|
“La fe en el camino será tu constante”
Raúl Legnani* Urumex80@gmail.com
“Vení charlemos, sentate un poco, la humanidad se viene encima... Ya no podemos, hermano loco buscar a Dios por las esquinas!... Se lo llevaron, lo secuestraron y nadie paga su rescate, vení que afuera está el turbión de tanta gente sin piedad de tanto ser sin corazón”.
Esta canción (A un semejante), de Eladia Blázquez, interpretada por Susana Rinaldi, recorrió el mundo entre exiliados y emigrados de Uruguay y Argentina, durante la década del 70 y comienzos de los 80.
“La Tana”, como le dicen a Rinaldi, fue durante mucho tiempo, junto a otros de ambas márgenes del Plata, una de las voces del dolor y después de la esperanza:
“Decí qué hacemos vos y yo qué cosa vos y yo sobre este mundo sembrando amor en un desierto tan estéril y tan muerto que no crece ya la flor!...”.
Era la expresión de la angustia a flor de piel, la desesperanza ante el poder trasformado en terrorismo de Estado. Era la noche. La terrible noche, que se llevó entre muchos otros a Nibia Sabalsagaray.
Hace pocos días la señora Rinaldi, quien fue electa diputada por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por el Frente Progresista, que apoya la gestión de la presidenta Cristina Fernández, estuvo en Montevideo y se entrevistó por más de una hora con el presidente José Mujica. Una vez que se encontró con los periodistas, dijo que se sentía una militante socialista “de toda la vida”. "Siempre supe, gracias a ustedes (los uruguayos), que las metas es preferible que sean ahí, lo suficientemente cortas para que sean posibles, y lo suficientemente largas para que sean permanentes", agregó.
Con Rinaldi tuve dos encuentros, Uno fue como espectador, durante un recital suyo en la sala Nezahualcoyotl de la Unam, después de la caída de la dictadura argentina. Fue una noche inolvidable. La Tana estaba cantando “A pesar de todo”, también de Eladia Blázquez:
“A pesar de todo, me trae cada día la loca esperanza, la absurda alegría. A pesar de todo, de todas las cosas, me brota la vida, me crecen las rosas. A pesar de todo me llueven luceros, invento un idioma diciendo... ´te quiero”.
En un momento la cantante y actriz, vestida de blanco, se puso de espalda al público, miró al pianista, puso el micrófono en el piso y comenzó lentamente a erguirse, cantando a capella:
“A pesar de todo estoy aquí puesta, los pájaros sueltos, el alma de fiesta. A pesar de todo me besa tu risa, y el duende, y el ángel del vino y la brisa. A pesar de todo, el pan y la casa, los chicos que crecen jugando en la plaza... A pesar de todo, la vida ¡qué hermosa! siempre y sobre todo, de todas las cosas”.
El otro encuentro fue más directo. Ocurrió en noviembre de 1984, en el aeropuerto Benito Juárez. Ella volvía a Buenos Aires, luego de haber participado en el Festival de Guanajuato y mi familia y yo volvíamos del exilio. Ella se enteró de nuestra situación, supo que viajábamos en el mismo avión y nos pidió permiso para fotografiarnos, cosa que así ocurrió:
“A pesar de todo, la vida que es dura, también es milagro, también aventura. A pesar de todo irás adelante”.
En las pocas horas que estuvo en Montevideo, hace pocos días, también tuvo recuerdos para un ser querido de ambos. En un medio radial recordó a Jaime Pérez, aquel secretario general del PCU fallecido hace ya un tiempo, a quien calificó de “amigo” y de haber pertenecido a una generación que “construyó el presente político” de Uruguay:
“La fe en el camino será tu constante! A pesar de todo, dejándola abierta, verás que se cuela el sol por tu puerta. No hay mejor motivo, si encuentras el modo, de sentirte vivo... ¡A pesar de todo!”.
A pesar de todo - ¡demasiado el todo! - , con Nibia se hizo justicia y todos sabemos que no se suicidó, que fueron juzgados los culpables, porque aquella muchacha del IPA y de la UJC, de hermosos poemas como los de Eladia y la Tana, tenía como constante la fe en el camino.
*Esta columna fue publicada el 26 de agosto en La República
LA ONDA® DIGITAL
|
|