urgente de que el mundo entraba en un ciclo nuevo, despertaba en los jóvenes la ambición de cumplir una función heroica y realizar una obra histórica. Y, mientras la actitud de las pasadas generaciones, como correspondía al ritmo de su época, había sido evolucionista - a veces con un evolucionismo completamente pasivo - la actitud de la nueva generación (de la generación reformista), era espontáneamente revolucionaria”.
Luis Alberto Sánchez (quien fuera rector de la Universidad de “San Marcos”) describe la situación general del mundo en el año 1918 en el prólogo a la obra monumental de Gabriel Del Mazo: “La Reforma Universitaria”: “Se habían presentado hechos incoercibles a los que no podía evadirse la universidad. En 1910 empezó la nueva revolución mexicana, cuyo epílogo sería en 1917, sobre un trágico saldo de un millón de muertos, la Constitución sindicalista, nacionalista y laica de esa fecha. En ese preciso momento, los EE.UU. - rompiendo su tradicional aislamiento y bajo la égida de su presidente rector, Woodrow Wilson - entraba en guerra contra el eje que regía el emperador Guillermo II de Alemania. Casi al mismo tiempo se derrumbaba el imperio de los zares y subían al gobierno de la Santa Rusia, primero los mencheviques con Alejando Kerensky y en octubre los bolcheviques con Vladimir Uriano. O sea, Nicolás, Lenin, León Trotsky, Zinóviev y el viejo Cali. El impacto de la revolución rusa fue tremendo. Se inició una violenta insurrección de las masas proletarias, se robustecieron los sindicados y Buenos Aires fue teatro del cruento 1º de mayo del 18. En junio se iniciaba la reforma universitaria, el 11 de noviembre capitulaba Alemania. Y poco después se iniciaron los debates de Versalles, de los que emergería la Sociedad de las Naciones, que fue el prolegómeno de las Naciones Unidas actuales”.
Esa es la época de la reforma de Córdoba. Y circunscribir, por lo tanto, los fenómenos del movimiento estudiantil de esa época al entorno estudiantil, es casi una mala visión de la historia verdadera. Es más aún, yo les recuerdo que la Universidad de Córdoba en el año 18, tenía 500 estudiantes. En el Uruguay, son cerca de 100.000, ahora. Eran 10.000 cuando se aprobó la Ley Orgánica de la Universidad en el año 1908, cuando se hizo el primer Congreso Estudiantil de las Américas - que lamentablemente no está incluido en el curriculum de la OCLAE, porque fue un congreso latinoamericano - en el Uruguay había también menos de 500 estudiantes. Ese era el movimiento reformista de los años iniciales del siglo pasado.
El movimiento tuvo profundas repercusiones, esencialmente porque reaccionaba ante una universidad quieta, dogmática y - en muchos lugares - clerical. No era el caso del Uruguay, no era el caso tampoco de la Argentina. A pesar de que el manifiesto liminar de Córdoba hace grandes referencias a los problemas del dogmatismo religioso, este no era un gran problema en la República Argentina. Hay que recordar que los presidentes de Uruguay y de Argentina en ese momento, eran José Batlle y Ordóñez en Uruguay e Hipólito Irigoyen en Argentina, que fueron vistos con el lenguaje de ahora, como presidentes progresistas. Como todo, es bueno recordar que las matanzas de Buenos Aires de fines del año 18 y principios del 19 y la famosa Patagonia Rebelde posterior, no merecieron repudio del movimiento estudiantil de aquellos tiempos. Y fueron grandes momentos crueles de la historia argentina. La Patagonia Rebelde - me refiero a él así porque me sale más fácil por el film alusivo - fue una dura represión del movimiento obrero en el sur de la Argentina.
