Refundar la
educación artística

Por Avelina Lésper*

Los planes de estudio de las escuelas de arte están de espaldas a la realidad de los aspirantes a vivir de su talento artístico. Las artes visuales están polarizadas en sus métodos y en sus objetivos; en cambio mantienen planes de estudio en los que involucran a los alumnos con materias que no aportan a su formación. Es inútil que a un alumno que desea ser “performancero” o hacer instalaciones sonoras le den clases de dibujo o de grabado y lo obliguen a que entre en una sesión de modelado en barro, cuando lo que quiere es recolectar su ropa sucia y pensarle una reflexión que le merezca el premio Turner.

La educación tendría que dividirse en dos tipos distintos de escuelas, una de artes plásticas donde impartieran pintura, dibujo, escultura, grabado; y otra para los que desean ser “artistas” a secas. La escuela para “artistas” se llamaría de Educación Interdisciplinar y las clases se avocarían a sus búsquedas creativas como llevarlos a basureros a que recolectaran objetos, clase de “reflexión” para que cada obra tuviera una explicación y significado; sesiones con psicólogos que motivaran los interiorismos de sus performances; de apropiación de obras y que entre ellos mismo se usurparan su trabajo; de objeto y las diferentes categorías en las que se puede definir; hacer obras invisibles y un etcétera que se iría actualizando según los caprichos de la moda.

En la universidad de artes plásticas los alumnos aprenderían con profundidad y sin marginación las técnicas de grabado, dibujo del natural, pintar al temple o encáustica, estudiar el formato monumental para retomar nuestra escuela de muralismo, las técnicas de escultura. Reunir estas dos tendencias tan disímbolas en un plan de estudios está ofreciendo educación de baja calidad y por lo tanto produciendo egresados con preparación deficiente. Si un alumno necesita una clase de retórica para justificar que mastica comida y la escupe, es una pérdida de tiempo y de dinero que elija un taller de pintura de un tronco común; y para el que quiere pintar no es suficiente con un taller, él necesita horas de trabajo para lograr dominar la técnica y encontrar un lenguaje. Por eso tenemos exposiciones de graduados con pinturas, grabados y esculturas mediocres y por otro lado exhibiciones de instalaciones y videos predecibles y aburridos.

Si ya la división está planteada claramente en los museos de arte contemporáneo, en los que sólo admiten obras realizadas con discos usados de vinilo, montones de hamburguesas y pegatinas con mensajes xenófobos, entonces sigan ese criterio para las escuelas y planes de estudios. Con medios e instalaciones adecuadas, mientras una escuela de artes plásticas requiere lugar para talleres de escultura con hornos y espacio para los tórculos de grabado, iluminación natural para las clases de dibujo, en la escuela multidisciplinar se impartirían clases en aulas con maquinas de café, alguna computadora y almacén para los objetos encontrados.

Tal vez así mejore nuestro nivel artístico y dejen de traumar la sensibilidad de nuestros futuros Damien Hirst y trabajen en libertad creadora los que desean investigar en el misterio de la luz, la línea y el color, en el arte verdadero.

*Crítica mexicana de arte; entre sus líneas de investigación están la pintura europea y el mercado del arte. (El Semanrio mx)

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