Ante el nerviosismo
¡Basta de crisis!

Por el profesor Luiz Carlos Bresser-Pereira

Es hora de que los mercados financieros
se calmen; el nerviosismo no surgió
de la nada, pero es irracional

Sé muy bien que no sirve gritar "¡Basta de crisis!" para que esta vieja y desagradable bruja se marche. Pero cuando decidí escribir este artículo sobre la crisis financiera actual que se manifestó la semana pasada en elevadas caídas de precio en las bolsas de valores de todo el mundo, esta frase se impuso de tal forma que no encontré otra para comenzar el artículo.

Porque, en seguida, vienen otras frases: "Basta de nerviosismo", "Basta de desconfianza", "Basta de miedo". No estoy subestimando la profundidad de la crisis financiera global de 2008 - que también fue la gran crisis del neoliberalismo y de la teoría económica ortodoxa.

Sabemos que en los países ricos las deudas del sector privado se tornaron demasiado altas, de tal forma que ahora las familias y las empresas están pagando sus deudas - lo que deprime la demanda.

No estoy ignorando la debilidad de la reacción fiscal contra la crisis en los EE.UU., porque los republicanos desfiguraron la propuesta de Obama al principio de su gobierno al transformar buena parte del paquete fiscal en reducción de impuestos para los ricos. Y todos asistimos a esta patética prueba de irresponsabilidad y de falta de patriotismo de los sectores fundamentalistas de este partido al haber chantajeado al presidente para elevar el techo del endeudamiento del Estado americano.

Todos estos hechos ayudan a explicar porqué la recuperación americana está siendo tan débil, y porqué una nueva recesión tal vez se materialice. Pero esto no implica el fin del mundo.

¿Cuál es la diferencia entre un crecimiento del medio por ciento y una retracción del medio por ciento? La economía real no está ayudando a las finanzas americanas a salir del pozo, pero definitivamente no justifican una nueva crisis financiera.

El crédito de los EE.UU. no está en riesgo. Ni del Estado americano, ni de sus empresas. La desclasificación decidida por la Standard & Poors fue una irresponsabilidad.

Pero está la crisis financiera del euro. ¿No es suficiente para desencadenar una nueva crisis financiera global? Con respecto a este tema soy más pesimista. Pero es ridículo ubicar también a Francia en la vorágine de la crisis. Y lo más importante es que los gobiernos y el Banco Central Europeo se convencieron de que el euro vive tiempos anormales y decidió, como el Federal Reserve Bank de los Estados Unidos ya lo había decidido, reaccionar con políticas igualmente anormales. La superación de la crisis pasa necesariamente por este camino.

En Europa, como en los Estados Unidos, el origen de la crisis fue la deuda privada, pero ya está en proceso de estatización. Lo que es injusto, aunque inevitable. En el capitalismo, en la prosperidad, los beneficios son privados, en la crisis, los perjuicios son socializados. Pero en el último acuerdo los gobiernos lograron pasar una parte del costo de la restructuración (disminución) de la deuda a los bancos. El BCE está firmemente concediendo créditos a España y a Italia, después de haberlo hecho con Grecia, Irlanda y Portugal.

Es hora de que los mercados financieros se calmen. El nerviosismo de la última semana no surgió de la nada, pero es irracional. Ni los datos económicos, ni los financieros justifican un nuevo 2008.

Justifican, con todo, que se cobren más impuestos a los ricos para contrabalancear la socialización de las deudas que las políticas neoliberales y ortodoxas causaron al aumentar irresponsablemente la deuda del sector privado y desregular el sistema financiero.

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Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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