Banco del Sur
Pedro Páez: crisis mundial: el
problema no está en Grecia

Entrevista de Nelson Ferrer

Pedro Páez, es una de las figuras impulsoras del Banco del Sur, proyecto iniciado por el presidente venezolano Hugo Chávez que espera lograr una nueva arquitectura financiera para América Latina, en el que los movimientos sociales y el pensamiento alternativo son protagonistas y que ya cuenta con el apoyo de siete países de la región (Venezuela, Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Paraguay y Uruguay). A diferencia de la mayoría de los economistas, cree que la crisis europea no es producto del endeudamiento sino de una ofensiva despiadada del capital financiero especulativo por la hegemonía mundial. Plantea que existen alternativas viables y factibles para superar la crisis sin recurrir a las políticas neoliberales que la generaron.

- ¿Qué opinión le merece la posibilidad inminente de un default en Grecia?
- Yo creo que el tema del default de Grecia, y el problema de Europa en general, forma parte de una programación. No perdamos de vista los procesos estructurales de la crisis. Aquí hay unos problemas mucho más graves que se vienen evidenciando desde hace unos tres o cuatro años. Esto se hizo evidente desde la implosión de Lehman Brothers, que tiene que ver con la insolvencia estructural del sistema. Es decir, toda esa hipertrofia parasitaria del aparato especulativo que se había constituido en las últimas cuatro décadas como respuesta a la crisis de rentabilidad del sistema, ahora entra a un callejón sin salida. Lo que realmente fue un espejismo fue el período de recuperación desde principios de 2009 hasta el presente.

Tenemos un proceso de burbujización de la economía donde los grandes capitales financieros lo que buscan es crear episodios de rentabilización, porque ellos ganan en las subidas y ganan en las bajadas. Por eso, es crucial leer el tema de la crisis europea en esa perspectiva: en el marco de una disputa muy fuerte por la hegemonía entre distintas fracciones del capital que abogan por un escenario de más incertidumbre, de más desestabilización, porque “a río revuelto, ganancia de pescadores”.

Sin embargo, la lectura convencional, al respecto, pretende plantear una serie de condicionamientos técnicos de restricciones que son totalmente artificiales. Europa podría resolver tranquilamente el problema de Grecia a través de una emisión del Banco Central Europeo a cero por ciento de interés. Esto posibilitaría el financiamiento para políticas de pleno empleo, de desarrollo científico y tecnológico que permita cambiar el paradigma tecnológico para considerar elementos ambientales con visión estratégica frente al problema de la crisis ambiental de largo plazo. Que permita financiar proyectos de convivencia de las comunidades, por ejemplo, para abrir las puertas europeas a las distintas culturas para una construcción europea mucho más incluyente, mucho más democrática. Que haga frente a la crisis demográfica que vive la vieja Europa y que incorpore a las nuevas culturas fruto de la inmigración. Hay una cantidad de proyectos referidos al medio ambiente, a la infancia, a la inmigración, que son absolutamente viables, pero los gobiernos europeos han preferido darles millones y millones de euros a los mismos banqueros que desde la corrupción y la incompetencia crearon la crisis. Pero les resulta inflacionario y anti técnico y catastrófico que se usen esos recursos para financiar los verdaderos proyectos que la sociedad necesita. Por ello, creo que este es un proceso autoinflingido, programado, para utilizar la crisis como un arma política.

- Usted afirma que existe una alternativa para Grecia y toda Europa sin aplicar políticas neoliberales y sin que ello represente el fracaso del euro.
- Sin dudas, creo que hay muchísimas opciones sin que ello implique mayores cambios institucionales. El euro ya pudo dar más recursos de lo que originalmente estaba planteado en el pacto de estabilidad que ya fue violado en muchos casos. Entonces ¿por qué no crear las condiciones que permitan que la sociedad europea avance en las conquistas sociales que la han caracterizado y que al mismo tiempo, permitan garantizar un proceso de relanzamiento de la economía con tasas de inversión productivas importantes, con tasas de crecimiento de la economía, con crecimiento de la capacidad adquisitiva, y que al mismo tiempo tengan una visión estratégica sobre el nuevo paradigma tecnológico y productivo que el Mundo está necesitando. El viejo modelo de crecimiento ya no da para más. Necesitamos grandes cambios tecnológicos y culturales que requieren inversiones. Existe ese dinero, hay esos recursos, el Banco Central Europeo puede dar esa plata. Entonces ¿por qué se sigue financiando a banqueros corruptos en lugar de invertir en la verdadera solución? Los dirigentes europeos siguen afirmando que invertir en ciencia, tecnología, cultura y educación genera inflación. Es una locura! En realidad están utilizando la crisis como un arma, como una estratagema política para poner contra las cuerdas a las clases trabajadoras, para romper las conquistas sociales que se han logrado en las últimas décadas.

