Enseñanza, con carácter
de grave y urgente

Raúl Legnani*
Urumex80@gmail.com

El polémico tema de la enseñanza y la educación está instalado en nuestro país, no solo porque los resultados pueden no ser los mejores, sino porque los uruguayos nos estamos dando cuenta de que en la formación de nuestros ciudadanos se juega el destino de nuestra sociedad.

Nos está costando, es cierto, poder determinar con precisión cual es el eslabón fundamental del que hay que tirar para arrastrar a toda esta problemática y así transformar a todo el proceso educativo.

En lo personal siento que tengo esa limitación, seguramente porque me fui demasiado temprano de la enseñanza, pero como maestro frustrado sigo teniendo la suficiente sensibilidad para recoger opiniones de maestros y profesores destacados y de padres y abuelos que viven con intensidad los procesos educativos de sus familias.

No tengo, por cierto, un proyecto global sobre que hacer con la enseñanza, tanto en el ámbito privado como en el público. Creo, lo digo con énfasis, Que hoy en Uruguay nadie lo tiene y me atrevo a agregar que muchos de nuestros problemas también se expresan en sociedades más avanzadas que la nuestra, desde el momento que ingresamos a la sociedad de conocimiento.

Si no tengo un proyecto global, lo mejor es intentar aportar sobre algunos tópicos que tienen carácter grave y urgente, que no necesariamente tiene que ver con los más desposeídos, donde creo que el gobierno progresista muestra ideas y sensibilidades para resolver este inmenso desafío.

Tena la sensación que desde el Poder Ejecutivo y desde las autoridades de la enseñanza, se le pone poca energía a atender a muchachas y muchachos que con un inmenso esfuerzo abrazan el estudio, pero al poco andar se encuentran con decenas de dificultades que les impide culminar su esfuerzo, que implica el simple acto de tener un título, documento fundamental para ingresar en el mercado laboral con relativo éxito,

Tengo la impresión que hoy no tenemos un seguimiento sano sobre la muchachada estudiantil En cambio tenemos novillos con una caravana en la oreja, que gracias a la informática conocemos toda su evolución biológica. Si el cuadrúpedo se detiene en su desarrollo, lo sabemos y sale marcado en la pantalla. Pero si un muchacho deja de estudiar cuando le falta un tercio para culminar su esfuerzo curricular, no nos enteramos. Hoy sabemos más del cuadrúpedo, que del bípedo con capacidad de pensar, de realizar abstracciones y hasta de ser feliz o depresivo porque la evolución de su cerebro es superior a los que limitan su vida a dar leche o tienen como único destino el frigorífico.

Estoy seguro que hay condiciones en la estructura de la enseñanza y del Ministerio de Enseñanza para seguir de cerca, la evolución de un estudiante y así saber dónde hay que ayudar, e influir.

¿Alguien sabe a cuántos estudiantes les faltan dos años para terminar su carrera en UTU o en la Udelar y no lo hacen? ¿Alguien sabe por qué dejan de estudiar en el Uruguay de hoy? ¿Son por razones económicas o sicológicas o por qué razón? Si alguien lo sabe lo felicito, pero que lo haga público. Pero que también me diga qué hace el Estado para ayudar a ese estudiante que le falta poco para recibirse y no lo hace.

No propongo una caravana-informática en la oreja de los estudiantes medios y universitarios, pero entiendo que es imprescindible que haya una “trazabilidad” para que una vez que se detecte el problema, se le apoye para que no se detenga en sus estudios.

Estoy convencido que hay miles de estudiantes que están en esta situación crítica, abandonaos y sin saber que hacer. Esta parte de la juventud, que se muy bien que no es de los asentamientos, deserta o detiene su avance en los estudios porque debe de ir a trabajar, porque sus padres dejan de poder ayudarlos económicamente o porque saben que después de tener el título no encuentran trabajo fácilmente.

Lo que estoy afirmando, lo sabe mucha gente. Conseguir trabajo con título aniversario depende mucho más de las influencias familiares, que del curriculum. Los estudiantes de las clases altas tienen mejor posibilidades de conseguir trabajo, que los de las clases bajas, donde incluyo a las capas medias alejadas de los centro de poder.

Me pasa a diario, pero voy a poner un ejemplo de los últimos días. Llegó un muchacho a la redacción egresado hace tres años de la Udelar (comunicación) y estudiante de Bellas Artes. Junto al curriculum me trajo algunos de sus dibujos y trabajos de diseño gráfico que eran una maravilla: verdaderas obra de arte.

De inmediato me pregunté por qué ese muchacho, con la calidad que exhibía, no tenía trabajo. La respuesta que se me ocurrió fue muy sencilla: “porque no tiene vínculos con quienes generan puestos de trabajo”, me dije.

Este artista se gana la vida siendo salvavidas, porque la sociedad uruguaya gastó dinero en su formación, pero después lo librado a la suerte del mercado y del escenario de la influencia de los que tienen poder para emplear o no.

Sospecho que en la Universidad no saben de la suerte de este artista. Sospecho que nadie lo llamó alguna vez para preguntarle cómo le fue en la vida y en qué se le puede dar una mano.

Tanto el Ministerio de Educación y Cultura, el de Trabajo con su diálogo por el empleo, el Mides y la Anep, tienen la suficiente sensibilidad para atender esta realidad, si las políticas educativas y de empleo también se dirigen a aquellos que no son de la generación “Ni-Ni”.

Si esto no se resuelve - seguimiento de los estudiantes y ayuda en la búsqueda de trabajo - lo único que estaremos haciendo es crear nuevos pobres, pero con algunos estudios, medios o universitarios.

Porque no nos olvidemos que los 300 uruguayos que vuelven al país, a los que hay que ayudar, en la mayoría de los casos están menos formados que los residentes actuales que quedaron a un tercio de su formación profesional.

*Esta columna fue publicada el 13 de setiembre en La República

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