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En el tema drogas, si la intolerancia se hace ley, hay que combatirla
Diálogo con Emilio Ruchansky, editor de la Revista THC
En oportunidad de una reciente visita a Montevideo del periodista argentino Emilio Ruchansky, editor general de la Revista THC (La Revista de la Cultura Cannabica), La ONDA digital dialogó con este profundo conocedor de todo el fenómeno de las drogas, sobre el origen y proceso de esta publicación de gran impacto en Argentina, que se ha empezado a vender en los quioscos de Montevideo. También el diálogo permitió abordar alguno de los temas del consumo, el papel de la Iglesia y las organizaciones sociales y del Estado, ante este fenómeno en Argentina y Uruguay.
-¿Cómo surge una revista con éstas característica? ¿Hay antecedentes en otras partes del mundo? - La revista surge en el contexto del abordaje al tema de las drogas, hay que brindar una información real de lo que esa droga produce. Por ejemplo hay que dar información sobre lo que es la “pasta base” y sobre los daños que genera. La reducción de daños, muchas veces, en Argentina está estigmatizada porque se piensa que es una forma de no ayudar a las personas que consumen drogas. Y esto lo he escuchado de boca de políticos y de militantes. Pero no es una forma correcta de acercarse a un usuario de “pasta base”, por ejemplo - que es la droga más peligrosa que anda dando vueltas por Uruguay, por Argentina y por toda Sudamérica - metiendo presa a esa persona o diciéndole. “no tenés que consumir”. Si te acercás así, no te van a escuchar. Porque no estás respetando la decisión de esa persona, aunque sea una decisión equivocada. Pero vos, de antes, no le das una mano. Porque, por ahí, esa persona no quiere dejar de consumir. ¿Y vos que hacés para que esa persona esté mejor? Nada. Porque le decís: “ah, vos no querés dejar de consumir, entonces no te ayudo.”
- ¿Con este objetivo de la información es que nace THC? - La revista nace en una copa de “canabis”, o sea, nace en un espacio clandestino enorme, una asociación ilícita para el gobierno y para la justicia argentina. Es una copa donde se juntan cultivadores, orgullosos del auto-cultivo y premian a la mejor marihuana y es una copa que se sigue haciendo. Y nace como respuesta a la falta de información. Es una revista que - en un principio - hubo tratativas con España, donde hay una revista de más de 10 años que - finalmente - entró a Sudamérica y ahora está en Chile. Y se buscó el nombre THC por tetro-hidro-canabinor, que es el principio psicoactivo. Pero, además, porque hay una falta de información importante y - además - porque ya había toda una cultura de cultivo que no se estaba conociendo y un montón de gente que quería dejar de ser cómplice. No solamente es un tema de dejar de ser cómplice del narcotráfico el hecho de cultivar, sino que es mejorar lo que vos consumís o lo que usás. O sea, saber que lo cultivaste vos, que no le pusiste ningún veneno, que es orgánico, que está bien secado. Y el efecto de algo fresco, bien cosechado, bien secado.
- ¿Pero a la vez forzaron la información? - Cuando la revista empezó era - y sigue siendo, si uno lo piensa muy fríamente - muy adelantada a la discusión. Porque nosotros, por ejemplo, podríamos haber hecho esa revista en Uruguay sin tanto problema. Porque acá no está penada la tenencia para consumo. ¡Y esa es una diferenciación enorme!
- ¿Entonces el inicio, la largada fue con “problema”? - Si, claro. Al principio, muchos. Igual nos amparamos, siempre, en la “libertad de expresión”. Pero al no estar despenalizada la tenencia para consumo, no se puede - ni siquiera - discutir el tema. Porque ya, el hecho de discutirlo, supuestamente lo hacés como propaganda de las drogas. Nosotros no preconizamos, no le decimos a la gente: “fumá”. Le decimos: “vos fumás”, bueno, se puede cultivar, se puede hacer así”. Se le da información sobre el cultivo y sobre otras drogas, también. Es decir, abrimos todo un campo de discusión que no estaba. Y en ese momento, cuando lo empezamos a hacer - y hoy también, porque la ley no cambió - rozaba la ilegalidad, en algún punto. Podía ser - y lo fue - objeto de denuncias, por parte de gente afín al ente anti-drogas argentino, que es la SEDRONAR (Secretaria de Programación para la prevención de la drogadicción y la lucha contra el narcotráfico) Y nos hicieron denuncias que fueron desestimadas enseguida, porque estábamos hablando de libertad de expresión y de información.