Darcy Ribeiro, que fue un lúcido analista de las universidades latinoamericanas, fallecido en 1997, que fue vice-gobernador del Estado de Río, fundador de la Universidad de Brasilia (los compañeros brasileños de aquí lo deben conocer bien), en un libro que fue promovido por nuestro rector Maggiolo de los años duros previos a la dictadura, hace un estudio de la reforma de Córdoba y dice lo siguiente, como resumen de cuales son las grandes reivindicaciones que el movimiento levantó y - eventualmente - algunas de sus frustraciones, vale la pena anotar. Empieza anotando lo que importa anotar en primer lugar y es que dice que “la principal fuerza renovadora de la universidad latinoamericana fue el movimiento reformista iniciado en Córdoba en 1918”. Porque una cosa es ubicar el contexto y analizarlo desde una nueva perspectiva y otra cosa es ignorar el impacto impresionante que tuvo en ese momento. Así que la principal fuerza renovadora, fue el movimiento reformista iniciado en Córdoba en 1918. “La verdad, sin embargo, es que el movimiento de reforma precedió a aquel evento y lo sucedió con el esfuerzo deliberado de los cuerpos universitarios, particularmente, del estudiantado de toda la región - especialmente de la América hispana - por transfigurar la base de la vida académica, superando sus contenidos más arcaicos”. Yo recuerdo - y ya nombré la fecha - que en 1908 hubo un Congreso Estudiantil aquí y muchos de los planteos referidos y luego levantados por el movimiento estudiantil argentino, estaban contenidos en la plataforma de la manifestación de ese Congreso. El planteo de la necesidad que el estudiantado debía participar de la dirección universitaria está contenido en las declaraciones de ese Congreso. Y más aún, las leyes universitarias uruguayas de ese período, del 8 al 20 o 25, incluyen - de una u otra manera - la participación estudiantil. Acá no voy a entrar en detalles. Estoy dando una versión grosera y muy genérica de lo que pasó en nuestro país antes de esa época. “El ideario de lo que la reforma expresaba admirablemente en el manifiesto de Córdoba correspondía, como era inevitable, al momento histórico en que ella se desencadenó y al contexto social latinoamericano, cuyas elites intelectuales empezaban a tomar conciencia del carácter autoperpetuante de su atraso en relación a las otras naciones y a las responsabilidades sociales de la universidad, para reclamar una organización que las volviese más democráticas, más eficaces y más actuantes hacia la sociedad”.
A la hora de hacer el resumen de los objetivos de la reforma, yo voy a ser bastante cuidadoso en esta lectura y voy a destacar lo que hay y lo que falta, dice: “Soy la autonomía política, docente y administrativa de esta universidad”. La palabra “autonomía” - en esos términos - en los documentos originales de reformistas, no aparece expresada con el lenguaje que nosotros expresamos ahora, pero está claro que se reclamaba mayor independencia del poder político. Por ejemplo, en las universidades argentinas de aquel momento, los cargos de profesor, eran nombrados por el Poder Ejecutivo en base a ternas que se presentaban en las universidades. Y las ternas eran controladas por grupos muy cerrados de “academias”, que era el nombre oficial que tenían esos organismos en esa época. “La elección de todos los mandatarios de las universidades por asamblea, con representación de los profesores, de los estudiantes y de los egresados, la selección del cuerpo docente a través de concursos públicos que aseguren amplia libertad de aquellos magisterios, la fijación de mandatos con plazo fijo, la apreciación de la eficiencia y competencia del profesor, la gratuidad de la enseñanza superior”. Este aspecto es difícil de verlo en todos los documentos.
El Congreso de la Federación de Estudiantes de la Argentina, más o menos contemporánea del 18, no aprobó una propuesta de declarar gratuita la enseñanza universitaria. Anoto esto como detalle de cómo es bueno tener memoria cuando se analizan bien los hechos. No aprobó. “La asunción de la universidad de responsabilidades políticas frente a la nación y la defensa de la democracia, la libertad docente, la implantación de cátedras libres, la oportunidad de impartir…”. Y ahí sigue una lista de dos o tres ítems más, referidos casi todos (salvo uno que lo leí al pasar, pero que tiene notoriamente una perspectiva universitaria y es lo que ahora llamamos “extensión”), los demás son todos planteos estrictamente internos a la vida académica, a la democracia interna de la universidad y al control de todo el cuerpo docente y de los estudiantes, en particular. Ese era el contenido sustancial de la reforma universitaria. El planteo de cuál era el papel de la institución universitaria en el progreso de las naciones, no estaba explícitamente planteado a la altura en la que aparece hoy aparece este tema, como uno de los grandes temas de preocupación del movimiento universitario. Darcy termina su análisis: “Apreciando en su conjunto las soluciones propugnadas por la reforma, ya no son satisfactorias ni suficientes para asegurar la renovación indispensable a las universidades latinoamericanas que la etapa exige para el pleno cumplimiento de sus funciones”.
