“Unificación europea”
en un callejón sin salida

Por el profesor José Luís Fiori*

“Si fuese posible jerarquizar los sueños, la creación de la Unión Europea estaría entre los más importantes del siglo XX. Después de un milenio de guerras continuas, los estados europeos decidieron renunciar a sus soberanías nacionales, para crear una comunidad económica y política, inclusiva, pacífica, armoniosa, sin fronteras, sin discriminaciones y sin hegemonías. Un verdadero milagro, para un continente que se transformó en el centro del mundo, gracias a su capacidad de expandirse y dominar a los otros pueblos, de forma casi siempre violenta, y muchas veces depredadora.” (JLF: “Las campanas están doblando”, Valor Económico, junio de 2008)

Las señales de desagregación son cada vez mayores y frecuentes, y ya no cabe duda que el proceso de “unificación europea” entró en un callejón sin salida. Es casi seguro que la deuda griega no se pagará, y es cada vez más probable la ruptura de la zona del Euro, que tendría un efecto de reacción en cadena de grandes proporciones, dentro y fuera del Viejo Continente. Al mismo tiempo, la victoria de Francia y de Inglaterra, en Libia, aumentó la división y profundizó el cisma alemán dentro de la OTAN. Por otro lado, los gobiernos conservadores europeos están en caída libre, y su alternativa social-demócrata ya no tiene ninguna identidad ideológica. Los intelectuales se golpean la cabeza y la juventud busca nuevos caminos un poco sin rumbo. El propio ideal de la unificación europea tiene cada vez menos fuerza, entre las elites, y dentro de sociedades en las que se disemina la violencia y la xenofobia.

Parece inminente el fracaso europeo
.
En todo esto, llama la atención que el avance de la catástrofe anunciada venga acompañado por una conciencia cada vez más nítida y consensuada respecto a las causas últimas, económicas y políticas, de la propia impotencia europea. Del lado económico, todos reconocen la falta de un Tesoro Europeo con capacidad unificada de tributar y emitir deudas, junto con un BC capaz de actuar como prestamista de última instancia, en todos los mercados, garantizando la liquidez de los actuales títulos soberanos nacionales que deberían ser extintos y sustituidos por un único título publico unificado, para toda la zona del euro. Y casi todos ya reconocen la imposibilidad de una moneda soberana y de un BC eficaz, sin un estado que les de credibilidad y poder real de acción, particularmente en las situaciones de crisis. Una posición que sólo podría ser cumplida, en este momento, por parte de Alemania, que no quiere o no puede hacerlo, o por un estado central que nadie acepta.

De la misma forma, por el lado político, el aumento de la fragilidad y de la fragmentación de Europa, viene siendo atribuido por parte de los analistas, de forma casi consensual, al fin de la Guerra Fría y a la unificación de Alemania, junto con el aumento descontrolado de la UE y de la OTAN, que pasaron de la condición de proyectos defensivos, hacia la condición de instrumentos de conquista territorial y expansión de la influencia militar y económica de Occidente, dentro de Europa de Este, y ya ahora, también, en Asia Central y en el Norte de África. El ensanche en todas direcciones, de la UE y de la OTAN, aumentó sus desigualdades sociales y nacionales, y redujo el grado de homogeneidad, identidad y solidaridad que existía en el inicio del proceso de integración, cuando era tutelado por los EE.UU., y tenía un enemigo común, la URSS.

Ahora bien, cuando los analistas de la crisis europea se dedican a trazar escenarios futuros, casi todos calculan el tamaño de la desgracia en términos estrictamente económicos, en miles de millones y trillones de euros. Y poco se habla de los costos intangibles del fracaso europeo en el campo de las ideas, de los valores y de los grandes sueños y símbolos que mueven a la humanidad. Un verdadero impacto atómico sobre los dos pilares fundamentales del pensamiento moderno: la creencia en la viabilidad contractual de un gobierno mundial; y la apuesta a la posibilidad cosmopolita, de una federación o confederación de republicas, pacíficas, armoniosas, y sin fronteras o egoísmos nacionales. Dos ideas europeas que fueron concebidas en un continente extremadamente belicoso y competitivo, pero que fue el gran responsable por la creación y universalización del sistema de Estados nacionales modernos y del propio capitalismo. Ahora, los europeos están experimentando en carne propia la imposibilidad real de sus utopías, al intentar construir un gobierno cosmopolita y contractual a partir de estados nacionales extremadamente desiguales, punto de vista del poder y de la riqueza.

El problema grave e incurable es que la carencia del “contractualismo” y del “cosmopolitismo, deja a los europeos sin ningún sueño o utopía colectiva. En pocas décadas, a fines del siglo XX, enterraron su socialismo, y ahora, en el comienzo del siglo XXI, están tirando al tacho de la basura, su “cosmopolitismo liberal”. Y están dejando al resto del sistema mundial, sin la brújula de su creador, porque el sistema seguirá adelante, pero su “software” europeo está perdiendo energía y se está apagando.

* José Luis Fiori: profesor de Ciencia Política en la Universidad de Río de Janeiro
Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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