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Habitar Montevideo (I) La seguridad
Por el arquitecto Luis Fabre
En esta serie bajaremos de escala, enfocando sobre la urbe, esa mancha que vista desde el Google, marca la presencia del hombre sobre la tierra. Las manifestaciones físicas, edificadas, superadas las necesidades básicas de la protección de la naturaleza ( antes de la funa ,ahora del clima) denotan las múltiples actividades y acciones de la sociedad toda. De su pertinencia, regulación, utilidad para la comunidad en relación con el territorio, darán cuenta estas crónicas y comentarios.
Siempre cercano, a veces participante, en esa interfase entre lo institucional y social, he tenido privilegiado acceso a los ámbitos de discusión y elaboración de pautas sobre las realizaciones físicas y relaciones de convivencia en la ciudad. Muchos años de aporte, _sobre todo de tiempo, que no de talento_ me habilitan a opinar desde un enfoque independiente cuyo único propósito es ese, ver la vida y las cosas de otra manera.
Analizaremos entonces las manifestaciones de la convivencia a través de las funciones cotidianas de trabajar, trasladarnos, divertirnos, atender nuestra salud, proveernos., atender nuestras creencias y ejercer nuestros derechos.Buscaremos, a partir de someros análisis, una puesta en valor de las relaciones humanas en el ámbito urbano, tan necesaria para una efectiva mayor calidad de vida de todos quienes lo compartimos.
Como- remedando al gran Vaz Ferreira- la vida es la circunstancia, comenzaremos con este tema que desde lo manifiesto acapara hasta la saturación nuestra percepción de la actualidad urbana. Desde mi irrenunciable condición profesional, debo dar para comenzar, mi parecer sobre lo que en ningún medio he visto ni oído; una Estética de la Seguridad.
Su manifestación física mas visible, anexada a lo construido son las rejas que parecen estarse adueñando del paisaje urbano, desde lo manifiesto de su presencia y también por su simbolismo. En el siglo pasado Carl Jung, condiscípulo de Freud, nos ilustraba sobre los símbolos en el hombre y las implicancias de los mismos en su personalidad y sus conductas. Los elementos físicos de la seguridad privada son símbolos de poder mas que defensa, de posible agresión, de lo que no se puede ver y a lo que no se puede acceder. No olvidemos de paso que quien hace uso de ellos, por excluir el peligro también se excluye a sí mismo. Ya hemos desarrollado el concepto de las comunidades que se autoexcluyen, sin percibir que su integración en el seno de una sociedad que las cobije es su mejor, trascendente estrategia de seguridad ante los peligros locales e internacionales que les afligen.
Volviendo al tema Cuanto influye el paisaje de rejas junto a barreras, bolardos, casetas de seguridad y cámaras de vigilancia en nuestra conducta social, en nuestro libre tránsito, en nuestra libertad ambulatoria restringida y controlada es un componente que poco se tiene en cuenta. Cuanto de intimidatorio simboliza un guardia que difícilmente puede discriminar entre quienes no representamos peligro y los que si pueden representarlo. Cuanto contribuyen a incrementar la “sensación” de inseguridad estas construcciones es lo que me habilita a criticarlas, comenzando con su implantación en el espacio público, claramente prohibida en las normas pero pasivamente admitida por la Intendencia, desligando competencia a favor de otros Entes del Estado. El control del espacio de todos, no puede ser ejercido por particulares ni organizaciones de ningún tipo. Incluso hay un Decreto que reglamenta los cercos en la línea divisoria entre los predios y el espacio precisamente llamado Municipal, impidiendo que sean opacos a la vista de jardines y espacios. De mínima, transaccionalmente, debería estudiarse una estética de la transición, entre el uso de barreras dentro del predio privado y su visualización desde el espacio social. Y como ejemplo de diseño cambiar al menos la verticalidad carcelaria de las rejas por la horizontalidad que genera menos obstrucción a la vista en tanto nuestros ojos abarcan más en ese sentido. El abordaje integral En esta hipermoderna sociedad globalizada se diluyen las victimas y los victimarios .Cuanta culpa tiene el que rompe el pacto social y cuanta el que abusa del mismo. Cuanta el que roba un producto que otro propone que todos deben- por que a el conviene- tener? Cuanta el excluido que se sabe tal ,que rompe las reglas de una formalidad que le ha sido por generaciones negada, de una comunidad de la que está fuera? Cuanta inseguridad genera un delincuente y cuanta una empresa que deja de golpe, trabajadores sin empleo? Cuanta una sociedad que segrega y excluye? En un mundo perforado por la tecnología aún en los mas protegidos ambientes ,transitado por la movilidad social activada por la supresión de las distancias y el tiempo,; será la solución restringir cada vez mas los espacios destinados a las elites, controlar y reprimir las invasiones de los “indignados” en Madrid, de los “planchas” en Montevideo o colaborar en cambiar la esencia, la condición, de esas “invasiones”?
A riesgo de desilusionar lectores tengo solo las preguntas. De las respuestas- porque en ellas nos va en el mas amplio sentido, la vida- creo debemos ocuparnos todos.
En tren de hacer algo Hay manifestaciones de inseguridad urbana sobre las que si se puede actuar directamente. Son sus componentes relacionados al tránsito como los buses que no paran cerca del cordón, las motos a contramano, las bicicletas sin luces, los carros sin ningún control. O los espaciales, como las veredas rotas o con basura, las barreras de obras que impiden o hacen peligroso el tránsito de peatones. Estas inseguridades no son causadas por delincuentes y si se puede actuar directamente sobre ellas.
Una reflexión final Renglón aparte merece la generalización a que induce el “espectáculo “de la inseguridad en los medios de información sobre la población. A tenor de la cantidad y el uso del plural en declaraciones a los mismos por sus víctimas, parecería que los insucesos nos pasan a todos. Si recurrimos al uso de las estadísticas y porcentajes de moda, podría contabilizarse cuanto tiempo nuestra vida urbana individual, colectiva, se ha visto alterada en su seguridad .Aún potenciando esos puntuales sucesos, está claro que no representan mas que una pequeñísima parte de nuestras extensas vivencias en la urbe de las que disfrutamos todos los días.
LA ONDA® DIGITAL
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