El 13 de agosto de 1961
¿Mejor que una guerra?
Por el profesor Luiz Alberto Moniz Bandeira*

Así definió John Kennedy la construcción del Muro de Berlín hace 50 años, mientras que Occidente optó por críticas moderadas.

El presidente de los EE.UU., Dwight Eisenhower, reconoció que la situación de Berlín era realmente anormal en 1960, durante una conversación privada en Camp David con Nikita Kruchev, primer secretario del Partido Comunista de la URSS. Repartida entre las fuerzas de la URSS, EE.UU., Gran Bretaña y Francia, incrustada cerca de 110 millas en el territorio de la antigua Zona de Ocupación Soviética, Berlín generaba y reflejaba todas las tensiones del conflicto Este-Oeste, al mismo tiempo que dificultaba la supervivencia de la República Democrática Alemana (Alemania Oriental), como consecuencia no tanto de las acciones de los EE.UU. o de la República Federal de Alemania (Alemania Occidental) sino de las propias políticas de la URSS y del SED/Partido Socialista Unificado de Alemania (comunista).

Allí, en el sector occidental, los EE.UU. derramaron cerca de 600 mil millones de dólares y la RFA otros miles de millones de marcos, mientras que, además de despojar de lo que quedaba de la industria en el sector oriental y otros bienes materiales, luego de la ocupación la URSS no había invertido nada y los recursos invertidos por el gobierno de Walter Ulbricht, primer secretario del SED, luego de la insurrección popular del 17 de junio de 1953, no fueron ni siquiera suficientes para eliminar los destrozos de la guerra todavía existentes. Este contraste evidenciaba el desnivel económico entre los dos estados alemanes.

El nivel de vida en la RDA, a pesar de que había mejorado desde el levantamiento de Berlín (1953), continuaba, en 1960, un tercio por debajo del existente en la RFA. La rivalidad entre los campos socialista y capitalista no favorecía a la RDA, cuya recuperación, durante varios años, la propia URSS se había hecho cargo de impedir, con el saqueo a las industrias y el cobro de indemnizaciones de guerra. La RFA, con una economía social de mercado eficiente, estaba en pleno boom y su industria, en expansión, ofrecía, en 1960, cerca de 600 mil vacantes de empleo para apenas 100 mil candidatos, lo que generaba la aguda necesidad de importar obreros de otros países.

Este boom económico, llamado “milagro alemán”, que la reforma monetaria (Währungsreform) de 1948 había posibilitado, no se debió al Plan Marshall, sino a la cultura del trabajo, al elevado nivel educativo y a la alta capacitación tecnológica de los alemanes. Lud-wig Erhard, ministro de Economía de Alemania Occidental entre 1949 y 1963, escribió que la importancia del Plan Marshall fue más de carácter moral y político que material, por cuanto la RFA, de 1945 a 1952, solo recibirá 4,5 mil millones de dólares, de los cuales dos tercios serían como donación, del monto de 32 mil millones de dólares destinados por los EE.UU. a los países de Europa Occidental. El propio profesor Charles Kindleberger, que había trabajado (1947-1948) en el Departamento de Estado en la formulación del Plan Marshall, reconoció que a la RFA le correspondió apenas un total de 3,6 mil millones, entre 1946 y 1953, y ponderó que, aunque necesaria, la ayuda de los EE.UU. no fue suficiente para promover la recuperación económica de Europa Occidental. El gran mérito de EE.UU., Gran Bretaña y Francia fue el hecho de no desmantelar las industrias de Alemania Occidental, posibilitando que recuperase su capacidad productiva, a fin de que cooperase en la reconstrucción de Europa, ahorrando al contribuyente americano mayores cargas financieras con la contención del comunismo.

La economía del ala oriental, muy ineficiente, no podía soportar la competencia con la occidental. La diferencia de cambio entre el fuerte marco alemán y el débil marco oriental, que alcanzaba, en el mercado negro, la tasa del 1:4, favorecía el contrabando y un enorme drenaje de mercaderías, principalmente productos alimenticios, cuyos precios eran subsidiados y, por consiguiente, más bajos en la RDA. El deutsche mark valía cuatro marcos de la RDA en Berlín Occidental, mientras que su cotización en Berlín Oriental era paritaria. Las casas de cambio en Berlín Oriental sólo le vendían a quien presentase documento de que residían allá o el certificado de cambio. Una caja de compensación de la RDA procuraba corregir la diferencia cambiaria, pagando a los obreros que vivían en Berlín Oriental y trabajaban en Berlín Occidental, parte en marcos de la RFA, deutsche mark, y parte en marcos orientales, para evitar que la diferencia salarial fuese mucho mayor.

Dichas medidas no evitaban, sin embargo, la evasión de mercaderías, sobre todo productos alimenticios. Muchos compraban, una sola vez, los marcos de la RDA, en Berlín Oriental, sobre una base de 1:1, y después allá volvían varias veces, pero con marcos comprados en Berlín Occidental en la cotización de 1:4, mientras presentaban el mismo certificado de cambio anterior para adquirir los productos. Entre tanto, quien ingresase en Berlín Oriental con marcos de la RDA sin presentar un comprobante de que habían sido cambiados allá, era penalizado, por lo menos, a dos años de prisión. Sólo existía cierta tolerancia con los extranjeros, aunque pasasen días o semanas detenidos.