-¿La revista se distribuye en toda la Argentina? - En toda la Argentina, en Uruguay, está llegando de a poco a Brasil, ya hay contactos para México, para Colombia. Es una revista que empezó con 10.000 ejemplares, hace más de 4 años y hoy está en 30.000 ejemplares. Es un fenómeno editorial, porque ninguna revista hoy, vende. El mercado del papel está en retroceso y nosotros hemos avanzado y tiene un público super fiel. Está en todas las capitales del interior de la Argentina.
- ¿Cómo elijen el menú de los contenidos?¿En función de qué? - La revista tiene tres partes: tiene una parte de cultivo que es fija, que es un tercio de la revista, donde se abordan todos los temas relacionados con el cultivo. O sea, cómo hacer el compost, tener lombrices - para las personas que hacen cultivo orgánico - las plagas, el correcto secado, las variedades que hay en marihuana (hay muchísimos tipos de plantas), hay dos fenotipos, uno es más medicinal. Pero el cultivo es una sección fija, es la base de la revista. Después hay una parte de prevención y reducción de daños, donde aparecen médicos y especialistas hablando de todas las drogas, legales e ilegales, tanto pastillas o de las otras. Digamos, hay mucho consumo de drogas legales mezcladas con alcohol, como los tranquilizantes, que hacen efectos rarísimos y son peligrosas. Está toda esa explicación. Incluso hay explicación de drogas como la anfetamina, por ejemplo. Porque una de las cosas que suelen matar, es la desinformación, porque la gente no sabe ni siquiera las dosis y se mueren por no saber. Hay un caso en La Pampa de una persona a la que la policía está persiguiendo porque tiene un poco de cocaína. Cuando la policía la agarra, se traga la cocaína, la bolsa se le rompe en el estómago y esa persona se muere. Esa persona no tenía ni idea de lo que le podía producir tragarse un gramo de cocaína. Entonces, ¿qué la mató? La mató la prohibición, la ignorancia.
Por eso decimos que la prohibición, mata. Nunca pensó que le iba a pasar una cosa así. En ese sentido, la revista tiene una sección que se llama: “Dr. Ogas”, que sería “drogas” y ahí está toda la información sobre ese tipo de drogas pero, también, sobre el floripondio y sobre todas las sustancias que vienen de plantas, incluso efedrina. Ahí está todo. Y después está la parte periodística, que es política y cultural, donde a lo que se tiende es a algo que se llama la “normalización”, o la cercanía y la salida del closet. Sacar actores, músicos, artistas, políticos, opinando, hablando. Algunos diciendo que consumen, otros no. Y después, notas de sociedad, en donde el punto de vista, siempre, no es el “porro”, es el “porrero”. O sea, no es la marihuana, solamente, es el que fuma marihuana. El que fuma marihuana le gusta la música, le gusta el cine, le gusta la política, le gusta la ecología, quiere saber sobre el software libre. O sea, es toda una nueva militancia transversal donde entra la ecología - por el activismo, también - todo esto del acceso a la información y todo un montón de temas que nos interesan, generacionalmente, que se suelen llamar “derechos de segunda generación”.
- ¿Se corresponde con alguna edad? - La revista es para mayores de 18 años y la lee gente de 60 y hasta 70 años. Pero el público fuerte, yo te diría, es entre 18 y 30. Hay mucho público de 25 a 35 porque es la gente que quiere cultivar, porque ya viene de años de fumar “basura” y que la compran porque quieren cultivar. Y también porque termina siendo una revista de contra-cultura. Habiendo una base política en común con el lector, porque la revista está a favor del aborto libre, seguro gratuito, la revista está a favor de la eutanasia, la revista está en contra del copyright. Es decir, estamos a favor de un montón de causas y allí el lector tiene una base muy alta, un piso muy alto. Entonces escriben periodistas de mucho nombre y gente que sabe que puede entrar y escribir en un medio, donde se pueden decir cosas que no se pueden decir en otros medios. Y no solamente sobre drogas.
- Los científicos, los medicos y otros actores de la sociedad, ¿se prestan con facilidad? - Al principio no. De hecho, los más difíciles, fueron los médicos. Los médicos, la corporación siquiátrica. Nosotros peleamos mucho, con mucha dureza argumental, para cerrar los manicomios y fue toda una, proceso de debate. Han sido muchos los frentes. Peleamos también por una reglamentación de la venta de fármacos, porque en Argentina se vendían calmantes y cualquier cosa en quioscos. O sea, ibas a cualquier lado y podías comprar. Y fue muy difícil. La corporación judicial y la corporación médica, para nosotros, tienen que ser aliados. La corporación judicial no fue tan difícil porque, de hecho, toda la discusión de política de drogas en la Argentina, empieza con los jueces. Porque el 70% de las causas de la justicia federal, es por consumo de drogas. Pero por consumidores regulares. Entonces, los mismos jueces se cansaron de no poder investigar cosas grandes, escándalos del narcotráfico, porque tenían en el 70% de las causas vinculadas a los pibes que fuman en las calles. Y ellos, la misma corporación judicial, le reclamó al gobierno argentino - primero a través del fallo, pero - antes del fallo, le empezó a pasar información y a decirle: “esta ley no sirve”.