- ¿Qué expectativas le genera la próxima reunión del G-20?
- No abrigo mayores esperanzas, porque el pensamiento dominante en ese grupo concibe el asunto como una “tragedia griega”, con el objeto de generar más incertidumbre y más caos, lo que solo sirve a los intereses de ciertos sectores del capital financiero especulativo.

Nosotros tenemos que tener en cuenta, de manera estratégica, que esta crisis estructural es una crisis de sobreproducción, en donde está de por medio una crisis de hegemonía, en la que para algunos es muy conveniente geopolíticamente que Europa continental se vuelva irrelevante en el concierto mundial. Esto significaría una mayor capacidad de unipolarizar el Mundo y de concentrar el poder en una oligarquía cada vez más estrecha. Desmantelar todas las conquistas sociales y democráticas de Europa, significa cambiar la correlación de fuerzas a nivel de cada país. Pero la destrucción de la construcción europea y la de cada país individualmente, también cambia el balance de poder a nivel mundial, permitiendo que los sectores más autoritarios, más reaccionarios del eje anglo-americano, desde el control militar, y desde la impunidad militar, puedan continuar con su agenda de desestabilización y de conflicto a nivel mundial.

- Si la crisis se profundiza, ¿con qué recursos y herramientas cuenta nuestra región para no ser arrastrados?
- Lo fundamental es hacer esta lectura que no solamente es económica, sino también es geopolítica. Porque este sistema de burbujización de la economía, es decir, de crear oportunidades de cortísimo plazo y de altísimas tasas de interés para la especulación, en el marco de la incertidumbre, en el marco del riesgo, en lugar de hacer compromisos de largo plazo en el plano de la inversión productiva, en el salto tecnológico, está planteando una dinámica parecida a la de las langostas, que exterminan un campo y buscan otro. Estamos hablando de un volumen gigantesco de capitales que necesitan nuevas oportunidades de corto plazo. Por lo tanto, acabado el campo de Europa, necesitan de otros campos. América Latina es una presa tentadora, precisamente porque nos ha ido bastante bien en los últimos años, porque hemos logrado acumular un importante nivel de activos financieros y productivos. Lo que esos capitales financieros quieren hacer es exprimirnos y botarnos a la basura. Por eso necesitamos rápidamente crear las condiciones que defiendan la economía del continente, algo que desde el Ecuador venimos planteando insistentemente es la creación de una nueva arquitectura financiera para generar las premisas necesarias para un proceso de defensa. Hemos avanzado significativamente en el Banco del Sur pero ahora se hace indispensable dar una señal a los mercados financieros donde se diga: vamos a empezar con el proyecto de soberanía alimentaria para parar la amenaza mundial que significa la especulación en el mercado de los alimentos.

Vamos a generar una red de silos producidos localmente, controlados por las organizaciones de productores locales, con el respaldo de los municipios, conectados en línea, para que sea el Consejo de Ministros de Agricultura de la UNASUR el que monitoree la existencia de reservas estratégicas de cada grano básico. Y en un manejo adecuado de inventario a nivel continental se puede atender cualquier interrupción de la provisión, bien sea por la sequía, por la especulación, o cualquier calamidad natural.

Esto va a plantearnos una coherencia en producción y consumo a nivel de todo el continente que va a proteger a los productores y a los consumidores locales y va a generar un anclaje a nivel internacional en la formación de los precios. Si este proyecto se logra replicar en otras partes, podríamos evitar la catástrofe alimentaria que, por ejemplo, ha reventado en el cuerno de África. Es una vergüenza que esa calamidad humanitaria no se haya evitado porque podría haberse resuelto con muy poco dinero. América Latina tiene que mostrar rápidamente esa señal en el plano económico pero también en el plano político, es decir, que nos estamos jugando por la vida de la gente.

- Y en el plano financiero ¿cuál sería el mensaje de la UNASUR al resto del Mundo?