Esas son algunas opiniones de gente de la época y de otro tiempo sobre el asunto. Y yo, dado el apuro que tengo por la cortedad del tiempo, voy a hacer un comentario que lo leí varias veces y lo debo haber leído en su momento (cuando era muy joven), lo debo haber pensado mucho, lo releí hace unos años y lo volví a leer ahora, nuevamente. Y me pareció bueno recordar estas palabras dichas en Santiago de Cuba por Ernesto “Che” Guevara el 17 de octubre de 1959, en un discurso que se denominó: “Reforma Universitaria y Revolución”. Él hace un análisis, discute - porque en la Universidad de Santiago de Cuba, los problemas de la autonomía universitaria y de la construcción de lo que era el socialismo en ese momento (octubre del 59), de la construcción de una sociedad independiente en Cuba, plantea las obligaciones que tiene la universidad de colaborar en ese proceso, el esfuerzo que necesita ese país atrasado para poder elaborar una economía independiente y dice: “¿Pero es que podríamos ir mucho más lejos en el análisis de la gran conquista de la reforma universitaria del 18 que, precisamente, se gestó en mi país de origen y en la provincia a la cual pertenezco, que es Córdoba?. Y podríamos analizar la personalidad de la mayoría de aquellos combativos estudiantes que dieron la gran batalla por la autonomía universitaria frente a los gobiernos conservadores que - en esa época - gobernaban casi todos los países de América. Yo no quiero citar nombres para no provocar, incluso, polémicas internacionales. Quisiera que ustedes tomaran el libro de Gabriel Del Mazo, por ejemplo, donde estudia a fondo la reforma universitaria, buscaran en ese índice los nombres de todos aquellos artífices de la reforma y buscaran hoy cuál es la actitud política. Buscaran qué es lo que han sido en la vida pública de los países a los que pertenecen y se encontrarán con sorpresas extraordinarias. Con las mismas sorpresas con las que me encontré yo cuando, creyendo en la autonomía universitaria como factor esencial del adelanto de los pueblos, hice ese análisis que les aconsejo hacer a ustedes. La figura más negra de la reacción, las más hipócritas y peligrosas, porque hablan en un lenguaje democrático y practican sistemáticamente la traición, fueron los que apoyaron y - muchas veces - las que aparecen como figuras propulsoras en sus países, de aquella reforma universitaria. Y aquí, entre nosotros, investiguen también al autor del libro. Porque también habrá sorpresas allí”. Yo no lo hice, les soy sincero. Este discurso tiene muchas más cosas, pero ese es el comentario.
Así que hay que ver el contexto de las reformas. Hay que ver dónde se para uno para ver qué quiere hacer y traer de la historia de 100 años atrás - o de 50 años atrás para el caso uruguayo con las luchas de la Ley Orgánica - el análisis de los tiempos de hoy. Hay que hacerlo. Porque los hombres y las mujeres vivimos también del entusiasmo que nos dan las creencias. Yo creo en eso. Yo me formé en el movimiento estudiantil, como todos ustedes, me considero un hijo y un hijo feliz del movimiento estudiantil. Pero una cosa son las creencias y los entusiasmos y otra cosa es resolver los problemas reales de las naciones. ¿Otra cosa qué quiere decir? Que hay que pensarlo con la cabeza fría y con la voluntad de toda la gente que tiene que construir aquello.