Entonces ahí si, hubo como más acceso. Es difícil, pero de a poco los jueces - incluso hasta en un momento, el ministro del Interior (ahora es el jefe de gabinete), Aníbal Fernández - salió en la revista, yo lo entrevisté para la revista y fue un golpe político enorme. Porque vos tenías la entrevista mía a Fernández y diez páginas después tenías la sección de cultivo. Y si era una revista que todavía estaba legalmente en dudas, tener al ministro ahí fue como una especie de paraguas.
- Como se pocisionan frente al tema de la “legalización” - El tema es hasta donde la sociedad podría bancarse o tolerarla este tema. Se debe tener en cuenta que en el fondo, con la marihuana - como con la mayoría de las drogas - el origen de la prohibición es económico y también discriminatorio. Se dan las dos cosas y esto lo venimos descubriendo hace poco, el tema de la discriminación. Y después, hablando con funcionarios del INADI- Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia-, nosotros ya sumamos un foro dentro del INADI. ¿Por qué? Porque todas las leyes, incluida la uruguaya, lo que siempre plantean es esto de “la afectación a los terceros”, que esa es como la base liberal de todas las democracias modernas, ¿no? El Estado no puede meterse con el individuo mientras que lo que hace el individuo no afecte a terceros. Entonces lo que se dice es que si alguien fuma marihuana en la calle, está afectando a terceros. ¡Eso es mentira! No afecta a terceros ni a nadie. Si yo fumo marihuana en la calle, yo no soy ejemplo de nadie. Entonces, si una persona puede tomar alcohol, puede fumarse un cigarrillo, puede hacer un montón de cosas, ¿por qué no puede fumar marihuana? Pero siempre es lo mismo: que se afecta, que si uno fuma públicamente puede dar un mal ejemplo, etc., etc. Esa es una cuestión moral. De hecho, por ejemplo en la Argentina, había leyes que prohibían a los “travestis” vestirse de mujeres de día. Si de noche porque había espectáculos, revistas. Pero de día, no. ¿Por qué? Porque afectaba a la moral y a las buenas costumbres. Y eso era algo totalmente discriminatorio. Y que todavía existen y se están eliminando de a poco.
Esto es lo mismo. Acá no hay una afectación a los niños y si uno se fuma un “porro” en la puerta de una escuela, no está afectando a ningún niño. Ningún niño va a agarrar un “porro” porque solo porque ver. Si fuera así, la mayoría de los quioscos de revistas de nuestros países tendrían que estar cerrados, porque yo paso y veo tetas, culos y eso también sería una afectación a terceros. Es totalmente discriminatorio. ¡Es intolerancia! Es que no toleran ver que alguien fume “porros”, como no toleran ver a una chica o a un “travesti”, o cosas así. Entonces, si la intolerancia en algunas culturas se hace ley, hay que combatirla para que se vaya.
- Es en esta dirección que se puede pensar que politicos y gobernantes debieran ir un poco más allá… Sí, La sociedad va más allá que los políticos, en este sentido.
-¿La sociedad va más allá porque se consume igual? - Exactamente. Y es ascendente y uno lo ve acá, en Montevideo. La vez pasada que vine, en 18 de Julio, donde está la Facultad de Derecho, al costadito hay unos bancos y vi un fin de semana a un padre, madre de 30 años, con unos pibes chiquitos que se sentaron a un costadito a tomar mate. Y, mientras el niño jugaba, el padre, tranquilamente, se armó un “porro” y se lo fumó ahí sentado.
En el caso de la legalización, es difícil legalizarla también, porque existen convenciones internacionales. La marihuana está prohibida, como sustancia. Uruguay dio un gran avance en los 80. En la última Convención de Viena sobre estupefacientes, lo que se planteó fue prohibir todas las drogas, salvo para usos medicinales o científicos. En el tema del consumo personal, lo que decía la Convención era que cada país tenía que legislar según sus leyes internas. Argentina prohibió la tenencia para consumo. No prohibió el consumo, pero prohibió la tenencia para consumir, lo cual es ridículo. Uruguay no prohibió la tenencia para consumo, pero sí prohibió el cultivo. Entonces ¿qué pasa? Si uno acá, tiene marihuana en su poder, no va preso. La cantidad o las circunstancias, todo esto ¿quién lo determina? No las tiene que determinar el juez, las determina uno y el juez es el que debería decir: “bueno, por lo que veo, no hay nada”.
