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Rodney Arismendi interpela el presente
Por Oscar De los Santos
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El jueves 29 de setiembre, en el paraninfo de la Universidad, se festejaron los 20 años de la Fundación Rodney Arismendi.
El último orador fue el intendente frenteamplista de Maldonado, Oscar De los Santos. A continuación presentamos las principales ideas de su discurso, que fuera registrado por La ONDA digital.
“A Arismendi lo vi dos veces: una cuando en Maldonado, en el marco de una actividad del Partido Comunista, en un acto de masas de 400 personas (lo que era un desborde de una multitud) me tocó hablar desde el estrado donde las patitas me temblaban y no tengo claro lo que dije.
Después en un Comité Central ampliado al que fui invitado y donde vi a muchos compañeros y compañeras que aquí están, en el marco de un debate muy particular, porque fue inmediatamente después de la derrota del “Voto Verde”, momento en que Arismendi estaba impulsando un proceso de renovación adentro del Partido y de cambio de liderazgos y paralelamente había que interpretar y comprender aquel proceso tan complejo y tan contradictorio, donde a veces la elaboración teórica choca con la piel, los sentimientos y la sangre de la gente.
Creo que hemos perdido la capacidad de diálogo permanente y de evitar que sea el monólogo de escucharnos a nosotros mismos o estar escuchando al otro para pensar la respuesta que me permita diferenciarme de él,
Creo que en este momento tan crucial del país y de la región, en este mundo tan convulsionado, donde las relaciones económicas del mundo nos hacen inimaginable lo de la China. Esta crisis estructural del capitalismo - que yo creo que va a seguir vivito y coleando por un largo tiempo - y que en la paciencia de seguir amasando la unidad y de construir nuevos espacios para la acumulación de fuerzas, está la posibilidad misma de salvar el planeta y salvarnos nosotros dentro de ese planeta.
La revolución no estaba a la vuelta de la esquina, pero había revolución. Y yo creo que hay revolución. Y creo que hay porque yo no me puedo imaginar el día de hoy sin la elaboración teórica de Arismendi. No puedo estar discutiendo con calor, con ganas, tratando de reenamorarme todos los días de este proceso tan complicado (y que lo complicamos los hombres). Porque no nos clonaron en los vientres.
Somos hijos de culturas dominantes y de culturas que tenemos que derrocar e incorporarle nuevas culturas en el valor de la unidad sobre la base, no del grito. Porque creo que lo que abordó Arismendi para llegar a este proceso es generar herramientas y particularmente incorporar un valor y una acepción de la definición de la democracia, como un instrumento fundamental en la construcción de la unidad en el campo popular.
Y creo que lo renovó, particularmente al advenimiento de la democracia, quizás fruto de los procesos que él también vivió en los mundos que recorrió durante el exilio y que fue capaz de hacernos acompañar un proceso sin decirnos una serie de cuestiones, pero incorporando a la elaboración teórica y la definición de la democracia avanzada - que yo creo que es la elaboración teórica más avanzada que he escuchado en términos de democracia -, la necesidad de abordar las contradicciones como nuevas prácticas y nuevas metodologías y construir nuevos rasgos de la unidad como una herramienta fundamental, pero como parte de un proceso cada vez más complejo y más contradictorio.
Porque hasta en la forma de la comunicación de lo que son una de las tres trenzas que expresan hoy el PIT-CNT, la unidad, la solidaridad y la lucha, eran valores conceptuales que - en definitiva - Arismendi las planteaba a través de la elaboración teórica en el proceso de acumulación de fuerzas para crear el Congreso del Pueblo, la unidad del movimiento sindical, pero también la creación del Frente Amplio, de lo que él daba en llamar: “el partido de un millón de votos”.
Tampoco se quedaba en las elaboraciones teóricas, en el marco de las contradicciones de clase, sino que abordaba caminos para avanzar en ese proceso y tenía como meta la toma del poder.
Ahora, la toma del poder del Estado - creo yo - no para romper la columna del Estado burgués, sino para a través de un proceso democrático, avanzar en la acumulación y en construir amplias mayorías que hicieran irreversibles los procesos de avance.