Ese es el llamamiento que yo hago en este resumen, tratando de que sea una discusión tan panorámica, esquemática del proceso reformista argentino y de América Latina, de manera de incitar o propulsar a que se estudien aquellos fenómenos para ver qué es lo que - realmente - fueron, aparte de qué es lo verdaderamente rescatable. Les voy a decir cuáles son, en mi opinión, algunos de los temas que el movimiento universitario debe enfrentar hoy y tratar de resolver. Con la cabeza y el entusiasmo de los revolucionarios del 18, pero analizando los problemas de hoy y las modificaciones que el sistema educativo ha tenido hoy.
En el Congreso de 1908 que hubo aquí, en Montevideo, hubo 130 personas, de las cuales 95 o 100 eran uruguayos. La universidad tenía menos de 500 estudiantes. ¡O sea que había un número inmenso de todos los estudiantes que estaban participando del Congreso! Y esos eran los que clamaban por votar en todos lados. Si ustedes piensan en nuestras universidades de hoy de 100.000 estudiantes, más de 200.000 en la Universidad de Buenos Aires y decenas de miles en cualquiera que uno mire, las modificaciones son sustantivas. Aquí viene el esquema de lo que pienso son problemas cruciales de la reforma universitaria de hoy. Hay que hacer una revalorización del sistema público de educación. Hay inmensos ataques al sistema público. Lo que está pasando en Chile es uno de los mejores ejemplos. Y como está en el tapete, lamentamos que no esté aquí la compañera chilena para que nos informe y nos hable del entusiasmo que ellos tienen. Pero en nuestro país, también. Aquí en Uruguay y en Argentina también. Hay una crítica al sistema público y nosotros tenemos que reivindicarlo. Ahora no les voy a decir más nada. Pero no es sólo porque nos guste que sea público o porque nos gusta ser profesores gerenciados del Estado, no es por eso. Es por cosas mucho más profundas.
El mundo de hoy ha cambiado muchísimo. Los sistemas terciarios de educación tienen que diversificarse. Creerse que las universidades por sí solas pueden satisfacer las demandas de técnicos, de sociólogos, de técnicos de la salud, exclusivamente con lo que se concibe como “universidades”, es un error. El sistema tiene que diversificarse y tener estructuras de muy diversos niveles. Ese es un problema particularmente duro del Uruguay. Nos cuesta que se cree un sistema terciario. Las leyes se votan, se discuten y no salen. Y yo diría que detalles más, detalles menos, hay discusiones terciarias en América Latina a otro nivel.
Creo que el problema es tener instituciones que no tengan la estructura, la jerarquía de universidades de muy buena calidad, muy abiertas, con grandes profesores, con excelentes locales, esa es una necesidad concreta en todos los países de América Latina. Hay que distribuir los fines de las instituciones universitarias. Y hay que definirlos a la luz del punto anterior. Porque si lo que queremos es tener una amplia estructura de instituciones que abarquen y contemplen a la juventud de más de 18 años para su formación para la vida, para el futuro y durante toda la vida (que ese es otro concepto más novedoso que se ha agregado en los últimos decenios, pero que es fundamental), necesitamos discutir acerca de qué es una universidad como tal y qué es lo que debe de tomar de lo que un joven de 18 años necesita en sus propios fines.
No puede ser que una sola institución quiera hacer todo. Desde la enseñanza para ser “capataz” a ser un investigador de primer nivel en la última rama de la biología, que son cosas que nos empiezan a hacer crecer cuando existe una formación secundaria terminada.
Los temas de las autonomías y de las coordinaciones de los grandes sistemas educativos, es un tema crucial. Está perfecto lo que querían en el 18 de que si el gobierno no daba todos los profesores, había que atomizarse. Eso no podía ser. El control de la calidad técnica tiene que ser hecha por gente que está cerca de la materia. Pero es un hecho que el crecimiento, la complicación que el sistema educativo tiene, exige coordinaciones. Exige que haya sesiones de autonomías - para un lado o para el otro - que permitan elaborar un sistema educativo en conjunto. Es una necesidad del tamaño del sistema educativo. El hecho de que la población de los países ha crecido infinitamente poco en relación con el crecimiento del sistema educativo. Y, por lo tanto, eso exige repensar de alguna manera esas coordinaciones.