En Uruguay no pasa eso, pero no se avanzó sobre el cultivo. El cultivo se entiende como algo derivado para la tenencia para consumo: yo para consumir tengo que tener y para tener tengo que cultivar. Ahí está la falla de la ley: la ley me permite tener, pero no me permite cultivar. La ley no entiende que para tener, yo tengo que poder producir. La ley me está obligando a ser cómplice del narcotráfico, a comprarle a los “narcos”, porque no me permite proveerme. En el caso de la marihuana, es una de las pocas drogas o sustancias que uno puede cultivar. Si un consumidor de cocaína quisiera fabricar cocaína, tendría que tener una hectárea de hojas de coca, tendría que tener precursores químicos para hacerla, es decir, un montón de cosas.
Entonces, en el esquema legal internacional, lo que han hecho los países que lograron avanzar en la legalización de la marihuana, es basarse en esta Convención con relación al uso medicinal o para fines científicos. ¿Qué quiere decir eso? California, por ejemplo, o (Holanda no porque salteó todo) Suiza, que también hizo lo mismo, es legalizarla medicinalmente. Entonces uno va al médico y le dice: “mire, yo tengo dolor de cabeza crónico”. El médico no tiene cómo chequear eso, que uno tiene cefalea. Y uno le puede pedir al médico que le recete marihuana, por lo que va a la consulta, consigue ese permiso y compra directamente en un dispensario. Hay cultivos legales para los dispensarios de marihuana. Y es tan grande el consumo de marihuana en California, que hay dispensarios que solamente se dedican a la marihuana. También hay farmacias que tienen marihuana y uno la puede comprar ahí. Y al mismo tiempo, si yo la puedo comprar en un dispensario, ¿por qué no la puedo cultivar en mi casa?.
La idea de la legalización apunta a que no todos podemos cultivar, porque no todos tenemos el espacio ni el conocimiento, ni el tiempo para cultivar. Entonces, hay varios modelos de avances en ese sentido. Los españoles fomentaron lo que se llama “clubes de cultivo”, basados en una ley parecida a la que quiere hacer la izquierda acá, esto de las ocho plantas. En España se consigue un fallo judicial de tres plantas por persona. Entonces ¿qué hacían? Se juntaban diez personas y tenían treinta plantas en un solo lugar. Uno de esos diez tenía un campito o lo que sea. Ahí le informaban directamente a la policía dónde cultivaban para que la policía fiscalice que ahí había treinta plantas. Y se cultivaban las treinta plantas que daban para el consumo de esas diez personas. Y uno se puede anotar en ese club y llevarse su “onza”, que es el peso de ellos, llevarse una porción.
O sea, hay vericuetos legales para legalizar, sin violar las convenciones internacionales que firmó Uruguay, que firmó Argentina y que firmaron todos los países. La legalización va a tener que correr por esos carriles. Obviamente que, legalizarla medicinalmente, es pedir las cosas de rodillas. O sea, la legalización no debería ser pedida de rodillas, debería ser pedida desde el derecho de autonomía. No desde la enfermedad, diciendo: “bueno, estoy enfermo, ¡por favor! tengo cáncer…”
- ¿Es una especie de trampa? ¿De auto-trampa, del país y de los consumidores? - Es que si no el país tendría que salirse de las convenciones internacionales desconocer lo que firmó. O cambios radicales de otra tipo.
- Ya hablas de una diferencia entre Argentina y Uruguay en el proceso de este tema, por tu conocimiento, ¿qué otras se pueden establecer entre Argentina y Uruguay? - Argentina tiene prohibida la reducción de daños, Uruguay no. Y eso ha hecho que Uruguay sea hoy uno de los países de América más avanzados en el tratamiento de la dependencia y del abuso de estupefacientes. El Uruguay es el único país de América, junto con Canadá y alguna parte de los EE.UU. y, ahora, Brasil, de a poco, en el que se puede aplicar un esquema de reducción de daños. Lo que se hace, básicamente, es dar información real, científica, sobre los peligros que tiene el consumo de cada sustancia y, a la vez, entender la dimensión subjetiva del usuario. ¿Qué quiere decir esto? Que si una persona va a atenderse, no se le niega la atención si esa persona no quiere dejar de consumir. La reducción de daños significa eso: tratar de reducir al máximo posible el daño que ya genera el uso de una droga o de una sustancia ilegal.
Entonces, es aceptar que hay personas que, aunque les haga mal, aunque esté prohibida, o lo que sea, quieren seguir consumiendo. Esas personas, por sus derechos individuales, por su autonomía, tienen derecho a seguir consumiendo lo que se les encante. Uno no puede legislar sobre el cuerpo de esa persona.