- El mensaje tiene que ser claro y afirmar que aquí no habrá condiciones favorables para la especulación financiera, sino para la inversión productiva. Así como el Banco del Sur debe cerrar las puertas a la especulación con los alimentos y promover el proyecto alimentario que ya mencionamos, tiene que sumarle otro tipo de proyectos como, por ejemplo, la red de ferrocarriles de todo el continente. Esto plantea inversiones gigantescas, pero también alianzas estratégicas con sectores del capital muy importantes. Es como decirles: deje de apostar al conflicto, a la guerra, a la muerte, a la desestabilización, al clima de incertidumbre, y venga acá y apueste por la paz y por el desarrollo. Y estamos hablando de un proceso de 15 a 20 años de inversiones productivas sostenidas que van a sacar de la vorágine de la especulación financiera a una porción significativa del capital mundial. Nosotros no le vamos a garantizar las altas tasas de ganancia del Señor Bernard Madoff, pero seguro que podemos garantizarle mucho más rentabilidad que el 0% que les ofrecen los Bonos del Tesoro de los EEUU.

Cuando hablamos del Banco del Sur, en realidad estamos refiriéndonos a doce países que, más allá de las trayectorias individuales, ahora están apostando seriamente a un proyecto de construcción conjunta. Es un proyecto de largo plazo que pone a la ciencia y la tecnología en el corazón del proceso de integración y de un nuevo tipo de relacionamiento con el Norte, por ejemplo, en las negociaciones con la Unión Europea a la que podemos plantearle este tema de la red de ferrocarriles que plantea todo un proceso de generación de empleo allá en el Norte y aquí en el Sur, también de contrataciones de pequeñas y grandes empresas.

Estos proyectos plantean también la necesidad de redefinir los objetivos de defensa de nuestras naciones para dejar de pensar en hipótesis de conflicto con los países hermanos, para plantearnos cómo defender estas infraestructuras supranacionales comunes. En el caso de los empresarios, de aquellos que están capturados por los atavismos ideológicos del pasado, de la Guerra Fría, tenemos la oportunidad de proponerles estos proyectos, para pensar en grande, para hacer realidad los objetivos de la Patria Grande. Tenemos que dar señales claras de que estamos invitando al capital a participar de un nuevo esquema, un nuevo régimen de acumulación como el que está promoviendo el Banco del Sur. Esto es decirle no a la especulación financiera para recuperar el horizonte de la inversión productiva. Y significa un horizonte económico porque plantea una serie de retos tecnológicos. Porque una cosa es hacer un tren de alta velocidad en Europa y otra cosa es hacerlo aquí. Pensar en trenes que atraviesen la Amazonia o la cordillera de los Andes y recorran extensiones inmensas, implica pensar en retos tecnológicos que van a involucrar a las Universidades, a los profesionales, que van a involucrar al sector empresarial en su conjunto. Todo esto va a demandar otro tipo de empresarios, otro tipo de educación. Entonces, estamos hablando también de una opción de sociedad, de una opción política y una opción de poder. De poder, en su doble sentido, de poder en términos del ejercicio de la política, pero también del poder en sí, en el sentido de las capacidades. Es, también, plantearnos un espacio de convivencia totalmente distinto al que nos propone el capital financiero y la oligarquía internacional.

- ¿Por qué la crisis actual implosionó en el centro y no en la periferia?
- Hasta hace poco teníamos el centro y la periferia, como antes las metrópolis y las colonias. Sin embargo, los capitales ya no respetan ni sus propios territorios y actúan colonizando el propio espacio nacional de sus metrópolis. Lo que está pasando en Europa es pretender aplicar las mismas políticas fallidas que ya se mostraron en América Latina en los últimos 40 años. Se aprestan a desmantelar el Estado de Bienestar de Europa, desmantelando las conquistas sociales de sus trabajadores, pero también asfixiando mercados. ¿Pero no se dan cuenta los señores empresarios que no van a tener a quienes venderles sus productos si sus gobiernos se empeñan en recortar la capacidad de consumo de la gente? Si esto se da también en los EEUU y presionan a China para que baje el gasto público y para que aumente las tasas de interés porque su economía está sobrecalentada, lejos de morigerar los efectos negativos de la crisis, los van a profundizar dramáticamente.

- ¿Y aquí en América Latina?
- Es una vergüenza que aquí, hasta la CEPAL esté hablando de recortar el crédito, de ajustar las tasas de interés y recortar el gasto público, mientras nosotros desde el Banco del Sur nos estamos empeñando en construir una nueva arquitectura financiera. Porque no es posible alentar la economía asfixiando los mercados y peor si se lo hace simultáneamente.

