El 11 de Setiembre y el
discurso centrado en amenazas

Susana Mangana*

Con motivo de conmemorarse un año más de los atentados del 11 de setiembre a las torres de N.Y. el conductor de Sabados Sarandí el periodista Jaime Clara, consultó en su programa, a Susana Mangana. especialista en mundo árabe y responsable de la Cátedra de Islam en la Universidad Católica del Uruguay, Lo que sigue son los aspectos fundamentales de ese diáogo trascripto por La ONDA digital.

- Cómo se puede leer, de otra manera, y escuchar y ver todo lo que va a surgir en estos días con respecto a este aniversario.
- Sí, evidentemente, esta es una fecha que nos marcó a todos y que cambió el mundo. Se dice de una manera un tanto trágica, pero que es cierto. Cambió la perspectiva en cuanto a la seguridad transnacional; los gobiernos de buena parte de los países occidentales tuvieron que tomar medidas en contra de, lo que ellos sentían, que era una amenaza. Que era la capacidad de un grupo de personas que, apelando a una religión, podían golpear “duro y parejo” (como dicen aquí, en Uruguay) en el sistema, no sólo financiero, sino en lo que son los círculos de poder de esos países. Me refiero, no sólo a EE.UU., sino también al Reino Unido, a España. Porque hay que entender al 11 de septiembre como la antesala de los atentados que luego ocurrieron también en España, poco después y también en el Reino Unido. Pero, como digo, creo que podemos hacer una lectura - si te parece - a varios niveles, porque creo que esos cambios se produjeron, en distinta medida, en varios países.

- La primera pregunta que yo te haría - como para arrancar - es, ¿si era esperado?
- Me parece que no. Me parece que nos pilló a todos por sorpresa porque - justamente - se creía que el epicentro de los conflictos del Islam y de los conflictos con Medio Oriente, seguía siendo esa región de Oriente Próximo. Es decir, Egipto - en todo caso - Argelia, Arabia Saudita y después iban salpicando a otros países, como por ejemplo, en Kenia. En ese sentido, creo que tanto la CIA - en buena parte - como también los servicios de inteligencia occidentales (inclusive también el Mosad de Israel), controlaban y seguían muy de cerca los pasos de grupos terroristas que accionaban en la clandestinidad y cooperaban, a través de la violencia y el radicalismo, pero en territorios que no les afectaban directamente. Dicho de una manera más vulgar - hasta entonces - los muertos los ponían ellos. Es decir, eran personas de nacionalidad, o bien norteafricanas, o bien egipcia, o -inclusive - algunos sauditas, pero que morían en su territorio. Porque - hasta entonces - manejábamos el paradigma de un solo enemigo: el enemigo cercano. Estaban atentando contra los gobiernos corruptos, los gobiernos corrompidos por occidente que eran clientes de los EE.UU., a los que ellos consideraban “el gran Satanás” en su ideología alienada, extremista y radical. Y por lo tanto, los muertos (como digo), los ponían los propios musulmanes o - en todo caso - países ajenos a los EE.UU. y al Reino Unido.

A partir del 11 de septiembre tenemos entonces el paradigma de los “dos enemigos”: el enemigo cercano a combatir, que siguen siendo esos gobiernos, muchas veces, musulmanes, a los que ellos sienten también que son “herejes” y los excomulgan del Islam. O sea, se abrogan un derecho. Los excomulgan, los consideran musulmanes tibios o herejes y consideran que no merecen otro castigo que no sea la muerte.

Pero, a partir del 11 de septiembre, incorporan el segundo paradigma, que es el enemigo lejano a combatir. Y ahí incluyen, tanto a Israel, como aliado de EE.UU. en la región, al propio EE.UU. al que consideran “el gran Satanás” y - después - a todos los países occidentales que ellos sienten que han tenido una política exterior nefasta en la región de Oriente Próximo. En ese sentido, creo que no lo esperábamos. Si no, se hubieran tomado otras medidas, Jaime. ¿No te parece?