-Y eso, en Argentina está prohibido. - Está prohibido. Eso está encuadrado, dentro de las leyes argentinas, como algún tipo de promoción de la drogadicción. Ahora están apareciendo campañas, de a poquito, que les explicaban (por ejemplo, en Mendoza) a la gente que consumía marihuana, porqué había que ponerle filtro, cómo armar un “porro”, la diferencia que hay entre cultivar y fumar el famoso “paraguayo”, que es marihuana prensada, mal secada y todo eso. Y eso fue un escándalo, porque hay un artículo de la ley de drogas en Argentina por el cual está prohibido dar cualquier tipo de información que facilite el uso de estupefacientes.
- ¿O sea que de hecho la educación sobre las drogas, está prohibida? - Si. Cualquier tipo de información real que avance más allá de este mensaje que es “no, no te drogues”, que es un mensaje de prevención… Digamos que la prevención es una etapa y no está mal que esté esa etapa, pero debe estar compartimentada con otras etapas. Hay que prevenir para que la gente, en lo posible y dentro de un esquema sanitario, los menores de edad no consuman. O sea, tratar de evitar una fiebre de consumo, orientar…
- Tomando desde Kirchner hasta acá, ¿ha visto más abierto este tema? - El gobierno, cuando aparecieron las cifras de la justicia, creó un Comité Asesor - en principio - en el cual eran casi todos jueces y muy pocos médicos. Y ahora, ese Comité, se transformó en una comisión de políticas de drogas. El gobierno avanzó.
Pero dentro del gobierno hay una línea que está en contra de la despenalización, que es esta secretaría que se llama SEDRONAR, que también es una secretaría de Estado que fue impuesta después de la ley. Cuando se saca la Ley de Drogas, que es una ley nueva, del 89, se crea esta secretaría, que tiene lazos muy fuertes con la DEA. Quien maneja es un odontólogo y no por desprestigiar a los odontólogos, pero no sabe nada de drogas. Y es una secretaría que a la vez se encarga de la lucha contra el narcotráfico y a la prevención. ¡Y son dos cosas separadas!
Entonces, lo que hubo fue una guerra interna, una pelea interna dentro del gobierno y el gobierno decidió que se diera el debate. ¡Y eso nos favorece! Porque lo que podría haber hecho el gobierno es decir que no cambie nada. Y después, el gobierno argentino, sigue los pasos del gobierno uruguayo. Aníbal Fernández, cada vez que habla del tema drogas, menciona a Milton Romani, menciona cómo Uruguay influyó en la posición argentina. Porque Uruguay está yendo hace varios años, junto con Bolivia, a los foros sobre drogas de la ONU con una posición muy clara.
Para que conste, sobre el tema de la reducción de daños, la ONU se niega; para que se hable un poco más de la despenalización, a lo que la ONU también se niega, no criminalizar al adicto. ¡La palabra adicto es horrible! Es una palabra que nosotros queremos sacar de la discusión. “Adicto” significa “sin dicción”, “sin voz”. Y eso es mentira: las personas que usan drogas, tienen voz. El problema es que nadie las quiere escuchar.
Entonces, el gobierno argentino, en ese sentido, abrió un poco más el panorama. Y, realmente, sigue al gobierno uruguayo. Por eso para nosotros, toda la discusión de Uruguay, es importantísima. Porque es lo mismo que ha pasado con el aborto, digamos, más allá de lo que hizo Tabaré Vázquez después. Pero de acuerdo a lo que pase acá, nosotros vamos a poder avanzar. Si ustedes van hacia la legalización, nosotros vamos a poder avanzar hacia la despenalización y, después, a la legalización. Uruguay está en condiciones de ser el primer país de Sudamérica que tiene la posibilidad. Porque México DF avanzó. No el país, DF.
- Si, también fue una idea de un gobierno progresista. - Sí. Y pudo avanzar en una de las ciudades más grandes del mundo o de las más habitadas. En el caso de argentina en general los límites, no la visión, son los que pone la derecha. Y la derecha lo que dice en Argentina es que el país no está preparado para una despenalización. “Si nosotros despenalizamos, se va a llenar de adictos” “La gente va a consumir más porque se va a despenalizar”. Y nosotros ponemos el ejemplo de Uruguay. Y les decimos que en el Uruguay está despenalizada para el consumo personal y la gente no consume más. Y siempre estuvo despenalizada. De hecho, nunca estuvo penada la tenencia para consumo. Lo que está penado es el cultivo y esa es una discusión que ustedes tienen que dar. Pero cuando detienen a alguien y tiene un poco de marihuana o de cocaína, no lo llevan preso, porque entienden que es para esa persona. Entonces nosotros, al ni siquiera tener eso, tenemos un montón de gente que pasa por las comisarías y a las cuales se las golpea y se las tortura.