Nuestra apuesta es totalmente distinta. Es una apuesta por la paz, por el desarrollo, y es una apuesta absolutamente viable. Hay condiciones para hacerlo y la nueva arquitectura financiera regional permite que, por ejemplo, esos 700 mil millones de dólares que tienen solo los Bancos Centrales de la región, ahorrados en títulos del Tesoro de los EEUU y Bonos, y otro tipo de activos financieros alojados justamente allí donde está el foco de infección, con unas tasas de interés cercanas al 0% y corriendo el riesgo de que en cualquier momento se pierda esa plata, podríamos utilizar esos recursos, con los adecuados arreglos institucionales, para reciclar y mejorar nuestras capacidades productivas y las condiciones de vida de la gente. Si eso lo acompañamos con un redimensionamiento de los Bancos Centrales para que América Latina comience a trabajar en conjunto, podríamos armar una red de seguridad financiera que, en conjunción con una moneda común, diferente al euro, como la que estamos haciendo con el sucre, podríamos movilizar una masa extraordinaria de recursos locales y regionales en pos de una perspectiva de desarrollo viable y alternativa.

- ¿Le parece posible que algunos países de la región, con gobernantes de concepción neoliberal, se apresten a apoyar tales objetivos?
- Esa es la tarea de la nueva arquitectura financiera. Crear las condiciones que permitan romper con el mecanismo de dependencia macroeconómica, monetaria y financiera, que mantiene a nuestros países restringidos y subdesarrollados. Y le doy un ejemplo concreto, que ahora mismo está funcionando y que tiene que ver con el sucre como moneda de intercambio. Cuando Ecuador presenta el proyecto del sucre como moneda común a los países del ALBA, éstos lo aprueban y en menos de un año empieza a funcionar. A diferencia de lo que es el euro, el sucre permite tener mayores grados de soberanía monetaria en la política interna de los países que lo adoptan como moneda. Es como una tarjeta de crédito recíproca que se abren los Bancos Centrales unos a otros. No se trata de billetes, pero genera resultados económicos formidables.

Por ejemplo, si actualmente Argentina le quiere comprar algo a Chile, tiene que, primero, comprar dólares. Es más, el importador tiene que involucrar a un banco aquí en Argentina que tenga un banco corresponsable en los EEUU; pasar la transacción a través del swift, que es un monopolio internacional privado, a la Reserva Federal de los EEUU, para pasar, luego, al banco corresponsal del exportador en los EEUU, para transferir el dinero al banco privado del país en que reside el exportador, para que, finalmente, el exportador reciba el pago correspondiente. Entiendo que no hay ningún filántropo en todas estas transacciones, así que todos cobran su comisión. Con la utilización del sucre, se eliminan todos los intermediarios. El operador del importador, como el operador del exportador, pasan a través de los Bancos Centrales de sus países y se acabó el asunto. Entonces, primero hay una reducción de costos de la transacción comercial, también de los costos financieros y hasta un importante ahorro de tiempo. Además, como no se utilizan dólares, los países no sufren la presión que produce la compra y venta de divisas en el tipo de cambio local.

Esto permite mayor grado de libertad tanto en la política monetaria, como en la política financiera. Y como consecuencia, el servicio de la deuda se vuelve más estable y más barato, se están liberando más recursos para los hogares, para las empresas, pero también para el gobierno, por lo que se amplían los espacios de política fiscal. Estamos generando un mecanismo totalmente distinto en el que todos estos dilemas neoliberales y restricciones de política pueden empezar a desmantelarse y liberar recursos para garantizar lo fundamental, que es la transformación del aparato productivo en beneficio de lo que la gente necesita, no en beneficio de lo que el Norte requiere.

Porque seguir apostando a las ventajas comparativas, seguir apostando a la especialización en productos primarios, en estas circunstancias en las que no se sabe el precio del dólar, el precio del petróleo, el precio del oro, cuando no se tiene la menor idea de cuales van a ser los precios de equilibrio de los principales productos, no tiene ningún sentido seguir apostando a esas políticas. La especulación financiera ha distorsionado totalmente el mecanismo de la formación de los precios en todo el Mundo. No se puede seguir produciendo en función de este paradigma neoliberal. Por lo tanto, América Latina tiene que defenderse, no solo creando una regulación prudencial, creando mecanismos de liquidez, creando esta red de seguridad financiera que evitaría que el continente pueda ser objeto de ataques especulativos como los que está sufriendo Europa, sino también, abordar la transformación de su aparato productivo.

- Usted cree que no se superó la crisis que comenzó en 2007, que actualmente estamos en otra fase de la misma crisis. ¿Es así?
- La auditoría a la Reserva Federal que fue publicada a regañadientes a fines de julio del presente año, demuestra que todas las cifras que habían publicado con respecto al salvataje de los bancos eran falsas. Se estaban manejando datos de 1,3 billones de dólares, cuando ahora se sabe que han sido 16 billones. Es decir, 110% del PBI de los EEUU. Todo ese dinero en las manos de un grupo de bancos tan pequeño que sobran los dedos de una mano para contarlos. Y son precisamente esos bancos los que crearon la crisis desde la hipertrofia parasitaria del aparato especulativo. Bancos que fueron salvados con dinero público y que no han destinado esos recursos a la generación de crédito productivo ni a la generación de empleo genuino.