En una oportunidad estuve con un grupo que estaba haciendo un estudio y se me preguntó sobre el valor que le daba Arismendi a la democracia y yo creo que la cultura dominante de los sectores dominantes a nivel mundial y con expresión en el país, hicieron creer como que la definición de la democracia, el concepto de avanzar en democracia, es decir, la democracia avanzada de Arismendi, era un artilugio para encontrarse con elementos que le permitieran aproximarse a la toma de poder por parte del Partido Comunista.
Creo que la definición y la elaboración de Arismendi es compleja, es contradictoria, pero está llena de riquezas y tiene definiciones muy precisas de que no hay camino al socialismo que no sea construido sobre la base de la democracia.
En ese proceso de la construcción de una democracia avanzada, que no era una cuestión de formato, porque se podrán hacer miles de lecturas de los hechos históricos, pero el movimiento popular y la izquierda avanzó en la elaboración teórica pero en el marco de un gran parto y de un gran crecimiento de esa base como frente de masa popular.
La lucha por la democracia estuvo siempre vinculada a la lucha de las reivindicaciones de nuevos derechos humanos en el medio de una situación tan particular que vivimos en esta época.
Este fue el lugar de incidencia de Arismendi en las consignas para crearle la huelga general a la dictadura fascista, en términos de lucha (por primera vez en el mundo) donde el movimiento obrero se paraba para limitar la institucionalidad democrática burguesa y, en paralelo, le planteaba a la burguesía las contradicciones de resolver una serie de reivindicaciones que permitieran aglutinar un gran frente popular de masas y la tuviera en jaque durante 15 días.
Alguien desde el purismo teórico podía pensar que ese proceso de acumulación se dio porque también tuvo una elaboración teórica y un discurso que fue comprendido por amplios sectores ¿Alguien puede creer que el proceso de avance democrático en el Uruguay, plagado de contradicciones, no tiene una condición en esta democracia avanzada del segundo gobierno del Frente Amplio, de conquistas históricas en materia del más amplio abanico de los derechos humanos?
Aunque sobre nuestras espaldas, sobre nuestra memoria colectiva, sobre nuestros dolores y sobre nuestras llagas, siga pendiendo el dolor de los desaparecidos, los no aparecidos y la verdad que aún no prospera. Me imagino lo dificultoso que debe haber sido para Arismendi y para Jaime salir desde el parlamento a la Seccional 20, cuando masacraron a los compañeros del Partido. Me imagino lo dificultoso que debe haber sido dar una respuesta desde la institucionalidad parlamentaria y conducir un proceso de masas en pleno proceso de combate, para evitar que la dictadura y el proceso dictatorial avanzara y - en paralelo - lograr conquistas que fueran afianzando los derechos que la democracia burguesa había que seguir desarrollando.
La capacidad de sensibilidad extraordinaria, la capacidad política y teórica tiene que ser descomunal, para en un momento de tanta tensión, no errar en las definiciones que hay que hacer. Porque yo creo que muchas veces nos conocemos los libros de memoria, pero se nos complica la solución cotidiana de los problemas que pasan por aplicar lo del libro y la teoría que aprendimos en concreto. Y eso es de una envergadura descomunal.
Porque hay que imaginárselo en un mediodía como hoy, de lluvia, en la noche, de sirenas. Creo que la propia calma le permitió conducir ese proceso y seguir acumulando y no caer en la provocación de la derecha y del fascismo, que hubiese prendido fuego las naves y capaz que hubiese derrotado ese modelo de acumulación de fuerzas.
¿Por qué es que Arismendi reivindicaba desde la ideología y desde lo político, cuando hoy hay cuasi vergüenza de hablar de la política? Y, hasta en el seno de la izquierda, se habla de la “clase política”, cuando se hace referencia a los mismos compañeros que militan en el campo de la organización política, de la institucionalidad del Estado o del frente de masas.
¿Por qué Arismendi le dedicó tanto tiempo y tanta teoría a la elaboración de un proceso de acumulación de fuerzas de la clase obrera, la Universidad, las capas medias, pequeños y medianos productores (y no tan pequeños, decía Arismendi), como le dedicó a una organización política, a su partido y a la construcción de una herramienta mayor, que fue el Frente Amplio?