De hecho, hay un caso muy fuerte de videos de unos guardias en Mendoza, que filmaban las torturas a los presos. Y nosotros descubrimos que uno de esos presos, estaba preso por tener 7 plantas y el abogado le negoció una pena de tres años de prisión. Nosotros tenemos una figura muy loca que se llama “tenencia simple”. Que es, se te pega por solo tener la sustancia. Si vos decís que es para consumo personal, tenés una posibilidad de negociar la pena, es excarcelable. Si vos decís que no es tuya, peor. Vas preso por tener algo que, ni siquiera, es tuyo. Tenemos muchísimos casos de la policía poniéndole drogas a la gente para sacarle plata. Incluso, para violar a una mujer y otras cosas así. Han hecho ese tipo de cosas. Entonces, es como que es una excusa más. O sea que, en ese sentido, Uruguay sigue siendo el lugar de punta. Nosotros, desde la revista, lo seguimos muy de cerca. No hace falta que Uruguay tenga la THC, en ese sentido. O sea, estaría bueno que la tengan, porque en Uruguay se fuma mucho y veo que no se cultiva tanto. Montevideo es muy parecido a Río de Janeiro.
- En tu impronta se le da mucha importancia el cultivo como sinónimo de sanidad. - Es que son lugares en que se fuma muchísimo y no se cultiva. Yo, todavía, no lo entiendo. En Río de Janeiro, todo el fenómeno que hay en las favelas con la marihuana y todo eso, los intelectuales, lo único que dicen: “comprar es ser cómplice del narcotráfico. No hay que “comprar”. No hablan de cuál es el verdadero problema, que es cambiar la ley. Le trabajan la conciencia a los usuarios: “vos tenés la culpa de comprarle al narcotráfico”. Ahora, nadie está señalando porqué es la ley que hay, porqué están prohibidas las sustancias, qué es lo que permite que exista el narcotráfico. Eso no se debate. A veces, acá, me parece que también pasa eso.
- Se trata de un factor contradictorio de conducta. - Es raro, porque en el Uruguay, siendo un lugar donde se fuma tanto (se fuma en la calle, además), sigue habiendo estigmas.
- Retomando el tema de la Revista (THC), lo que impresiona es la calidad en todos los sentidos de este producto periodístico. - Hay un tema en el que para mí la revista fue un gran salto mediáticamente, más allá que la revista está en todos los quioscos, de que sea muy buena la calidad, es que la persona que va a comprar la revista CARAS, la revista GENTE, tenga que ver al lado la revista de los “porreros”…
- La revista tiene un papel muy importante en la apertura del universo del tema, que en última instancia, también es cultural. - Claro, dignifica. Esa es la palabra.
- Se ganó un espacio. - Eso nos pasó a nosotros con los medios y creo que fue lo más positivo, políticamente, también de la revista. Antes, cuando se hacía un programa de debate de drogas, de la ley de drogas, nunca iba un consumidor, nunca iba un usuario. Iba alguien en contra y alguien a favor de la despenalización. El que estaba en contra, generalmente, era algún siquiatra, algún médico, algún líder anti-drogas, algún “catolicón”. Pero lo interesante es que, a partir de la revista, ya no iba a defendernos un abogado, que es lo que siempre pasaba, ponían un médico contra un abogado. El abogado no consumía. Muchas veces sí, pero ese no era el punto. No era llamado por ser un usuario. A partir de la revista, nos empiezan a llamar a los debates. Va el director de la revista y voy yo como el editor general y, por primera vez, los usuarios empezamos a tener voz. Dejamos de ser los “adictos”, los que no tienen dicción, y vamos ahí, nos sentamos y explicamos una posición desde adentro,
No hace falta ser usuario para defender la legalización. La legalización se defiende desde el sentido común. Pero es muy importante que, por primera vez, dejemos de ser los “enfermos” en el debate. Porque en el debate éramos los “criminales”, después pasamos a ser la cosa más benigna, que era ser “enfermos”. Para la derecha éramos “criminales” y para la izquierda éramos “enfermos”. Y, por primera vez, fuimos a la televisión nosotros, a los medios, a los diarios y les dijimos: “no somos ni criminales ni enfermos, somos usuarios”. Nada más.