Los habitantes del lado occidental correrían a comprar en Berlín Oriental, porque los precios, subsidiados por el gobierno comunista, eran mucho más bajos. Un jabón de 4 marcos en Berlín Oriental costaba 1 marco para quien hiciese el cambio del lado occidental. No obstante, el nivel de vida en la Alemania comunista era mucho más bajo que en la RFA. El tránsito entre los dos sectores era libre, pero los alemanes, para entrar en Berlín Oriental, necesitaban autorización provisoria o permanente, obtenida en la frontera. El subte pasaba libremente de un lado a otro de la ciudad. Pero, por más eficiente que fuese, el control no podía impedir la especulación monetaria, cuando en la misma ciudad dos estados diferentes, con economías desiguales y antagónicas, coexistían y rivalizaban. Según Egon Krenz, después secretario general del SED y presidente del Consejo de Estado, las pérdidas de la RDA hasta 1961 habían alcanzado el monto de 130 mil millones de marcos como consecuencia tanto de la fuga de profesionales calificados como del contrabando de mercaderías.

Varias agencias de espionaje operaban en Berlín Occidental. La CIA mantenía emisoras de radio que emitían continuamente propaganda política para el sector oriental, con el objetivo de agravar aún más la situación y desestabilizar el régimen comunista. La URSS y la RDA, aunque con menos recursos, poseían igualmente emisoras con programas de propaganda, mientras el Stasi (servicio de inteligencia de la RDA) trataba de infiltrar agentes en Alemania Occidental.

De cualquier manera, tanto las condiciones económicas como las sociales y políticas, de carácter represivo, eran tan precarias que condenaban a la RDA al vaciamiento y al régimen comunista al derrocamiento. La antigua Zona de Ocupación Soviética se había convertido en el gran proveedor de la fuerza de trabajo de la que la parte occidental dependía cada vez más. Había perdido más del 15% de su población, estimada en 18,3 millones de habitantes en 1945. Entre 1947, cuando la Guerra Fría irrumpió y el 13 de agosto de 1961, cerca de 3 millones de personas, de las cuales casi el 50% eran menores de 25 años, pasaron hacia Alemania Occidental, descontentos con el régimen impuesto por la Unión Soviética. Este flujo volvió a crecer después de la colectivización del campo y alcanzó un número de 207.026 personas apenas en los siete primeros meses de 1961. Si el éxodo continuase al mismo ritmo, la RDA quedaría despoblada en cinco o seis años.

La evasión de obreros y campesinos, así como de técnicos, ingenieros, médicos, cientistas y otros profesionales hacia Occidente tornaba inviable el “Estado obrero y campesino” que Walter Ulbricht pretendía implantar en la antigua Zona de Ocupación Soviética. Ante dicha perspectiva, en la reunión del Pacto de Varsovia (marzo de 1961), él advirtió que la RDA no podría cumplir más con sus obligaciones con el Comecon, de mantenerse el flujo de refugiados. Su intención era presionar a la Unión Soviética para que firmara el tratado de paz por separado con la RDA, a fin de que pudiese flechar el tránsito hacia Berlín Occidental a través de su territorio.

Las potencias occidentales, sin embargo, no aceptaban el cambio del status de la ciudad. Dado el impasse y la perspectiva de total colapso de la RDA, los integrantes del Pacto de Varsovia, reunidos entre el 5 y el 7 de agosto, autorizaron la construcción de la barrera en Berlín, sugerida por Ulbricht, aunque dos meses antes hubiese declarado que niemand hat die Absicht, eine Mauer zu bauen (nadie tiene la intención de construir un muro).

Al amanecer del 13 de agosto de 1961, un domingo, soldados de la Grenz-polizei (Policía de Frontera), Volkspolizei (Policía Popular) y del Nationale Volksarmee (Ejército Nacional Popular), coordinados por Erich Honeker, del Politburo del SED, comenzaron a levantar un muro para aislar Berlín Oriental, con ladrillos y, luego, con placas de cemento. Esta iniciativa separó a millares de familias y aumentó el desprestigio y la impopularidad del régimen comunista. Las potencias occidentales protestaron y Konrad Adenauer, jefe del gobierno de Alemania Occidental, anunció que adoptaría, en asociación con EE.UU., Gran Bretaña y Francia, medidas de presión económica contra Alemania Oriental y el bloque soviético. Él mismo no quiso, sin embargo, agravar la crisis. Su reacción se limitó a pronunciamientos moderados. Y John Kennedy, cuando se enteró de la construcción del Muro de Berlín, confesó: It’s not a very nice solution… but a hell of a lot better than a war (No es una buena solución… pero es un infierno mucho mejor que una guerra).

*El autor es cientista político, profesor titular de Historia de la Política Exterior de Brasil en la UnB (jubilado) y autor de más de 20 obras – entre las cuales se cuentan la Reunificación de Alemania – del ideal socialismo al socialismo real (Editora Unesp, 2009) y el “Milagro Alemán” y el Desarrollo de Brasil (1949-2011) (Editora Unesp, 2011). Hace muchos años que vive en Alemania.


Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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