Y por último, el ejercicio de la democracia en el siglo XXI es radicalmente distinto al ejercicio de la democracia a principios del siglo XX. Es lindo cerrar los ojos ante esto, pero cerrar los ojos no sirve para resolver problemas. ¡Hay que abrir los ojos! Y lo cierto es que la influencia que tienen medios que son ajenos a nuestro control sobre nuestras mentes - y hablo de nuestras mentes, de la de todos - es inmensa. Y, por lo tanto, no tomar en cuenta eso a la hora de ver cómo se deciden las cosas, cómo nosotros decidimos las cosas, a quién votamos, es ignorar la propia esencia de ese ejercicio de lo que no sabemos muy bien que es ahora democracia. Y yo creo que eso merece una rediscusión. Porque creerse que el bien peleado cogobierno - porque la esencia del control de lo que se hace tiene que estar en los que están en la materia - es igual cuando éramos 500 estudiantes que cuando somos 100.000, creo que no tiene comparación. Y lo digo con total sinceridad.
Rodrigo Arocena: “Un movimiento estudiantil con continuidad histórica, como proyecto, historia y futuro, es un invento colectivo latinoamericano” Teniendo el privilegio de hablar en una de las últimas instancias de este Congreso Latinoamericano de Estudiantes, hay que hablar del futuro. Y por eso, vamos a hablar de la lucha por una nueva Reforma Universitaria. La tradición de América Latina la vamos a invocar, solamente, para dos puntos de apoyo: en primer lugar, la capacidad que han tenido los estudiantes de América Latina de hacer cosas nuevas pensando con cabeza propia.
Si hay algo para recoger de nuestra compleja, difícil historia, como universidad latinoamericana, lo más interesante y lo más inspirador para el futuro, es que muchas veces - no siempre, porque algunas veces nos quedamos en la rutina - aparecieron nuevas generaciones que pensaron con cabeza propia. Se equivocaron o no, pero abrieron caminos nuevos. Esa es una de nuestras fuentes de inspiración. La otra: un Congreso como éste, ¿porqué no sucede en otras regiones del mundo? Porque movimiento estudiantil hay en América Latina. Movimiento estudiantil como continuidad histórica, como proyecto, como historia y futuro, eso es un invento colectivo latinoamericano. Y al decirlo, están presentes todos los que han contribuido a lo largo de más de un siglo para que eso exista. La Reforma Universitaria es, sobre todo, la obligación de estar a la altura de un movimiento estudiantil con más de 100 años de historia y con mucho más futuro que pasado. Y de eso es de lo que tenemos que hablar.
Si estamos hablando de una nueva Reforma, miremos al mundo de hoy. Y, sobre todo, al mundo de mañana. Y lo que vemos, por encima de todo, es el poder del conocimiento utilizado de manera crecientemente desigual. ¿O no es cierto eso? ¿O no hay un acceso inmensamente diferenciado a la educación? ¿O no hay ciertos sectores que aprovechan - en privilegio propio - los avances enormes y potencialmente tanto más beneficiosos de la ciencia y la tecnología? Lo que tenemos son sociedades basadas en el conocimiento. Algunas, las sociedades ricas del norte. Y sociedades desiguales, porque el desigual aprovechamiento y desigual acceso al conocimiento. Si en otro tiempo las grandes luchas sociales tenían que ver con la tierra. Si todavía hoy - desde hace un par de siglos - las grandes luchas sociales han sido y todavía son luchas vinculadas a los obreros industriales y a las fábricas, hoy - y sobre todo mañana - las grandes luchas sociales van a tener que ver - cada vez más - con el conocimiento. ¿Para qué se usa? ¿Para quién se usa? ¿Contra quién se usa? ¿Quién accede al conocimiento?