- Entraron en sociedad… - Es que la palabra “usuario”, ni siquiera la quería usar el gobierno. El gobierno siempre dijo “adictos”, porque ellos tenían esa cosa de “patologizar” todo. O sea, es más fácil defender al “adicto” que al “usuario”. Porque el usuario, al estar discriminado, no se lo puede defender. Era como decir, “bueno, vamos a despenalizar o lograr avances en la ley de drogas, poniéndolos a ustedes como víctimas”. No como sujetos de autonomía, sino como enfermos. Si lo hacemos es para darles una mano a los “enfermos”. Y nosotros les decíamos que, de todo el universo del uso de drogas, el 5 o 10% de esas personas, tienen problemas de dependencia. Otro porcentaje menor, tiene problemas de abuso, que ese es el verdadero problema, el abuso. Porque la persona que depende, se cuida para poder seguir consumiendo. El abusador, se te va en una noche. En una noche de cocaína, se te va porque no sabe la dosis, o porque… Y la mayoría son usuarios, el 75 u 80%. Ahora el gobierno lo dice. Aníbal Fernández va y lo dice, pero en un principio, no. En un principio era: “pongamos a los enfermos por delante”, porque era la estrategia de la centro-izquierda. Pero con esa visión, tampoco se muestra lo real. Es un paso, pero es como yo le decía antes. Es pedir las cosas de rodillas. ¿Cómo se puede estar orgulloso de ser usuario de algo malo? ¿Cómo se puede estar orgulloso de ser “travesti”? ¿Por qué no el orgullo de las “travestis”? ¿Por qué no el orgullo del gay, de las lesbianas? ¿Por qué no el orgullo de la persona que fuma o que consume otra droga? ¡No se puede tener orgullo de eso! Porque va en contra de la moral y de las buenas costumbres.
- ¿Cómo se comporta la iglesia católica con relación a este tema? - La iglesia se despertó y armó una Comisión Anti-Drogas, con unas propagandas tremendas. La iglesia siempre manejó el tema y, a la vez, hay toda una “mafia” enorme de centros de recuperación de adictos que, hoy por hoy, son centros clandestinos de detención del “usuario”. Muchos son manejados por la iglesia católica, otros son manejados por la iglesia evangelista en Argentina. Ellos siempre tuvieron ese “gancho” y ahora lo empiezan a perder. La iglesia es, hoy por hoy, uno de los actores de oposición más fuertes que hay.
- ¿Esa Comisión es de oposición? - Si. Es una Comisión Episcopal donde, ellos siempre dicen que vienen a “dar una mano”, pero están contra la despenalización y siguen siempre con esa línea de decir: “todo es malo”, “todo te hace mal”, “alejate, alejate”. E instalan algún tipo de información que ellos la ven como prevención. Que está bien, puede ser prevención. Pero no se animan a dar ningún tipo de debate.
Ellos dicen que el “Paco” mata, la “pasta base”, mata. La “pasta base” no mata, la cocaína tampoco mata. Porque no son personas, no son sujetos, no hacen la acción. La cocaína no se te mete por la nariz. ¡Vos te metés la coca en la nariz! ¡Vos te fumás la “pasta base”!
Entonces, los chicos se matan con “pasta base”. Bueno, ¿por qué se matan con “pasta base”? ¡No le eches la culpa a la “pasta base”! Lo que dicen los especialistas en todo esto es que, se “humaniza” a las drogas y se “cosifica” a los sujetos. Se saca la voz del usuario, se lo pone como una “cosa”, como una “víctima”. Siempre las metáforas son: “caer en la droga”, “la droga te atrapa”.
Siempre la droga haciéndote algo, no es que vos sos, sino que se pone a la persona que usa droga se lo pone de ese lado de la teoría siquiátrica que es inhabilitante. Vos consumís, entonces ya estás inhabilitado para opinar, para pensar, para decir, para todo. Sos “esclavo” de la droga, porque la droga te mata, la droga te domina. “No dejes que la droga entre a tu casa”, entendés. Como si la droga tuviera pies o algo así. Ellos siguen con ese mensaje y ese es un mensaje claramente previsionista.
El previsionismo, en algún punto, juega a favor del consumo desmedido de drogas. Crea una teoría polar, Si vos ves las viejas propagandas católicas contra la drogas en España, ¡son increíbles! Ellos te hacen poner en las drogas como en el máximo placer. Entonces, el tipo que nunca consumió, cuando decide cruzar esa línea de la prohibición, va a buscar eso. ¡Va a buscar el mensaje que le habían dado! “Matate con la droga”. Entonces, al final, va a matarse con la droga. No cree que haya un consumo responsable, que haya un uso responsable de esas drogas. Que esa es una de las cosas que practica la revista: el uso responsable. Obvio que si hay un uso irresponsable, yo tampoco lo voy a castigar. Pero voy a tratar de generar un uso responsable. Ellos por el contrario crean un fantasma y la gente que pasa eso, cree estar en el infierno y se mata con droga, básicamente, porque cree que la droga es para matarse, que no hay ningún tipo de consumo intermedio, no hay ningún tipo de diversión. Esa visión es la que crea esa polarización. O sea que la Iglesia, en ese sentido, y muchos de los tipos que hoy hablan de eso, deberían estar presos porque, generalmente, han torturado gente.
