La ética de las
máquinas de la muerte

Por Carolina Vicentin*

En un editorial publicado en la revista Nature, un especialista americano alerta sobre la necesidad de un debate profundo sobre el uso cada vez más frecuente de recursos tecnológicos en los conflictos armados

A comienzos de este año, los congresistas de los Estados Unidos entraron en una pelea por causa de la acción militar norteamericana en Libia. Los opositores de Barack Obama reclamaron que el presidente no había solicitado la autorización de la Casa para realizar actividades en aquel país. El gobernante, entonces, respondió que esto no era necesario, dado que las operaciones no estaban siendo llevadas a cabo por seres humanos, sino por máquinas. Esta fue la primera vez que las posibles implicancias del avance de la tecnología para uso militar surgieron de forma tan evidente, pero el tema debería recibir más atención - no sólo por parte de las autoridades, sino también de cientistas -, defiende el investigador Peter Warren Singer, director de la Brookings Institution y uno de los principales especialistas en cambios bélicos del siglo XXI.

Singer es autor de un editorial publicado recientemente en la revista científica Nature, en el cual argumenta que las leyes nacionales e internacionales ya no tienen en cuenta el abordaje de aspectos éticos del uso de robots y aviones no tripulados en las guerras. “Estamos inventando tecnologías a un ritmo mucho más rápido que el que nuestras leyes son capaces de absorber”, afirma Singer. “Al mismo tiempo en que tenemos una máquina ahorrando vidas en el campo de batalla, esto también hace más fácil para una autoridad el iniciar un conflicto, pues ya no le preocupan tanto los costos políticos que resultan de la pérdida de cada soldado”, observa.

El avance de la tecnología es, de hecho, impresionante. En 2003, las Fuerzas Armadas norteamericanas utilizaron algunos pocos aviones no tripulados (Vants, en su sigla en portugués) en la invasión a Irak. Hoy, existen 7 mil aeronaves de este tipo y otros 12 mil sistemas autónomos terrestres en poder del ejército de los Estados Unidos. Lo más sorprendente, dice Peter Singer, es que los responsables por estas tecnologías no están atentos a las consideraciones éticas de su utilización. En una investigación reciente, hecha con líderes de la Asociación Internacional para Sistemas de Vehículos no Tripulados, el 60% de los entrevistados afirmaron que el desarrollo de estos recursos no tendrá ninguna consecuencia moral, social y ética.

“El punto es que, sí tenemos, nuevas cuestiones jurídicas para ser discutidas”, afirma Singer. “Por ejemplo, si un sistema robótico mata a una persona accidentalmente - algo que ya sucedió en tests industriales y bélicos -, ¿quien será el responsable? ¿El inventor? ¿El comprador? ¿El usuario? ¿La máquina?”, cuestiona. Esto sin hablar del “derecho de los robots”. Recientemente, las autoridades de la Fuerza Aérea de los EE.UU. argumentaron que tendrían derecho a tomar represalias en caso de que sus Vants fuesen atacados por el enemigo. Esto tiene sentido, pero es interesante pensar que ahora los robots tienen derecho a reaccionar”, señala el investigador de la Brookings Institution.

Academia negligente
Para el especialista, uno de los principales cuellos de botella en este tema es la formación de los cientistas que construyen estas herramientas. La gran mayoría de ellos pasa por todas las fases de los postgrados sin pisar un solo salón de clases - incluso en universidades prestigiosas. Ronald Arkin, que coordina un laboratorio de robótica en el Instituto de Tecnología de Georgia, en los EE.UU., sugiere, incluso, que todas las acciones militares sean evaluadas éticamente antes de llevarse a cabo. Las actividades también deben tener un seguimiento en tiempo real que indique al operador de la máquina las consecuencias de sus actitudes.

Arkin prepara un prototipo de robot que sustituiría a los soldados en el campo de batalla. El humanoide ya vendría programado para actuar respetando leyes internacionales de guerra, evitando que el ejército fuese guiado por la ambición y por la rabia. Siempre que esto no se transforme en realidad, el investigador también alerta hacia la necesidad de una discusión racional sobre el tema. “El público no debe quedar aterrorizado por la visión hollywoodesca de robots asesinos. Lo importante es que seamos proactivos y comencemos un debate internacional”, defiende. “En la actualidad, incluso, pensamos en las máquinas como una cosa de ficción científica, pero ya existen 45 naciones alrededor del mundo que las utilizan para acciones militares”, completa Peter Singer.

Militares en Foco
El artículo firmado por Peter Singer no es el único que aborda la acción de soldados en conflictos actuales en esta edición de la Nature. En otro texto, dos investigadores del Armed Forces Health Surveillance Center apuntan hacia la necesidad del valor los descubrimientos militares acerca de enfermedades infecciosas, como la malaria, la fiebre amarilla y el Sida. “Los esfuerzos científicos militares para la caracterización, la prevención y el desarrollo de vacunas para estas patologías, por ejemplo, mejoran la vida de los civiles así como la de los soldados, en la paz y en la guerra”, escriben David Blazes y Kevin Russell.

* Fuente: DefesaNet
Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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