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Habitar Montevideo (II). La movilidad
Por el arquitecto Luis Fabre
Mi padre; camionero, hombre de pocas palabras, enseñándome a manejar dijo algunas cosas por extensión aplicables en cualquier abordaje de vida: “ Hay que mirar lejos para prevenir y acelerar o frenar a tiempo; pero a la vez cerca para evitar los pozos”. En la gestión de ciudad, debería ser- desde una concepción programática de izquierda- un componente en las acciones de Intendencia y Municipios. Así debería pensarse, no solo en solucionar problemas presentes sino también en prevenirlos con anticipación en términos de tiempo-urbano, mucho más extensos que los generacionales. La movilidad, el desplazamiento, es una actividad intrínseca a lo urbano, desde siempre y por mucho tiempo más en tanto la humanidad prefiera (crecientemente) esta forma de asentarse sobre el territorio.
El cuestionamiento del automóvil, por su apropiación del espacio, el de circulación y el de estacionamiento, sumado a la utilización de combustibles fósiles induce a la adopción de transporte colectivo o individual no contaminante. Sin embargo, se siguen gastando recursos para optimizar el sistema actual sin instrumentar alternativas. En analogía con la generación de energía, comprobamos que bastó empezar en serio a proveer opciones no contaminantes para en poco tiempo conseguir una situación privilegiada respecto a otros países dependientes del petróleo.
Debería la Intendencia, en el uso de sus competencias, ser mas agresiva en la limitación del automóvil y mas proactiva en habilitar el uso de otros medios. Como abundan los ejemplos solo citaremos dos: hasta en Buenos aires funcionan las bici-sendas que aquí, en tanto se realicen, pondría muchos ciudadanos a pedalear. Y en Sidney y muchas ciudades mas funciona un Monorriel eléctrico elevado que cubre dos funciones importantes simultáneamente; el transporte laboral y turístico vinculado zonas residenciales con administrativas y comerciales. El Monorriel cumple con ventaja dos condiciones; comodidad y seguridad que son, además de lo simbólico respecto al poder, las que determinan preferencia por el automóvil. El simbolismo de poder individual está neutralizado por el acceso masivo a los automotores, agravado por las financiaciones que esconden la verdadera capacidad financiera del comprador.
Como todo puede integrarse, la circulación por estos medios permitiría acceder a las áreas centrales, histórico-patrimoniales en desmedro del automóvil, ganando espacio público-social.¿ No derivaría, incluyendo al peatón, en una apropiación de la ciudad mas democrática? .En ciudad México, en Buenos Aires, el subterráneo cumple esa función, con el acceso a casi cualquier punto a un mínimo costo. Observando lo que se gasta en subsidiar el transporte en ómnibus; no deberían habilitarse incentivos a esa y otras modalidades, como también son las bicicletas, con estacionamientos vinculados a los otros medios, en procura de un verdadero sistema multimodal integrado? Esto ya funciona en Barcelona hace varios años Estas iniciativas no prosperan porque no son rentables o no son rentables porque se sigue atendiendo el sistema actual? La Intendencia; debe subsidiar los medios existentes o disponer un subsidio genérico para el transporte público con igualdad de oportunidades? En lugar de apoyar “productos,”- sean omnibuses o autos- con los costos indirectos de infraestructura y regulación del tránsito, no debería promoverse genéricamente el Servicio? Se podría empezar por vincular a los cerca de 10.000 funcionarios propios y sus familias a algunas de estas iniciativas con una asignación focalizada de recursos pensando en los consecuentes efectos demostrativos.
Mirando lejos, proyectando el futuro con un poco de audacia, es cierto, pero con información y sentido común conjugados en buen criterio, esquivando los pozos, es posible acelerar los cambios en la urbe, por un Montevideo mejor.
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