Cómo explicar el malestar
de nuestros días

Por el economista Luiz Carlos Bresser-Pereira

Los años neoliberales del capitalismo terminaron
con la crisis financiera de 2008, que los desmoralizó

Vivimos un tiempo de crisis, un tiempo de malestar. La salvaje revuelta en el Reino Unido lo mostró con claridad; fue una reedición agravada de las revueltas de Francia de 2005. Estas, como las manifestaciones más moderadas y más objetivas en Grecia, en España y en la propia Inglaterra contra las políticas de austeridad impuestas por los acreedores o, entonces, autoimpuestas por el propio gobierno conservador, demuestran que no estamos pasando por días felices.

La miseria material continúa identificando países pobres y explotados de la periferia, pero la miseria humana, la sensación de inseguridad, la falta de perspectivas y la frustración generalizada, están en todos lados. Especialmente en el mundo rico.

Los EE.UU., que en la post-guerra eran una sociedad cohesionada y fuerte, hoy son una sociedad dividida y desorientada. En Europa, la crisis provocada por el euro, sugiere para todos sino el estancamiento, la decadencia económica.

¿Cómo explicar lo que está sucediendo? ¿Es el capitalismo que fracasó, es el Estado social que fue destruido, como afirma un crítico tan radical como brillante como es Slavoj Zizek? No acepto este tipo de diagnóstico.

Los 30 años neoliberales del capitalismo fueron un tiempo de retroceso social y político, de aumento brutal de las desigualdades y de la inestabilidad financiera y de disminución de las tasas de crecimiento económico. Pero el estado social europeo sobrevivió porque fue defendido en elecciones democráticas.

¿Fue entonces que el mundo moderno perdió sus parámetros morales, como pretenden los conservadores? No vale la pena perder el tiempo con este tipo de no-explicación. Las revueltas no siempre son racionales y muchas veces no son ni siquiera razonables, pero siempre son morales.

Siempre muestran indignación moral contra la injusticia, el privilegio y la corrupción de los ricos. Los revoltosos de Londres actuaron en algunos momentos como criminales, pero no subestimemos su indignación.

Hubo, si, decadencia moral en nuestro tiempo. Pero la pérdida de parámetros morales fue el resultado de la alianza contradictoria e insana del conservadurismo con el neoliberalismo - con una ideología ferozmente individualista, que niega de forma militante la solidaridad y el interés público.

Los progresistas no tienen el monopolio de la moral, ya que los conservadores siempre fueron sus guardianes, aunque confundiéndola con el orden establecido. El conservador sólo no estaba dispuesto, como lo están el progresista y el revolucionario, a arriesgar el orden en nombre de la justicia social.

Cuando, por otra parte, en los 30 años neoliberales, el conservadurismo fue capturado por el neoliberalismo, se convirtió en una fuente de desorganización social y de retroceso moral. El malestar de nuestro tiempo sólo será superado cuando el mundo rico redescubra el futuro. Pero este redescubrimiento sólo puede darse cuando se lleve a cabo la crítica al neoliberalismo. Los años neoliberales del capitalismo terminaron con la crisis financiera de 2008, que los desmoralizó, como desmoralizó la teoría económica neoclásica que los justificaba.

Pero ni las elites conservadoras ni los intelectuales progresistas fueron capaces de hacer una crítica necesaria de lo que sucedió. Ni de reafirmar su confianza en la idea del progreso o del desarrollo.

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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