- Sí, sí. Claro que sí. Y hubiera estado todo mucho más preparado.
- Exactamente. Yo creo que el 11 de septiembre golpeó duro a los EE.UU. porque, como dicen, golpeó su corazón financiero, en Nueva York, que es una ciudad mítica pero - también - polo de atracción del turismo. Con lo cual - en ese sentido - fue un golpe cinematográfico y un golpe, en clave de seguridad y de logros, magistral. No digo que fue “un buen golpe”. Lo que digo es que nadie lo esperaba. Yo creo que los propios terroristas no pudieron calcular que las torres iban a derrumbarse, a desplomarse de esa manera. Pero es por eso que Al Qaeda se convirtió en un fetiche, se convirtió en un ícono para muchos de esos musulmanes resentidos que ya habían cruzado todos los umbrales y que operan desde la clandestinidad y desde el radicalismo. Y que, por eso, querían emular lo que ellos entendían que era una gesta llevada a cabo con los hombres de Bin Laden.

- El tema de Al Qaeda y de Bin Laden, ¿fue ponerle rostro a algún enemigo? Porque también, el concepto del terrorismo, no deja de ser un concepto genérico...
- Es un concepto bastante antiguo, además. Y en el caso de la guerra global contra el terrorismo, fue casi a la caza de un hombre y de la persecución - por otra parte - muy justa de esa caza. Porque era un hombre que no le caía simpático a nadie, vamos a decirlo. Era un asesino, era un ideólogo de formas distintas de matar y de llevar a cabo su locura y su irracionalidad. Pero esta campaña que desarrolló el ex presidente Bush (h) con una guerra global contra el terrorismo, también supuso como cambio, como novedad, un recorte de libertades. En aras de buscar a ese enemigo, en aras de golpear al radicalismo musulmán, ahí también cercenaron - dicen muchos analistas - derechos humanos, como imposiciones y restricciones a la libertad de movimiento. Y ya sabemos lo que ocurre en los aeropuertos y los controles de seguridad que se han vuelto - en muchos casos - muy tediosos y que uno también cuestiona si eso va a evitar que haya un atentado por otras vías. También se apeló a una caracterización del individuo. Como tu bien dices, se le puso rostro. Entonces en ese momento, todo aquel que tenía barba, o tenía un pelo tupido negro o que era morocho de piel, empezó a padecer o a sufrir los controles de los aeropuertos. Sobre todo, volando hacia los EE.UU. o hacia Canadá o a esos países donde se produjo esa caracterización, un tanto vulgar, de la persona. Yo recuerdo un capítulo bastante trágico de un bailarín muy conocido en España - gitano él, de raza - que, como lo encontraron sospechoso por su apariencia, tuvo - realmente - mil y una vicisitudes e, incluso, fue golpeado y maltratado por una de las policías, mujer ella, porque lo encontró débil y porque se echó a llorar y le dijo: “ah, ¿quieres llorar? ¡Ahora te voy a dar para que llores!”. En este momento se me borró el nombre, pero es un “bailaor” de flamenco muy conocido en España y España tuvo que presentar quejas, a través de su embajada en Washington, etc., etc. Pero esa caracterización, me parece también uno de los cambios peligrosos, como secuela del 11 de septiembre.

El otro que yo mencionaría es la “guerra preventiva”. Esto era algo que no se conocía: atacar a un país por si acaso él nos vaya a atacar a nosotros, no parece que fuera el “modus operandi” previo al 11 de septiembre. No sé qué es lo que opinas tú, Jaime. Me refiero al capítulo de Irak.

- Sí, sí, claro.
- Es decir, todos los que manejábamos información sobre Oriente Medio y analizábamos la situación de allí, sabíamos que la excusa de las armas de destrucción masiva, no era real. Pero además, que tuviese conexiones Bin Laden con Saddam en Irak, o como hoy - por ejemplo - con Gadafi en Libia, es falso. Porque son personajes muy egocéntricos, todos narcisistas, pero que - además - no dejarían espacio el uno para el otro. Es decir, compiten por el poder, compiten por el liderazgo en su comunidad. Con lo cual, Saddam Hussein no tenía interés en tener cerca a Bin Laden y, tampoco, lo tiene hoy Libia. Pero esa guerra preventiva en Irak, creo que también sentó un precedente que - dicho según algunos juristas - es peligroso. Es peligroso en cuanto a la violación de la soberanía de los estados, en cuanto al derecho internacional y me parece que es bueno que lo destaquemos.

