Brasil: Volver al
desarrollismo

Por el profesor Luiz Carlos Bresser-Pereira*

Brasil está volviendo a comportarse como una nación independiente al percibir la equivocación del neoliberalismo. Desde 1991 la política económica de Brasil estaba guiada por la ortodoxia convencional o el consenso de Washington. A partir, sin embargo, de 2006, ya con Guido Mantega en el Ministerio de Hacienda y Luciano Coutinho en el BNDES, el gobierno Lula comenzó a cambiar la estrategia de desarrollo en dirección al nuevo desarrollismo.

En 2009 se dio un paso decisivo en este sentido, con el inicio del control del ingreso de capitales. Ahora, en el noveno mes del gobierno Dilma Rousseff, la decisión del Banco Central de bajar la tasa de interés, sorprendiendo al mercado financiero, y la decisión del gobierno de gravar las importaciones de automóviles con menos del 35% de contenido nacional, consolidan este cambio.

La profundización de la crisis mundial, con Europa como epicentro y la desaceleración de la economía brasileña, confirman la buena calidad de la decisión. El nuevo desarrollismo no es una panacea, pero está anclado teóricamente en una macroeconomía estructuralista del desarrollo, tiene como criterio el interés nacional, y sabe que este sólo puede ser atendido por gobernantes que en vez de aplicar fórmulas estandarizadas, evalúan cada problema y cada política con competencia. Adoptado con firmeza y prudencia, Brasil crecerá a tasas más elevadas, con mayor estabilidad financiera y con la inflación bajo control.

Mientras el trípode ortodoxo es la "tasa de interés elevada, el tipo de cambio sobrevaluado y un Estado mínimo", el trípode nuevo-desarrollista es la "tasa de interés baja, un tipo de cambio equilibrado, que torna competitivas a las empresas industriales que utilizan tecnología moderna, y un papel estratégico para el Estado". Mientras que para la ortodoxia convencional los mercados financieros son autorregulados, para el nuevo desarrollismo sólo los mercados regulados pueden garantizar estabilidad y crecimiento.

El nuevo desarrollismo y la ortodoxia convencional defienden la responsabilidad fiscal, pero no puede decirse lo mismo con relación a la responsabilidad cambiaria.

Mientras que el nuevo desarrollismo rechaza el déficit en cuenta corriente, la
ortodoxia convencional lo promueve, y, así, se comporta de una forma populista (populismo cambiario).

Argumenta que el "ahorro externo" aumentaría la inversión del país, pero, los ingresos de capitales para financiar estos déficits aumentan más el consumo que la inversión, endeudan al país, lo tornan dependiente de acreedores y de sus "consejos", y resultan en una crisis de la balanza de pagos.
Brasil, al retornar al nuevo desarrollismo, está volviendo a comportarse como una nación independiente. Había dejado de actuar así en 1991, porque vivía una profunda crisis, y porque la hegemonía neoliberal americana sobre todo el mundo era, entonces, casi irresistible.

Pero desde mediados de la década pasada, la sociedad brasileña comenzó a percibir que el proyecto neoliberal era una gran equivocación, y que había una alternativa para él.

Como lo demostró de forma cabal la crisis financiera global de 2008, las políticas económicas neoliberales no eran buenas ni siquiera para los países ricos. De esta forma, la hegemonía neoliberal entró en colapso, y las fuerzas desarrollistas - los empresarios industriales, los trabajadores y una parte de la clase profesional - se fortalecieron - lo que abrió un espacio para que el gobierno Dilma profundizase sus compromisos para con ellas. Un nuevo y amplio pacto político se está formando en Brasil. Esperemos que esto lo lleve más rápido al desarrollo.

* Economista y cientista brasileño.

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