Los que trabajan en las cuestiones de la salud suelen hablar de la “brecha 90/10”. Es difícil encontrar una expresión más elocuente y sintética que esa. ¿Qué es la brecha 90/10? La brecha 90/10 quiere decir que el 90% de los dineros dedicados a investigación científica en salud, se dedican a los problemas de salud del 10% de la población mundial. Eso es la distribución desigual del conocimiento, en sociedades en donde para bien y también para mal, el conocimiento es cada vez más relevante. Para bien, potencialmente: salud, cultura, mejora de la calidad de vida. Para mal: el conocimiento como factor de destrucción nunca ha tenido el poder de hoy. Entonces, para nosotros, latinoamericanos, que queremos a la vez tener sociedades cada vez más justas en lo interno y queremos superar el subdesarrollo, tenemos que pelear la batalla de la educación y el conocimiento. Y hay dos batallas que pelear a la vez: el subdesarrollo tiene que ver, cada vez más, con poder o no poder usar el conocimiento - en gran forma - para mejorar la calidad de vida de nuestra gente. El subdesarrollo pasa, cada vez más, por allí. Y la desigualdad, la desigualdad de nuestras propias sociedades, ¿por dónde pasa? Por muchos factores. Pero cada vez pasa más por la diferencia en el acceso a la educación.
Por lo tanto si queremos - en la mejor tradición del movimiento estudiantil latinoamericano y de nuestras universidades públicas - pelear contra el subdesarrollo y pelear contra la desigualdad, tenemos que expandir el conocimiento nuestro y democratizar el conocimiento. Y esa es la clave de una nueva reforma que necesita nuevos protagonistas. Una nueva reforma que sea capaz de ofrecer posibilidades de acceder a educación avanzada para seguir aprendiendo siempre a las mayorías de la población. Educación diversa, a través de formas variadas en líneas y disciplinas distintas. Pero educación superior avanzada para todos, a lo largo de toda la vida combinada con el trabajo. Si lo logramos, construiremos sociedades menos desiguales que las que tenemos. Si no lo logramos, nuestras sociedades seguirán siendo desiguales y subordinadas.
En la Conferencia de la UNESCO de París en 2009, este tema apareció y despareció. No casualmente, el grupo latinoamericano proponía como meta a asumir por la Conferencia, “acceso a la educación avanzada para todos a lo largo de toda la vida”. Y curiosamente, “avanzada”, se perdía en los borradores. Y se perdió en la Resolución Final. Quedó: “acceso a la educación para todos a lo largo de la vida entera”. ¡Claro que quedó nada más que eso! ¡Porque allí se juega buena parte de la desigualdad de nuestros tiempos. Si hay sociedades donde algunos se educan hasta cierto nivel y después no pueden seguir aprendiendo. Y minorías sí se educan al nivel que quieren y después siguen aprendiendo a alto nivel. ¡Ah, esa es la clave de la desigualdad de nuestro tiempo y contra eso hay que pelear! Pero pelear, quiere decir tener metas generales; quiere decir tener análisis de situación y de posibilidades; y quiere decir un conjunto de tareas concretas, de actividades concretas que le permitan a uno y a los colectivos ir aprendiendo sobre la marcha. Pelear por una nueva Reforma quiere decir aprender cosas que no sabemos. ¿Cómo hacemos para ofrecer la enseñanza a gente muy diversa? Gente de diverso origen social, de distinta formación, de distinta inserción. Y ese problema, al menos en el Uruguay, es el problema más grande que tenemos hoy. Nos está pasando algo que puede llegar a ser trágico: buena parte de nuestra población estudiantil no estamos logrando que se mantenga en el sistema de enseñanza. Allí tenemos uno de los desafíos más grandes para la igualdad y para el progreso del país. Probablemente en otras tierras de América Latina sea similar. ¡Ojalá podamos aprender de lo que ellos hagan! Pero si no logramos ofrecerle más, mejor y más diversa enseñanza a más gente, entonces construiremos sociedades desiguales.
