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Crisis militar y la Campaña de la Legalidad
Moniz Bandeira
En esta entrevista al profesor Moniz Bandeira de Eleonora De Lucena, para el diario Folha de San Pablo, este dice que la Campaña de la Legalidad no dejó ningún legado, pues el golpe de Estado en Brasil frustrado en 1961 ocurrió en 1964. Alberto Moniz Bandeira, como reportero fue testigo, desde Brasilia, de la crisis a partir de la renuncia de Jânio Quadros y los debates para la implantación del parlamentarismo. Historiador y cientista político, es autor de libros como "La Renuncia de Jânio Quadros y la Crisis Pre-64" [Brasiliense, 1989] y "El Gobierno João Goulart - Las Luchas Sociales en Brasil (1961-1964)" (Civilização Brasileira, 1977).
- ¿Cuál es el significado político y militar de la Campaña de la Legalidad? ¿Cuál es su legado? - La Campaña de la Legalidad posibilitó que, por primera vez en la historia de Brasil, una revuelta civil, a la cual adhirió el 3er Ejército, impidiese un golpe de Estado. No creo que haya dejado ningún legado, pues el golpe militar, frustrado en agosto/septiembre de 1961, fue consumado el 1° de abril de 1964.
- ¿Está de acuerdo con la evaluación de que la Campaña causó una escisión inédita en las Fuerzas Armadas brasileñas? - Siempre existieron distintas tendencias políticas en las Fuerzas Armadas, pero los militares, en su inmensa mayoría, tenían una formación legalista y de respeto a la jerarquía y a la disciplina. Uno de los supuestos de la Alianza para el Progreso, lanzada por los EE.UU. hace 50 años, era el no reconocimiento a aquellos gobiernos que resultasen de golpes de Estado o revoluciones y no obedeciesen a las normas del régimen democrático-representativo. Este supuesto se contradice con la directriz del Pentágono, que, considerando a las Fuerzas Armadas como la organización social más estable y modernizadora en América Latina, promovió la mutación en la estrategia de seguridad continental, con la doctrina de la Civic Action (Acción Cívica). Esta doctrina incentivó a los militares a participar de la política interna en sus respectivos países, a fin de contener un supuesto avance del comunismo.
- ¿Cómo explicar la conducta del comandante del Tercer Ejército en aquel momento? - El general Machado Lopes, comandante del 3er Ejército, se mantuvo renuente, al principio, en adherir al movimiento. Dijo que era un soldado y que cumpliría órdenes. Sin embargo, tenía formación legalista y, con la revuelta popular promovida por el gobernador Leonel Brizola y con la movilización de la Brigada, debe haber percibido la justa causa de la Campaña.
Jango y Brizola no se pusieron de acuerdo en aquel momento. ¿Quién tenía razón? ¿Cómo los define usted? - Las divergencias entre Jango y Brizola siempre existieron. Los dos tenían un temperamento y estilo político diferentes. Las variables son muchas y evaluar la razón de uno o de otro no dejaría de ser una mera especulación. Estoy convencido, sin embargo, de que la movilización sobre Brasilia, defendida por Brizola, no sería una simple marcha. Habría lucha armada. Carlos Lacerda, gobernador del Estado de Guanabara, tenía apoyo militar y estaba involucrado en la articulación del golpe.
- La movilización, que incluyó la distribución de armas a la población, ¿es comparable a otros episodios de la historia brasileña? Brizola no distribuyó armas a toda la población. La Brigada Militar distribuyó apenas 2.000 revólveres, calibre 38, con una caja de balas, mediante recibo. Y le pidió a la industria Taurus que aumentase su producción de armas, inclusive ametralladoras livianas. Fue un acto heroico, aunque no se hubieran dado las condiciones para un enfrentamiento armado si el 3er Ejército no adhiriese a la Campaña.
