Es ingenuo pensar que
la “Guerra de Libia”, es
por “derechos humanos”

Por el profesor José Luís Fiori

“Si aquí y en el exterior todos percibieran que estamos listos para la guerra en cualquier momento, con todas las unidades de nuestras fuerzas en la línea de frente prontas para entrar en combate y herir al enemigo en el vientre, pisoteándolo cuando esté en el piso, para hervir a sus prisioneros en
aceite y torturar a sus mujeres e hijos, entonces nadie se
atreverá a cruzarse en nuestro camino”.

John Arbuthnot Fisher.
Lord de la Marina Real Británica

Libia, la OTAN y el Gran Medio Oriente
Es preciso ser muy ingenuo o estar mal informado, para seguir pensando que la “Guerra de Libia”, fue hecha en nombre de los “derechos humanos” y de la “democracia”. Y, además, creer que el gobierno de Muamar Kadafi fue derrotado por los “rebeldes” que aparecen en los diarios, en poses publicitarias. Todo esto, mientras la aviación inglesa comanda el ataque final de las fuerzas de la OTAN, a la ciudad de Sirte, después de haber conquistado la ciudad de Trípoli. Hasta el momento, la "primavera árabe" no produjo ningún cambio de régimen en la región, ni en Túnez ni en Egipto, y no existe ninguna garantía de que los nuevos gobiernos sean más democráticos, liberales o humanitarios que sus antecesores. Inclusive, porque casi todos sus líderes ocuparon posiciones relevantes en los gobiernos que ayudaron a derrocar, con el apoyo de una multitud heterogénea y desorganizada. Siendo que, en el caso de Libia, no se puede ni siquiera hablar de algo parecido a una "movilización masiva y democrática" de la oposición, porque se trata, de hecho, de una guerra salvaje y sin cuartel, entre regiones y tribus enemigas, que fueron movilizadas y "pacificadas" transitoriamente, por las fuerzas militares de la OTAN.

Según Lord Ismay, que fue el primer Secretario General de la OTAN, el objetivo de la alianza militar creada por el Tratado del Atlántico Norte, firmado en 1949, era "mantener a los rusos fuera, a los americanos dentro y a los alemanes abajo". Y este objetivo fue cumplido plenamente, durante todo el período de la Guerra Fría. Pero después de 1991, la OTAN pasó por un período de "crisis de identidad" y redefinición de su rol dentro del sistema internacional. En un primer momento, la organización militar se volcó hacia el Este y hacia la ocupación/incorporación de algunos países de Europa Central que habían pertenecido al Pacto de Varsovia. Más allá de esto, decidió participar directamente de las Guerras de Kosovo y de Servia. Y, al mismo tiempo, lanzó, en 1994, un proyecto de intercambio militar y de seguridad, con los países árabes del norte de África, el llamado “Diálogo Mediterráneo”. Diez años después, en la reunión de cúpula de 2004, en Estambul, los dirigentes de la OTAN decidieron expandir su proyecto de seguridad y crearon la "Iniciativa de Cooperación de Estambul" (ICI), dirigida hacia los países del Oriente Medio. Por otra parte, en este mismo período, la OTAN, que no había apoyado las guerras de Afganistán y de Irak, decidió adherir y colocarse del lado de las tropas anglo-americanas, instalando sus fuerzas también en Asia Central.

Fueron los ingleses quienes acuñaron el término "Medio Oriente", para referirse a los territorios situados en el medio de su camino, entre Inglaterra e India, y que pertenecían o estaban bajo la tutela del Imperio Otomano. Incluyendo los territorios que fueron recortados y divididos después del fin de la 1º Guerra Mundial, siendo transformados en “protectorados” de Inglaterra y de Francia, que ya eran, en aquel momento, las dos mayores potencias imperiales de Europa, habiendo sometido y colonizado a la mayor parte del África Sub-Sahariana, y a todos los países árabes del norte del continente, hoy incluidos en el “Diálogo Mediterráneo” de la OTAN. Pero fue el presidente norteamericano, George Bush, quien acuñó el término “Gran Medio Oriente”, presentado por primera vez en la reunión del G8, realizada en Sea Islands, en los EE.UU., en junio de 2004. La idea era definir y unificar un nuevo espacio de intervención geopolítica, que iría de Marruecos hasta Pakistán, y debería ser objeto de la preocupación prioritaria de las Grandes Potencias, en su guerra contra el “terrorismo islámico”, y a favor de la “democracia” y de los “derechos humanos”. Desde esta perspectiva, se puede comprender mejor el significado geoestratégico de la “primavera árabe”, y de la Guerra de Libia.

Asimismo, ¿qué se debe esperar que ocurra después de la guerra? En Libia, habrá un largo período de caos, seguido de la formación de un gobierno de coalición tribal, inestable y autoritario, bajo el patrocinio y la tutela militar de la OTAN. Al mismo tiempo, se estará dando un paso decisivo en la construcción de una fuerza de intervención “occidental”, capaz de proyectar su poder militar sobre todo el territorio islámico del Gran Medio Oriente. Y de paso, quedará instalado el primer “protectorado colonial” de la OTAN, en África. ¡Triste destino el de África!

* José Luis Fiori: Profesor en la Universidad pública de Río de Janeiro sobre economía y ciencia política.

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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