Algo similar nos pasa con la investigación científica. ¿Para qué queremos la investigación? Naturalmente, la queremos porque crear conocimiento y cultura es parte del desarrollo espiritual y del desarrollo en general. Pero necesitamos, específicamente, hacer investigación dirigida a los problemas de los sectores más postergados. Necesitamos aprender - porque no es sencillo - a hacer investigación e innovación dirigida a la inclusión social. Esas son cuestiones concretas por las que peleamos, en términos de una nueva Reforma.
Los países subdesarrollados, muy a menudo, tienen que volcar capacidades científicas de primer nivel - Cuba es un ejemplo - en muchos casos muy significativos, para hacer cosas que ya se saben hacer en los países ricos, pero son inabordablemente caras para nuestros países. Hay que encontrar nuevas vacunas, hay que encontrar nuevos dispositivos de salud y mil y otras cosas. Investigación orientada a la igualdad. Y en la perspectiva universitaria y en la mejor tradición latinoamericana, pelear por una nueva Reforma es pelear por salir de los claustros, pelear por salir del mundo académico. De lo mejor de nuestra tradición es la vocación de la extensión universitaria, entendida como cooperación de la universidad con otros actores sociales. Cooperación horizontal, cooperación interactiva, donde diversos saberes se ponen en juego para que - aprendiendo entre todos - se resuelvan problemas de la colectividad con absoluta prioridad de los sectores más postergados. La extensión universitaria ha sido bandera de la Reforma desde hace más de 100 años. Pero ¿cuántos estudiantes, realmente, tienen oportunidad de hacer extensión en nuestros países? Parte de la nueva reforma tiene que ser ofrecerle a todo nuestro estudiantado la oportunidad de hacer extensión, la oportunidad de que su enseñanza esté vinculada con la creación y con el uso socialmente valioso del conocimiento (aplausos).
Tenemos que aprender cosas que no sabemos. Y eso lo van a tener que aprender, sobre todo, los jóvenes. Los veteranos podemos aportar, en todo caso, la experiencia dubitativa de muchos intentos y - sobre todo - unos cuantos fracasos. Si queremos que todo el mundo pueda seguir aprendiendo a lo largo de toda la vida a alto nivel y en relación con el trabajo y el ejercicio de la ciudadanía, vamos a tener que aprender a enseñar en las aulas y fuera de las aulas. Vamos a tener que pensar que todos los lugares donde se hacen cosas valiosas, debieran ser lugares donde sepamos también enseñar. Todo eso tiene una dimensión impensable en términos de la tradición de la Reforma. Porque, naturalmente, estamos planteándonos los problemas del siglo XXI y no los problemas del siglo XX. Pues bien, dice el Manifiesto de Córdoba: “Creemos de no equivocarnos. Las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos viviendo una hora americana”. La “hora americana” hoy pasa por Chile. No hay ninguna duda que pasa por Chile, porque allí es donde se está jugando el partido fundamental para el futuro. Durante mucho tiempo nos dijeron que ese era el modelo. ¡El modelo se cae! Se cae y lo tumban. Ningún modelo reaccionario se cae solo. Se cae por su peso, pero también, lo tumba la movilización del estudiantado y del pueblo chileno.
Pero, compañeras y compañeros, permítanme unas palabras de precaución, ya acercándome a terminar. El modelo se caerá, pero para que se caiga definitivamente, hay que construir otros. Hay que construir opciones, hay que construir alternativas. Hay que hacer una nueva Reforma que tenga la vocación de la vieja Reforma, pero que mida los problemas del siglo XXI. Y eso necesita nuevas generaciones. En tiempos nuevos, hay que hacer cosas nuevas.
Compañeras y compañeros. En esta nueva hora de América, otra vez los movimientos populares, miran al movimiento estudiantil organizado. Ustedes, seguramente, no le fallarán a América Latina. Buena suerte en la gran lucha que tienen por delante.
Fuente: Foto tomada de la web de UdelaR
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