La Triple Frontera ubica
a Sudamerica en la
guerra contra el terror

Por Moreno Osório

En diciembre de 2010, WikiLeaks divulgó un informe de la embajada de los Estados Unidos en Brasilia sobre la Triple Frontera. En el texto, las autoridades americanas en Brasil, afirmaron a Washington que la región es un foco potencial para el desarrollo de actividades terroristas. El documento, fechado en 2008, resume bien como el punto de convergencia de los territorios de Brasil, Argentina y Paraguay es visto en la guerra contra el terror: con sospechas, pero nada más que esto. Hasta ahora, a pesar de las insistencias del Pentágono de que el lugar abrigaría "células terroristas adormecidas" y financistas del terrorismo internacional, nada pudo probarse.

"La agenda del terrorismo es una agenda americana. Nunca tuve nada que ver con esta historia. Pero entramos en esta ecuación porque existe, en Brasil, una comunidad árabe bastante significativa, principalmente de libaneses", dijo, en una entrevista a Terra, el profesor del Instituto de Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro (PUC-Rio) Arthur Bernardes do Amaral. Destaca que, para los EE.UU., el país puede funcionar como un "hub" del terror, en especial cuando el tema es el financiamiento del terrorismo.

En el artículo “El problema del terrorismo internacional en América del Sur y la Triple Frontera: histórico y recomendaciones”, el historiador afirma que este argumento estaba basado en el "hecho de que una parte de los inmigrantes que residen en la región es original del Valle de Bekaa (zona en el extremo sur libanés, en la frontera con Israel, considerada como el centro de actuación del Hezbollah) y envían periódicamente variadas sumas de dinero al Líbano". No hay nada de ilegal en esta práctica. Sin embargo, inserta en el clima de caza de brujas posterior al 11/9, "cualesquier sospechas parecían recubiertas con una especie de aire de verdad ya comprobadas”, explicó Amaral en el texto.

Se especuló, inclusive, con que Osama Bin Laden habría pasado por allá y visitado algunas mezquitas. Nada de esto fue probado. En 1995, Khalid Sheikh Mohammed, el tercer hombre en la jerarquía de Al-Qaeda en la época, fue hasta la región, pero no hubo nada que indicase que su visita estuviese ligada a actividades terroristas. En 2006, los Estados Unidos señalaron que el libanés Ahmad Barakat sería el líder de una célula del Hezbollah en la Triple Frontera. Él trabajaría como financista del grupo. Pero ya estaba preso desde 2002, acusado de evasión fiscal.

Aún así, no falta quien vea todas las condiciones para el desarrollo de células terroristas y financiamiento de grupos extremistas en la Triple Frontera. Por su fama en abrigar todo tipo de contraventor, la región llegó a ser comparada con Casablanca durante la Segunda Guerra Mundial. Un informe de 2003, preparado bajo la supervisión de la Biblioteca del Congreso americano, por ejemplo, afirma que el FBI rastreó diversas llamadas telefónicas de "terroristas islámicos" provenientes de la Triple Frontera hacia el mundo entero.

El documento también dice que "algunos miembros de Al-Qaeda en la Triple Frontera tal vez supiesen de los ataques del 11 de septiembre y habrían discutido el plan en una mezquita de Foz de Iguazú". Según el informe, quien suministró esta información fue el marroquí Gueddan Abdel Fatah, 27 años, preso a principios de septiembre de 2001 en Brasil. Citando a la prensa brasileña, el texto dice que Fatah habría, luego de estar preso, pedido que su abogado entregase de forma urgente una carta a las autoridades de Brasil, de Israel y de los Estados Unidos. En ella, avisaba sobre "dos explosiones" que sucederían en los Estados Unidos.

Para Arthur Bernardes do Amaral, este levantamiento infinito de sospechas se debe a la pelea por el espacio dentro del gobierno americano durante el período más intenso de la guerra al terror. Para él, las acusaciones ligadas al terrorismo dirigidas a Brasil parten del Pentágono, más específicamente del Comando Sur. Al ver que todos los esfuerzos americanos yendo hacia otros lugares, como Irak y Afganistán, el comandante debe haberse preocupado por la falta de presupuesto, y precisó justificar su existencia, explica el historiador. "Para justificar su existencia, comienzan a generarse una serie de hechos para llamar la atención de la prensa", afirma.

"Cada vez que estaba agendada una visita de alguna autoridad americana, dos semanas antes la prensa afirmaba que 'una fuente fidedigna del gobierno de los Estados Unidos había confirmado la existencia de actividades terroristas en el país'. Ahí venía el Itamaraty y decía que no había nada de eso", dice el historiador y autor del libro “La Triple Frontera y la Guerra al Terror”, publicado en 2010. Destaca que Brasilia y Washington tienen visiones distintas sobre el tema: mientras que para los Estados Unidos hay grupos terroristas, para Brasil hay apenas actos terroristas. "Para Brasil, no importa quien practica el acto, y sí el acto en si", explica.

Esta diferencia de puntos de vista tal vez ayude a explicar la disonancia entre los dos países a la hora de abordar el tema. Ni aún la creación del Grupo 3 + 1, en 2002, (reuniendo a Brasil, Argentina, Paraguay y Estados Unidos) como un canal único de difusión de los temas relacionados a actividades terroristas en la Triple Frontera, consiguió acabar con el contraste de posicionamientos. Las autoridades de Washington siguieron pidiendo más empeño a los gobiernos latinoamericanos. Hasta que, en 2008, los cuatro miembros llegaron a la conclusión de que sólo el desarrollo económico puede terminar con las sospechas que rondan la región.

Fuente: O defensanet

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