- ¿Cómo siguió usted los hechos en aquel momento? - Yo estaba en La Paz, hospedado en la residencia del embajador de Brasil, Mario Antônio de Pimentel Brandão, cuando él me mostró los telegramas del Itamaraty sobre el agravamiento de la crisis política, decidí regresar inmediatamente a Brasil. El 25 de agosto, tomé un avión para Santa Cruz de la Sierra, donde me embarqué hacia Brasil, en un aparato de la compañía Cruzeiro do Sul. Y, al llegar a San Pablo, alrededor de las 14 hs., escuché la noticia de que Jânio Quadros había renunciado a la presidencia de la República, pues Carlos Lacerda, gobernador del Estado de Guanabara, había denunciado por la televisión que él estaba articulando un golpe contra las instituciones, con el propósito de adquirir poderes especiales, por intermedio del ministro de Justicia, Oscar Pedroso d'Horta. Con las informaciones que poseía, me fue fácil concluir que Lacerda había cortado el tumor. Viajé entonces a Río, y João Dantas, el propietario del "Diário de Notícias", donde yo era editor político, me mandó que fuese inmediatamente a Brasilia para seguir la evolución de la crisis.
Seguí los acontecimientos desde el interior mismo de la Cámara de Diputados, pues el diputado Sérgio Magalhães, amigo personal y en cuyo apartamento siempre me hospedaba, había asumido la presidencia del Congreso cuando el diputado Ranieri Mazzilli fue investido en la presidencia de la República. Tenía muchas informaciones de bastidores y cuyas fuentes (muchas de las cuales eran militares) no podía revelar. Así, dos meses después de la renuncia, en noviembre, publiqué el libro "El 24 de Agosto de Jânio Quadros", en el cual desentrañé el enigma, al mostrar que él renunció a la Presidencia de la República esperando volver al gobierno con el apoyo de las masas. El respetable periodista Carlos Castelo Branco, su secretario de prensa, lo escuchó decirle a Francisco Castro Neves, ministro de Trabajo: "No haré nada por volver, pero considero que mi vuelta es inevitable. Dentro de tres meses, a más tardar, estará en las calles, espontáneamente, el clamor por la reimplantación de nuestro gobierno".
- ¿Cómo siguió usted a Jânio Quadros? - En enero de 1960, con 24 años, yo era redactor político del "Diário de Notícias", y su director determinó que yo acompañase a Jânio en la Campaña electoral, que él estaba iniciando. Nunca fui simpatizante, mucho menos partidario de Jânio. Sin embargo, no podía dejar de cumplir las órdenes. Viajé con Jânio seis meses, durante todo el primer semestre de 1960. En el viaje, escuché varias veces a Jânio declarar que procesaría al Congreso frente al pueblo, promovería su responsabilidad, en el caso que no le votase las leyes que pedía, culpándolo por la situación del país. Jânio manifestaba el inconformismo de tener que gobernar dentro de los marcos constitucionales. Repetía que no podría gobernar "con aquel Congreso".
A Leonel Brizola, gobernador de Río Grande del Sur, Jânio le dijo que, "con aquel Congreso", dominado por los conservadores, no podría avanzar hacia la izquierda, tomar iniciativas para reformar las instituciones y promover la transformación de la estructura económica y social del país, con la limitación de las remesas de utilidades hacia el exterior, la creación de una ley anti-trust y la implantación de la reforma agraria. Necesitaba, por lo tanto, de poderes extraordinarios. Seducido, Brizola comentó con el ex-presidente Juscelino Kubitschek, el objetivo de Jânio Quadros y su disposición de apoyarlo.
Sin embargo, con Carlos Lacerda, la conversación era diferente, a pesar de que la conclusión fuese la misma. "Con aquel Congreso", dentro del régimen democrático, no podría gobernar, sin hacer "concesiones a las izquierdas y apelar a ellas". Necesitaba, en consecuencia, de poderes extraordinarios. Percibí que su pretensión era poner a la opinión pública contra el Legislativo y, probablemente, dar un golpe de Estado sui generis. El estallido de la crisis, por lo tanto, no me sorprendió.
Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte
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