Yo también tenía un apunte y es que, me parece, que se polarizó el tema de la seguridad transnacional. O sea, antes los estados velaban por su seguridad nacional y se podía hablar de seguridad internacional. Pero hoy se habla de grupos que trascienden fronteras, que atacan en base a un mismo objetivo que tenían antes y golpeaban dentro del país, pero hoy atacan fuera del país. Me refiero, por ejemplo, a la contienda con Israel que se trasladó al espacio argentino. O sea, si el objetivo era golpear a Israel, ¿por qué entonces el atentado se va a perpetrar en la capital de Argentina? Me refiero al capítulo de la AMIA. Entonces, ese tipo de actuación de un grupo que trasciende fronteras para golpear a su enemigo fuera de las fronteras de ambos países y golpear en un tercer país, creo que salpica de una manera que antes no estábamos acostumbrados a ver.

Y me parece que, también, es importante plantearnos cómo ha cambiado la relación con el mundo árabe y con el mundo musulmán. Yo percibo que, si bien, antes había una especie de mirada de soslayo, una mirada por encima del hombro desde Occidente hacia el mundo musulmán, porque se entendía que ese mundo musulmán se había estancado y, por tanto, no estaba avanzando al nivel de desarrollo intelectual como lo había logrado el mundo Occidental, hoy creo que - todavía - el discurso, la narrativa, está muy centrada (después del 11 de septiembre), en el aspecto seguridad-amenaza, ese binomio. Es decir, Occidente sigue mirando hacia el mundo musulmán como a una región del mundo que proyecta amenazas que salpican al espacio europeo, al espacio norteamericano, a la cultura occidental.

- Capaz que después del 11 de septiembre se pasó a la desconfianza...
- Exactamente. Antes era como que: “los toleramos, pero, ¡pobrecitos! No tienen democracia, o son países en desarrollo, o sub-desarrollados”. Incluso, a veces se decía: “fíjate que tuvieron cultura, tuvieron un legado importantísimo de las ciencias, pero hoy están totalmente estancados y en lo económico y en lo intelectual”. O sea hoy, de mirarles por encima del hombre y, casi, con lástima, pasamos a mirarles con recelo. Y eso, creo, le ha hecho mucho mal a la relación que se ha vuelto - ciertamente - muy ríspida. ¿Por qué? Pues porque hay una relación de interdependencia. Los árabes y los musulmanes miran hacia Occidente - muchas veces - porque quieren cosas como en Occidente. No es que quieran de Occidente una intervención. Pero sí quieren más libertades, más democracia. Quieren - por ejemplo - tener un desarrollo económico más pujante y que la economía de los países occidentales se abra, también, a sus productos. Me refiero, por ejemplo, a la ribera del Mediterráneo, a la Cuenca Mediterránea, como se dice. Es decir, Túnez, o Marruecos, o Libia, tienen interés en comerciar - primero que nada - con la Unión Europea, como países vecinos, ¿verdad? Y, en ese sentido, creo que hay una interdependencia y están esperando cambios desde Occidente. Y, a su vez, yo creo que los occidentales siguen necesitando los recursos energéticos que existen en la región de Oriente Medio. Me refiero, no solamente al petróleo, sino al gas. Y - en última instancia - también hay países en la región, como Israel, que también necesita tener acuerdos por el agua, porque el agua es un elemento que -notablemente - escasea en aquella región. Y, por tanto, acceder a fuentes de agua o acceder a fluyentes de ríos importantes, es algo que preocupa y mucho, de aquí en mucho.

Esa relación de interdependencia debería ser el motor para que se busquen puntos de equilibrio. No minimizo que haya amenazas desde el mundo islámico. Pero, me parece, que tenemos que ser justos y calibrar bien qué grupos son una amenaza porque son terroristas - más allá de que apelan al Islam y lo manipulan como un argumento, pero son terroristas y punto - sin mayores calificativos; y qué grupos son islamistas y tienen derecho a llevar adelante un proyecto político/religioso, que también reivindique el Islam como una seña de identidad. En ese sentido, tenemos a Turquía. Y por eso digo que tenemos que terminar, en Occidente, continuar con esta narrativa, con este discurso centrado en la amenaza, que nos hace crear rispideces y que no ayuda a la conciliación. Que polariza a las dos civilizaciones en vez de ayudar a pacificar la situación. Porque, me parece a mí, que ambos mundos nos necesitamos.

*La Cátedra permanente de islam y Mundo Árabe está dirigida por la Prof. Susana Mangana, Profesora de Lengua y Cultura Árabe, graduada en Filología Árabe en la ciudad de Londres y Diplomada en Lengua Árabe y Dialectal Egipcio en la Universidad de Alejandría.

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