¿Por qué le dedicó tanto tiempo a la elaboración teórica, al discurso, al proceso de acumulación y tanto tiempo a la organización política? ¿Po qué en la construcción colectiva necesitaba una organización y un tipo de manifestación que partiera de la premisa de que no iba a estar y que tenía que aportarle a ese proceso histórico? Porque también los anarcos aportaron en este país las tendencias europeas que permitieron las primeras organizaciones y las primeras huelgas. Las primeras visiones humanistas de la iglesia que había tirado a la hoguera a decenas de mujeres por considerarlas “brujas”, cuando no existía la democracia. O al esclavismo, o las propias tribus, las propias organizaciones autóctonas y nativas entre sí en esta América Latina. Y no sólo con las coronas españolas. Y también los mecanismos de ver los procesos integralmente de avance de las democracias como parte de un proceso histórico que se ha construido, particularmente, con un fuerte acento en la Revolución Francesa, pero que tiene un proceso de acumulación previo.
El valor de la democracia ¿Por qué me pregunto todas estas cosas? Porque yo creo que si Arismendi no hubiese puesto en valor la democracia con respecto al proceso de la construcción de la unidad, de ese bloque de fuerzas populares, no estaríamos hoy en el gobierno y no habría más derechos humanos que los que hoy tenemos. Habría más avance democrático en las conquistas y no habría relaciones tan democráticas del estado, como hoy existen, si Arismendi no hubiese elaborado y no hubiese generado esa capacidad de generar herramientas en la unidad, en la diversidad, como el alma misma de la cuestión.
Tengo una anécdota de San Carlos, donde Pepe Frade, un hombre venido del Partido Nacional y ex presidente de la Junta Departamental, cuando en la relación con el Partido Comunista en Maldonado y en San Carlos el viejo compañero fallecido, Miguel Gómez, llamaba a Arismendi porque se le enloquecían los aliados y allá salía Arismendi con una botella de caña y se sentaba a hacer boliche con los aliados.
¿Con cuántos aliados hacemos boliche, compañeros y compañeras, sino que lo que estamos tratando es de ver cuál es la diferencia para sacarle un voto? ¿Con cuántos aliados discutimos desde la perspectiva del sueño, de la esperanza, de la utopía de que quizás no la revolución a la vuelta de la esquina, pero sí la revolución en término de cambios estructurales en las relaciones de poder, de clase? Pero también en el proceso de acumulación, sin sectarismo, con amplitud.
Aquí nos interpela a Arismendi en términos de esa capacidad de poder decirle: “Flaco” (a Arismendi) en una cuestión cuasi familiar, sin tocarlo, ¿verdad? Pero genera ese estado de ánimo que da la sensación de errarle al libro de Arismendi, ¡que es descomunal! Porque los contenidos de Arismendi no eran para que produjéramos frases y consignas, era para obligarnos a pensar. Y cuando hacía una afirmación de Arismendi, nos hace muy bien que nos interpelen, para ver si, efectivamente, lo interpretamos o no. Y el problema es que, quizás, le encajemos el libro en la cabeza al que opine y nos interpele para evitar profundizar esa discusión.
Y esto no lo digo para los que estamos acá. Lo digo para el conjunto de la izquierda y para fuerzas populares no incorporadas aún al bloque de fuerzas de cambio que tiene el desafío la izquierda para incorporar en términos de hacer irreversible este proceso de democracia avanzada que estamos viviendo, que fue elaborado por Arismendi y que tiene que seguir avanzando, porque no se agotó con este segundo gobierno nacional del Frente Amplio y los gobiernos departamentales.
Cuando hablo de la unidad y de la democracia es porque también, creo yo, que cuando habla de definiciones ideológicas, cuando intenta hablar con sus aliados, cuando habla con la democracia cristiana, la vertiente de los partidos tradicionales acumulan para el proceso de cambio, cuando el movimiento estudiantil, cuando el movimiento obrero y popular, en el medio del debate y de contradicciones…
Porque, a ver, en esta academia hubo tendencias que se peleaban por conducir el movimiento estudiantil y siguen habiendo y siguen conviviendo en un proceso de diversidad extraordinario. Nadie dijo que la Universidad dejara de ser viable porque alguien perdiera una elección dentro de esta Universidad. Ni en el campo del movimiento obrero, ni en el campo del movimiento popular.
Combatió frontalmente el infantilismo de izquierda, de la respuesta fácil, y el “foquismo”, a respuestas que son mucho más complejas, contradictorias. Y yo creo que también hoy, compañeros, estamos corriendo el riesgo que se imprima al concepto de la “historia oficial”, donde parece ser que las definiciones de Arismendi son el libro en la mesa de luz y algunos que leemos para rememorar la historia.