Ellos tienen un sistema - sobre todo los evangelistas - que se basa en la humillación para curar la dependencia. Les hacen vaciar una pileta con un balde y llenarla con un baldo, les hacen hacer pozos, les hacen trabajar. Y como hay todo un vacío legal para controlar esos lugares, hasta ha habido suicidios sospechosos, no los dejan ver a los familiares, le dicen a los familiares que los chicos te mienten para seguir drogándose. Y como muchos reciben subsidios por la SEDRONAR, tratan de mantenerte encerrado el mayor tiempo posible.
La internación, es el último recurso. Cuando, para la iglesia, el primer recurso es la internación. Además, ¿qué hace la iglesia opinando sobre cosas que son médicas, siquiátricas, sociales? No se entiende. O sea, como el estado dejó de meterse en eso, es lo mismo que los manicomios. Cuando una persona tiene un problema psiquiátrico y va al hospital, se lo deriva a un manicomio. No se lo atiende en un hospital común, como a cualquier otra persona. Con las drogas pasa lo mismo. Se los deriva a lugares, a granjas y enseguida se los corre. No son pacientes, son peligrosos para los demás pacientes.
El estado no se hacía cargo y el negocio - porque terminó siendo un negocio - lo agarraron fundaciones. En Uruguay, también alguna “Fundación” estaba haciendo “lobby” para que se penalice la tenencia para tener más pacientes. Porque había pocos pacientes. Claro, ¿cómo hay pacientes por marihuana? ¿Qué adicción hay a la marihuana? No hay adicción a la marihuana. Ahora, si vos tenés un brote psicótico o que se yo, bueno puede ser algo pre-existente, pero no es la adicción a la marihuana. La marihuana no genera sobredosis. ¡Es imposible que tengas una sobredosis de marihuana! Entonces, eso, en general, son los padres que internan a los hijos. Los padres - que no saben nada - internan a los hijos. Los médicos de estos lugares, asustan más a los padres y los pibes se terminan quedando tres meses ahí adentro y están con gente que es mucho más “pesada”.
- ¿El estado argentino no tiene centros, al estilo del “Portal Amarillo”de Urguay? - Los pacientes psiquiátricos y los pacientes con problemas de dependencia o abuso de drogas, están mezclados y hay muy pocos centros estatales. La ayuda se terceriza. El estado argentino le paga a clínicas privadas, terceriza todo el servicio y ahí entra todo esto.
Ahora se sacó una ley donde se establece que sí que la internación es el último recurso, la idea es no alejar a esa persona de la familia, de que haya una reinserción laboral y social y todo eso. Pero, aun sigue habiendo un doble discurso: tenemos eso que te explicaba antes, como que está la SEDRONAR y la Comisión de Drogas, que es más progresista. Y pelean. Son dos secretarías de estado peleadas: una con vínculos con la DEA, que permitió el tráfico de “efedrina” no controlándola. Se traía “efedrina” de la India y se mandaba a México. En México, con eso, se hace “meta-anfetamina” y se vende en los EE.UU. ¡Ese fue un negocio enorme! La DEA está ahí para controlar todo el negocio del narcotráfico. No controlar, digamos, sí controlar en el sentido de “vos vendés”, “vos no vendés”. Eso es la DEA. Por eso te digo que la disposición uruguaya es importante para nosotros porque, de lo que salga de acá, va a permitir que nosotros digamos: “bueno, ojo, mirá que en Uruguay nunca estuvo penalizado el consumo, hoy legalizaron”.
Nosotros logramos - a través de la revista - que ingresara un proyecto de ley en el Congreso, a través de dos diputadas asesoradas por nosotros, donde no se pena las semillas, no se pena el cultivo. Pero tampoco es una legalización del todo. Y no se pena la tenencia simple, no se pena la tenencia para consumo personal, se saca todo lo que se llama “tutela judicial”.
Cuando vos tenés un problema de drogas con la justicia, no es que vos lo tenés, es un problema que lo puso la justicia, ahí. Porque fuiste preso o lo que sea, el juez puede decidir tu tratamiento, como si el juez fuera un psiquiatra o un psicólogo. Y ese juez te metía en “cana” y no controla nada: si te torturan, si te castigan, si no te larga más. Nada.
Es como la justicia tutelar de los menores. Entonces, se está pasando de un modelo tutelar a un modelo social. En el modelo tutelar, el juez decide sin saber nada del tratamiento, internarte en un lugar porque tenías dos “porros” en la calle. Se está moviendo de eso a un sistema social donde, si vos tenés un problema, no es necesario que vayas a la cárcel para recibir atención. Podés pedir atención sin pasar por la justicia. Esa es la idea.
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