Entonces nos preguntamos ¿en dónde está toda esa plata? Está invertida en activos financieros tóxicos, en los mercados de commodities, en cotizaciones de mercados a futuro, en tipos de cambio que distorsionan el normal funcionamiento de los mercados. Por eso, el problema real en Europa no es el de la deuda. El problema real es bancario.

A diferencia de lo que sucede en el Norte, América Latina tiene a su favor una cantidad fabulosa de cosas. Entre otras cosas, contamos con un monto muy importante de reservas, fondos parafiscales, fondos de estabilización, fondos de pensiones, etcétera. Si sumamos solo los fondos con que cuenta el sector público, estamos hablando de 1,4 billones de dólares. Si a eso le sumamos todos los depósitos de los latinoamericanos que los bancos privados tienen afuera, precisamente allí donde está el foco de infección, si a eso le sumamos los ahorros de las empresas corporativas y no corporativas, estamos hablando de casi 4 billones de dólares que tendríamos que direccionar a la reestructuración productiva y a la generación de empleo. Sin embargo, a pesar de todas las ventajas que tales políticas implicarían, debemos reconocer que padecemos de una inercia institucional, cognitiva y epistemológica, sobre todo en los círculos decisores de política, capturados todavía por el neoliberalismo y hay que estar alerta. En 2009 a Rusia se le comieron 300 mil millones de dólares en 6 semanas. ¿Qué evita que eso pase aquí en América Latina? Pero al mismo tiempo, tenemos que ser conscientes de que esos sectores financieros no son imbatibles.

La propia señora Merkel, mostró, en mayo de 2010, que con tres o cuatro medidas administrativas, es decir, que ni siquiera hizo falta aprobar nada en el parlamento, pudo parar los ataques especulativos. Sin embargo, la dirigencia europea enfrenta el presente rebrote especulativo con una auto imposición de limitaciones, sobre la base de un dogmatismo fundamentalista neoliberal que hace que los problemas se transformen en catástrofes. Es una locura seguir con un paradigma que ha fracasado. Seguir creyendo que la inversión pública y la creación de empleo son generadoras de inflación. ¿Cómo se explican entonces que, cuando los EEUU inyectaron en 2008 el equivalente al 110% de su PBI para salvar a los bancos corruptos, no se haya producido inflación?

Hay una cantidad de opciones, fiscales, monetarias, sobre la base de la reconstrucción del sistema soberano de crédito, sobre la base del financiamiento de la producción, que podrían garantizar perfectamente el desarrollo de la sociedad europea.

Por eso, América Latina tiene que estar absolutamente atenta a lo que está pasando. Tenemos dos opciones, hay una bifurcación histórica: avanzar con convicción hacia un desarrollo viable y absolutamente factible, pero hay tentaciones y presiones muy fuertes -muchas veces silenciosas- que pueden llevarnos a la situación de las décadas de 1980 y 1990. En lugar de impulsar la nueva arquitectura financiera para nuestro continente, hay sectores del poder que están recomendando recapitalizar el BID, recapitalizar ALADI, y otros organismos que no representan nuestros intereses. El BID perdió un quinto de su capital social en inversiones en activos tóxicos y derivados financieros. ¿Qué hace un Banco de Desarrollo para América Latina invirtiendo en activos tóxicos en los EEUU? Y el señor Moreno, presidente del BID, que dirigió ese proceso de descapitalización, fue reelegido!

Estas son las decisiones que nos hacen daño, las que no nos permiten avanzar. Por eso, creo que la ciudadanía latinoamericana tiene que apropiarse de estos problemas, participar en la discusión, sin dejar que sean solo los banqueros quienes opinen de banca porque sus decisiones las pagamos nosotros. Los sindicatos, los profesionales, los empresarios, las amas de casa, los estudiantes, las universidades, todos, debemos discutir y participar de estas grandes decisiones. En tanto que nos pensemos como un continente, en tanto que nos concibamos miembros de una Patria Grande, vamos a darnos cuenta que toda una serie de imposibilidades que hemos venido construyendo con ahínco, puede desaparecer de la noche a la mañana para dar lugar a una sociedad mucho más fraterna, solidaria y próspera.

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