El gigante que duerme y
la política de la pequeñez

Raúl Legnani*
Urumex80@gmail.com

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La oposición no tiene cura. Por un lado está el doctor Luis Alberto Lacalle que quiere estar lejos del gobierno progresista de José Mujica, mientras que Jorge Larrañaga se muestra más proclive al diálogo, aunque más no sea en las formas (no siempre).

El que no duda de cómo pararse en la actual hora política es el líder y senador del Partido Colorado, Pedro Bordaberry, quien ha optado por ser el paladín de la oposición, confrontando con el gobierno hasta en los resultados del fútbol.

Bordaberry sabe, en lo profundo de su intimidad, que no va a ser la segunda fuerza electoral del país, que no va a estar en un posible balotage, pero que tiene todas las posibilidades de avanzar electoralmente y por ello sale a disputarle a Lacalle los votos más “ultras” de la oposición.

No cabe, entonces, la menor duda que el Partido Colorado tiene, por ahora, un rumbo y una estrategia, que puede ser cuestionada en los próximos meses, aunque por ahora no hay un Plan B en filas del coloradismo.

Otra situación es la del Partido Nacional que ya tiene más de una decena de pre candidatos a la presidencia de la República, pero que no encuentra un discurso único, donde ya empieza la competencia entre los aspirantes, sin que nadie piense en una propuesta política para el país, que trascienda el nacionalismo clásico. Hoy no aparece un solo pre candidato con la visión de Wilson Ferreira Aldunate de hacer una propuesta para todos los uruguayos, respetando sus culturas e ideologías diversas.

Los blancos de Larrañaga tienen, además, la paradoja de conocer a Mujica y no saber qué hacer con él. Saben que al Pepe no es fácil pegarle, porque el Presidente tiene, además de contradicciones, una capacidad tremenda para parar los golpes y salir ileso de los ataques. En otras palabras: tiene boliche.

Dentro de esta confusión de la oposición blanca, ha surgido el debate sobre la patenta única, donde la dirigencia del Partido Nacional puso en duda su capacidad para aceptar que entre elección y elección lo mejor para todos es que se sepan establecer acuerdos con el gobierno, para solucionar aspectos de la vida institucional del país que son un reclamo a gritos de la ciudadanía.

Solo desde la política menor se puede entender que los intendentes blancos acuerden un día con el Poder Ejecutivo un proyecto de ley sobre la patente única y después, por razones electorales, la dirigencia y los legisladores del Partido Nacional, comiencen a tomar distancia y a poner piedras en el camino, al grado que se puede llegar a una situación de empantanamiento que haga abortar la ley, donde los colorados también se ejercitan en el deporte de poner palos en la rueda, inventando la falacia de que las grandes beneficiadas son las intendencia de Montevideo y Canelones.

Lo otro que sorprende es que el Frente Amplio, ante esta “burrada” del Partido Nacional, no tenga la más mínima capacidad de reacción para salir a defender la ley en todo el territorio nacional.

La coalición de izquierda cada día se parece más a un gigante dormido, que no reacciona ni cuando le conviene, pero tampoco ni cuando no le conviene. Simplemente duerme y en el momento que tiene todo para ganar, no lo hace y deja a los intendentes frenteamplistas y al Presidente de la República en la más absoluta soledad luchando por una causa (la ley) absolutamente justa, equitativa y ordenadora de las relaciones entre los distintos departamentos.

Si esta ley no se aprueba, tal como se acordó entre el presidente Mujica y el Congreso de Intendentes, el que pierde es el sistema político y con él la democracia y la política como ejercicio de la madurez ciudadana.

* Columna publicada el 1 de octubre en La República

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