Porque hay una “historia oficial” que parece que desconoce el proceso de acumulación de fuerzas en el campo popular de la izquierda e instala, como existe en otros lugares de la región y del mundo, el movimiento de la lucha armada como un componente más. Aunque algunos lo intenten instalar (y no estoy hablando de los compañeros del Frente Amplio) como elemento fundamental en el proceso de acumulación. Y esto que tenemos que hablar - y lo digo muy francamente, porque a mi me pasó el 5 de febrero éste, cuando un compañero senador dijo: “Hay que analizar el rol de la guerrilla en el marco de la unidad del movimiento obrero y popular como parte del proceso de acumulación”.
Algo que para Arismendi no estaba y sin embargo, sin ningún tipo de sectarismo dijo: “Yo no comparto este concepto de acumulación pero es todo aquello que venga a reforzar nuestras ideas…”. Y eso hablaba hasta de un análisis cultural frente a nuestros aliados y frente a nuestros compañeros. Que no lo niega, que discrepa, que discute, pero que los comprende. A aquellos que se juegan en el campo de las ideas su propio pellejo para avanzar.
¿Cuánto nos falta de esto a la izquierda de hoy? ¿Cuánto nos falta en términos de entusiasmo, para poder debatir hacia dónde vamos y evitar que algunas cuestiones coyunturales se transformen como cuestiones de definiciones estratégicas? Que si las miramos con retrospectiva, vamos a darnos cuenta que esas definiciones pueden forzarse, pero no resuelven las concreciones que tenemos por delante. Que son ricas y que tienen una extraordinaria oportunidad en este momento histórico tan particular que vivimos.
Entonces, yo creo que el rol de Arismendi en el marco teórico, en el marco práctico entre las fábricas, los frigoríficos, hablando con los trabajadores, hablando con los obreros, con los universitarios, hablando con la gente del campo y la ciudad, hablando con el Montevideo y con el Interior… Porque permear el atraso de los bastiones de la derecha en el Interior, fue un laborioso trabajo de un planteo de Arismendi que entusiasmó a hombres para que fueran a algunos lugares a organizar a los cazadores de cotorras.
En ese proceso y los vínculos organizativos que se establecieron ¡cuán enormes fueron los caminos para llegar desde una fábrica hasta el sector más atrasado del campo! ¿Cómo lo entusiasmó? ¿Cuáles son las cosas que hoy nos pueden entusiasmar? Y, yo creo que el camino, que ese vínculo teórico y práctico con las masas, en una dimensión distinta de la de Montevideo con el Interior, donde ha habido un avance que es el proceso de democratización, que depende de la izquierda consolidarlo. Y no hablo esencialmente por el proceso de los gobiernos que se ganaron en el Interior versus la intendencia de Montevideo.
Hablo de un proceso de acumulación nacional que nunca tuvo la escala que hoy tiene. Y, si no, revisemos los hechos históricos de la huelga, de la acumulación de fuerzas, del voto verde, y otros elementos más y veamos dónde están las diferencias.
El proyecto nacional Ese proceso lo tenemos que privilegiar para que el proyecto sea nacional y que el discurso de la elaboración teórica tenga un alcance nacional y un lenguaje nacional, es parte de lo que nos interpela hoy Arismendi. Nos interpela también en cómo ese Frente Amplio deberá analizar el alud de los hechos, su propia estructura organizativa, porque el medio exige una gran estructura organizativa democrática que vinculada a la estructura partidaria. Y hoy lo tenemos que vincular con más de un millón de mujeres, hombres y ancianos, estamos ante la extraordinaria oportunidad de discutir cómo se imaginaría Arismendi la organización de su agrupación en su Comité de Base, el vínculo de aquellos que están alejados de las estructuras y con las nuevas formas de comunicación, no se leen con el diario, no se escuchan en una audición, sino que se leen a través de las redes y otras formas, que hay que imaginarse la incorporación de cientos de miles a una actitud más que participativa. Porque Arismendi no los convocaba a votar, los convocaba a participar en transformaciones revolucionarias, en transformaciones profundamente democráticas y democratizadoras, desde una ideología de la clase obrera y de los trabajadores que incluía a vastísimos sectores del plan popular y que aún nos queda seguir avanzando en esa definición”.
LA ONDA® DIGITAL
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